Tantadel

septiembre 19, 2016

Morena: la guerra de la pulga


Entiendo la violencia social y política, la acepto en algunos casos cuando no hay otras maneras de dialogar o de marchar por la vida electoral. En tal sentido López Obrador y la CNTE han dado un ejemplo negativo de cómo utilizar la fuerza. Vamos más lejos. La guerrilla, por ejemplo, no es un fenómeno reciente sino muy antiguo, una forma poco ortodoxa de enfrentar a grandes ejércitos opresores. El analista político norteamericano Robert Taber, la llamó La guerra de la pulga, en un libro clásico publicado en 1967 en Ediciones ERA, refiriéndose fundamentalmente a las acciones de los vietnamitas contra la poderosa potencia militar de EU. Picando al coloso aquí y allá, fueron creando grupos militares que terminaron, ya en forma de ejército, venciendo a los estadunidenses. En realidad el libro va más lejos al hacer un recorrido por las guerrillas de diversas épocas y países para ilustrarnos.
   Esa forma de lucha para acceder al poder es por ahora obsoleta, carece de posibilidades. Pero hay otro tipo de violencia que vemos cotidianamente en México y la dan grupos de maestros enloquecidos que tratan de defender sus intereses y frenar ajustes necesarios para que la educación pública recupere su dignidad, la que han perdido justamente a causa de la CNTE y su necedad de enfrentar a un gobierno sin fuerza ni inteligencia, que hace las cosas a la inversa y que es incapaz de entender a la nación.
   Pero dentro de la vía institucional que ha seleccionado México y que le cuesta mucho dinero, hay una sorda guerra, tenaz, de un grupo de pulgas que aspira a dirigirlo, a doblegar al gobierno y si las condiciones lo toleran, imponerle condiciones. Ignoro si, en caso de triunfar, volverán a la cordura ya con los bolsillos seguros y sin enfrentar a otras fuerzas, pero por ahora sus reglas son sencillas: estar en contra de todo, ser agresivos y mentir según sus intereses en turno. Me refiero, por ahora, a Morena, donde su dirigente gobierna con un poder absoluto, total. Es el único partido, a semejanza del viejo PRI, donde todo se hace según lo ordena el supremo líder: López Obrador, el déspota perfecto. ¿Cómo consiguió tanto poder? De la misma forma en que lo obtuvieron los abuelos del PRI: engañando a la gente con palabras melosas y justicieras, para terminar mostrando el brutal rostro del autoritarismo. Es interesante ver cómo el monstruo que lo engendró está colapsando a causa de tácticas casi militares con aplicación ciudadana.
   A diario y desde hace muchos años, vemos a ese terco dirigente de masas ingenuas golpear en todos lados y al mismo tiempo modificar sus criterios y ajustarlos a sus propias conveniencias. Ahora tenemos a sus fieles gritando como chachalacas, uso la propia terminología del tiranuelo, en el debate de la Constitución de la Ciudad de México. A todo se oponen, y éste es su escudo y emblema, salvo que las condiciones exijan un repentino cambio de López Obrador. No hay en este contingente sino adoración o culto a la personalidad por su dirigente supremo, carecen de una línea propia de pensamiento, no hay una idea de Marx y Engels, de Lenin y Trotsky, de Ernesto Guevara, de algún anarquista notable, de Bobbio, vamos, ni siquiera de los mexicanos Zapata o Cárdenas. Ellos han perdido la identidad, si tienen alguna idea externa al partido, se queda en secreto. Todos van tras las precarias palabras y las muy pocas ideas, ninguna novedosa, del dirigente supremo, es un caso para reflexionarlo política, social y económicamente, pero bajo la vertiente de la psiquiatría. Su líder ha logrado acumular un puñado de frases hechas que hasta intelectuales distinguidos repiten con mayor grado de sofisticación, naturalmente.
   Todavía no comenzaban los trabajos de la Asamblea Constituyente de la CDMX y los morenazos ya peleaban contra todos los demás. ¿Argumentos de fondo, razonables? No. Palabras para amedrentar a quienes finalmente redactarán tal documento, curiosamente una suerte de asociación de priistas y ex priistas, algunos ex panistas y dos o tres novedades. No quiero imaginar lo que saldrá a pesar de la mirada vigilante de un Mancera sin partido oficialmente. De entrada ya los fieles de AMLO pelearon con el sector Inapam de la Asamblea y de paso con algún reportero.
   Me pregunto: ¿la gente adicta a López Obrador no es capaz de argumentar y discutir con seriedad sin recurrir a las ofensas y a los sombrerazos? Gritan pluralidad y respeto y ellos son los primeros en irse por la vía del irrespeto y la ofensa. El columnista Adrián Rueda precisa al respecto: “En esta primera sesión lo único que quedó claro es que Morena va a ir a dinamitar todo —a lo mejor creen que con eso ayudarán a sus electores—…”  Unos salieron del recinto con la amenaza a cuestas de que Morena armaría un escándalo durante el Informe de Mancera y otros más hasta obtener Los Pinos e imponer su orden de tipo fascista. No cabe duda, están convencidos que ganarán la Presidencia mediante las tácticas que utiliza AMLO desde que salió del PRI: marchas, bloqueos, plantones, descalificaciones y al final, entre consignas e insultos a la “mafia del poder”, harán una Constitución paralela, “legítima”, en contra de la oficial y tomarán Paseo de la Reforma y Elena Poniatowska será testigo de honor del “patriótico” acto de las pulgas belicosas. ¡Qué vergüenza o qué grotesco!

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