Tantadel

septiembre 14, 2016

¿A qué familia defiende el conservadurismo?

El pasado sábado, varias organizaciones clericales y misteriosas ONG realizaron una marcha del Frente Nacional por la Familia a favor de la concepción antigua de familia (padre, madre e hijos) y en contra de los matrimonios gays. El concepto, además de anticuado (parece que estamos en la Edad Media), es completamente erróneo en nuestros días. Por principio, la Secretaría de Gobernación no debería permitir que la Iglesia realice este tipo de manifestaciones. No solo porque está prohibido, sino porque no tiene cara para defender a la célula básica de la sociedad, sobre todo cuando se sabe que dentro de sus miembros existen pederastas que abusan de niños quienes les han sido confiados y segundo porque existen muchos sacerdotes homosexuales y éste es un problema que ha llegado a la literatura, a la cinematografía y al mismísimo Vaticano. Dicho en otros términos: nadie es ajeno al tema.
Al respecto, el Papa Francisco mencionó, en relación al tan afamado caso Maciel, lo siguiente: “El problema del abuso de menores es un problema grave, la mayoría de los abusos se dan en el entorno familiar y vecinal.
“No quiero decir números, para no equivocarme. Un solo cura, que abuse de un menor, es suficiente para mover toda la estructura de la Iglesia y enfrentar el problema. ¿Por qué? Porque el cura tiene la obligación de hacer crecer a ese chico, a esa chica, en la santidad, en el encuentro con Jesús. Y lo que hace es destruir el encuentro con Jesús”.
El Papa destacó que “hay que escuchar a quienes fueron abusados. Yo los he escuchado acá. Una mañana entera la pasé con seis: dos alemanes, dos irlandeses y dos ingleses. La destrucción interior que tienen. O sea, son antropófagos. O sea es como si se comieran a los chicos. Los destruyen ¿no? Aunque haya un solo cura es suficiente para avergonzarnos y para hacer lo que hay que hacer”. ¿Con qué argumentos actúa la Iglesia mexicana en estas marchas contra los matrimonios igualitarios? Primero deben limpiar su propia institución y después criticar la propuesta presidencial.
Por otro lado, los nuevos tiempos han modificado la idea de familia, no sólo en México sino en muchos otros países, la variedad de familias es enorme: mujeres solas, hombres solos, parejas en unión libre, parejas sin hijos, parejas de dos varones, parejas de dos mujeres,  madres solas, padres solos, parejas con hijos adoptados, menores viviendo con familiares, familia homoparental, familia tradicional, familia lesbomaternal,  etcétera.
Oponiéndose, desde el púlpito y promoviendo marchas retrógradas, a la existencia de matrimonios igualitarios no  será eliminada la crisis que vive el concepto de familia tradicional. Esto además está en flagrante contradicción con los derechos humanos. El tema es ajustar normas, costumbres y leyes y no encarcelando a hombres o mujeres, como ocurría en la Gran Bretaña victoriana.
El investigador de la UNAM Mario Luis Fuentes al respecto ha señalado: “Ninguna sociedad puede prosperar con base en la intolerancia. Es difícil si no imposible cimentar relaciones cordiales, una lógica de solidaridad y cooperación, así como una potente y duradera ciudadanía, consciente de sus derechos y capaz de exigirlos y defenderlos, para sí y los demás, cuando lo que priva en el sustrato social es la inquina y la violencia.” Pero  debemos recordar que el nuestro es un Estado laico y que lo que realmente cuenta, independientemente de la filiación religiosa de cada ciudadano, son las leyes civiles. Este punto lo entienden mejor los jóvenes que los adultos. Como profesor universitario que he sido toda mi vida, he podido observar los cambios y además entenderlos sin agredir o incriminar el nuevo espíritu que vivimos. En las redes sociales abundan las menciones a las relaciones amorosas y quienes apoyan la libertad de casarse con un ser de su mismo sexo, y no son necesariamente vapuleados.
He sabido de chicos del mismo sexo que se han “casado” simbólicamente ante sus compañeros de escuela y amigos, recuerdo haber citado un caso de tal índole en mi novela El amor intangible (2008), del que supe por una maestra inteligente, sensible y culta, bella por cierto, que no piensa casarse ni tener hijos, algo que fue también mi decisión y de mi esposa y que ha merecido no pocas ironías y críticas. En la Ciudad de México desde hace varios años están permitidos los matrimonios igualitarios y no ha habido mayores problemas. Según datos del Registro Civil, desde el año 2010 hasta finales del año pasado un total de 6,525 parejas contrajeron matrimonio, de las cuales 3,532 son parejas de hombres y 2,993 parejas de mujeres. En el mismo lapso se obtuvo que el registro de divorcios ha sido mínimo, pues sólo se han producido 261 registros, de los cuales 128 han sido separaciones entre hombres y 133 entre mujeres.
Juan Manuel Asai, en estas mismas páginas escribió: “La jerarquía católica no puede exigirle al Estado laico mexicano que la población viva de acuerdo a sus valores, creencias o forma de ver la vida. Los obispos se los pueden exigir a sus feligreses y también a los curas y monjas. Puede coaccionarlos con la amenaza de la excomunión o del fuego eterno, pero no tiene derecho, y en este caso ni autoridad moral, de meterse con el resto de la población”.


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