Tantadel

enero 31, 2016

Poesía de la revolución (I)

“A todos los que se murieron de aburrimiento en el colegio, o a los que su familia hizo llorar, que durante su infancia fueron tiranizados por sus maestros, o apaleados por sus padres; dedico este libro”.

Sólo unos cuantos privilegiados, literatos o no, de talento poco común y sensibilidad especial, colocados por la historia en el lugar adecuado, han podido fusionar la poesía y la revolución. Esos seres poseen algo en común: jamás tuvieron en sus manos poder alguno: de sobra sabían que éste corrompe, acaba con la pureza.
A cambio, han conseguido tener los más honrosos sentimientos y pasiones: el amor por el arte, el coraje, la capacidad de indignación, el espíritu crítico y el placer por la subversión en todos los aspectos de la vida. Es posible señalar algunos nombres tomados al azar: Jules VallèsPaul LafargueJohn ReedMayakovskiAndré BretonErnesto Guevara.
Principiemos con John Reed. “Para Reed —escribió Max Eastman—, la poesía no era sólo cuestión de escribir palabras sino de vivir la vida”. Y su gran biógrafo,Robert A. Rosenstone, cierra la monumental obra Un revolucionario romántico con estas palabras: “El impulso revolucionario en John Reed tenía profundas raíces en premisas que él jamás formuló con claridad. Una parte central de sus ideas de la revolución era la creencia de que debía impedirse que la sociedad —en cualquier orden social— encerrara a la gente en formas rígidas de conciencia, en valores que no se cuestionaban. Desde esta perspectiva, las vocaciones poéticas y revolucionarias tienen mucho en común. La poesía es una manera de ver el mundo con ojos nuevos, creando una visión de verdad que otros no pueden compartir. La revolución es un intento de llevar la visión a las barricadas, de crear una nueva clase de verdad social. Ambas nacen de la idea de que en alguna forma la vida puede ser más grande y significativa que la rutinaria existencia cotidiana habitual para la mayoría de la gente”.
Los poetas de la revolución, cualquiera que sea su vocación inicial, concluyen
inevitablemente sus vidas luchando con el fusil por sus ideales en las calles o en las cárceles, como Miguel Hernández. Aun cuando el movimiento popular, la insurrección, triunfe y un nuevo orden aparezca sobre las ruinas del antiguo, rápidamente se convertirá en burocracia.

Las revoluciones son grandiosas y efímeras. Esto es, quizá lo más hermoso: que los héroes, sigo la terminología de Carlyle, prosigan con tenacidad la lucha más allá de lo humano. Cuando otros revolucionarios consiguen el poder y se transforman en burócratas, aquellos continúan combatiendo.
Los que miraron atentamente a John Reed saben perfectamente que su vida, sus grandes fracasos y sus inmensos aciertos fueron la mejor concepción poética y revolucionaria que alguien haya podido producir. Muerto a los treintaitrés años, enterrado en la Plaza Roja de Moscú, junto a Lenin y otros revolucionarios, Reed no ha sido cabalmente comprendido en su enajenado país. Sin embargo, hay más receptores ideales en el mundo de lo que suponemos. Para ellos Reed es un símbolo y tal vez una meta.
Contemporáneo de Paul LafargueJules Vallès también se sumerge en el gran sueño de la Comuna de París. Su bellísimo libro El niño tiene en la página inicial una dedicatoria que por igual impresionó a Jorge Semprún y a Michel Tournier y sin duda a miles de lectores inteligentes y sensibles: “A todos los que se murieron de aburrimiento en el colegio, o a los que su familia hizo llorar, que durante su infancia fueron tiranizados por sus maestros, o apaleados por sus padres; dedico este libro”.
Para Semprún el libro y especialmente la dedicatoria están enlazados con el movimiento de mayo 68, cuando en los muros de París, alrededor de La Sorbonne, aparecían consignas subversivas: Seamos realistas, pidamos lo imposible. Podemos estar tranquilos: dos y dos ya no son cuatro. Prohibido prohibir. Basta de tomar el metro, tomemos el poder. Durmiendo se trabaja mejor: Formad comités de sueños.
Todo el lenguaje revolucionario de los muros franceses “tiene mucho que ver —explica Semprún—, en profundidad, con las tesis de Paul Lafargue, en su obra El derecho a la pereza, y con una frase del propio Marx, demasiado olvidada, y según la cual, ‘no se trata de liberar al trabajo, sino de suprimirlo, o sea de transformarlo en necesidad del vivir y no del desvivirse’”.
Dudo que Lafargue y Vallès se hayan tratado, sus rutas no son coincidentes sino fortuitas. Es probable que se vieran durante el movimiento de la Comuna de París. Pero así como BaudelairePoe y De Quincey fueron espíritus afines, ellos tenían en común más de un aspecto: eran revolucionarios y enormes poetas. Ambos amaban la vida y su tiempo, aunque uno (Vallès) haya padecido dolorosos exilios, miserias que encogían el corazón y persecuciones, y el otro (Lafargue) se haya suicidado junto con su esposa, Laura Marx.

enero 29, 2016

Verdades y mentiras en la literatura

El notable intelectual francés, Michel Tournier, hace poco fallecido, en un libro inteligente y hermoso, El vuelo del vampiro, se refiere a los géneros de ficción y los contrapone a los que, como la autobiografía, las memorias, los diarios, etcétera, son cercanos al documento, a la historia o al periodismo. Tournier precisa: “Aquí conviene hacer una distinción importante entre las obras de ficción ¿la novela, el teatro, la poesía? y las no inventadas (documentos, tratados, memorias). A mi ver, sólo las primeras son intencionadamente creadoras, dado que las segundas remiten a una realidad externa de la que pretenden ser imagen veraz, vale decir servil. Como a pesar suyo, niegan la parte de creación que le es propia, de acuerdo con un argumento cuya ambigüedad guarda algo de mala fe. ‘Yo no invento nada; sólo reproduzco las cosas tal como son o como fueron’, afirman a coro el historiador, el físico, el doctrinario. (Esta misma actitud la encontramos en el fotógrafo, quien al tiempo que reclama la paternidad de sus fotografías, afirma su fidelidad a lo real así como era en el momento en que lo fotografió)...”.

Los géneros de prosa narrativa se reducen a dos: cuento y novela, y quedan sin duda dentro de la ficción, lo que los ingleses denominan prose fiction, para distinguirla del ensayo, la crítica, los diarios, las autobiografías y los libros de memorias. Son, independientemente de su extensión, una sucesión de hechos que pueden ser producto de la fantasía o que han sido tomados de la realidad, pero en ambos casos predomina la ficción, han trascendido a las personas y hechos que les dieron nacimiento y son una realidad literaria. Esto lo ha precisado Mario Vargas Llosa en su célebre texto “La verdad de las mentiras”. No importa cuántos préstamos un novelista le deba a la realidad, finalmente se impone la ficción; no cuenta que alguien señale sus relaciones con determinado suceso: se ha convertido en arte. Y lo mismo ocurre con las novelas construidas a partir de hechos históricos. Por ejemplo, en Noticias del Imperio, a veces encontramos a un Benito Juárez imposible de aceptar, tampoco la verdadera historia de Carlota pareciera coincidir con la del personaje creado por Fernando del Paso. Los datos exactos carecen de interés, estamos dentro de la literatura, no dentro de la historia, las licencias son válidas. Esto, al parecer, queda claro. Nadie puede decir que la Tina Modotti de Elena Poniatowska no corresponde al personaje histórico. Se trata de dos Tinas. Una es histórica, la otra literaria.

Michel Tournier parte de un supuesto falso: que los libros de memorias, los diarios y las autobiografías corresponden puntualmente a la realidad; es decir, no mienten como los cuentos, las novelas, las obras de teatro y los poemas. Estamos de acuerdo con esto último: los literatos mienten, engañan, distorsionan la realidad para mejorarla (¿dónde quedó el marinero, Alexandre Selkirk, que dio origen al soberbio héroe de Daniel Defoe, Robinson Crusoe?), transforman personajes históricos; pero no en lo primero. También los diarios, las autobiografías y las cartas pueden pertenecer (aunque ése no sea su propósito) a cierto grado de ficción. En un libro memorable, Edgar Allan Poe, Cartas de un poeta (1826-1849), la editora Bárbara Lanati escribe lo siguiente a pie de página: “La escritora inglesa Angela Carter trabaja sobre la figura de la máscara de Edgar Allan Poe, ofreciendo una biografía de ficción del escritor estadunidense (¿pero qué biografía no lo es, en cierta medida?)…”. Lo más interesante es que al publicar la correspondencia del enorme escritor norteamericano, se ponen de manifiesto los embustes que Poe escribía en sus cartas, por una u otra razón. Y en el caso de la historia hay alguna analogía. También puede ser ficción. Dos ejemplos, distantes en el tiempo: qué pasa con el Ave Fénix, suponemos que existió porque el llamado padre de la historia, Herodoto, así lo consigna en su obra Los nueve libros de la historia o Historias, según la edición. Algo parecido ocurre con la lectura de Bernal Díaz del Castillo. En su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España acepta que sus triunfos militares no se deben tanto al hierro y al caballo, sino a la ayuda divina, aunque no tan clara como la veía Francisco López de Gomara (Cf. capítulo XXXIV). Tampoco la famosa objetividad prevalece en el estudio de ciertos personajes de talla. Napoleón Bonaparte en Europa, Benito Juárez en América. ¿Dónde colocamos al segundo: dentro de las páginas de Francisco Bulnes y José Vasconcelos que lo detestaban o en las de Ralph Roeder y Héctor Pérez Martínez que lo admiraban? ¿Esto es historia, una ciencia, o podemos aceptar que la obra de muchos de ellos resulta semejante al texto literario y acepta las falsedades o, para decirlo en términos cordiales, la interpretación y la reconstrucción? Aquí cabe una conclusión sobre el tema de Raymundo Ramos: “Recordar es un arte difícil”. O tal vez esta otra del propio Ramos: “El énfasis de una autobiografía suele estar en la ficción o en la forma”

* Fragmento de un amplio trabajo sobre el tema.

enero 27, 2016

Madero, ¿héroe, espiritista o ambas cosas?

El espiritismo a México llegó tarde y de modo restringido sin duda a causa del fanatismo católico y del poder de la Iglesia. Sin embargo, llegó en el momento preciso, cuando más le dolería al conservadurismo y a la tiranía de Porfirio Díaz, y penetró a don Francisco I. Madero.

Madero abraza con entusiasmo el espiritismo, lo hace suyo, en lo sucesivo, serán una sola entidad. Gradualmente se convierte en experto, un médium perfecto debido a su sensibilidad y a la firmeza de sus creencias. En el libro La revolución espiritual de Madero editado por el gobierno de Quintana Roo, están las comunicaciones espíritas de Madero de 1901 a 1908, documentos que habían permanecido prácticamente desconocidos a causa de los pruritos religiosos de sus descendientes y al acartonamiento de la historia oficial. Ahora sabemos que Madero estaba especialmente dotado para ser espiritista. Cito al propio héroe: “Después seguí desarrollando mi facultad, al grado de escribir con gran facilidad. Las comunicaciones que recibía eran sobre cuestiones filosóficas y morales, y siempre eran tratadas todas ellas con gran competencia y con belleza de lenguaje que me sorprendía y sorprendía a todos los que conocían mis escasas dotes literarias. Estas comunicaciones me hicieron comprender a fondo la filosofía espírita, y sobre todo su parte moral, y como en lo íntimo me hablaban con claridad los invisibles que se comunicaban conmigo, lograron transformarme, y de un joven libertino e inútil para la sociedad, han hecho de mí un hombre de familia, honrado, que se preocupa por el bien de la patria y que tiende a servirla en la medida de sus fuerzas. Para mí no cabe duda que la transformación moral que he sufrido la debo a la mediunmidad, y por ese motivo creo que ésta es altamente moralizadora”.

En esas sesiones fantásticas y desmesuradas (que  tal vez podrían ser un anticipo de la escritura automática de los surrealistas), Madero trabó contacto con dos espíritus: Raúl, su hermano fallecido de niño, y  José, quien fue sustantivo en su vida y, por extraña coincidencia, en la del país. Madero fue lanzado a una lucha política y moral que transformaría a la nación en su conjunto, que la sacudiría de principio a fin, de extremo a extremo. De esta manera, siempre guiado por espíritus redactó un libro que fue fundamental en México, La sucesión presidencial y más adelante el Plan de San Luis, fue perseguido por la dictadura y lo hizo un gran rebelde, tenaz y bondadoso, pero capaz de levantar a un pueblo en armas y realizar una gesta soberbia: la Revolución Mexicana, un movimiento cuya magnitud lo aterró y paralizó: una vez caído el dictador supuso que México sería otro, sin considerar que la estructura política y económica, y en especial militar, quedaban intactas cuando deberían ser destruidas.

Sabemos bien qué ocurrió: Entre Huerta y Henry Lane Wilson, el embajador norteamericano, y una turba de miserables traidores acabaron con su vida de la peor forma, la de él y la del vicepresidente José María Pino Suárez y otros patriotas. El crimen provocó la furia de las mayores fuerzas que su llamado había hecho nacer: Villa, Zapata, Carranza y Obregón quienes demolieron al ejército federal y acabaron con la estructura que consolidó Díaz en treinta años, eliminaron injusticias y barreras, México avanzó, luego de la lucha de facciones y la Constitución de 1917.

Los medios de comunicación existentes, a los que les había dado por vez primera la libertad de expresión, se ensañaron con él como nunca antes lo habían hecho con un jefe de Estado, la mayoría de ellos tiranos y dictadores, hombres sin escrúpulos y seres ambiciosos sin sentido ni sentimientos políticos.

Lo importante de Madero no fue su trabajo espiritista sino que dentro de esa extraña tarea, que para 1910 había entrado en decadencia, pudiera vislumbrar el futuro de un pueblo, lo orientó y lo guio. Es muy posible que sin él no hubieran surgido figuras de la talla de Villa y Zapata, ni que Carranza hubiera convocado a lo mejor del país a redactar un gran documento constitucional en 1917.

Otros grandes políticos se nutrieron de manera distinta: Napoleón en la Revolución Francesa, De Gaulle y Churchill en la lucha contra el fascismo, Trotsky en el marxismo, Madero prefirió hablar con espíritus, los que le anticiparon la tarea que le esperaba, la de ser un apóstol revolucionario de principios e ideales generosos. Fue, en apretada síntesis, un alma iluminada, un ser afortunado que creyó encontrar en el más allá las respuestas para solucionar los problemas y dificultades de México. Sin Madero, sin esos espíritus que se comunicaban con él, es probable que no hubiera habido revolución o que ésta se retrasara o que otras fueran sus características, menos épicas, menos grandiosas, las que produjeron una espléndida literatura, murales maravillosos y música distinguida.

Será, como se dice en las páginas introductorias del libro citado, que Madero efectivamente haya escuchado voces de espíritus o simplemente se escuchó a sí mismo, atendió a sus propios pensamientos de libertad, democracia y bondad, el caso es que fue el autor de páginas gloriosas, dignas y valerosas de la historia patria y eso lo lleva a la calidad de apóstol, héroe y mártir, de personaje memorable, que estuvo a la altura que el país exigía, y para que el movimiento rebelde tuviera éxito y se convirtiera en una epopeya del siglo XX, fue capaz de ofrendar su vida.

enero 25, 2016

Alianzas, una nueva enfermedad

La política mexicana se ha hecho más que una ciencia, una patología. El transmisor fundamental es el PRI, la manera en que condujo por décadas al país y la manera en que la oposición fue naciendo y desarrollándose bajo su amparo. Sé que son palabras fuertes, pero basta con mirar detenidamente los últimos setenta u ochenta años para comprobar que su caso es único. México ha transitado, por ejemplo, de la “dictadura perfecta” analizada con vehemencia por Mario Vargas Llosa, a una suerte de dictadura aún más inteligente y sutil, igualmente odiosa: la tiranía de la partidocracia.

Los partidos, todos hechos a imagen y semejanza del PRI, en manos para colmo de ex priistas de no muy buena reputación, pueden tener diferencias aparentes, en el fondo concuerdan: todos oprimen a la sociedad y para ello coinciden en lo fundamental: el célebre gatopardismo: cambiar para seguir igual. O cambiar no para ser semejantes sino empeorar. En la tarea de democratizar y hacer que México avance, el PRI no tiene salvación, sus muchos epígonos, como el PAN, el PRD, Morena, el Verde Ecologista y demás, son sus mejores colaboradores.

Ahora, en vista del creciente desprestigio, el sistema hace dos discutibles aportaciones: las alianzas y los candidatos “independientes”. Males que se complementan para hacer una auténtica estafa nacional.

Las alianzas no son ninguna novedad, en Francia, por ejemplo, los partidos Socialista y Comunista fueron juntos en varias ocasiones tras el poder. Tuvieron éxito y no aparecieron los grandes cambios políticos, sociales y económicos. En el campo internacional fue más visible el atraso. Pero eran alianzas digamos naturales. Como en Chile para que Salvador Allende triunfara y llegara el socialismo marxista por la vía democrática, electoral. En México, lo grave no es que sean antinaturales, sino que se llevan a cabo con fines perversos, sólo electoreros. Por regla general, El PAN y el PRD, llevan a cabo alianzas para, eso dicen, sacar al PRI. No obstante, al ponerse ellos, queda una mescolanza peor que la que llevan a cabo PRI y Verde Ecologista, partido que nació apoyado por Acción Nacional. En Puebla, por ejemplo, y ésta es la regla habitual, los extremos aparentes unifican votos, masacran sus “ideologías” y apabullan al antiguo régimen, con un candidato que viene del más rancio oficialismo priista.

Ahora las alianzas PAN-PRD se multiplican bajo la órdenes de un pequeño caudillo berrinchudo y pretencioso: Agustín Basave, formado, obviamente en el PRI y cuya estructura digamos ideológica es la de un panista común y corriente, pero con mal carácter. El PRD, a la baja ya sin López Obrador, caudillo que ha ganado varias batallas y también formado en el PRI, convirtió a la “izquierda” en puro cascarón, el mayor sueño priista desde los tiempos de Manuel Ávila Camacho, dejó de ser la “izquierda”. No más PRIAN, ahora hay que buscar las nuevas siglas que permitan ver los despojos de dos partidos que hoy han perdido identidad.

El único principio que mueve tales alianzas es el rencor, al no obtener los cargos anhelados dentro del ex invencible, buscan mostrarse ante el país como “independientes” o “ciudadanos”. La ciudadanía que está harta del PRI, vota por ellos, no obstante, en la mayoría de los casos, fracasa, porque en el fondo es más de lo mismo pero con ropajes diferentes. En todo caso, cada instituto político quiere pintar su estado o municipio o al propio país con sus colores usuales, sólo que no buscan en ningún caso oponerse al sistema, a la globalización ni al capitalismo salvaje que nos consume material y moralmente.

La corrupción, una actividad tan antigua como la prostitución y la comunicación, florece: ningún partido, ninguno, está libre de ella. A veces es velada, cautelosa, otras es cínica, pero siempre surge al amparo del irresistible poder. Para eso es el servicio público, para hacer negocios, para enriquecer el erario personal de cada político. La mejor frase al respecto es la muy conocida de uno de los mayores soportes del fantasmal Grupo Atlacomulco, Carlos Hank González: Político pobre, pobre político. O la idea generalizada de que si hay por allí uno decente y honrado, es pobre y en consecuencia es idiota. La corrupción no es un invento nacional, pero de qué manera se ha extendido en México. Las alianzas, las candidaturas “independientes” o “ciudadanas”, no son más que formas sofisticadas de llegar al poder y desde allí, acrecentar la hacienda familiar.

Las alianzas no son salvadoras ni tratan de encontrar soluciones a los muchos problemas de la patria, son para acceder al poder y desde allí tener la posibilidad de hacer negocios.

Políticos con pretensiones de vocación social, terminan sus días como dueños de toda suerte de negocios e inversiones. Y algo peor, como Ernesto Zedillo que de arrogante presidente de México, pasó a asesor de multinacionales. Puede no importar, el caso es que es un hombre con información de seguridad. Eso es lo grave.

La nueva patología, la de celebrar alianzas a toda costa, no es más que un mal que se suma a la lista de los ya conocidos.


enero 24, 2016

Malraux y Sartre, literatura y política

Si uno recuerda aquellos convulsos años, ambos autores estaban en trincheras opuestas, al menos diferentes. Eran realmente antitéticos.

Entre la infinidad de literatos franceses que amo están dos del siglo XX: André Malraux y Jean-Paul Sartre. El primero me permitió, entre otras cosas, saber que es posible escuchar Las voces del silencio y algo más: acariciar mis fantasías juveniles al verme a su lado volando un avión caza durante los infelices años de la Segunda Guerra Mundial y derribar fascistas alemanes y japoneses. Al mismo tiempo observaba al guerrero que en los momentos de reposo escribía novelas impresionantes como La condición humana y La esperanza. Pocos como él representaron el imposible ideal de mi vida: combinar la vida intelectual, el arte, con la acción.
El segundo llegó a mis manos porque, cuando tenía yo 18 años, el existencialismo se puso de moda, no el de Kierkegaard, sino el de Sartre. Su libro El muro, leído muy pronto, me impresionó y alguna vez traté inútilmente de escribir un texto a su manera para crear un pequeño infierno como en la obra A puerta cerrada. Como crítico literario probaría sus muy altos méritos con trabajos principalmente sobre Baudelaire y con un libro polémico e inconcluso acerca de Flaubert. Cuando llegué a París a estudiar en 1970 acababa de transcurrir el Mayo francés y en las calles resonaban los gritos del combate estudiantil que modificó la vida del orbe.Sartre buscaba afanosamente una solución al impasse que vivía la Francia reinventada por De Gaulle. Imaginaba (eran también los tiempos de la Revolución Cubana, Fidel y Guevara, de las revueltas juveniles, del rock comprometido y la contracultura), que los estudiantes podían ser la mecha que produjera la explosión revolucionaria. Intentar algo que las circunstancias políticas parecían aceptar: la unión de estudiantes y obreros, como aparece en la conversación que Sartre mantiene con el dirigente estudiantil Daniel Cohn-Bendit, publicada en Le Nouvel Observateur, allí son tercas la referencias a un probable acuerdo entre el movimiento estudiantil y la clase obrera, dejando de lado la intermediación del anquilosado Partido Comunista Francés. Lo escuché hablar con los sindicalistas de la Renault y enfrentar las críticas a su sueño de buscar la libertad vía la revolución. Su concepción de existencialismo lo había acercado al pensamiento marxista. Lo acompañaba Simone de Beauvoir, escritora extraordinaria, tan libre como él lo era.
Con Malraux lo más que conseguí fue verlo y escucharlo en varios segmentos de una entrevista televisiva. Escuchar sus relatos de guerra, luchas políticas contra los nazis y sus ideas estéticas fue una experiencia impresionante. Era un héroe de guerra, como también lo fue Saint-Exupéry, un escritor de inmensa valía que alcanzó el cielo con El principito. Al cesar los combates armados, Malraux había optado por ser ministro de Cultura en el último gobierno de Charles de Gaulle.
Si uno recuerda aquellos convulsos años, Malraux y Sartre estaban en trincheras opuestas, al menos diferentes. Eran realmente antitéticos. En algún libro o en una revista, no sé dónde, leí una sorprendente declaración del primero: “Mientras yo me batía contra los nazis en diversos frentes, Sartre exhibía sus obras teatrales en París”. No supe cómo reaccionar. Pensé en aquella severa crítica y al fin llegué a una conclusión que me sugirió, por otros motivos, José Revueltas unos meses antes de morir: “Uno da la lucha en la trinchera que selecciona. Pero la da”. Me quedo con tal idea. Los caminos del combate son diversos, simplemente hay que emprenderlos. Por cierto, ni Malraux ni Sartre tuvieron el Nobel de Literatura, la diferencia es que el segundo se dio el gran lujo de rechazarlo.
Pero Sartre fue asimismo dogmático, en su inmenso e inacabado ensayo crítico sobre FlaubertEl idiota de la familia, uno de sus afilados puntos de vista para afectarlo, es la ausencia de reproches a Napoleón III y sus secuaces (a quienes tanto criticó Víctor Hugo en su obra Napoleón el pequeño), porque no condenó a quienes asesinaron a los comuneros, muchos de los cuales fueron fusilados sin juicio en el Mur des Fédérés, situado en el célebre Cementerio de Père-Lachaise, justo donde inhumaron en 1911 a dos personajes del comunismo: Paul Lafargue y su esposa Laura Marx, hija de Karl MarxSartre vio más al zoon politikon que al artista y esto último era justamente Flaubert, en consecuencia el compromiso político no era parte de su compleja educación de literato.
En tal sentido, la polémica ha sido infinita, aburrida e idiota (para usar el término del propio Sartre). Una reflexión valiosa sobre arte y compromiso político la hizoMario Benedetti al decir que nunca dejaría de admirar a Borges (“será una estupidez irremediable”), mientras que al mismo tiempo sería políticamente su eterno crítico. Fue una reacción a la postura cubana y sus seguidores de invalidar al escritor porteño. Pero la discusión se hizo añicos o en el mejor de los casos banal. Ahora estamos seguros, eso parece, de diseccionar la obra de arte sin hacer lo mismo con el autor. Basta distinguirlos con  inteligencia, como entre nosotros dijo Augusto Monterroso. Por años, el francés Louis Ferdinand Céline fue señalado por su afinidad con el nazismo arrumbando su obra literaria. Hoy a pocos les importa la ideología del talentoso novelista, es suficiente leer su literatura, en especial Viaje al fin de la noche, un libro fundamental e inclasificable en las letras del siglo XX.

enero 22, 2016

Rafael Bernal, literatura y política en México

Cuando El complot mongol cayó en mis manos en 1976, sólo había escuchado el nombre de su autor: Rafael Bernal. Era uno de los muchos que se pronunciaban en mi adolescencia, pero jamás me había suscitado la inquietud que otros más sonoros como Alfonso Reyes, Juan Rulfo, Efrén Hernández, José Vasconcelos, Martín Luis Guzmán, Rafael F. Muñoz, Juan José Arreola y José Revueltas. Me sorprendió: ¡una novela policiaca en el castellano de México! Al parecer, Bernal y María Elvira Bermúdez fueron los primeros en escribir una obra de tal género en nuestro país.

Como otros grandes escritores, Rafael Bernal vivió con discreción, lejos del ruido y de los escenarios literarios, esos que tanto atraen a quienes recién llegan. Trabajó para radio y más adelante fue diplomático. Nunca dejó de escribir. En 1915 nace y la muerte lo alcanza en 1972, realmente joven. Aunque El complot mongol ha tenido hondas repercusiones en nuestras letras, Bernal ha seguido siendo casi un desconocido entre novedades, best-sellers, escándalos políticos y una literatura periodística plena de mal gusto, vulgaridad y facilismo.

Memorias de Santiago Oxtotilpan es otra novela suya, divertida, contada por el propio poblado. Recuerda cómo se fundó y cuáles han sido sus mejores días, quiénes lo han habitado y se queja de que allí no se llevó a cabo ninguna gran derrota como para merecer el título de H., es decir, de Heroico. Por ese pueblo modesto pasa la Colonia, la Independencia, las luchas de Reforma y la Revolución y todo queda intacto o nada más encalan algún edificio. Es, en buena medida, un lugar como en Al filo del agua, de Agustín Yáñez, donde la Revolución da un rodeo. Anticipa a Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia, y, como precisa el prologuista Francisco Prieto, a la Elena Garro de Los recuerdos del porvenir. De muchas maneras Memorias de Santiago Oxtotilpan es la antítesis de la novela de la Revolución Mexicana que en conjunto muestra la gesta épica. Aquí se presenta el lado desolado, el de la demagogia infinita, el ruido y la corrupción. México, visto históricamente, es un país que, como dijo Juan Pablo II, sabe cantar, reír, bailar y gritar, sobre todo gritar, frecuentemente sin ninguna razón seria o justificada. En la novela de Bernal, el capítulo destinado a la visita del Presidente a Santiago es memorable, la mejor parodia de una realidad que se repitió el PRI hasta el delirio y cuyos resultados son vistos con claridad e ironía. Las confusiones ideológicas son parte de ese México que quedó en las peores manos. Los discursos, los poemas de corte cívico, el servilismo, el gusto por la bebida y las mujeres. Nada falta en la novela. Están todos los elementos de la demagogia y ninguna razón para que el nivel de vida de los pobladores sea elevado. Como buen humorista, Rafael Bernal resulta un moralista. Es normal, entonces, que el final sea una metáfora de López Velarde que va con nosotros y resulte actual: la “tristeza reaccionaria” pareciera una consecuencia lógica de todas las revoluciones fracasadas. A veces se expresa como en la obra de Bernal, con sarcasmo; otras es brutal tragedia: citemos 1984, afamada obra de Orwell.

No deja de ser graciosa y terrible la visita del Presidente que le dicta a un infatigable escribano las cantidades que va prometiendo en su gira, a sabiendas que jamás las cumplirá. Cien mil pesos para una escuela; ya la tenemos, responden las autoridades; bueno, no les sobra otra, insiste el Presidente, al estilo de Echeverría y López Portillo. Es que no tenemos niños suficientes. Ah, deles otros cien mil pesos para hacer niños. No hay obstáculo para el populismo desatado que hoy vuelve a estar de moda y se ha convertido en fuente de absurdas esperanzas para miles de capitalinos. El Distrito Federal de López Obrador, Ebrard y Mancera, el México de Fox, Calderón y Peña Nieto son muy parecidos al Santiago Oxtoltipan de Rafael Bernal, a quien visiblemente le irritaban la demagogia y las promesas baratas.

Bernal tenía el don de narrar, para ello utilizaba un lenguaje no rebuscado, limpio, de frases puntuales y profunda ironía. Como tantos, hizo literatura para que su existencia fuera menos ingrata. Su vida de diplomático y creador diferente a los escritores “oficiales” debió ser parecida a la del famoso Tlacuache, César Garizurieta, quien inventara frases célebres como aquélla de que vivir fuera del presupuesto era vivir en el error; gracejadas que al final lo condujeron a un callejón sin salida ante un régimen autoritario. Digo esto porque Bernal se sabía solitario aun en medio de las ruidosas fiestas de embajadas. Y cómo no estarlo si era un hombre distinto a los escritores de su tiempo, que veían en la Revolución Mexicana una fuente de posibilidades positivas. La de Bernal era una visión contraria, menos optimista. Hace notar que los campesinos siguen pobres y rencorosos, que una y otra vez fueron engañados y que al final les endilgaron la famosa educación socialista y sexualista, lo que únicamente consigue que un tipo liberal y progresista sea obligado a casarse por la iglesia.

El prólogo de Memorias de Santiago Oxtotilpan, del citado Francisco Prieto, es inteligente y fino, posee agudas reflexiones que contribuyen a ver con mayor claridad el trabajo de Bernal. Hasta hoy lo habíamos admirado como el autor de un solo gran libro, ahora tenemos la certeza de que es uno de nuestros narradores mayores.

enero 20, 2016

El exitoso capitalismo globalizado

Durante mis años de educación formal en la UNAM, un profesor mío marxista, que hizo un interesante recorrido, de la izquierda al PRI y luego al PRD y ahora coquetea con el PAN y es posible que culmine sus días como candidato “ciudadano”, repetía una frase que me gusta todavía: “El capitalismo no es un humanismo”. Es una idea clave y cierta. El capitalismo es la explotación del hombre por el hombre y produce variadas contradicciones que nos dividen, hunden y degradan. Las múltiples utopías, desde los griegos clásicos a Marx y Engels, pasando por el Renacimiento y más de un soñador dedicado a la literatura, lo criticaron y en su lugar propusieron distintas posibilidades. Ninguna tuvo éxito. El capitalismo resultó una invención antinatural, obviamente si pensamos en el comunismo primitivo inicial, y con impresionante capacidad para sobrevivir.

Hoy vemos al capitalismo que con el triunfo apabullante se ha hecho más arrogante y supone que el libre comercio es invención de Dios, y en consecuencia imbatible. Penetra como la humedad en todos los rincones y está presente aun en los países que trataron de rechazarlo con utopías justamente: China, Corea del Norte, Cuba, Vietnam… Sin contrapesos políticos, sociales y económicos se ensaña con la población mundial, la que parece no percatarse del sistema que la asfixia, salvo en algunos cuantos casos que al fin de un corto plazo, se suman a la aberración.

Una organización internacional no gubernamental con sede en Londres, de corte humanitario, Oxfam, dio a conocer, ante la proximidad de la reunión anual del Foro Económico Mundial que se lleva a cabo en Davos, Suiza, datos aterradores. Sólo 62 personas multimillonarias concentran la mitad de la riqueza del planeta. Dicho en otros términos, 62 ricos acumulan (información de EFE publicada en Crónica) tanto dinero como posee la suma de alrededor de cuatro mil millones de personas. Pero, vaya consuelo, la brecha ha disminuido un poco y ha mejorado ligeramente aun en aquellos con recursos más limitados. Los muy ricos acumulan juntos alrededor de 7 mil 600 billones de dólares sólo en cuentas manejadas en los paraísos fiscales.

La preocupación de los líderes del orbe, en especial de los países pobres, se traduce en dádivas, en paliar la miseria de los sectores más abandonados, como sucede en México o en Brasil. Sus palabras contra el sistema neoliberal no se traducen en acciones concretas sino en la búsqueda de limosnas para evitar mayores consecuencias del malestar social que prevalece y que no acaba de manifestarse de manera explosiva. Sin embargo, lo asombroso es que sentimos más admiración y reverencia ante los multimillonarios que piedad por los millones de personas que por la noche van a la cama con hambre. La brecha entre ricos y pobres, la contradicción fundamental que señalaba Marx, crece sin freno. La miseria también.

Los políticos que promueven con entusiasmo al capitalismo parten de una premisa que no es tan exacta como suponen: la creación y el apoyo a los súper millonarios se traduce en empleos y mejora las condiciones de vida. Es verdad que existen países en donde la pobreza es mínima, apenas existente, invisible en ocasiones porque el Estado benefactor concede ayudas educativas, hospitalarias y en general procura que las diferencias sean menos ingratas. Pero eso no desaparece las notables diferencias entre quienes todo lo poseen y aquellos que sobreviven con mayor o menor decoro y dignidad.

El problema es que la humanidad ha sido capaz de crear organismos internacionales gubernamentales y más recientemente ha permitido la creación de organismos no gubernamentales para evitar las contradicciones imbatibles y nada consiguen, salvo quejarse y hasta pasar a la historia como benefactoras del planeta, que es depredado con celeridad por aquellos empresarios que mayores ganancias obtienen.

No parece haber límite a la voracidad de los empresarios y hombres y mujeres de negocios. Se trata de acumular y acumular dinero. Todos ellos poseen fortunas que nunca se agotarán salvo que ocurra alguna tragedia que los afecte. La cultura en general es subsidiaria del sistema e incapaz de no digamos criticarla sino de luchar contra el capitalismo, con sus propias armas. Un fotógrafo, por ejemplo, suele encontrar la fama con materiales que reflejan la miseria urbana, la tristeza del campo y en los personajes más humillados de la tierra.

Pero las revistas frívolas donde aparecen los ricos, los de mayor éxito, son consumidas con avidez por aquellos que nunca gozarán de los beneficios que produce el dinero en exceso. Para colmo, es el sistema político de cada país el que busca fabricar millonarios y darles los mejores escenarios posibles. Parten de la premisa de que si hay muchos ricos en extremo, ellos podrán generar riqueza. No lo dudo, pero ¿esto eliminará las diferencias entre unos cuantos multimillonarios y millones y millones de pobres? Imposible, mi profesor tenía razón.

enero 18, 2016

Sobre héroes y villanos

Hace lustros, de visita en la Universidad Autónoma de Sinaloa, un amigo escritor me llevó a conocer un pequeño altar, rodeado de flores y misivas modestas, escritas en papel estraza a modo de muestras de veneración y gratitud por milagros concedidos, suerte de retablos. Una tosca figura de yeso quizás, culminaba la base asimismo rudimentaria. Era la de un ranchero tosco, desagradable.

 Es Malverde, explicó mi compañero. Se supone que fue un criminal bueno que ayudaba a los pobres, como Chucho el Roto o Robin Hood para ser cosmopolitas. La gente sencilla le ha dado calidad de santo. Lo ven, pues como San Malverde, protector de los humildes. A veces, he encontrado personas de edad rezándole, pidiéndole favores. Otros me han jurado que se los concedió.

 El pequeño relato no me impresionó gran cosa. Pero a lo largo del tiempo he visto sus efigies en multitud de sitios por todo el país, incluso en la ciudad de México. Poco a poco, Malverde ha ido ocupando un lugar relevante en el imaginario popular. Como la Santa Muerte, cuyos adeptos o fieles crecen en número. Ahora, luego de dos semanas insufribles, donde los medios de comunicación a gran escala, nacional e internacional, los partidos políticos, el gobierno federal y políticos interesados en ganar un poco de discutible prestigio, felicitan al presidente Peña Nieto por la captura de Joaquín alias El Chapo Guzmán. La insistencia en el tema es un verdadero fastidio. Nadie se ha escapado de dar su punto de vista, lo que incluye hogares, escuelas, universidades privadas y públicas, cafés, bares, peluquerías, salones de belleza y un largo etcétera. Todos hablan y repiten lo mismo, además de inventar necedades, aventuras y conjeturas descabelladas en las redes sociales.

 El Chapo y los suyos, como los pistoleros del viejo Oeste, son ya figuras popularizadas y convertidas en héroes, víctimas del sistema o verdugos de la sociedad, por tediosos periódicos y escritores en busca de tema morboso: las leyendas ya están allí. Hemos aprendido a exaltar o deslumbrarnos por los criminales, fatigamos el escándalo. Noticia no es la persistente miseria y sus causas, el creciente número de millonarios, la inmensa corrupción política y empresarial. Lo que padecemos también es pobreza en la comunicación, lo que prueba una idea de Vargas Llosa: no hay periodismo de investigación y sí apego por el amarillismo y la nota roja. Nos han martillado con duros golpes de mazo con la vida del Chapo, su fuga, su poderío, sus amistades importantes. Ahora la gente comienza a verlo como un héroe, es, para colmo, un romántico que se mensajea con una hermosa actriz y conversa con uno de los mayores actores del mundo: Sean Penn. Arranca el culto al hombre que ha retado una y otra vez al sistema, está a punto de pasar a los altares, arriba de Malverde. ¿No es admirable un hombre osado que ha burlado la justicia de México y de EU, un país de incómoda relación con el nuestro? Es ya, gracias a medios escritos y electrónicos, un personaje, alguien audaz que merece ser llevado a las pantallas, al teatro, a la literatura. De origen humilde es ahora hasta dueño de imaginarios submarinos, aviones poderosos y dinero a pasto. Para colmo, es ayudado por manos misteriosas, quizás de amigos o de probables colaboradores a buen sueldo. Hay una chapomanía, que incluye la compra de camisas similares.

 El caso es que tanto han tocado el tema del Chapo Guzmán que ya quisiera un alto funcionario o un intelectual aparecer como él una y otra vez, interminablemente. Los locutores le conceden horas al asunto, como si nada pasara en las zonas desprotegidas del país, como si la atroz corrupción que nos corroe fuera una puntada más indigna de comentar.

 El daño está hecho. Puede ser que como Al Capone, El Chapo muera encarcelado, víctima de alguna enfermedad o de muerte natural o en una reyerta entre prisioneros. Pero el hecho es que ya su fama internacional está consolidada y en la medida en que pase el tiempo y aparezcan películas, corridos y canciones sobre sus golpes de audacia y sus corruptelas con el poder, pasará a ser un santo, un hombre que nació pobre, se hizo multimillonario y ayudó a muchos. Es él el que triunfó y no el sistema político nacional. Entre los medios morbosos y las pésimas formas de informar del Estado, El Chapo está ya en un cómodo sitio e irá haciéndose más y más célebre y llegará el día en que nadie recuerde que vendía drogas, asesinaba y disponía de un imperio de terror. Lo recordarán como un hombre dispuesto a enfrentar el poder de las fuerzas armadas, que consiguió escaparse varias veces de penales de alta seguridad. Lo imaginarán apuesto, capaz de enamorarse de una belleza cinematográfica que le respondía sus mensajes y en esencia habrán convertido en mártir a un rufián de la peor calaña.

 Para las nuevas generaciones no será un vulgar villano, sino un hombre valiente y arriesgado que enfrentaba a gobiernos corruptos que mucho han hecho por arruinar al país. Es posible que El Chapo Guzmán no acabe de percatarse, pero con la nueva aprehensión y su explosiva fama internacional, en estos momentos hay infinidad de escritores sin imaginación trabajando libros sobre él, malos, pésimos, regulares, y ya preparan series televisivas, videos y filmes sobre su vida. Podrá seguir preso y morir encarcelado, pero ha pasado a la historia, algo que muy pocos políticos, escritores y periodistas conseguirán.

enero 17, 2016

Kafka, Arreola y yo

La familia Samsa, habrá que aceptarlo, hizo todo lo humanamente posible para tolerar al monstruoso insecto.

En memoria de Juan José Arreola, mi maestro

En 1962, escribí un cuento que titulé El extraño visitante, era en realidad una variación sobre un tema de KafkaUna cruza. Lo mostré a Juan José Arreola y me dijo que el animal mitad gato mitad cordero estaba en buenas manos. Añadió que él quiso escribir una serie de variaciones sobre Kafka y fracasó. Concluyó pidiéndome que intentara la tarea. No fui afortunado. Pero en 2001, en Bogotá, invitado por el Ministerio de Cultura y el Convenio Andrés Bello, en el vestíbulo victoriano del hotel Windsor House, estaba una edición española de La metamorfosis, en traducción de Borges que perteneció (vaya curiosidad) al escritor colombiano Hugo Latorre Cabal, quien fuera amigo mío. Esa noche la releí. Recordé el pedido de Arreola y en cuestión de horas, en cascada, llegaron las variantes. Por atroz coincidencia, esa misma noche Arreola había muerto en Guadalajara. Ahora las rescato, opté por conservar la ortografía de los nombres propios en alemán. Esto acaso hable bien de la fidelidad hacia mis maestros.
1. ¿Por qué Kafka no escribió las cosas en orden: un gusano o insecto, luego de una noche de agitado sueño, despierta convertido en repulsivo ser humano?
2. En la versión original, la que Kafka, sin proponérselo, dejó para la posteridad, Gregor Samsa no abre la puerta: la deja sorda e inmóvil a las peticiones y ruegos familiares: padre, madre y hermana. No podía ser de otra forma, la metamorfosis ha ocurrido durante la noche y ahora carece de brazos.
3. Se ha dicho, y la frase es lugar común, que la familia es la célula básica de la sociedad. Nada más falso, es la anticipación del Estado totalitario, donde los padres nos obligan a seguir, de manera implacable, decisiones, su religión y en general su modo de vida.
4. Si Kafka hubiera tenido tiempo para leer a Ionescu en La cantante calva, cuando ya Gregor convertido en monstruoso insecto mira el reloj: “Las seis y media, hora de levantarme”, hubiera podido escribir: “Se fijaron, son las doce, seguiré dormido”.
5. Cuando Gregor Samsa, metamorfoseado, se habla a sí mismo, descubre, como antes lo había hecho Franz Kafka, las ventajas de la soledad y de no rendirle cuentas a nadie sobre sus acciones o sus cambios de personalidad física o intelectual. Nada hay más detestable que lo gregario... que una sociedad de masas. No sólo ello, produce pánico.
6. La metamorfosis es metáfora. Samsa ha cambiado de personalidad, ¿lo entenderán los siquiatras al tener en su diván, sinónimo de los peores lugares comunes, a un monstruoso insecto contando sus desventuras?
7. El hecho prodigioso ocurre cuando Gregor se transforma en insecto, el resto —la reacción familiar, la sorpresa de los extraños— es normal y hasta tedioso.
8. ¿Qué diferencias existen entre Hyde y Jeckyll, entre Gregor y el monstruoso insecto? Sólo una pócima en el primero y en el segundo un juego perverso de Dios.
9. ¿Qué le debemos más a Borges: su prosa revolucionaria o el habernos puesto ante los ojos una soberbia metamorfosis que modificaría la historia de la humanidad?
10. La familia Samsa, habrá que aceptarlo, hizo todo lo humanamente posible para tolerar al monstruoso insecto. Pero en algún momento la sensación de fracaso triunfó: “Tenemos que deshacernos de él”, repitió obsesivamente la hermana dirigiéndose al padre y, a propuesta suya, fue vendido a un circo, donde lo anunciaron como resultado de un castigo divino por no comportarse debidamente con sus padres.
11. El gerente del circo hizo un enorme negocio. El resto de su vida exhibió un ser monstruoso, limitándose a decir: Señoras y señores, este enorme insecto era mi empleado Gregor Samsa.
12. La vida tranquila del insecto Gregor le permitió una longevidad poco usual en los humanos, así que vio morir a sus padres y a su hermana sacrificar su carrera musical para dedicarle los cuidados de por vida. Vieja, solterona, amargada y llena de rencor: odió no tanto a Gregor, víctima de extrañas circunstancias, como al autor de ella, a Kafka.
13. Samsa, cuando ya se había acostumbrado a vivir en el cuerpo de un insecto, tuvo una nueva metamorfosis y despertó convertido en humano. No resistió la atrocidad y murió poco después del segundo prodigio.
14. Los inquilinos. ¿Usted tomaría en renta una habitación sabiendo que a unos cuantos pasos vive un repugnante y enorme insecto? Sí. No. Lo ignoro. Marque sólo una respuesta.
15. Poco después de la muerte de Gregor, cuando la familia Samsa procuraba rehacer su vida, Grete tuvo un inquieto sueño y antes de que sus padres tuvieran “tiempo de buscarle un buen esposo”, despertó en su cama convertida en una espantosa cucaracha.
16. Cabe una pregunta: ¿por qué murió Gregor? Falleció de tristeza y de inanición, luego de probar largamente el fracaso de la familia y la sociedad. Pero, ¿dónde quedó el cadáver, recibió cristiana sepultura (Kafka era judío) o fue a parar al basurero? Esto parece lo más razonable a juzgar por la risa maligna de la sirvienta, ¿o a dónde más va a parar un insecto muerto?
17. ¿Kafka era Gregor, así como Cervantes fue don Quijote? Es muy posible. Entonces lo que Kafka hizo con La metamorfosis no fue más que una premonición y su amigo más leal, Max Brod, se limitó a guardar el secreto: en el ataúd iba Franz convertido en Gregor, quien a su vez se había transformado en un monstruoso insecto.

enero 15, 2016

El PRD, en busca de caudillos y alianzas

Agustín Basave trae a cuestas un impresionante currículo académico y desde luego un rencor acumulado contra el PRI, que sin duda nace en el propio PRI, después de más de 10 años de militancia y por el extraño asesinato de su amigo cercano Luis Donaldo Colosio. Como tantos otros, y por obvias razones, dejó tal partido y buscó en diversas posiciones la manera de combatirlo con rabia. Nunca fue un hombre de izquierda, su perfil era y es el de un hombre conservador, derechista, en consecuencia afín al PAN como lo ha sido el “revolucionario institucional” desde que se alejó de la muy añeja Revolución Mexicana, luego del gobierno de Lázaro Cárdenas, cuando poco a poco se fue inclinando al conservadurismo, es decir, en otros términos, al capitalismo que avanzaba hacia la exitosa globalización que hoy nos domina.

Por otro lado, el antiguamente esperanzador PRD, los restos de una izquierda que no fue ni llegará a ser, nació y ha estado siempre en manos de caudillos tercos y de escaso sentido común, uno tras otro. Ello fue su perdición. Las bases, la militancia, sólo respondían a las disposiciones de esos súper líderes que más que ideas tenían ocurrencias: Cárdenas, López Obrador, Marcelo Ebrard y figuras menores que ocuparon la jefatura del DF… hasta que llegó Miguel Ángel Mancera, rodeado de votos y del apoyo condicionado de los caudillos y no pudo ser uno más. El mismo López Obrador le quitó el título al retirarse del PRD, dejándolo convertido en un cascarón disputado por extrañas tribus que se han ido perdiendo en la historia reciente.

Agustín Basave, desde que se adueñó del debilitado PRD, trató de imponer sus reglas, su propio juego político que implica, en primer lugar, vengarse del PRI, luego consolidar a un PAN tan maltrecho como lo está la llamada “izquierda”. Sabe que el partido que manipula a base de caprichos no está en condiciones de tener un personaje de sus títulos y relaciones, y que en consecuencia puede poner las reglas a base de amenazas: “Me voy, renuncio, no soy florero”. Claro, a menos que el PRD acepte las alianzas curiosas con Acción Nacional. Y digo curiosas porque el PRD se limitará a aportar votos y dinero, los candidatos a gobernadores en diversos estados van por cuenta del panismo y suelen ser de origen priista. En tal sentido, el perredismo carga con experiencias como las de Puebla, allí, con un connotado ex priista transformado en panista, no llegó a ningún lugar, sino a convertir a Moreno Valle en eventual aspirante por el PAN a la Presidencia de la República.

Si antes el PRD se burlaba de la imaginaria alianza PAN y PRI, calificándola con desprecio como PRIAN, ahora ¿qué se puede decir de él con el PAN? Pero Basave puede hacer sus berrinches infantiles y ser apoyado por una cúpula infame que busca empleos, algo de poder aunque sea en pequeñas dosis. La perversión es que su tarea está directamente encaminada a exterminar al PRD, a sus leales bases, a su peleonera militancia. Los más arrojados están en Morena, la mayoría permanece desconcertada ante el nuevo boceto de caudillo.

Lo que Basave propone es fortalecer al PAN y desaparecer a la pretendida “izquierda”, es en tal sentido un perfecto “prianista”, un hombre de bizarra conducta que quiere cometer un parricidio y fortalecer al partido más afín a su estructura política personal: Acción Nacional. Sólo Miguel Barbosa mantiene una actitud inteligente: trabajar por fortalecer nuevamente al PRD, llevar a cabo alianzas con grupos y organismos afines y concretar un trabajo con la sociedad y sus distintos sectores, por lo pronto en donde está su semillero, en la ciudad de México, enseguida con el país. Ir con el PAN a darle votos y recoger migajas es un craso error. Sin embargo, cada vez que el organismo le dice “no” a don Agustín I, se indigna y vuelve a sacar su renuncia y los perredistas, sin líder, sin caudillo, se asustan y le dicen lo que desea: Sí, hagamos alianzas con nuestro enemigo natural.

Es difícil creer que el PRD recuperará el orgullo propio que mostraba en sus mejores momentos, y busque en soledad un trabajo serio cargado de elementos ideológicos, no electoreros, en la propuesta de Barbosa. De lo contrario, el final del PRD se está acercando estimulado por un hombre inescrupuloso y con enigmáticas intenciones políticas. Sería lamentable que este partido se suicidara. Tiene todavía posibilidades de mostrarse como un partido de izquierda si tan sólo recordara que un organismo de tales pretensiones debe sostenerse con un amplio e inteligente bagaje ideológico. Que Morena no quiere alianzas con los perredistas, no importa, AMLO no tiene mayores oportunidades, aunque la mitad de los capitalinos así lo imaginen. El país es enorme y complejo y no ve ya con buenos ojos la conducta demencial de Obrador.

Sin duda, vale la pena seguir ya no a un caudillo berrinchudo, sino a hombres sensatos como Miguel Barbosa. Si Basave se quiere ir de no concretar multitud de alianzas con la derecha panista, pues que se vaya. Sé que es excelente en las intrigas académicas, recordemos lo sucedido a Peña Nieto en la Ibero. Es importante tener un partido de izquierda real en México, para ello, al perredismo sólo le queda hacer un esfuerzo descomunal por recuperar el peso natural que antes tuvo y que ha dilapidado en su manía por seguir caudillos que se han limitado a explotarlo.