Tantadel

julio 20, 2016

Rulfo y Arreola y los nuevos tiempos

Los nombres de Juan Rulfo y Juan José Arreola son dos nombres que sólo provocan admiración y respeto. Sus vidas transcurrieron en medio de mejores tiempos para las letras, la vida intelectual y política. Paisanos y de la misma edad, llegaron a una Ciudad de México que Elena Garro veía de pocos habitantes y “gente buena”. En sus grandes momentos ambos formaron docenas de narradores y poetas. Son ahora símbolos de un México extinguido. Por fortuna se hicieron figuras icónicas y en consecuencia irreprochables. Luchas políticas las había. La izquierda, que entonces existía, tenía variantes más o menos amplias y con claras propuestas ideológicas. Estaban el Partido Comunista, tenaz, aguerrido, y el Partido Popular Socialista, de Vicente Lombardo Toledano. Parecían irreconciliables, aunque los dos eran pro soviéticos. Poco más allá, los trotsquistas aspiraban a la pureza revolucionaria, pero nunca fueron más allá de unas docenas de estudiantes e intelectuales, como siempre, cambiantes. José Revueltas fue de todos el más combatiente: pasó su vida soñando con la revolución y para ello hizo un esfuerzo que le llevó la vida. Al frente tenían al PRI, convencido de su enorme peso y llevando a cabo excesos que ahora comienza a resentir. Del viejo organismo, lo que hoy queda es una masa de burócratas incapaces sin más sueños que la permanencia en el poder. Que edificaron un país nuevo como legado revolucionario, imposible negarlo, allí están las obras o sus restos, sólo que el poder corrompe, dice una frase común y el poder absoluto que llegó a tener lo corrompió absolutamente. Se hizo una agencia de colocaciones.
Y el país se degradó en sus manos. Toda clase de excesos fueron tolerados, menos tocar a la figura presidencial. Su actuación ha sido siniestra, pues todo lo corrompió e hizo al país a su imagen y semejanza. Las actuales izquierdas y a las derechas nacieron anti-priistas, pero dentro de un país modelado por una maligna organización no pudo escapar a este extraño proceso y los males que tiene el PRI los padecen los perredistas, los de Morena, los del Verde Ecologista, los panistas y los partidos más modestos dentro de la maraña política heredada por el añoso organismo. La lucha es por el poder y cuando lo logran en cualquier escala, lo ejercen para hacer negocios y mejorar sus cuentas bancarias. El PAN es simplemente hipócrita. Lo formó Gómez Morín como un ariete para detener a lo que quedaba, bien representado por Lázaro Cárdenas, de la Revolución. La imaginaba transitar hacia el socialismo. Hoy la criatura de ese abogado compañero de generación de Lombardo Toledano es también de una completa inmoralidad y su incapacidad para gobernar la vimos en dos periodos presidenciales y en diversos estados de la república. No es la mejor voz para criticar. En realidad no hay nadie que tire la primera piedra de la honestidad.
Dentro de la inmensa Ciudad de México, se preparan a tomarla por asalto una organización, el PRD, y una persona hábil y autoritaria como el PRI donde se formó, López Obrador. Quien la retenga en sus manos de modo visible será un gran aspirante al trono que está a punto de dejar el PRI. Mancera insiste en que carece de militancia, le gusta aparecer como metrosexual y rodeado de figuras glamorosas del jet-set mexicano. Está muy distante de Cuauhtémoc Cárdenas y de López Obrador, quienes bien vistos, nada tienen que ver con la antigua izquierda que hemos visto fracasar a lo largo de América Latina. Ni siquiera se han asomado a las contradicciones que trae consigo la globalización y que ya son muy perceptibles en esa vitrina política llamada Ciudad de México.
Gane quien gane, la sociedad deberá seguir preocupada, ningún partido ni alianza de ellos nos sacará de problemas. No tenemos quien nos oriente. Los intelectuales dejaron de lado esa cualidad que tuvieron en la segunda mitad del siglo XX. Perdieron por completo su papel de personajes que nos hacían reflexionar en diversas direcciones. Paz señaló un luminoso sistema capitalista con tendencias democráticas. Revueltas nos heredó un modelo complejo: transitar hacia la democracia popular en medio del éxito apabullante de la economía de mercado. Persiste el malestar y lo manifestamos de la peor manera, a gritos y sombrerazos. Carecemos de figuras que realmente orienten las grandes discusiones políticas. Y algo peor, no tenemos aquellos que como Rulfo y Arreola hacían una literatura que sigue triunfando de modo evidente y sin trampas. Estamos en un México masificado, carente de ideales y valores ideológicos, donde se busca dinero y éxito, olvidándose de hombres y mujeres que se matan tratando de sobrevivir y que permanecen en los sótanos de elegantes edificios y lujosas tiendas que compiten con las de Berlín o Nueva York.
Vienen en camino elecciones que no serán afortunadas, serán útiles para mostrar que somos una sociedad degradada y sometida a un odioso sistema de partidos para los que trabajamos sin descanso. Ya ni siquiera podemos soñar con la aparición de autores que nos enseñaron a soñar como Rulfo y Arreola. El mundo intelectual está poblado por fantasmas y México es una triste realidad.



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