Tantadel

septiembre 28, 2016

Los nuevos constituyentes

Con excepciones, muchos cartuchos quemados


Si hay algo fascinante en los inicios del siglo XX, en el momento cumbre de la Revolución Mexicana, es 1917 con la discusión y creación de la Constitución que, muy parchada, nos sigue rigiendo. No todos los constituyentes eran hombres de letras, egresados de universidades. La mayoría había estado en las luchas armadas o participaron de muchas maneras en el proceso épico que cambió a México. Los debates fueron intensos y están perfectamente registrados, al igual que las acciones que rodearon el fenómeno legislativo que siguió a la violenta lucha armada. Ese constituyente pasó a la historia, fue dramático y resultó un documento sumamente avanzado para la época a escala mundial. Pensemos que en Rusia los soviets estaban a punto de tomar el poder. Fue lo que Marx llamó un momento dramático.
Lo que se avecina, la creación de la Constitución de la Ciudad de México, será lo que a continuación el mismo Marx denominó como farsa. El constituyente capitalino está formado por viejos cartuchos quemados y por jóvenes que no tienen idea de a dónde van, todos carentes de una razón ideológica, aunque los hay como Beatriz Pagés, Ifigenia Martínez, Enrique Provencio, Gabriel Cuadri, serios y sensatos, que van a dar la pelea no por un empleo más, sino por México. La lista de propuestas que hemos podido ver le quitará al documento su grandeza y dignidad: los ambulantes, las prostitutas, los estacionamientos, la basura, las marchas callejeras, los plantones…
Los partidos políticos, en especial los de oposición (no sé a qué), ya tienen sus agendas y sus propuestas. Carecen de dignidad a pesar de que allí hay personajes legendarios que dejaron de serlo por el desgaste natural que produce el oportunismo, la ambición de poder, la necesidad de tener un sueldo y figurar en los medios. Hasta donde es posible vislumbrar los temas propuestos, no hay más que minucias, mucha paja, que oculta la lamentable ausencia de dignidad de un grupo al que le asignaron una descomunal tarea: darle a la ciudad capital una Constitución. El afortunado Miguel Ángel Mancera es quien mueve las fichas en contubernio con grupos de poder y partidos. A estas alturas pocos saben qué es políticamente el jefe de gobierno: ¿izquierdista, centrista, amigo delBronco, candidato independiente que tiene un partido indeciso y ruinoso, un genio de la política que terminará siendo presidente de México, o una pieza más dentro del perverso ajedrez que suele jugar el inefable López Obrador? Pero ¿cuál es su ideología, qué clase de ciudad o de país quiere?
Los nuevos constituyentes, con excepciones, desde luego, son restos de un proyecto que no cuajó,ancianos ya cansados y jóvenes que se sacaron la lotería pero que carecen hasta de sentido común, para qué hablar de cultura política de alto rango. Son a lo sumo pragmáticos que han aprendido el oficio de los que presiden o son más vistosos, como Porfirio Muñoz Ledo o Augusto Gómez Villanueva, aunque los hay patéticos como el antes panista hoy fanático de AMLO, Bernardo Bátiz. Su preocupación es salir en las selfies, tuitearse entre sí y aparecer en los medios, ninguno tiene mayores habilidades ni antecedentes como los que tuvo el grupo que consiguió darle a la nación una Carta Magna de altísimo rango.
Los medios de comunicación tampoco aportan mucho, ni están calificados ni saben exactamente qué es el periodismo político, les basta con reproducir chismes y dejar de lado el periodismo serio de investigación.
Sin duda las próximas semanas estaremos entretenidos enterándonos de sus discusiones inútiles, bizantinas, de sus escándalos, de la gritería interna y, desde luego, ya lo hemos visto hasta la saciedad, de las majaderías de los seguidores incondicionales del Peje, quien ya se imagina en Los Pinos. Los mexicanos más sensatos buscarán un buen filme (espero logren hallarlo) o seguirán comiendo papitas y bebiendo cervezas en los tediosos deportes que escasa gloria nos han dado.
Al final, sin saberlo ni haberla leído, los capitalinos estaremos orgullosos y felices de ser poseedores deuna fastidiosa Constitución tan larga que vendrán los artículos que nos indiquen dónde y cuándo podemos cruzar las calles.

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