Tantadel

agosto 01, 2016

Una nueva y mejor izquierda

" Un gran frente con la participación de todas las tendencias sociales avanzadas.

Fuera de la atroz corrupción

Es evidente que las famosas y desprestigiadas izquierdas mexicanas no funcionan más, tuvieron una corta vida, el poder al estilo mexicano las destrozó y las puso en evidencia.
Andrés Manuel López Obrador pasó de fingirse uno de ellos para convertirse en un dictador; creó, como Mussolini y Hitler, su propio partido donde es líder indiscutible, él decide todo, absolutamente todo. En Morena no hay democracia interna.
El PRD se desmorona  ante la corrupción de sus militantes y las divisiones. Los demás son grupúsculos que avizoran su triste caída.
Pero hay algo importante, un país democrático no puede avanzar sin una fuerza de izquierda poderosa y seria, con programas y un gran respaldo ideológico. Para colmo, ha vivido fascinada con los caudillos, distantes de concepciones ideológicas, sin más fin que obtener posiciones dentro de la maquinaria burocrática y dentro del más elemental populismo para agradar a los votantes.
Apoyo_Cardenas
Cuauhtémoc Cárdenas acaba de proponer una reacción sensata, ignoro hasta dónde será viable, pero lo que es evidente es la necesidad de su nacimiento. Específicamente, Cárdenas ha dicho que debe ser creado un gran frente de izquierda más allá de personalidades y con una plataforma social sólida. Tiene razón y él lo sabe por experiencia; su padre, el general Lázaro Cárdenas, en los albores de la década de los sesenta creó el Frente de Liberación Nacional, cuya intención era justo la de agrupar todas las fuerzas progresistas en una sola organización. Eran tiempos en que todavía existía el bloque socialista, la Cuba revolucionaria acababa de nacer, Ernesto Che Guevara intentaba crear una serie de guerrillas en la llena de tiranías América Latina y en Vietnam se forjaba la primera gran derrota del imperialismo norteamericano después de la guerra de Corea.
La idea del general, un hombre intachable, fue bien recibida, y de esta manera se forma un gran frente con la participación de todas las tendencias sociales avanzadas. El conservadurismo mexicano, por otra parte, había avanzado mucho y era necesario frenarlo. Sin embargo, muy pronto las esperanzas se esfumaron. Las izquierdas, fieles a su naturaleza dogmática, se dividieron y entraron en conflicto. Es curioso que, ahora, los supuestos herederos de comunistas, socialistas, trotskistas y otras facciones se maten entre sí por el poder y el dinero. Se acabaron los valores ideológicos y prevalecen los intereses económicos.
Entre el derrumbe del socialismo y el éxito aparente de la globalización, lo que hoy denominados izquierdas no son más que simulación, una serie monótona de discursos demagógicos, que habla de “primero los pobres” cuando vemos a los dirigentes declarando sus excesivas propiedades y sus muchos millones como si ello fuera natural: utilizar los bienes públicos para hacer negocios personales.
Sin duda, no es el momento de llevar a cabo la propuesta del ingeniero Cárdenas, pero hay que pensarla y luchar por hacerla realidad. De otra forma, México seguirá caminando sin contrapesos hacia la derecha generalizada.
El principal problema es explicarles a los ciudadanos la necesidad de un gran programa y de una ideología seria, revitalizadora, en especial a los que siguen ciegamente y sin chistar a López Obrador, un déspota poco ilustrado, o los integrantes del PRD que deben dejar de lado su necesidad de tener caudillos y sobre todo de enriquecerse ilícitamente. Los actuales partidos y organismos que se ostentan como izquierdistas deben ser abandonados y formar una amplia masa ciudadana que entienda en principio los problemas nacionales, que busquen otros caminos para la globalización, que sea una izquierda honesta y adecuada a los problemas peculiares de México y, sobre todo, a diferencia de las que hemos padecido recientemente, que estén fuera de la atroz corrupción.

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