Tantadel

agosto 17, 2016

Sí, somos la dictadura perfecta

De una suma de partidos que hacen demagogia 

El estudioso de los problemas políticos y económicos de América Latina, Alan Riding publicó en 1985 un libro memorable: Vecinos distantes. En esta obra analizaba las entrañas de México. Desde sus grandes problemas políticos hasta sus vicios y manías, sus intimidades, sus extraños usos y costumbres, con frecuencia contradictorios sin duda resultado de un mestizaje brutal y forzado y de una historia con escasos momentos libertarios, plagada de tiranos y dictadores. La conclusión era evidente: México no era una democracia, era una nación regida por un autoritario partido único, cuyas reglas movían a una nación de gran tamaño y muchos habitantes.
En el año 1997 empieza la debacle del PRI al perder el entonces Distrito Federal, una inmensa y desconcertada vitrina y en el 2000 concluye abruptamente su dominio y sube al poder presidencial el PAN, con un hombre de escasa inteligencia, dicharachero, de precaria cultura, dueño de un extraño carisma y acompañado por una mujer de carácter fuerte y un grupo de personajes venidos de todas las tendencias políticas cuya obsesión era acabar con el control de la dictadura perfecta, para utilizar la frase ya muy usada de Mario Vargas Llosa.
Ello le daría a México, al menos en el papel, el carácter de una democracia, de un país multipartidista. Nuevos partidos aparecieron y luego de Vicente Fox la presidencia la obtuvo el panista Felipe Calderón. Pero el hartazgo que provocaba el PRI en esos momentos cedió y conEnrique Peña Nieto ganó Los Pinos.
En una segunda obra, una suerte de epílogo, Alan Riding se preguntó y así tituló un nuevo libro:¿Cambiará México ahora? Su análisis tiene dudas y como en el caso anterior contiene información seria y cuidadosamente analizada. La obra es del año 2000, muy precipitada, pienso a distancia, para saber si con una intensa lucha de partidos desatada por el triunfo de Fox, adquirimos el rango de democracia. La respuesta, a mi juicio es que no lo somos.
En todo caso, parafraseando a Vargas Llosa, ahora sí somos una dictadura perfecta. Antes nos manejaba a su antojo un partido único, ahora es una suma de partidos, costeados por la sociedad, los que debaten, hacen demagogia quintaesenciada, intercambian ofensas y acusaciones gratuitas o ciertas y los que al final se ponen de acuerdo en lo esencial: en mantener al país controlado por una partidocracia que ha entendido que a veces se gana el poder y otras se pierde, pero siempre hay dinero.
Este hecho los lleva a jugar con reglas más perversas aún. La corrupción sigue enquistada en toda la sociedad y el poder suele permitir toda clase de excesos, como el de los maestros disidentes que de plano han organizado una suerte de cómoda guerrilla urbana, con tal de no irritar a los electores y perder el acceso a la presidencia principalmente. Se requieren de muchas páginas para mostrar la fragilidad e inconstancia de la “democracia” a la mexicana. Baste por ahora señalar que estamos distantes de llegar a ella. Quien realmente nos maneja es un puñado de partidos carentes de razones ideológicas, de un cínico pragmatismo, que buscan el poder para obtener riquezas y dominio sobre un país que merecería mejor fortuna.
La respuesta a las inquietudes de Alan Riding está en los mexicanos que diariamente padecen las canalladas de una democracia imperfecta, que con frecuencia pierde sus principales características de sinceridad, honestidad, libertad y justicia. Y esos sueños de millones de mexicanos no se vislumbran en pleno lodazal político, del que nadie se escapa.

Siempre!

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