Tantadel

septiembre 14, 2016

Trump en México: Todo por unos minutos

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La culpa tiene que serle achacada al presidente Enrique Peña Nieto y a sus más cercanos hombres"

Saber con precisión quiénes fueron responsables de la visita de Donald Trump a México no es fácil. Pero en todo caso la culpa tiene que serle achacada al presidente Enrique Peña Nieto y a sus más cercanos hombres. Los resultados están a la vista de mexicanos y norteamericanos. A los primeros les desagradó profundamente la visita del candidato republicano, a los norteamericanos les pareció una tontería, algo que se resuelve en EU, no en nuestro país. Es la peor jugada de ajedrez político que he visto en México. ¿Nadie pudo anticipar la reacción nacional, sobre todo en las redes sociales que no acaban de mostrar simpatía por el PRI y el presidente de México?
Pero si el error fue invitar a los candidatos norteamericanos a México para que sepamos qué hacer en caso de que gane Trump y cómo nos resultará el triunfo de Clinton, podemos concluir que fue un costoso equívoco. Muy pocas voces han elogiado la medida, y para colmo, el republicano saltó y vociferó cuando conoció el Twitter de Peña Nieto al parecer revelando uno de los puntos que no deberían ser externados sino privados: quién pagaría el muro. A cambio, Hillary Clinton se ha comportado como una auténtica estadista y aunque no la tiene fácil, es casi un hecho que ella sea la triunfadora y las imbecilidades de Trump se queden en la caja de los recuerdos idiotas.
Estamos en México a menos de dos años de que la campaña presidencial arranque, de hecho ya panistas, perredistas y AMLO están en la lucha. Cada error de Peña Nieto, del PRI, repercute en las posibilidades de mantener el poder. Desde que arrancó la campaña del mexiquense, sus enemigos del PRD, López Obrador, Aristegui y demás, le pusieron multitud de minas en el camino. Lo extraño es que las ha pisado todas. Pero la idea de la visita del reaccionario Donald Trump no fue de sus enemigos personales sino de alguien de Los Pinos que careció de dos cosas: imaginación y oficio político. Desde que las oficinas de la presidencia anunciaron la invitación, todos sabíamos que la señora Clinton no vendría y que Trump la aprovecharía para sus propios fines, lo cual era obvio.
Cada día que pasa el PRI pierde adeptos y votos, está en el punto más bajo de popularidad y sus militantes no saben qué camino seguir. Por ejemplo: es evidente que se olvidaron de la CDMX: donde pocos quieren al priismo. Sin embargo, ni siquiera hacen el esfuerzo de pelear por el famoso millón de votos capitalinos que necesitan para hacer su patética colecta. La mejor prueba es que mantienen al frente del PRI capitalino a la niña Moguel, hija de Rosario Robles, que no ha dado un solo voto, que no ha trabajado para un partido que nació odiando, pues se formó en el PRD y de allí pasó al PAN.
Suelo moverme entre masas de jóvenes a causa de mi trabajo como profesor universitario. Recorro el país participando en conferencias, mesas redondas y presentaciones de libros en universidades y foros culturales, en consecuencia escucho las opiniones de mis colegas y de cientos de jóvenes. No oigo a nadie elogiando al presidente y menos al PRI. En cambio, ven con resignación el posible triunfo del PAN, y con terror a López Obrador, fascista disfrazado de populista (hasta está en “la lista”). El centro, pues, desaparecerá y los esfuerzos por hacer crecer las inversiones en México se esfumarán.
Todos los días, siguiendo los consejos presidenciales amanezco optimista y busco las buenas noticias. Ésas están más en el discurso que en el ánimo de los mexicanos. Veo a los opositores peleando rabiosamente, con odio, la presidencia, mientras que los priistas suponen que los milagros ocurren. Pero el señor Reza no mueve un dedo para revitalizar a la vieja militancia y menos para buscar los jóvenes dirigentes que impulsen a un partido obsoleto.
Entre el desencuentro de Peña con jóvenes en la Iberoamericana, hasta el tremendo error de traer a Trump, no hay buenas noticias, y si las hay, no han sabido darlas a conocer con un gabinete de personajes acartonados y elementales, incapaces de convencer a un pueblo inquieto de que México marcha por buen camino.

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