Tantadel

agosto 03, 2016

Alexander von Humboldt, ¿fin o principio de un sueño? 2/2

Los portentosos trabajos de Humboldt fueron recogidos por los eruditos y todos pusieron la atención en sus detenidas investigaciones suprimiendo la parte social. La importancia de su obra nunca ha sido puesta en duda, cientos, quizá miles de científicos, filósofos y literatos e investigadores han señalado el peso de su trabajo. Está de más volver a este punto. No obstante, y pese al gran número de datos y observaciones útiles para el diseño de un modelo de país independiente y de adecuado desarrollo económico, cultural y social, sus mejores propuestas, como la antes citada, quedaron en el olvido. México surgió a la independencia y por su historia pasaron grandes momentos, la Reforma y la Revolución y entre estos dos, una multitud de luchas que permitieron el crecimiento de México. Pese a todo, el país se hizo sobre desigualdades e injusticias, entre una brutal concentración de la riqueza y en la explotación de los desposeídos, principalmente los indígenas.
En 1994, cuando un presidente, Salinas de Gortari, anunciaba la virtual incorporación de México al primer mundo, al del desarrollo, mediante un tratado firmado con Estados Unidos, una sublevación indígena sobresaltó al país. ¿Qué hubiera pensado Humboldt de una declaración de guerra al gobierno federal de parte de una amplia comunidad indígena? Ello sólo indica una cosa: en siglos las cosas no han cambiado para el indígena cuyo mundo fue destrozado por una potencia europea. Ni la Independencia ni la Reforma ni la Revolución han logrado incorporar al mundo nativo al desarrollo, no sólo ello, lo han explotado y mantenido al margen de cualquier beneficio. Humboldt estudió la historia de la Conquista y lo hizo con atención. Valoró en mucho la defensa que los antiguos mexicanos hicieron de su patria. Es posible verlo en el Libro III, capítulo VIII del Ensayo Político... Sin duda es uno de los primeros en proponer una historia más realista y acorde con los principios de la investigación científica y no una basada en los textos de los conquistadores, a veces llenos de imaginería y de exageraciones.
De cualquier forma, Humboldt ve la desigual guerra, como una serie de acciones heroicas. Le conmueve, por ejemplo, el final de Cuauhtémoc, al que encuentra «digno de los mejores tiempos de la Grecia y de Roma. Bajo todas las zonas, sea cual fuere el color de los hombres, el idioma de las almas fuertes es el mismo, cuando luchan contra la desgracia». Hoy de nuevo aparece la epopeya, es menos vistosa y menos sangrienta, ocurre entre avanzados medios de comunicación, pero la lucha es igual de desgarradora. El mundo indígena que Humboldt vio envilecido y mancillado, humillado y destruido, hoy trata de levantarse y busca nuevas esperanzas para que su vaticinio se cumpla. La guerrilla chiapaneca, la revuelta o sublevación de los indios, o como quiera que le llamemos, no es otra cosa que su exigencia no de recuperar el mundo perdido sino de ingresar a la modernidad a la que muchos blancos han accedido.
Si desde su juventud Humboldt habló de libertad y la concibió como lo más preciado entre los seres humanos, en su senectud, se refería con claridad a la igualdad de los hombres, no le parecía que hubiera razas superiores e inferiores (teoría que en su propia patria halló terreno fértil para que surgiera el nacional socialismo de Hitler). Él veía igualdad de derechos y un solo género: la humanidad. Pese a su inmenso prestigio y a los avances que con su trabajo consiguió, sus deseos igualitarios y de una modernidad bien comprendida, no se han llevado a cabo. Lo vemos en México, sí, pero también lo presenciamos en Ecuador, en Perú y en Bolivia. Está en la antigua América que el científico analizó y redescubrió, y sigue estando en la América que se debate en medio de desigualdades e injusticias. En materia social, los países que visitó hace casi doscientos años Alexander von Humboldt, siguen en condiciones deplorables. No sólo ello, los palacios que lo maravillaron han desaparecido a causa de la piqueta destructora, de la piqueta de un sistema poco adecuado para lo que resultó de la Nueva España edificada a sangre y fuego sobre culturas sobresalientes hechas por «la raza bronceada». Curiosamente, otro pensador alemán notable, Marx, creador de una portentosa utopía, al estudiar desde bibliotecas europeas a los países de la América no sajona, hizo reflexiones poco agudas y muy distintas de las hechas por von Humboldt al creer que necesitaba ser incorporada a cualquier precio al mundo desarrollado para desde esa posibilidad ingresar en lo que se suponía sería una modernidad grandiosa dentro de un proyecto social único, el socialismo científico.
En México, los estudios de Alexander von Humboldt no estarán completos ni sus ideas cabales, mientras que los atrasos persistan, no es posible que un puñado de familias concentren en sus manos parte fundamental de la riqueza del país, mientras que millones de indígenas apenas tienen para sobrevivir, donde los recursos naturales son desperdiciados y mal distribuidos.


No hay comentarios.: