Tantadel

agosto 08, 2016

Tantadel nuevamente

Hace una semana, reapareció mi novela Tantadel, ahora editada por Lectorum. Esa obra, según el crítico literario John S. Brushwood, el académico norteamericano que había leído todas las novelas mexicanas, marcó una ruptura en mi literatura. Hasta ese momento mis novelas trataban temas políticos o sociales, donde predominan la sátira, el humor negro, la burla política, la ironía hacia muchos grandes santones del mundo intelectual de la época. Las palabras del estadunidense aparecen en el libro La novela mexicana (1967-1982). Algunos escritores y periodistas como Alberto Dallal, dijeron estar de acuerdo. Tantadel me había hecho ingresar al soberbio tema del amor o tal vez del desamor, a contenidos intimistas.
Efectivamente, Tantadel, editada en el viejo Fondo de Cultura Económica, narraba a través de una voz enigmática los problemas amorosos de una hermosa mujer, a la que bauticé con ese nombre. La crítica literaria de aquel tiempo fue en general atenta, salvo algunos casos como el de mi amigo Froylán López Narváez, quien hizo una nota destructiva en el Excélsior de Julio Scherer. Quiero destacar los comentarios agudos de Jennie Ostrosky, Bernardo Ruiz y de Francisco Zendejas, crítico de Excélsior, quien por cierto fue el creador de los grandes premios literarios como el Xavier Villaurrutia y el Alfonso Reyes. Curiosamente las mejores opiniones llegaron de Estados Unidos por boca del citado Brushwood, Norma Klahn, Theda M. Herz y algunos otros que escribieron profundos artículos al respecto.
Fue un caso de buena aceptación: la atormentada mujer, que bien podría ser vista a la luz de laEmma de Flaubert, pronto tuvo en la misma empresa tres o cuatro ediciones, la última tiene una notable portada de José Luis Cuevas. Su carrera siguió en la serie Lecturas Mexicanas de la SEP donde tuvo un tiro de 40 mil ejemplares que en un año desapareció. Más adelante emergió junto a otra novela mía: La canción de Odette y jamás supe las razones de tal fraternidad; así la editó Nueva Imagen durante la compilación de mis Obras completas hasta el año 2000. Ahora Lectorum, una empresa novedosa y audaz, con una distinguida portada de Parágrafos, le dio valioso impulso a esa mujer. Puedo decir orgulloso que Tantadel ha resucitado, ahora con el apoyo de las redes sociales.
En estos días, en diversos programas radiofónicos he tenido que recordar los orígenes de tal novela. Repetir algunas opiniones sobre ella. Pero lo que más me preguntan es quién fue el modelo de la novela. Honestamente no sé qué responder. En realidad se me ocurre que es la suma de algunas de las mujeres que hasta ese momento conocí, antiguas novias que dejaron huellas en mi vida y algo básico para un hombre como yo que ha hecho literatura de la literatura, que nada ha inventado, sólo ha puesto las personas, sus pasiones y sentimientos de otra forma, a mi manera, diría Frank Sinatra al interpretar “My Way” de Paul Anka. Y es verdad, cuando comencé a escribir Tantadel desconocía los celos y los hallé en dos libros: Historia de un amor de Horacio Quiroga y El túnel de Ernesto Sábato. Recuerdo que cuando escribí mis primeras historias amorosas recorrí de nueva cuenta una multitud de obras clásicas amorosas.
En este caso es el personaje el que ha superado al autor: ella sigue siendo muy bella y difícil, yo, en cambio, que ni siquiera soy el famoso narrador omnisciente, sino alguien que observa a la fascinante y compleja mujer, acaso asimismo enamorado sin posibilidades de ser correspondido. Tengo la impresión de que no es una novela realista, hay en ella muchos fantasmas y sí es, en cambio, un trabajo urbano, sin duda de la amada y detestada Ciudad de México, hoy un infierno.
La portada de Tantadel me gusta más que las anteriores; ella aparece distinguida, con finos trazos clásicos, llamativos y desconcertantes. Algunos pintores amigos míos la han dibujado siempre desnuda, al parecer les llamó la atención que una mujer exhibicionista se paseara frente a una ventana. Yo la pintaría nerviosa, inquieta, diciéndole a su actual pareja que va a encontrarse con el hombre anterior para discutir el final de su relación amorosa porque una nueva ha entrado en su vida. Es una escena, creo, conmovedora, donde vemos a una mujer no tan segura como aparenta, hablándole a un hombre muy distante de ser lo que muestra a primera vista.
Me gustaría añadir que alguna vez la estimada actriz Jacqueline Andere me dijo que le gustaría producir Tantadel. Una de tantas crisis económicas encarecieron los costos del filme y el guión escrito por un joven narrador se quedó archivado. Acaso haya sido lo mejor, siguiendo los comentarios de la citada Norma Klahn, lo que cuenta de la obra es su estructura y el trabajo literario, a tal grado que ella escribió un importante ensayo sobre la estructura de la novela corta en dos casos: Aura de Carlos Fuentes y Tantadel de René Avilés Fabila.
Espero que esa mujer asombrosa y libre, sin ataduras religiosas ni sociales, pueda ser mejor entendida por la actual generación de lectores.

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