Tantadel

septiembre 06, 2016

La fantástica: literatura de mil cabezas

Un ser completo debe conocer todos los sentimientos: amor, odio, compasión, pánico, tristeza, celos, para ser un humano perfecto.

En un cuento magistral de Ray BradburyPilar de fuego, un hombre muerto resucita. Se encuentra con el futuro, hace más de 40 años que los viajes a Marte son comunes. El mundo es distinto. El cadáver ha dormido casi mil años. Vaga por la Tierra. Llega a una biblioteca y allí aventura una petición: pregunta por Edgar Allan Poe. El poeta no figura en los ficheros. Tampoco están Lovecraft ni Derlethni Ambrose Bierce.
Todos desaparecieron en el gran incendio de 2265. La desolación del resucitado es absoluta. No existen ya el temor, el horror a lo desconocido y a lo sobrenatural, segmento importante del espíritu humano. Significa que una parte destacada de la literatura, la fantástica, se ha desvanecido del orbe, por lo tanto, el hombre está incompleto. Una tragedia. El muerto-vivo no tiene mucho qué hacer en un mundo que desconoce el pavor, que abandonó el arte de aterrorizar.
La anécdota encierra gran profundidad. Un ser completo debe conocer todos los sentimientos y emociones: el amor, el odio, la compasión, el pánico, la tristeza, los celos, para ser un humano perfecto. Con tal alegoría Bradbury demuestra, aunque sea parcial y metafóricamente, la importancia del género fantástico.
La literatura fantástica es tan antigua como el hombre. Su origen se pierde en los tiempos: “Figura —dice Lovecraft— como un ingrediente del primitivo folklore de todas las razas, y cristalizó en las más antiguas baladas, crónicas y escrituras sagradas”. Primero es oral, refleja la debilidad humana, lo inexplicable, el miedo a lo desconocido. Luego, al aparecer el lenguaje escrito, se recogen leyendas, historias fabulosas y aparecen seres imaginarios. Se convierten, en suma, en la creación más pura, en la mejor y más completa forma de la inteligencia literaria. Existe algo de innecesario en buscar sutiles diferencias entre lo irreal, lo maravilloso, lo sobrenatural…, cuando todo es posible englobarlo dentro de una sola y rica palabra: fantasía, y darle al género la amplitud que exige y que los teóricos de la materia, enfrascados en discusiones mínimas, estériles, se niegan a darle.
La literatura fantástica no siempre es inspiradora de terror. En ocasiones, como enEl fantasma de Canterville, de Wilde, lo ironiza. También descubre nuevos planetas o se recrea con la invención de complicadas tecnologías. En ella lo mismo aparecen demonios y vampiros que temibles y espantosos seres de otros mundos.
Esta literatura recoge o inventa toda una larga serie de personajes y mitos, símbolos y alegorías. Por ejemplo, los fantasmas, los vampiros, el hombre lobo, los demonios, las brujas, los seres invisibles. Luego, cuando los métodos policiacos son desarrollados en la sociedad burguesa para tratar de eliminar la contradicción entre “buenos” y “malos”, hecho que mitiga la lucha de clases, que provoca la aparición del criminal y su brutal respuesta: la justicia, el género se enriquece con autores, pese a las ironías de Lukács, como Conan Doyle o Agatha Christie, ampliando las posibilidades descubiertas por Allan Poe.
Finalmente, la ciencia-ficción captura el espacio y el futuro, los más avanzados y sofisticados aparatos (robots, computadoras, máquinas del tiempo...) y abarca planetas y universos desconocidos. Por ello, porque todo lo anterior es parte de una sola gran familia que ha ido marchando junto con la humanidad, a menudo algunos teóricos mezclan los nombres de WalpolePoeVerneWellsShelley,SturgeonLovecraft. No olvidemos que Bradbury, en el prólogo de Cuentos espaciales, se mira heredero natural de todos los escritores fantásticos, sin importar su especialidad. Jacques Sadoul (Historia de la ciencia-ficción moderna) considera una certeza: “Digamos simplemente que la ciencia ficción es una rama de la literatura de lo imaginario, al lado de lo fantástico…”
La literatura fantástica recoge asimismo seres fabulosos y monstruos: desde antes de la Grecia clásica ya hacía mezclas de hombres y animales, le concede a los humanos características de dioses, les otorga el viejo anhelo de la inmortalidad. Es una literatura para la que no existen barreras.
Con frecuencia la literatura fantástica es simbólica y moralista. Vemos constantemente enfrentados al bien y al mal, como en Poe y en Jacques Cazotte. O dándole rienda suelta a los fenómenos de la mente y sus complejidades, como en el Stevenson del Dr. Jekyll y Mr. Hyde o en el Gautier de La muerte enamorada.
Las pasiones, los sentimientos y los problemas que mueven en parte a la humanidad son temas centrales del género que nos reúne. Lo humano está presente en la literatura fantástica. Sólo que no con la obviedad de cierto realismo; en aquélla privan las alegorías, los símbolos, la sensibilidad, la cultura y la inteligencia. Contra lo que algunos dicen, la fantasía no es sinónimo de evasión. Conlleva un compromiso más hondo.

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