Tantadel

septiembre 07, 2016

Encuestas, encuestas...

Aunque uno no lo quiera, es imposible ignorar la realidad política mexicana. En los medios de comunicación, en los restaurantes, en las aulas, en los transportes colectivos y por donde quiera que caminemos, Peña Nieto es duramente criticado y su partido es el hazmerreír de la sociedad. Sin embargo, acabo de encontrar una noticia interesante. El diario Excélsior realizó una encuesta con una pregunta: “Si el día de hoy fuera la elección de Presidente de la República, ¿por cuál partido votaría?” Van los datos: El PAN ganaría con el 29%. Casi empatado, viene el PRI quien tiene una simpatía de voto del 26%. Morena queda en tercero con 18%, distante de los dos primeros y al final aparece el PRD con el 12%. Los encuestadores precisan que hasta hace muy poco tiempo, cuatro meses a lo sumo, el PRI estaba en mejor posición y superaba a los demás.
   Ello significa que la genialidad de Videgaray le costó al PRI y al mandatario Peña, perder la elección presidencial la semana pasada. La respuesta es obvia: el efecto Donald Trump le quitó al priismo la popularidad que mantenía. Ahora el PAN es el partido a vencer. Si Acción Nacional triunfa en el Estado de México y obtiene una copiosa votación en la CDMX, es suya de nuevo la silla presidencial. ¿Seguirá necesitando ayuda de su incómodo amigo el PRD?
   Las reflexiones hechas luego de la visita de Trump coinciden, ¿dónde están los asesores de Peña Nieto? ¿Dónde estaba la secretaria de Relaciones Exteriores? ¿Qué hacía Chong aparte de perder cuanto encuentro tiene con la CNTE? ¿Y Nuño, a quien muchos veían como el hombre fuerte para la sucesión, no tuvo tiempo para decirle a su jefe que aquello era un costoso error? En el presidencialismo a la mexicana sólo hay una voz y es justo la del presidente. El silencio o acaso algunos discretos comentarios acompañaron su decisión de enviar cartas absurdas a Trump y a Clinton, quien ya declinó participar en la torpeza.
   Los resultados están a la vista en todo el mundo. México, que por años tuvo una diplomacia inteligente, al menos sensata, cayó de pronto en algo más idiota que el “comes y te vas”, dicho a Fidel Castro por Vicente Fox. Hasta Trump obtuvo algo en el encuentro. Peña únicamente un tsunami de críticas.
   Más de un comentarista beneficiado en algún momento de su vida por el PRI, imposibilitado para ser crítico severo, se ha limitado a sugerir cambios drásticos en el gabinete para ganar los comicios presidenciales de 2018. Los más obvios son aquellos que le piden  o ruegan cambios veloces en el gabinete. Son duros con los mencionados y algunos más del equipo inmediato del Presidente. Pero supongamos que de pronto Peña Nieto considera las críticas y dice, en efecto, ni Videgaray ni Aurelio Nuño, mucho menos Chong. Entonces, a quién con inteligencia, cultura, coraje, audacia y habilidad y sobre todo experiencia, pone en las vacantes. No hay ninguno. El PRI es un saco de huesos viejos y con osteoporosis.
   Pero estamos yendo muy lejos. Es evidente que a diferencia de Echeverría o Salinas, los que con facilidad pedían una renuncia, Peña Nieto no correrá a nadie del empleo que le dio. Veamos un caso, el señor Alfredo Castillo no ha dejado de ser un dolor en la carrera del Presidente, sin embargo, a pesar de los raquíticos resultados que trajo de Brasil, tres o cuatro medallitas y una abultada cuenta de los gastos de su pareja sentimental, lo ratificó públicamente a pesar de que la patria, envuelta en la bandera, exigía que lo echaran del deporte. Qué hace pensar en consecuencia, que para poner al PRI a salvo, llevará a cabo cambios. En el ex partidazo estuvo Manlio Fabio Beltrones, mucho mejor político que todos los mencionados y lo quitó para poner al señor Enrique Ochoa Reza, quien acaba de informar que en cien días de recorrer pueblos olvidados y ciudades en crisis, ha hecho unos miles de llamados a “superar agravios” y a eliminar la división existente en el organismo. ¿Y la ideología y los proyectos y el espíritu combativo y crítico que tienen los grandes partidos políticos? Nada. El vacío.
   El PRI está fatalmente perdido. Si tiene esos males, requiere unidad, pero eso sólo la tuvo cuando era una “aplanadora” y se basaba en que realmente era una oficina de empleos. Ahora no es así. Si Eruviel Ávila no recibe como recompensa a su pésima gestión en el Edomex, la postulación para presidente, podría irse a otro… Pero ahora existe un nuevo camino: ser candidato independiente. No deja de ser fascinante que, la mayor parte de la oposición actual, salió o se ha formado en el PRI.
   El meollo es que el PRI ya es transparente y nadie ignora que de su gabinete, donde están sus mejores amigos, aunque sean momentáneos, saldrá el candidato presidencial.
   Dudo mucho que Peña Nieto regrese de uno más de sus muchos viajes internacionales con la espada fuera de la vaina y cese a los ineptos. Tratará de seguir, a lo sumo, mostrando que también hay cosas buenas en México. Mientras tanto, el panismo de hoy se prepara para tomar de nueva cuenta el poder. Allí sí cabría el discurso de Ochoa Reza para que trabajen animosos y sin pugnas internas. Pero tal como la encuesta que acabo de citar, es el PAN el que camina más rápido hacia Los Pinos. El PRD se quedó en el camino y por más que AMLO diga que la tercera es la vencida, no alcanzará al conservadurismo oficial. Es posible que Peña Nieto no hubiera querido sepultar al PRI, no obstante ya lo hizo y solamente le hace falta el epitafio adecuado.



No hay comentarios.: