Tantadel

septiembre 28, 2016

La ruta presidencial de Mancera

Desde hace algunos días, notamos a Miguel Ángel Mancera muy decidido, pleno de coraje, arriesgado, distinto. ¿Qué lo hace diferente? Busca la candidatura presidencial a la Presidencia de la República. Ahora hace llamados a unificar a la “izquierda” pero sin aceptar su ingreso en uno de esos imaginarios partidos, el PRD, el que lo condujo a la cima. Entre otras cosas le reclama al gobierno federal la reducción del presupuesto para la CDMX y al mismo tiempo organiza maratones completos y a la mitad, lanzamientos de jabalina, carreras de 400 metros con obstáculos (acordes a la situación deplorable que padece la ciudad capital) y además todavía recorre, como lo hacen otros aspirantes del PAN y Morena, el país en busca de votos. Tiene razón, el eje político de México es sin duda este maravilloso set cinematográfico que ahora conocemos como CDMX. Dicho sea en palabras de un columnista conocido: Mancera “tiene su propia ruta” a Los Pinos.
Ya estuvo con las más altas autoridades del gobierno federal para exigir que no le quiten apoyos económicos a la ex ciudad de los palacios. Está, en una palabra, indignado, o finge estarlo. Defenderá a la capital “como un perro”. Necesita dinero para su campaña. Pero qué tal si recupera los millones de pesos que sus antecesores se llevaron del gobierno capitalino para campañas políticas y sus propias haciendas. ¿No podría exigirles a López Obrador y a Marcelo Ebrard que regresen los dineros saqueados para esos fines? Es evidente que entre lo ruinoso que dejaron el Metro y los caminos, puentes, calles y avenidas poseedores de auténticas colecciones de baches, Mancera podría recuperar grandes sumas. Asimismo debería organizar mejor el ambulantaje, la piratería, la inseguridad y la prostitución callejera, para que con tal dinero le sea posible dejar satisfechos a los capitalinos y que sigan ingenuamente votando por él.
El lunes pasado, algunos medios comunicaron que entre gira y gira, Mancera se echaba una cascarita o participaba en una maratón para probarles a los habitantes de Quintana Roo y Campeche que su condición física es envidiable para conducir al país. Otra solución es que participe en actos deportivos de manera profesional para que los premios recaigan sobre su cuenta bancaria. Finalmente, él sabe, acaba de aparecer la noticia, que crece el acopio económico merced a las multas verdes, las que provienen de los vehículos en ruinas que circulan por una ciudad brutalmente urbanizada y despojada de sus zonas verdes.
Trato de señalar que Mancera, en lugar de quejarse de la falta de dinero, busque otros caminos para reconstruir la CDMX y dejar algo para su campaña en pos de Los Pinos. Un estadista siempre tiene a la mano soluciones. Así como organizó al Constituyente de la capital, podría hallar fórmulas para recabar fondos. Ya no debería, por ello, prestarles el Zócalo a la Sección 22 para plantones, sino rentarlo. Si AMLO quiere hablar de la futura república de la felicidad, pues que se caiga con una lana, o sea severo con la que reparte entre sus hijos y amigos cercanos. La otra solución, la mejor, es la que nos aleja del populismo ramplón que los sucesivos gobiernos capitalinos vienen practicando desde hace algunos sexenios. Más que dar cobijas y comida rancia a los pobres, más que ayudar a las madres solteras y más que encabezar un gobierno que entrega limosnas, bien podría crear fuentes de trabajo. El notable artista plástico comunista Diego Rivera hizo un cuadro (está en Bellas Artes) que indica el camino. Una marcha de trabajadores llevan pancartas que dicen claramente: “No queremos limosnas, queremos trabajo”. 
Hay familias, por otro lado, que obtienen una pequeña fortuna regalada: los padres tienen las becas de adultos mayores, las hijas reciben una paga por ser madres solteras, los nietos que estudian perciben dinero para libros, todos tienen médico en su casa y abogado gratuito, que parece invento de Mancera. Pero no. También ama la mentira. Cuando ingresé al ISSSTE en 1963 por ser profesor de segunda enseñanza, de inmediato tuve médico en mi casa (conservo la credencial) y era eficaz. Y ya entrados en gastos, pues que venda el proyecto que no es suyo, a los países que visita para llevar cunas a los niños indígenas sin trabajo. Todo eso le permitiría acumular dinero para cubrir los baches, recoger la basura, tener vegetación e instalar un sistema de transporte público eficiente. Así, yo que no suelo ir a las urnas, votaría por él. 
La pretensión de Mancera, sugieren algunos comentaristas, es convertirse en el Fox de “izquierda” al obligar a los falsos progresistas a votar por él e incluso a atraer a su seno a los priistas resentidos, que no son pocos. Por lo pronto, hará lo que sea para neutralizar a López Obrador. No puede darse el lujo de seguir avanzando sin el voto capitalino.
Durante la elaboración de la Constitución de la CDMX, donde según agudas ironías de Leo Zuckermann, ya nos anticipan más de cinco mil formas de alcanzar la felicidad (“incluyendo el derecho a gozar de la sexualidad plena”), Mancera podrá medir fuerzas por ahora con Morena y el propio PRD, si los doblega, podrá dar el siguiente paso: qué hacer ante el PRI y el PAN. Como se trata de echar al primero de Los Pinos, tendrá que llegar a una suerte de acuerdo o convenio con la derecha para tener la fuerza suficiente para triunfar y dejar a López Obrador diciendo que aunque es el “presidente legítimo”, irá por la cuarta que es la vencida.

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