Tantadel

septiembre 09, 2016

Elecciones vecinales: una burla

En 2010, cuando iniciaron los Comités Vecinales, en mi colonia, Parques del Pedregal, hubo muchas esperanzas: por primera vez nos tomarían en cuenta para algunas obras o equipamiento que requiriera nuestra zona. De esta manera, nos avocamos a promover dichos comités y a motivar a nuestros vecinos para que participaran y acudieran a las urnas.
El gusto duró muy poco. De manera escandalosa, hubo compra y coacción del voto. Los delegados construyeron Comités con empleados de las delegaciones, con el fin de cooptar a los ciudadanos y realizar las obras que ellos quisieran. En esa ocasión, en todo el DF (hoy CDMX) votó el 8.9% de los empadronados, equivalente a 655,838 personas. Una votación ridícula para los 7’479,410 empadronados. Obviamente no hubo promoción, existió un gran desorden y la capacitación fue muy deficiente. Querían que los vecinos casi estuvieran de tiempo completo para promover el voto. Nunca comprendieron que la gente tiene que trabajar y solo los ratos libres se los pueden dedicar a dichos comités.
En el caso de mi colonia, en las tres elecciones que realizamos para el Presupuesto participativo, tiempo que duró nuestra gestión, hubo escasa afluencia en las votaciones. Aun así, los proyectos que propusieron mis vecinos nunca se llevaron a cabo y nunca supimos el paradero de los recursos destinados para nuestra colonia.
La siguiente elección, de 2013, mis vecinos hartos de las tropelías y la tomadura de pelo no quisieron participar ni formar ningún Comité Vecinal, por lo que Parques del Pedregal se quedó sin representación. No obstante, cuando en una colonia no existe Comité, el IEDF decide las obras que se llevarán a cabo con los recursos asignados. Se les ocurrió sembrar lámparas a lo largo del camellón de la calle Zacatépetl, de Camino a Santa Teresa hasta Periférico, y la verdad es que quedaron muy bien. Sin embargo, a tres años de distancia, de 50 lámparas que colocaron, solo 10 funcionan y varias están destruidas. De estos proyectos no existe seguimiento y menos mantenimiento. ¿Entonces para qué gastar en algo que no va a perdurar? Lo perdurable son las docenas de puestos fijos de chatarra.
En las pasadas elecciones del 4 de septiembre, tampoco logramos conformar un Comité por ese hartazgo de la ciudadanía. Y en consecuencia, también nos quedaremos sin representación. Pero por lo que nos hemos enterado, no hace falta. Estas elecciones de 2016 estuvieron peor que las anteriores. Los partidos políticos, las delegaciones y el Gobierno de la Ciudad de México se dieron cuenta de lo importante que era controlar a esos Comités, sobre todo de las delegaciones más grandes, como Iztapalapa, Cuauhtémoc, Coyoacán, Gustavo Madero y Tlalpan.
La diputada priista Cynthia López declaró a los medios: “Lo que debió ser un ejercicio democrático se convirtió en una disputa por el poder entre el PRD y Morena, dejando a un lado las verdaderas necesidades de la gente.
“Me sumo a las peticiones de diferentes voces ciudadanas de nueve delegaciones que harán para la cancelación de la votación realizada en días pasados a través de las urnas electrónicas. No debemos permitir que se valide tanta irregularidad”.
La Fiscalía para la Atención de Delitos Electorales recibió 562 denuncias e inició 38 carpetas de investigación. Tan escandalosas fueron las irregularidades y la compra del voto que las autoridades electorales dijeron que se han ejercido acciones penales, ha habido destituciones y hay inhabilitaciones en diferentes delegaciones. El propio Miguel Ángel Mancera reconoció que hubo funcionarios detenidos.
Estos Comités, que no fueron concebidos para ser acaparados por funcionarios públicos o partidos políticos, hoy más que en anteriores elecciones, cayeron en manos de partidos y políticos. Esto constituye una burla más para los ciudadanos.
Hasta el momento de redactar esta nota no habían resultados de las elecciones del domingo, pero mencionó el IEDF que votaron más de 770,000 ciudadanos, dato que si lo comparamos con la votación de 2010 (655,838 votos) hubo un aumento de 17% en 6 años, lo que indica que la ciudadanía no confía en estos ejercicios “democráticos”, a la luz de tantas irregularidades. Este tipo de elecciones las capitalizan los partidos políticos, las delegaciones y el gobierno de la Ciudad de México. Los ciudadanos somos comparsas.
Los verdaderos residentes, aquellos que no responden a ningún partido político o funcionario, están hartos de tanta tomadura de pelo y tanta corrupción, pese a que solo está en juego un ridículo porcentaje del presupuesto de la Ciudad de México, equivalente a 823 millones de pesos, que representan el 3% de los recursos asignados a cada delegación política para dicho ejercicio fiscal. Además, estos recursos los manejan las propias delegaciones.
¿Tiene caso seguirles el juego a los partidos políticos? Ninguno. Lo mejor es crear comités de vigilancia de esos organismos políticos que controlan al país. Lo asombroso es que los principales agentes de la corrupción son los dos partidos que se fingen izquierdistas: PRD y Morena.


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