Tantadel

septiembre 12, 2016

México, entre Trump y López Obrador

He visto desde hace años, artículos y comentarios que advierten la peligrosidad de un hombre de escasas lecturas, incapaz de reflexionar razonablemente, que disfruta de la demagogia, es capaz de mentir, carece de un ideario teórico-político y cambia de opinión con sorprendente regularidad: Andrés Manuel López Obrador. El primer artículo que advertía la peligrosidad de AMLO fue de una mujer de inteligencia y cultura excepcionales: Ikram Antaki. La contraparte, los comentarios emitidos por sus partidarios, carecen de argumentos, son pasionales y suelen descalificar a sus rivales. No en vano los llaman pejezombies, quienes lo adoran como si fuera una deidad y él mismo se ha presentado como una suerte de Mesías, de allí, sin duda, el calificativo que el intelectual Enrique Krauze le aplicara: Mesías tropical. Sus palabras son sencillas porque no está preparado para argumentar a profundidad. A cambio, su raquítico discurso llega a millones de ancianos, jóvenes y en general desposeídos, quienes aumentan su devoción con acusaciones basadas en rumores: “primero los pobres, fraude, complot, la mafia del poder…” Luego de transitar en busca de la Presidencia por diversos partidos: el PRI y el PRD, optó por romper con ellos para crear uno propio, donde se sintiera cómodo y su autoritarismo y liderazgo no fuesen criticados y menos cuestionados. Son sus golpes de audacia, su habilidad para insultar a sus rivales lo que lo hace temible. Pocos se atreven a criticarlo por el temor a las majaderías de sus partidarios, quienes se ensañarán contra el que osó tocar al espantajo.
En EU ha surgido otro tipo de populismo, lo encabeza Donald Trump, asimismo audaz, inculto y que tiene la habilidad de encantar a millones de tontos e ignorantes. Como en el caso mexicano, el líder norteamericano sabe dónde golpear y hacer que sus insensateces tengan grandes logros. Su popularidad es enorme. Promete con facilidad y su audacia es desconcertante y certera. Supo dar un gran paso porque el mostrenco gobierno de Peña Nieto le abrió una posibilidad inmensa. Trump lo ha hecho ver como un triunfo más: él sí sabe manejar no sólo a líderes yanquis sino a mandatarios de otros países. Hillary Clinton tiene ahora que remar en aguas contrarias, merced a la torpeza inaudita del mandatario mexicano.
En todos los artículos, una larga lista, insisten en las semejanzas entre ambos políticos, el tabasqueño y el neoyorquino. Ambos son populistas, aunque de diferente estilo, los dos son poco afectos a la lectura, ninguno tiene una ideología precisa y tampoco son dados a hablar con la verdad. Son bipolares. En común tienen la demagogia, la charlatanería y la capacidad de obtener millones de adeptos, dispuestos a seguirlos hasta la ignominia. Y así lo hacen. Éste será, en México, uno de mis artículos más impopulares entre sus seguidores. Criticar a López Obrador tiene un alto costo, sobre todo en las redes sociales. Ya he leído los ríos de insultos y ofensas dirigidos a quienes discrepan de AMLO. Y ya escuchamos su deplorable nuevo mensaje haciendo una equivocada cita de Orwell y Animal Farm, al tratar de mostrarse letrado.
Lo interesante de estos dos fenómenos es que en EU hayan salido del closet los fascistas, los racistas y los anti latinos, en especial aquellos que odian a los mexicanos, quienes olvidan que toda la parte sur de Norteamérica perteneció a México e ignoran los beneficios de la mano de obra que le proporciona México. En el caso de nuestro país, AMLO logró convencer a muchísimos compatriotas de que el salvador de México es él, no es otro, ello sin dejar de mostrarse como un dictadorzuelo y mentiroso por añadidura.
La diferencia estriba en que uno es muy rico y se ostenta triunfador y el mexicano alardea de su pobreza y jamás dice de dónde salen los inagotables recursos para mantener muy bien a una familia amplia y hacer campaña presidencial desde hace años. Su sueldo oficial, siempre ha sido menor que el mío y yo no puedo ni viajar a Villahermosa por una larga temporada con cierto lujo y comodidad.
Otra diferencia entre Trump y López Obrador es que si gana el primero, el planeta estará en un peligro real, mientras que si vence López Obrador la ruina sólo abarcará con velocidad a todo México. Veamos la radiografía de él y sus cercanos colaboradores. Las pillerías de sus más cercanos seguidores y sus cortas capacidades para ocultar sus haciendas. Ejemplos: las familias Batres y Sheinbaum, Clara Brugada y Bernardo Bátiz, cuya inutilidad únicamente es superada por su patética lealtad al tirano.
El problema es que tanto uno como el otro han mostrado la fragilidad de dos naciones que imaginábamos ricas en talento. Las han exhibido desesperadas en un afán de cambio que corre el peligro de llevar al poder a líderes desquiciados. Para evitar que gane Trump, uno de los fundadores de Facebook, el joven empresario estadunidense Dustin Moskovitz, acaba de donar 20 millones de dólares en un gesto de lucidez y patriotismo para apoyar a Hillary. Dijo al anunciar el hecho: “Si Donald Trump gana, el país irá marcha atrás y nos quedaremos más aislados de la comunidad global.” Hay claridad en millones de norteamericanos. La pregunta es si en un México saturado de partidos incapaces y políticos corruptos, ¿habrá ciudadanos sensatos que busquen otras alternativas no sólo para impedir que gane AMLO sino para ayudar a barrer la escoria que nos gobierna?
Si triunfan ambos, no queda más que seleccionar planeta para emigrar.

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