Tantadel

agosto 26, 2016

Una revolución con “ligereza”

Gilles Lipovetsky se ha convertido sin duda en uno de los mejores y más brillantes pensadores críticos del complejo y convulso mundo que habitamos. Recientemente ha publicado un nuevo libro llamado De la ligereza. El solo título me trajo a la mente la cordial polémica, de muy alto rango, que sostuvo con Mario Vargas Llosa cuando el novelista presentó su libro La civilización del espectáculo. En esa ocasión, Gilles y Vargas Llosa debatieron temas culturales y filosóficos. Al final, Vargas Llosa le dijo para concluir, pero debemos conservar el amor por las lecturas clásicas, pues Lipovetsky había precisado que es difícil mantener una definición, digamos, reputada de cultura, sino que debemos buscar la inclusión de nuevos valores. Dentro del mundo capitalista triunfante, el espectáculo ha tomado un lugar destacado y en momentos presenta una tabla axiológica distinta, no sabemos qué se preservará y qué no, pero el capitalismo, de muchas maneras el mundo entero, vive inmerso dentro de valores con frecuencia frívolos. Para que Julio Cortázar aceptara hace muchos años, en pleno auge de la Revolución Cubana, ser entrevistado por la revista Life, símbolo del sistema norteamericano, hubo largo tironeo. De entonces al momento en que Vargas Llosa apareció en Hola (símbolo de la estupidez imperante) con motivo de su nuevo amor, hay mucha distancia. El derrumbe aparatoso del socialismo dejó la puerta abierta a un capitalismo despiadado, pero que intuye la necesidad de mitigar su esencia frívola y de bienes elementales para subsistir exitosamente y provocando felicidad artificial y un rostro menos brutal.
No he leído el libro de Lipovetsky, pero por mis lecturas anteriores y derivado de la entrevista que le hizo en estas mismas páginas Adrián Figueroa, veo el espíritu crítico del francés, lejos de las utopías que nos movieron en los siglos XIX y XX. Ahora la cultura y la ciencia son parte de un complejo movimiento donde el capitalismo queda obligado a  transformaciones que le permitan subsistir, democratizarse y mejorar. Para ello, deberá utilizar las nuevas tecnologías. El hombre nuevo que soñaron los guevaristas tendrá otras posturas ajenas a las utopías de sobra conocidas, será el eje de transformaciones que lo obliguen a no ser un opresor de los desposeídos. El mundo vive en constante comunicación y eso le da nuevas características. Al reportero que le pregunta si requerimos un cambio a escala mundial, Lipovetsky le responde:
“Sí. Esta civilización de la ligereza revela que debemos cambiar el sistema de producción, de consumo, en la cual tengamos una conducta menos agresiva contra el medio ambiente, con los ecosistemas, de menos impacto con la ecología”. Y enumera elementos salvadores: Internet, medicina regenerativa, dispositivos nanométricos… “Lo que cambia al mundo es la ciencia y la tecnología”.
Algunos marxistas han afirmado que la ecología debe ingresar en el discurso que los clásicos de tal corriente, quienes no vieron la degradación de la naturaleza. La destrucción impiadosa de bosques, selvas, ríos... Lipovetsky advierte que de este fenómeno hay conciencia mundial. Ante la contaminación que oprime a las grandes ciudades como México, observa que debe haber transporte público eficiente que “reduzca la polución y eliminar los automóviles, porque hoy la ciudad está asfixiada por estos”. Tiene razón. Somos un buen ejemplo donde el gobierno trabaja para su majestad el automóvil. Un leve recorrido histórico de los últimos 50 años nos permitirá ver cómo hemos pasado del verdor y de los ríos al horrendo y triste gris del asfalto. Como ha dicho la investigadora Martha Fernández: pasamos de ser la ciudad de los Palacios a grotesca mancha urbana.
En estas circunstancias es imprescindible buscar nuevas acciones, porque la política casi ha desaparecido, al menos en sus propósitos fundamentales, como las ideologías. Vivir en la civilización de la ligereza, donde ya no se tiene el gran poder de antes, conlleva a la búsqueda de nuevos caminos para hacer que el capitalismo tolere una serie de regulaciones estrictas que le permitan avanzar y eliminar los problemas o al menos mitigarlos. En esto la ayuda de la civilización de la ligereza, dice Lipovetsky, son los celulares, la tabletas, las computadoras, los nano-elementos que aparecen con frecuencia y deben ser los impulsos para que el hombre moderno se convierta en una suerte de nuevo Prometeo que le quite a los dioses las ciencias y las ponga en manos de la gente con deseos de mayor envergadura. No es más el tiempo de las mega-construcciones, hay que pasar a la ligereza, allí, es posible, encontremos la salvación a un planeta que ya vemos ruinoso y no distante del colapso. 
Creo que este tipo de ideas, de libros, de formas de pensamientos avanzadas son las que precipitarán un mundo que sea capaz de aceptar una nueva revolución no violenta que la literatura y la cinematografía de ciencia-ficción ya nos han anticipado.
Hay que dar un paso más en la reflexión sobre las condiciones que ha creado el capitalismo dominante. Las condiciones de una revolución armada, la toma violenta del poder o la dictadura del proletariado son tan remotas que no aparecen en ningún horizonte, pero asimismo es verdad que el ser humano vive en su mayoría oprimido y con regularidad en lamentables condiciones económicas. Por ello es que esas nuevas y ligeras llaves tecnológicas deben ser utilizadas para mejorar la condición humana. De no ser así, el nuevo Prometeo no aparecerá dándonos los elementos necesarios para buscar distintos caminos de bienestar.

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