Tantadel

julio 15, 2016

¿Somos democráticos o qué?

México no sabe gran cosa sobre lo que significa vivir democráticamente. Su historia proviene de la fusión obligada de dos autocracias: la azteca y la española. Luego se ha dado el lujo de tener dictadores, emperadores, hombres fuertes, caudillos, primeros jefes, tiranuelos de toda índole y para colmo en todos los niveles. De pronto apareció un invento genial: un partido que agruparía a todas las fuerzas “vivas”, a las muertas sólo les dieron el derecho a votar, pues la agrupación ganaba por más del cien por ciento del padrón electoral.  Sin duda, el PRI consolidó la antidemocracia para dar a los herederos de la revolución una vida digna y llena de dinero. Luego del año 2000, muchos pensaron en cambios serios, era la oportunidad. Pero el PAN se mostró tan torpe o más que el partido anterior. Nos dijeron que la sociedad mexicana (antes el pueblo) había salido del letargo y que ella desataría profundas transformaciones sociales y políticas. Pues no. Simplemente el país cambió de autoridades y sin duda estaba peor, como lo probaron doce años de pasmosas acciones miopes y discursos plenos de charlatanería. Hasta tuvimos una declaración de guerra al narcotráfico.
Pero el problema es que en México cada individuo es un partido político y se desató la partidomanía y dentro de cada organismo se formaron tendencias, tribus o pandillas. Nada más natural que en un país que más parece una fábrica de niños, el resultado se tradujera en docenas de grupos. Pero ninguno tenía ideología, apenas programas vagos y desdibujados y ninguno con miras de largo plazo. Lo importante era tener un gobierno y el resto marcharía sobre ruedas. Los hubo de izquierda, los hay de derecha, de centro y los padecemos todos. La gente no cree en ellos, nos dicen los medios de comunicación y los propios políticos. Todos tratan de derrotar al PRI para hacer lo mismo, no gran cosa y sí saquear las arcas.
Lo que no deja de llamar la atención es la nueva manía nacional: vamos con los “independientes”, ellos nos salvarán y nadie piensa que la salvación puede estar en las mismas acciones decididas de la sociedad. No hay independientes, los que así se ostentan vienen de otros partidos sólo guiados por la afanosa búsqueda de poder. Un caso. El Bronco. Fue un priista disciplinado y leal. Su ambición era ser diputado federal. El PRI le dijo que no, que no era su momento. Don Bronco se encabronó, renunció a su partido y de pronto se vio rodeado de simpatizantes. Me recuerda una canción vernácula: “No entiendo, quería ser diputado y terminé de gobernador”. Ahora es un modelo para personas de distintas tendencias que de pronto se topan con el rechazo de líderes inescrupulosos y simplones. El “independiente”, en suma, es un priista que no recibe lo que desea y busca quién lo apoye, de cualquier partido.
Mientras tanto, el PRI cae todos los días en el mismo bache y lo tapa cuando los niños ya se ahogaron. A las pasadas elecciones llegó el PRI de siempre: arrogante y fanfarrón. Ganaría todos los gobiernos estatales en juego. No fue así. El robo, la incapacidad de seis años, había llevado a sus respectivos electorados a buscar angustiosamente la salida hasta en las desaforadas alianzas PAN-PRD. Lo que debió haberse llevado a cabo meses antes, Peña Nieto lo hizo semanas después de la derrota. Al fin la torpe maquinaria gubernamental descubrió que sus antes mejores hombres, eran pillos de la peor ralea. Demasiado tarde y ahora el PAN se adjudica el logro de poner en la picota a los gobernadores priistas corruptos. Ni cómo ayudar al PRI. Él solito se está relegando.
Con mayor desprestigio y luego de perder estados clave como Puebla y Veracruz, ahora le rezan a Dios para que las cosas salgan bien en el Estado de México. Allí se darán un buen pleito. De los muchos candidatos que aparecerán en pos de la gubernatura, la mayoría militan en el PRI y son familiares. ¿Qué pasará? Sólo Peña Nieto y Ochoa Reza lo saben, pero es difícil imaginar que tienen una o dos soluciones para evitar que el Edomex se vaya a las filas del PAN (apoyado por lo que resta del PRD luego del impetuoso paso del ex priista Agustín Basave). Mientras tanto, el perverso y autoritario López Obrador se filtra, como la humedad, por todos los huecos que el pleito entre priistas y ex priistas estamos viendo. Bueno, no nos olvidemos que él también se formó en el PRI, donde hasta compositor de himnos fue.
Lo que debemos hacer es pensar no en partidos, menos en caudillos salvadores como López Obrador o el Bronco, huelen demasiado al viejo PRI, el del populismo barato de Luis Echeverría y López Portillo. Hay que reflexionar en las necesidades y el poderío de una sociedad que ha dormitado largas décadas. Basta de que nos dirijan como les dé la gana. Ya no toleremos a quienes nos prometen con maligna idiotez un mejor país y para probar sus promesas recurren a frases ramplonas y a falsedades. Es tiempo de que la sociedad deje de orientarse por chismes, rumores y periodismo infantil de internet, si no reflexionamos a tiempo volveremos a caer en las trampas del sistema que es uno y que siempre acaba por ponerse de acuerdo para manipularnos. Si vemos a una serie de partidos que nos representan mal o peor, estamos pecando de ingenuos: los partidos, todos, tienen un solo interés fundamental: su propio bienestar. Jamás el nuestro, somos votos, es todo.

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