Tantadel

febrero 29, 2016

Los juegos: escándalo a mis 26 años

Hace cincuenta años, yo escribía cuentos breves basados en lecturas clásicas, pero surgió un cambio y mi generación pasó a la novela urbana. Me petrifiqué. De pronto el editor Rafael Giménez Siles y Emmanuel Carballo, me invitaron a escribir una novela. Opté por una obra satírica y puse en ella a los más connotados personajes de la cultura nacional y a los políticos más encumbrados. La titulé Los juegos. Al leerla, los posibles editores la rechazaron. Me aferré a publicarla y lo hice con dinero de mis amigos y mío. Su aparición fue un escándalo que hasta ahora me sigue.

Cuando la novela cumplió 45 años de circular a empellones, el INBA realizó una mesa redonda sobre ella y la UAM publicó un libro llamado Once miradas sobre René Avilés Fabila. Nueva Imagen decidió hacer una edición especial, pero antes de llevarla a cabo desapareció. Llevaría prólogo del escritor Roberto Martínez Garcilazo. El año entrante Los juegos cumplirá medio siglo y una editorial destacada ha decidido hacer la edición conmemorativa. El texto de Martínez Garcilazo fue titulado “Vigencia de Los juegos”

 “Hace años (exactamente el 8 de noviembre del 1967) René Avilés Fabila publicó, después de superar cierta tentativa de censura, su novela Los Juegos. En aquellos días, el escritor tenía 26 años y el mundo occidental estaba a unos meses de sufrir la crisis de sentido histórico más importante del siglo XX. La discordia civilizatoria del 1968 en París, Praga y México, significó una quiebra teleológica de los proyectos históricos del capitalismo, del comunismo y de las democracias latinoamericanas. México, en ese tiempo -no es ocioso recordarlo- era un país gobernado totalmente por el PRI; el presidente de la república era una deidad terrena; y la libertad de expresión era prácticamente inexistente. Por esto, la aparición de Los Juegos -primera novela de René- es una suerte de anticipación de la eclosión de las rebeliones culturales que constituyeron una de las mayores crisis de la modernidad.

“Los Juegos, además de ser una descripción detallada de los mecanismos de producción y legitimación cultural, es una doble exhibición del funcionamiento orgánico del sistema político mexicano: por una parte, de las estrategias de grupo para la configuración del canon literario y, por otra, de los procedimientos del estado mexicano para controlar, financiar y asimilar a su proyecto a los intelectuales. Desde esta perspectiva, la novela de René Avilés Fabila es una suerte de puesta en escena de la teoría del campo literario de Pierre Bordieu. En otro ámbito y de manera sobresaliente, esta obra es un conjunto de retratos morales del jefe cultural y del grupo de intelectuales y artistas que se apropiaron del poder simbólico y económico de las instituciones culturales de México en la segunda mitad del siglo XX. En este último aspecto, es importante señalar que estos terribles e inmisericordes retratos de escritores mexicanos, que traza magistralmente René Avilés Fabila, son precursores de los realizados por Juan Manuel de Prada en Desgarrados y excéntricos (2001), siniestra galería de los bohemios miserables (alma y peculio) del tiempo de la guerra civil española. Y, en sentido inverso, producto de la influencia de aquella fascinante colección de semblanzas y esbozos literarios que es Los Raros (1896) de Rubén Darío.

“Por las páginas de Los Juegos, en una vertiginosa y sicalíptica narración que más de una vez nos hace recordar el tríptico El jardín de las delicias, aparecen, bajo los antifaces de ridículos seudónimos, los escritores y los artistas que integraron ese grupo de interés conocido como La mafia; destacándose por encima del conjunto la personalidad de Ruperto Berriozábal: síntesis fabulosa de insaciable seductor, privilegiado junior, cínico publicista, político astuto, y escritor ambicioso desprovisto de límites morales. El personaje Ruperto Berriozábal es polivalente: es un instrumento de crítica cultural; en términos novelísticos, es la representación exitosa del sistema político mexicano; y, finalmente, es el paradigma vital -suma de fantasías sexuales y financieras- de una generación de cultos y semicultos mexicanos cosmopolitas. Los Juegos es una novela contracultural e iconoclasta: devastadora y despiadada que, no obstante su irreverente furor, detiene su entusiasta tarea destructiva para rendir homenaje puntual a dos hombres representativos de la integridad ética: el escritor José Revueltas y el luchador social Rubén Jaramillo. Estas dos figuras ejemplares funcionan en la novela como antagonistas o referencias axiológicas que combaten -por referencia conceptual, porque nunca llegan a interactuar- la frivolidad pecuniaria de Ruperto Berriozábal y su corte. Como toda obra literaria capital, Los Juegos posee otras significaciones fundamentales. Es una sátira que al publicar las relaciones de poder entre el mundo cultural y el estado construye una crítica radical al gobierno, a las instituciones culturales y a la universidad. Pero también, de manera especial, a las agrupaciones políticas y sus manidos discursos retóricos: el PRI, el Partido Comunista, la Cuarta Internacional y la Iglesia Católica. Sin embargo, la dimensión más importante de Los Juegos es su reflexión sobre la condición mexicana.

“René Avilés Fabila es ya un clásico del siglo XX que sobrevivió -por su incuestionable calidad literaria- a las estrategias excluyentes del poder simbólico. Es un escritor de rigor y lucidez crecientes, de 75 años, es el narrador y hombre de letras más importante de su generación y el puente de las generaciones actuales con la memoria de la literatura mexicana del pasado siglo. Su admirable novela sigue vigente porque la circunstancia cambió para seguir siendo la misma en la realidad y en la ficción. ¡Qué inamovible, qué fatídico principio de identidad es éste de la mexicanidad!”

febrero 28, 2016

Oscar Wilde, el conversador luminoso, el cuentista oral

Su vida transcurrió en salones sofisticados. Abruptamente se detuvo en la prisión. Sus últimos días en Europa continental fueron paliados sólo por algunos amigos franceses, como Jean Cocteau.

La literatura de Oscar Wilde fue tan grandiosa como trágica su vida. La bisexualidad no encajaba en la época victoriana. Cuando leí sus hermosos cuentos, sus piezas teatrales ingeniosas de diálogos inteligentes y encantadores, sus conferencias brillantes, no pude sino enamorarme de su literatura.
Yo era muy joven y en la escuela solíamos leerlo casi clandestinamente, incluso memorizábamos sus frases plenas de aguda y fina ironía. Una de ellas sigue maravillándome, porque la veo citada en docenas de lugares bajo cualquier pretexto: “La naturaleza copia al arte”. Al no saber qué me gustaba más de su obra, cuentos, como El gigante egoístaEl ruiseñor y la rosa, poesía delicada o su novela El retrato de Dorian Gray, opté por entregarle mi sincera devoción a la persona y a la totalidad de su trabajo literario. Mi madre me regaló la edición de obras completas de editorial Aguilar.
Su vida transcurrió en salones sofisticados. Abruptamente se detuvo en la prisión. Sus últimos días en Europa continental fueron paliados sólo por algunos amigos franceses, como Jean Cocteau, quien lo visitaba en el modesto hotel del Quartier Latin donde se hospedaba y falleció lejos del mundano ruido que le encantaba y distante de una familia que padeció las consecuencias de su pasión por el joven y apuesto Lord Douglas. La cárcel fue atroz para su espíritu refinado y frívolo, pero le fue útil para escribir sus obras más grandiosas: La balada de la cárcel de ReadingDe profundis. En París retomó la literatura francesa y dijo: “Y qué razón tengo yo para vivir”.
La bibliografía sobre Wilde sigue apareciendo y yo la sigo comprando. En París encontré Oscar Wilde, escrito por Vyvyan Holland, uno de sus hijos, quien optó por vivir bajo ese seudónimo. Un libro biográfico con abundantes ilustraciones. Cierra con la foto del célebre monumento de Epstein, que cubre los restos deWilde en Père-Lachaise. Su otro hijo, Cyril, seleccionó la carrera de las armas y murió en 1915 en el frente francés, luchando contra los alemanes.
En el número 10 de Tite Street, Londres, hay una modesta placa que lo recuerda: “Oscar Wilde, 1854-1900, wit and dramatist lived here”. Sus libros siguen recorriendo el orbe y el cine los busca.
Para muchos el mejor Oscar Wilde era el oral. Por relatos de quienes lo conocieron sabemos que su conversación era brillante, aguda e imaginativa. Cuentan que solía deslumbrar a sus escuchas. Entre nosotros, habrá que recordar a Salvador Novo y a Juan José Arreola.
Wilde gustaba de exponer historias, fábulas y cuentos, con frecuencia variaciones de temas conocidos y de relatos que modificaba o invertía. André Gide, en un libro memorable, Oscar Wilde, cuya traducción se debe al poeta mexicano Marco Antonio Campos, relata algunas de sus conversaciones, las que, con rigor, eran monólogos con los que el escritor irlandés iluminaba a sus amigos y admiradores.
Con algo de esfuerzo se podrían recuperar algunos de estos “textos” y de tal forma aumentar su bibliografía. Quedaría, sin embargo, la duda de algo fundamental: ¿qué tanto los herederos de aquellas conversaciones prodigiosas nos darían la esencia del Wilde oral? “Wilde, dice el novelista francés luego de conocerlo en París, no conversaba: contaba. Durante casi toda la cena, no paró de contar. Contaba dulce, lentamente; su voz era maravillosa”.
Hubiera sido magnífico tener una grabadora y conservar su voz educada y sus portentosas historias. Por lo pronto, a reserva de que alguna otra ocasión regrese al tema con mayor intensidad, me permito transcribir una de esas historias (El discípulo), conservada por la memoria de Gide en la versión castellana deCampos.
“Terminada la cena, salimos. Al ver que mis dos amigos caminaban juntos, Wildeme llevó aparte:
“—Usted escucha con los ojos —dijo de pronto—; por eso le voy a contar una historia.
“Cuando Narciso murió, las flores de los campos estaban desoladas y pidieron al río unas gotas de agua para llorar. —¡Oh!, respondió el río, aun si todas mis gotas de agua fueran lágrimas, no tendría suficientes para llorar a Narciso. Cómo lo amaba. —¡Oh!, retomaron las flores de los campos, ¿cómo no podrías haberlo amado? Era hermoso. —¿Hermoso?, preguntó el río. —¿Y quién mejor que tú lo sabes?, dijeron las flores. Cada vez que se inclinaba en la orilla, miraba en tus aguas su belleza...
Wilde se detuvo un instante.
“—Si yo lo amaba —respondió el río— era porque cuando se inclinaba sobre mis aguas veía el reflejo de mis aguas en sus ojos”.

febrero 26, 2016

El sistema de partidos tiene una base: el PRI

El refrán dice: para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo. El periodista Alejandro Páez recurre a la variante lógica: “Ex priistas, la cuña de PAN-PRD para vencer al PRI”. Allí, en esa nota, explica que “la alianza antinatura recurre a ex tricolores para pelearle al PRI las gubernaturas que están en disputa este año, y con miras a las presidenciales del 2018. En contraste, ninguno de los aspirantes priistas ha militado en algún otro partido”. Más claro, ni el agua, dice otra expresión popular.
Por lustros, la supuesta izquierda bautizó al PAN y al PRI con las ridículas siglas: PRIAN. Con rigor, no estaba lejos de la verdad: Las diferencias entre unos y otros son mínimas, quizás, como en algún célebre caso sudamericano, se distinguen panistas de priistas por la hora de ir a misa. Pero de pronto el PRD se cargó, como antes el PRI histórico, a la derecha y decidió que era lógico vencer al enemigo común mediante alianzas y de tal manera surgió la hermandad “izquierda-derecha”. Ahora, con rencorosos jefes de partido, tanto el PAN como el PRD han logrado acuerdos para tratar de arrebatarle al antes invencible el poder al menos de algunas gubernaturas. Imagino que ahora a Mancera o a cualquier otro perredista les resultará difícil calificarse de izquierda. La verdad es que ya no importa tal clasificación. En México podríamos decir: la derecha son todos los partidos y no mentimos.

Desde que apareció el PRD, se ha alimentado de ex priistas. La lista es larga y escandalosa. Fastidia la noticia de la salida de un notable priista del instituto donde se formó o deformó para ir por lo regular al PRD. Dicho en términos más claros: este partido se ha convertido en un basurero a donde van a parar los más conspicuos ex priistas. ¿Podemos hablar de ideología, de principios políticos? Lo que es evidente es la búsqueda afanosa de poder.

Ahora hay docenas de promotores de un nuevo y más agresivo virus: los “independientes”. Volvemos a lo mismo. Por regla general son priistas insatisfechos, que no alcanzaron el empleo prometido o el que esperaban y van a buscarlo a la nueva e inmoral alianza PRD-PAN. Agustín Basave, entusiasta promotor de las alianzas contra el PRI, fue naturalmente un priista que se desilusionó al no alcanzar los empleos que pensaba merecer. Su odio enfermizo es visible. Ahora busca en diversos ex priistas a los imaginarios “independientes” que pueda ganarle al partido madre y padre, el estado que está en pugna. En Veracruz, por ejemplo, va el muy ruidoso priistas-salinista, Miguel Ángel Yunes, ya distanciado de ellos por la alianza PAN-PRD en busca de ganarle al muy desprestigiado PRI veracruzano.

José Rosas Aispuro es la posible salvación para Durango. Él, cobijado por perredistas y panistas hermanados, pretenderá ganar el gobierno de tal estado. En Oaxaca otro ex priista, José Antonio Estefan Garfias, quien acaba de renunciar al PRI, es propuesto para enfrentar al delfín por partida doble, Alejandro Murat, de Peña Nieto y de su propio padre, el ex gobernador Murat.

Por más que los paladines de la democracia al estilo mexicano nos griten que en los “independientes” está la salvación de México y así el ingreso a la democracia, lejos de la partidocracia, lo que vemos es un reacomodo de ex priistas que se alinean con el PRD-PAN, para arrebatarle al PRI algunas posiciones dentro de la república. Es posible que así sea. Pero eso no indica que haya una lucha abierta y transparente entre partidos y hombres y mujeres sin militancia partidista. Todo se limita a cambios en el tablero. Pero todos los que buscan las gubernaturas son desechos del PRI. ¿Podemos verlos como “independientes”? Claro que no, son la misma basura reciclada, con corbatas y chamarras de distinto color al tradicional.

No hay duda que esas extrañas alianzas y esos raros ejemplares que dicen ser “independientes” son más de lo mismo. No veo a ningún aspirante a un alto cargo de elección popular que realmente sea ajeno a los partidos y haya salido de la sociedad.

Pero por lo pronto, los partidos existentes, en especial el PRI, saben que tienen sobre ellos un riesgo: si no sale como producto de un “dedazo”, sabe que es posible declararse “independiente” y conseguir el cargo bajo otras siglas. Veremos qué sucede. Por ahora sólo está claro que la partidocracia carece de escrúpulos con tal de seguir en el poder. No importa bajo qué colores, el asunto es llegar a gobernador, senador o a simple diputado.

El destino de los “independientes” está por verse. Lo que ahora tenemos al frente es un montón de priistas resentidos buscando el poder bajo siglas diferentes; ello nos habla claramente de falta de principios ideológicos. No hay más que un evidente y sórdido pragmatismo que mueve las piezas políticas de México. Es todo. El grupo que están en formación para promover “independientes” es un globo que pronto estallará dejando pedacitos multicolores que llenarán basureros.

febrero 24, 2016

Los enemigos de la universidad pública

Por razones que bien conozco, cada vez que en México hay un recorte presupuestal, los recursos para cultura disminuyen sensiblemente. Así lo viví en la UNAM cuando estuve al frente de Difusión Cultural y así lo he visto en dos gestiones similares en la unidad Xochimilco de la UAM. Ello agrede al desarrollo espiritual de las universidades públicas, las que suelen preocuparse más por las primeras funciones sustantivas, la docencia y la investigación que por la tercera: la difusión de la cultura. La principal explicación de este fenómeno es sencillo: los que dirigen al país, sin excepciones, les importan un comino las artes. Hace tiempo que un presidente de la república, un gobernador, un jefe de gobierno capitalino o un rector, no dan muestras sinceras de conocer el valor de la cultura. Algunos, como López Mateos y Salinas de Gortari, tuvieron buen olfato político que les dejó saber que la pintura, las letras, la música o el teatro son un gran capital. El primero actuó con sinceridad, el segundo vio a los intelectuales como empleados de lujo. Los demás no acaban de enterarse para qué sirven las bellas artes o, en el mejor de los casos, optan por manifestaciones de cultura comercial que bien difunden las televisoras privadas. Una prueba es la presencia de un tal Nicolás Alvarado en TV UNAM, un frívolo televiso dirigiendo televisión pública y en la mayor casa de estudios.

En este contexto he trabajado a lo largo de dos años en la UAM-X, donde Patricia Alfaro Moctezuma, me llamó para reactivar esa tercera función sustantiva y, para mí, fundamental: la cultura y su difusión interna y externa. Acabamos de editar un folleto con algunos de los logros que la Coordinación de Extensión Universitaria ha conseguido en estos dos años pasados. La lista es larga y la hemos coronado con presencias notables como las de Miguel León Portilla, Eduardo Matos Moctezuma, Julieta Fierro, Rina Lazo, María Luisa La China Mendoza y varias personalidades más brindándonos parte de sus experiencias académicas y culturales. Hemos podido llevar, merced a un convenio con la Ciudad de México, donde está Eduardo Vázquez, y contando con el generoso apoyo del INBA y de otras instituciones como la UAEH y la BUAP, orquestas, coros, grupos musicales, cantantes de ópera, grupos teatrales, jazz, bandas de rock y multitud de actividades que ahora pueblan a nuestra unidad. Me parece que un lugar destacado lo tienen nuestras tres galerías de artes plásticas de la UAM-X. Menciono tres exposiciones recientes: una de Mathias Goeritz, otra de Carlos Mérida y una más de Sebastian. Está en proceso de formación el Coro de la UAM-X. Hemos llenado de cultura a la unidad y eso también nos permite atraer, como era la intención fundacional, a los habitantes de las colonias aledañas.
Pero no se trata de hacer un largo informe de actividades sino de mencionar que, carentes de la necesaria infraestructura cultural, hemos obtenido gracias a un amplio apoyo externo, darle a la UAM-X una política cultural que sirva para enriquecer la formación de los alumnos y los haga capaces de distinguir entre la cultura chatarra que ofrecen las televisoras comerciales y la cultura que el Estado debe promover y apoyar. Los retos no son fáciles: con poco dinero tenemos que abarcar un amplio espectro. Por ahora tenemos en puerta sendos homenajes a los dos mayores escritores de todos los tiempos: Cervantes y Shakespeare. Pero ambos los queremos amenos, entretenidos, para mostrar a los jóvenes las diferencias y valores de los clásicos y los autores de libros comerciales. Retomar a Vargas Llosa en su lucha por volver los ojos hacia los clásicos.

En la actual Feria de Minería, nuestra presencia se nota. En el stand común a toda la institución estamos llevando a nuestros autores a conversar con el público. Y aquí ya entran en actividad conjunta las cuatro unidades restantes; todas sumadas dan resultados interesantes para los jóvenes ávidos de lecturas.

Volviendo a Xochimilco, este día, tendremos a media tarde a la Banda Sinfónica de la Ciudad de México. Simultáneamente hay actividades paralelas que les brindan a nuestros estudiantes y profesores una buena variedad de eventos culturales. Vale la pena señalar que la unidad ha adquirido un hermoso piano de media cola que ahora utilizamos para conciertos y recitales de alto rango. Es frecuente que nos visiten orquestas sinfónicas de calidad.

La definición cultural que nos mueve no es la antropológica que todo incluye, sino aquélla que permite distinguir lo valioso y lo bello de las baratijas que la frivolidad de políticos y empresas televisivas privadas ofrecen.

Hemos establecido un diálogo con los alumnos que nos permite enriquecer nuestro trabajo. Inolvidables han sido los momentos en que los jóvenes ovacionaron una brillante interpretación de Carmina Burana o los aplausos infinitos que logró Miguel León Portilla al hablar de las culturas originarias arrasadas por el mundo occidental.

Hoy la lista de libros literarios que tenemos incluye multitud de cuentos, novelas, ensayos y piezas dramáticas, del mismo modo que hemos conseguido una colección de discos de grandes voces de ópera que está a punto de llegar a la docena de cantantes.

 Hay, pues, razones, para estar orgullosos de una unidad que permite y fomenta un trabajo cultural serio.

febrero 22, 2016

El reposo del viejo guerrero amoroso

Uno de los libros, de los que he podido leer, más lleno de nostalgias por el pasado amoroso, es Descanso de caminantes, del célebre Adolfo Bioy Casares, en cuyos brazos de hombre apuesto, elegante y distinguido también estuvo nuestra legendaria Elena Garro. La voluminosa obra es sui géneris: no se trata de memorias o autobiografía ordenada cronológicamente y tratando de velar o disfrazar a los personajes mencionados. Es un libro construido con ideas, fragmentos de las ideas literarias del autor, opiniones, críticas ácidas, pero sobre todo de nostalgias de un exitoso don Juan que al llegar a la vejez se duele por la imposibilidad de mantener un diálogo pasional con las mujeres. En esencia es un rompecabezas que uno ordena a placer, aunque de pronto aparezcan fechas.



Las fotos que conozco de Bioy Casares lo muestran como he dicho arriba, de porte aristocrático. Fue mucho más que el mejor amigo de Jorge Luis Borges hasta que apareció María Kodama, era ya uno de los grandes narradores del castellano y un hombre de ingenio filoso que no podía controlar, como se muestra en el aludido libro. Algunas citas lo muestran un tanto desdeñoso con las mujeres sin las que jamás hubiera podido vivir. En lo político, prevalecía un ilimitado desdén hacia los gobernantes. En su libro autobiográfico Descanso de caminantes, Bioy Casares, por ejemplo, escribe: “29 julio 1976.Confesiones de un mono viejo. Las muchachas han cambiado. Las de ahora se acuestan conmigo resignadamente. Ya no son las entusiastas de antes.” O: “28 de agosto 1976. Una mujer fiel. Me dijo: ‘¿quién tiene ganas de acostarse conmigo? -fuera de vos, se entiende- ¡nadie!’”. Y unas líneas más: “Un enamorado de las mujeres. ‘Mándenme una chica cualquiera. Yo le encontraré encantos para quererla y es claro, a la larga, exigencias, amarguras y estupideces que tarde o temprano me pondrán en fuga’”. “Es copiosa la lista de héroes que fueron a la guerra para huir de una mujer.” “Soy inconstante a largo plazo. Después de cinco años, me harto un poco de cualquier mujer y a los diez años no la aguanto más.” “Debió de recibir una buena noticia, porque ayer tenía el pelo blanco y hoy apareció completamente rubia.”

En política hay una clasificación contundente: “Revolución. Movimiento político que ilusiona a muchos, desilusiona a más, incomoda a casi todos y enriquece extraordinariamente a unos pocos. Goza de firme prestigio”.

Conmigo las afinidades son asombrosas, Bioy escribe: “La vida es difícil. Para estar en paz con uno mismo hay que decir la verdad. Para estar en paz con el prójimo hay que mentir”.

A través de frases telegráficas, de anécdotas chispeantes, opiniones políticas conservadoras, ironías a sus contemporáneos, Bioy hizo una extraña autobiografía en la que poco aparece su ilustre amigo Borges, acaso para hacer alguna referencia indispensable luego de cuarenta años de intensa amistad. La tarea final para la publicación de este libro memorioso la dejó Bioy Casares para Daniel Martino, quien fue el editor. En la página inicial, Bioy justifica plenamente la brevedad de sus historias autobiográficas. Contrasta esta manera de contar su vida con el repudio que en Borges provocaban justo las brevedades.

El libro de Bioy puede ser leído de un tirón, así lo recomiendo yo, pero no cabe duda que está planeado para abrirlo en cualquier página y solazarse con una prosa irónica, la de un espíritu refinado y erudito. Sus desprecios o raros afectos son siempre puestos ante nosotros con naturalidad. Sus juicios literarios son demoledores porque son los de un hombre extremadamente culto y crítico por naturaleza. México requiere un Bioy Casares.

A Bioy se le conoce básicamente como un narrador, cuentos y novelas que lo han llenado de prestigio, pero en este libro, como en el que escribió sobre sus memorables cenas cotidianas con Borges, asistimos a la invención de un nuevo género. Definirlo es complicado. No encaja más que en este ser enigmático que por décadas pareció vivir a la sombra de su mejor amigo.

En la cuarta de forros hay algunas claves: “Dentro de este orbe diverso y casi inclasificable, los cuadernos que Bioy decidió reunir poco antes de su muerte bajo el título común de descanso de caminantes destacan con nitidez por su asunto y por su estilo: en ellos impera la evocación, a menudo crítica, de la propia conducta, a la luz de una escéptica coherencia que -más allá de la creciente preocupación por los síntomas de la decadencia física- nunca cede a la melancolía…”.

Las letras mexicanas, tan necesitadas de grandes autores, podrían romper la monotonía de los textos autobiográficos o testimoniales luego de la lectura del Bioy Casares memorista. Otra faceta notable del autor que hizo cumbres literarias, como La invención de Morel, El sueño de los héroes o El diario de la guerra del cerdo.

febrero 21, 2016

Aventuras y desventuras de una novela mía: Los juegos

“Qué buena partida de madre le diste a la pinche mafia intelectual”

En el principio, yo era cuentista que buscaba en temas clásicos griegos, latinos, renacentistas y fantásticos en general mis materiales. Era feliz. Intempestivamente, en 1966, cuando tenía 25 años, un poderoso editor, Rafael Giménez Siles, y su socio Emmanuel Carballo me solicitaron una novela. Acepté el reto, pero ¿qué carajos escribiría? Miré en torno mío: un medio intelectual francamente ridículo, cursi y opresivo. He allí el tema, dije: satirizaré a los cultos más afamados, reunidos en un grupo llamado La Mafia y escribí en seis meses Los juegos, novela que el año entrante cumplirá medio siglo de haber sido publicada, luego de contrariedades sin límite.
La historia de este irreverente libro es azarosa y está narrada en diversas publicaciones. Jorge Volpi, por ejemplo, en La imaginación y el poder hizo una breve crónica de la polémica suscitada por su aparición. Quienes me la solicitaron al leerla completa se preocuparon por el contenido crítico y el tono contracultural y optaron por rechazarla. Un admirado editor, Joaquín Díez-Canedo, me advirtió paternal: “Queme la novela, le publico otro libro”. No hice caso: Los juegos antes de aparecer era ya un escándalo, pues no dejaba intelectual afamado ni funcionario poderoso con cabeza. Eran además los tiempos en que el presidente de México era realmente intocable, lo ridiculicé también. El término no era usual, pero se trataba de una novela rigurosamente contracultural. Por último, pese a la negativa de las editoriales más importantes de la época, con la ayuda de mis amigos, dirían Los Beatles,
reuní dinero y la sátira apareció como edición de autor. Tres mil ejemplares que se agotaron en poco tiempo. La cuarta de forros fue responsabilidad de José Agustíny la portada estuvo a cargo de su hermano el pintor Augusto Ramírez. Lo recaudado permitió financiar una nueva edición. La Universidad Autónoma de Sinaloa llevó a cabo la tercera edición y, por último, la editorial Nueva Imagen la recogió dentro de las Obras completas de Avilés Fabila. Añado que la empresa editorial argentina Fabril firmó en 1971 contrato para una nueva edición que llevaría prólogo del escritor porteño Juan Carlos Ghiano, pero un nuevo golpe de Estado, y la feroz presencia militar en la Casa Rosada, la impidió.

Es curioso notar que en todo este tiempo apenas han cambiado los nombres de los famosos que fueron objeto de tal crítica sanguinaria. Aquella novela provocó rencores que me han seguido por cinco décadas y afectos que arrancaron con críticas favorables de Rafael Solana y la inclusión en un ciclo legendario del INBA: “Los narradores ante el público”, organizado por José Luis Martínez. En algún momento escribí: “Fue un mal paso que me costó odios y rechazos, pero que gozoso volvería a repetir, pues me divertí mucho redactándola.”
Solana comentó: “Los juegos ha alzado un revuelo que pocas obras literarias han provocado… Aunque tiene este libro sus páginas serias, y hasta tétricas (presos políticos, granaderos, la muerte de Jaramillo), lo que domina en él es la guasa; está escrito, en su mayor parte, con un desenfado humorístico que deleitará al lector; el lenguaje es agilísimo; muy exacto, muy vigoroso, muy a la moda; la reconstrucción de algunas escenas de dolce vita está llena de verismo y de colorido”. Desde Venezuela, Juan Liscano opinó: “Los juegos se trata de una especie de neoesperantismo, en el trato de los personajes, pero con la magia de lo caricaturesco y de lo fantástico, elevada a categoría de crítica del mundo. Es una renovación de la sátira, pero desprovista de todo carácter sentencioso, aunque no de su poder de expresión en sí.” En ExcélsiorManuel Mejía Valera escribió un largo texto, copio unas líneas: “El apego a los recursos inmediatos, el examen de los deslumbradores fantasmas y los pintorescos cortesanos de nuestro ambiente intelectual, la crítica acerba aunque sin acrimonia de una sociedad que René Avilés Fabila juzga apoltronada y de coloridos contrastes, el desolado escepticismo que se advierte a pesar del estilo burlón y coloquial, irónico y leve, tienen en este libro sus más amenas y amargas páginas”. Los comentarios hablados eran mejores. Recuerdo uno: “Qué buena partida de madre le diste a la pinche mafia intelectual”.
Las críticas se multiplicaron a favor y en contra, destaco la muy dramática de una narradora afamada: “Avilés Fabila no debe ser objeto de crítica literaria sino de juicio penal”. Francisco Zendejas me puso El innombrableJuan Vicente Melo fue serio y cariñoso al analizar la novela y el estadunidense John S. Brushwood, en su libro La novela mexicana (1967-1982), la trató con inteligencia y objetividad, igual que Antonio Magaña EsquivelManuel LerínRaúl Leiva y Jesús Arellano, quizás el primer crítico iracundo de Paz y Fuentes. Cuando la novela se hizo cuarentona, el INBA le organizó una fiesta con una mesa redonda en la Sala Manuel M. Ponce, el 20 de mayo 2007, con la participación de Humberto MusacchioCarlos Bracho,Bernardo Ruiz y yo. La UAM optó por realizar otra más y como resultado de ella publicó el libro Once miradas sobre René Avilés Fabila, donde participaron Carlos BrachoCarlos RamírezIgnacio Trejo FuentesBernardo RuizEve GilAndrés de LunaJorge Munguía EspitiaDionicio Morales... Contra los vaticinios, sigo escribiendo, publicando y divirtiéndome; no me ha ido mal, pese a tantos pendejos que me acosan.

febrero 19, 2016

Las enseñanzas del Papa


El papa Francisco se ha ido y la ciudad vuelve a la atroz normalidad. Pero las huellas de su paso serán imborrables para creyentes y agnósticos. Pusieron en evidencia el nuevo México, el del neoliberalismo y el demencial dominio del sistema mexicano sobre la sociedad. Ya no hay Estado laico, los políticos carecen de valores y decencia, tampoco tienen ideología, únicamente los valores del pragmatismo que los lleva a seguir a cualquiera que les dé reconocimiento, dudosa fama y dinero. Los mexicanos se comportan como una sociedad ávida de emociones materiales, carente de espiritualidad. Su catolicismo es de selfies, gritos y ruegos personales. Finalmente, a falta de espacio, sólo podemos hacer notar que no avanza, retrocede y pierde valores por los que muchas generaciones de mexicanos brillantes dieron una lucha titánica.

El Papa entre los mexicanos es una suerte de objeto sagrado al que se le piden favores y bendiciones y les regresan conductas sórdidas. Hasta políticos y narcotraficantes le pidieron una señal salvadora de Dios. Sus palabras estuvieron bien, es posible utilizarlas en cualquier mitin callejero. Los hipócritas están en cualquier partido, al fin quedó claro que son una falacia y que son uno solo. No hay ideologías, más bien nos domina una religiosidad que nunca ha impedido las mentiras, la falsedad, el robo, la corrupción. Todos los pecados se cometen a diario por millones de mexicanos y basta con la confesión y absolución para partir de cero nuevamente.

El Papa no es experto en México, se formó en un país donde la población indígena no pudo florecer como en Mesoamérica y ya con los europeos la acabaron en una lucha que llamaron civilización contra barbarie. Pero en México hay una enorme bibliografía que arranca con obras hechas por los propios conquistadores y los misioneros que acompañaban a la ruda soldadesca. La destrucción no es necesario buscarla muy lejos: debajo de la Catedral, en el Centro Histórico están las tumbas y los espíritus de una enorme civilización: la azteca. ¿Cuántos quedan, dónde están? Desparecieron a causa de la cruz y la espada, las encomiendas, la esclavitud. En donde los europeos encontraron habitantes originarios, los masacraron, los pusieron en reservaciones, o bajo encomenderos salvajes. Acabaron con creencias, culturas magníficas, religiones politeístas. A cambio les dieron una religión de castigos severos, de milagros esperanzadores que no llegan y finalmente ahora son tratados como seres en zoológico, sin la dignidad y el respeto que merecen.

Fue la Iglesia de Francisco la que contribuyó para que los indígenas fueran exterminados, sometidos y despojados. En lugar de escuelas los obligaron a construir templos. Es bueno pedirles perdón pero no en abstracto. Hay datos, hay cifras. El Papa no es culpable de la conquista de América, es tan sólo un descendiente de los conquistadores, por eso quizás era necesario explicar el crimen. Existen culpables. La evangelización fue brutal como la conquista armada. La Inquisición fue de una ferocidad sin límite. El daño está hecho. Nos quedamos con restos de esa antigua grandeza que ahora parecen apreciar más los extranjeros. La nueva religión, la que trajeron los conquistadores, ha sido fundamental en el sometimiento de una nación que ahora aplaude y llora cada vez que viene un Papa.
Lo peor está por venir, ya no hay Estado laico, se desmoronó en horas. A cambio tenemos políticos que vieron en la presencia de Francisco no al representante de Dios sino a un personaje capaz de atraer votos. Era vergonzoso ver a los actuales políticos arrodillarse o peor aún correr con un ayudante cámara en mano, para que quedaran pruebas de su catolicismo inquebrantable y su fe en Dios, la que no se traduce más que en pillerías y pésimas gestiones administrativas.

Pues sí, el Papa es un hombre de buen corazón, no un Borgia, sus intenciones eran y son generosas, posiblemente espirituales. Pero la clase política y empresarial que lo recibió con júbilo pensaban más en sus arcas y fuentes de poder que en una nación atrasada y explotada. Antes decíamos Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos. Ahora habrá que incluir al pequeño y sagrado Vaticano. Seguimos lejos de Dios, por más palabras santas que pronunciamos durante casi una semana, cuando reinó la hipocresía. El Papa regresa a casa y recordará que hasta lo jalonearon y le pusieron ridículos sombreros de charro, que saludó y aceptó elogios ilimitados de políticos incapaces y pillos. Nosotros nos quedamos aquí, con nuestros explotadores, reunidos en partidos políticos que pueden tener siglas diversas pero sacados del mismo basurero de la historia. En miles de casas habrá fotos de Francisco y en las residencias de los políticos que nos mal gobiernan habrá altares religiosos con una nueva futura deidad: el Papa Francisco. La gran lección papal fue la de mostrarnos cómo son los políticos y empresarios que dominan a la nación.

febrero 17, 2016

El alma de un hombre bajo el capitalismo

Las muertes de personas y la desaparición de objetos queridos suelen afectarnos gravemente. Me han contado que cuando parte de la biblioteca de Octavio Paz se incendió, las llamas destruyeron parte de su alma. De lejos, pareciera que ese fuego contribuyó a su derrumbe en la total plenitud del éxito y el poder. Pero sin duda es el fallecimiento de los seres queridos, familiares o no, lo que nos oprime al mostrarnos de cerca nuestra fragilidad. No creo ser un hombre duro, poco sensible, la muerte no me tocó el hombro en riguroso orden cronológico.

La historia poco se apiada de aquellos que mueren solos y miserables arrojándose a las ruedas del Metro. Concluyo que la muerte voluntaria, asistida o no, es un derecho humano. Me interesan aquellas figuras de carácter fuerte que se matan. Las razones podrían ser diversas: indigencia, fracasos, desamor, soledad, crisis. La depresión, en su última fase, conduce al suicidio. Para combatirlo han inventado instituciones y frases baratas. El problema es que la gente piensa más en familiares y amigos que en la persona que opta por morir.

La lista de artistas del más alto nivel que optaron por el suicidio es abrumadora. El suicidio es producto de una intensa depresión y es raro que un loco llegue a suicidarse: lo suelen hacer personas cuerdas, pero con graves problemas materiales o espirituales. Que no son “cobardes” ni “huyen por la puerta falsa”, como indican quienes gustan de las frases hechas. Simplemente pierden el gusto por la vida, como si fueran personajes de Kafka.

La discusión sobre suicidio y eutanasia es larga, tediosa e imposible de resolver. Pareciera tema de ciencia ficción, pero es momento, entre tantos logros inútiles y supuestos avances sociales, derrotar la idea, para nada científica, de que sólo Dios da y quita la vida. Son las religiones el gran obstáculo para obtener una muerte digna, de allí han derivado leyes atrasadas y médicos atolondrados. El enorme científico inglés, Stephen Hawking, ha hecho público su apoyo al suicidio asistido para enfermos terminales con tal de no prolongar más el sufrimiento, que en ocasiones es atroz. “Las personas que padecen una enfermedad terminal y sufren mucho dolor deberían tener el derecho de acabar con sus vidas, y aquellos que les ayuden no deberían ser perseguidos por la justicia”, señaló sin duda recordando el célebre caso del doctor Kevorkian, quien pagó la osadía de incluso llegar al diseño de una máquina que contribuyera a evitar dolor en enfermos.

El poeta ruso Esenin debió reflexionar mucho sobre la solución última aun antes de percatarse de que los nuevos tiempos no eran los suyos. Por desgracia el genio de un creador no siempre es insensible a los vientos sociales, políticos o amorosos. Al contrario. Sabemos que no todos son felices desdentados y sin cabello, soportando dolores y el ingrato sabor de los medicamentos, arrumbados en una habitación, lejos de los ruidos e inquietudes mundanas.

Creo que Mishima, en tal sentido, es buen ejemplo para entender las razones por las que alguien se mata. Él lo hizo por honor, porque los valores en los que depositaba su fe habían dejado de existir luego de la Segunda Guerra Mundial. Mishima era realmente un samurái, el último que hemos visto y como tal murió no en combate sino por el afilado cuchillo que él mismo empuñó. Dejó una extensa obra artística fundamentalmente en prosa narrativa y diversos enigmas sobre su homosexualidad y patriotismo. Pudo no haberse dado muerte, pero era una hermosa forma de protestar públicamente, asistido por la lealtad de su “ejército”. El auténtico Mishima está no en su postrera lucha política sino en la intensidad de sus novelas y relatos. Su mente creativa y compleja convirtió su vida en una larga agonía cuyo lógico final fue el suicidio.

¿Qué nos da la religión, la creencia en un ser supremo y todopoderoso? Realmente sólo la posibilidad de imaginar la inmortalidad, algo que con el paso de los siglos será fastidioso y se pasará a la situación inversa, a buscar la muerte, a crear un Dios que conceda de manera misericordiosa la muerte definitiva. Ser enterrado con todo y alma. No hay mayor aberración que la inmortalidad y así lo ha probado la literatura. Se nos promete, en esencia, un eterno aburrimiento, compartir la soledad de Dios y vivir siempre bajo reglas establecidas, precisas y rígidas, que sólo pueden indicar tedio.

Abajo, en la tierra, el hombre ha buscado sin cesar la democracia, ¿no resulta perturbador que su última voluntad sea vivir eternamente en un reino autoritario, bajo la égida de uno solo, en la monarquía de monarquías?

Es más claro con versos de Díaz Mirón (“Espinelas”): El hombre de corazón/ Nunca cede a la malicia./ ¡No hay más Dios que la justicia ni más ley que la razón!/¿Sujetarme a la presión/ del levita o del escriba?/ ¿Doblegar la frente altiva/ ante torpes soberanos?¡Yo no acepto a los tiranos,/ni aquí abajo ni allá arriba!/ ¿Humillarme? Ni ante aquel/ que enciende y apaga el día./ Si yo fuera ángel, sería/ El soberbio ángel Luzbel.

febrero 15, 2016

Entre políticos te veas

Realmente ignoro las razones precisas de la visita papal a México, no soy experto en estos temas más mundanos que espirituales, pero es fácil intuirlas. Francisco vino porque es un país que tiene millones y millones de católicos fervientes, porque es destacado y porque la fidelidad a la religión que hace más de quinientos años fue impuesta por la violencia es inmensa y hay religiones que crecen más.

 El Papa llega a un país que pierde aceleradamente su identidad, como el resto del continente iberoamericano y lo recibe sí un pueblo lleno de necesidades y carencias, pero que gusta de los festejos religiosos y cívicos, juntos podríamos verlos como suerte de carnavales. Lo que ha presenciado Francisco es un país domeñado por políticos y sacerdotes, como lo vemos en los medios. Sus rezos podrán ir hacia los pobres, pero sus manos tocaron principalmente las de la clase dominante. Por días tendremos que padecer fotos, tuits, mensajes, artículos y toda clase de elementos publicitarios de orden político y comercial.

 El mensaje electrónico predominante era, letras más o menos, estoy en Palacio o en Catedral con el Papa. Firmado gobernador tal, senador equis o presidente del PRD, del PRI o del PAN…

 El Papa es sin duda un hombre inteligente y sensible y podrá darse cuenta que ha hablado más con funcionarios corruptos y charlatanes que con carpinteros arruinados, comerciantes desplazados, familiares de asesinados, víctimas del crimen organizado, limosneros o con plomeros sin recursos. Eso sí, escuchó las ovaciones de los pobres, los vio agitar banderas mexicanas y vaticanas. Al final, todo concluía en reuniones con Mancera, Peña Nieto, Eruviel Ávila y altos prelados religiosos que nunca han pasado miserias… Leí algunos artículos donde los autores señalaban un lugar común pero cierto: el cristianismo fue una religión fundada en el amor a los pobres, de ellos será el reino de los cielos, sólo que ahora ni el Papa mora en una choza ni sus anfitriones son desamparados que apenas tienen recursos para sobrevivir. Durante estos días el Papa ha convivido con millonarios, políticos enriquecidos y en sus momentos de tranquilidad estuvo en lo que fue una modesta capilla hecha en honor de un indígena que se topó con una virgen morena, como él. Ahora es una iglesia soberbia en la que los más desprotegidos imploran ayuda celestial.

 Las informaciones sobre sus actos y sobre sus orígenes y deseos de ser un Papa justo y entregado con devoción a la causa de los pobres, como aquél que le dio su nombre religioso, llovieron sobre el país. Pero entre los invitados especiales, que fueron miles, nunca estuvieron esos desamparados. El Papa, como suelen hacerlo los cristianos, pidió por ellos justicia y bienestar, pero el sistema que los tiene en una situación lastimosa, no recibió ninguna condena.

 El Palacio Nacional donde hace décadas fue cuna del laicismo, el que se ganó luego de una enorme cuota de sangre contra el conservadurismo político y religioso, pasó a ser un salón de fiestas religiosas donde sólo faltó la consagración de un edificio que por su naturaleza y por las leyes debe ser para que las religiones respeten su conducta ajena a las creencias religiosas.

 Sin duda los principales ganadores con esta visita fueron los políticos. La izquierda, la derecha, el centro y todo lo imaginable, dejaron de lado sus rencillas aparentes y pasaron a tomarse una selfie con el Papa. Sí, los inefables políticos que llegaron a Palacio Nacional, al gobierno de la Ciudad de México, a la Catedral y a la Basílica a dejarse ver, a ganar votos para ellos y sus respectivas causas, siempre materiales. Invocar a Dios a través de Francisco para pedirle que los votos lluevan y se multipliquen los empleos y los dineros.

 La orgía de religiosidad que hasta hace poco era imposible en México, ahora fue hasta escandalosa. Por allí hubo algunas quejas, uno que otro intelectual “avanzado” recordaba que el Estado y la Iglesia deben caminar por rumbos separados. Pero no seamos injustos, también los pobres, los desventurados, los “dejados de la mano de Dios”, obtuvieron parte del regalo Vaticano, pudieron vender imágenes de Cristo, de la Guadalupana, del Papa, banderitas mexicanas y del Estado papal. Incluso alimentos chatarra. Y algo más, todos los alrededores de los sitios por donde pasó Francisco fueron remozados. Esto, en la hoy Ciudad de México, es un verdadero milagro: pintaron fachadas, eliminaron baches, repararon bardas y un sin fin de arreglos para que Su Santidad no viera la situación real de la capital mexicana.

 Los partidos políticos fueron los que mejor recibieron la visita papal. Desde ahora tienen materiales para ganar el corazón de los votantes. No hubo gobernador, por ejemplo, que no consiguiera fotografías suyas estrechando la mano sagrada. Saldrán a relucir en breve. Las elecciones intermedias se avecinan. Pero el milagro irá más lejos: en las elecciones presidenciales de nuevo aparecerán fotos del Papa con políticos. Ni remedio, así están las cosas. La Iglesia católica cambió y el Estado mexicano también. Ambos empeoraron al quedar muy distantes de sus mejores y más nobles momentos.

febrero 14, 2016

Entre la literatura y el cine

'De veras me atrapaste', de Gerardo Pardo, fue muy exitoso. Realizado por jóvenes alumnos míos, roqueros para más datos.

El filme De veras me atrapaste de Gerardo Pardo, fue muy exitoso. Realizado por jóvenes alumnos míos, roqueros para más datos, hace un par de semanas regresó a mis ojos merced a un amigo que lo descubrió en YouTube. Data de 1984. Según dicen los créditos se trata de un argumento basado en un largo cuento: Miriam, que está dentro del libro Lejos del Edén, la Tierra, que me editara la Universidad Veracruzana.
Cualquiera que lea el relato y vea la película podrá notar que la adaptación es curiosa. El argumento no varía gran cosa del que yo escribí. En apretada síntesis, mi texto trata de un novelista (Juan Pablo) muerto prematuramente a quien le es permitido regresar para concluir su obra literaria maestra. La relación es compleja y comienza con encuentros en la casa donde vivió hace un lustro, ahora habitada por Miriam. Él se enamora de la joven, quien le corresponde. Más que un encuentro fantasmagórico, lo es poético. El convenio es no hacerse preguntas, únicamente deben amarse y llevar a cabo sus respectivas tareas para no romper la magia.
Sólo que Miriam, al carecer de datos acerca del hombre que ama, se preocupa y comienza a interrogar. Juan Pablo se irrita y ante su malestar, ella decide salir de vacaciones. A su regreso, la novela está terminada, aguardándola, con una hermosa dedicatoria, pero Juan Pablo no aparece por ningún lado, se ha desvanecido. Miriam se revuelve de dolor, lo busca infructuosamente y cuando ha perdido las esperanzas descubre que el escritor murió años atrás en un accidente, en consecuencia está enamorada de un fantasma que vino a este mundo a concluir un trabajo pendiente. Miriam recuerda que entre los libros de Juan Pablo hay uno subrayado: Ligeia, de Edgar Allan Poe: se trata del epígrafe tomado deJoseph Glanvill: “Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza?” Como respuesta a ese esfuerzo grandioso para concluir su creación, Miriam se defiende con palabras de Gautier: “... mi amor es más fuerte que la muerte y terminará por vencerla…”
Con tal respuesta a Juan Pablo y al propio Glanvill, Miriam opta por suicidarse y de tal manera alcanzar a Juan Pablo. Antes de hacerlo busca la forma de editar la novela: un libro sólo tiene sentido cuando está en manos del lector y del crítico. Cuando de nuevo se encuentre con Juan Pablo, le llevará buenas noticias acerca de su obra.
En De veras me atrapaste el tema no cambia mucho: es un roquero que ha muerto en un accidente también y al que le es permitido regresar a tocar su último gran rock. Cuando la mujer descubre la verdad —no a causa de los periódicos, sino, merced a un viaje con hongos alucinantes— se convierte en integrante del grupo de rock en donde tocaba el fallecido músico.
Como se aprecia, el mayor cambio es de escritor a roquero, lo que lleva consigo una modificación sustancial del lenguaje. El principal soporte del cuento es un rico lenguaje poético, que en el filme se convierte en habla de la onda y el vocabulario, consecuentemente, se reduce a un puñado de palabras. Pero en esencia, el argumento es el mismo. Puede ser comprobado cotejando el cuento con la película.
Me hubiera gustado participar con los jóvenes que hicieron cine a partir de un relato mío; por desgracia me enteré de ello cuando la película estaba en exhibición. La mala suerte me persigue en este aspecto. Trabajé hace décadas conFelipe Cazals para su primer filme: La manzana de la discordia y sigo ignorando qué clase de película es. Algo semejante me ha ocurrido con los cortometrajes, únicamente he trabajado correcta y respetuosamente con Óscar Menéndez, en un bello documental sobre Diego Rivera. Los demás han sido fracasos y decepciones.
En la Cineteca vi con escepticismo De veras me atrapaste y no quedé totalmente convencido, pese a que a mi alrededor cientos de jóvenes palmoteaban de entusiasmo ante un filme hecho para ellos. Coincido con un crítico cinematográfico de Excélsior que advirtió: “Es confusa, desordenada, desprovista de una progresión dramática”. En el cuento esto está plenamente justificado. En fin, son lenguajes distintos y las comparaciones resultan difíciles: uno es de palabras, otro de imágenes en movimiento.
En cierto momento, estuve en un programa televisivo de José Agustínconversando con él y con Gerardo Pardo. Éste contó cómo había concebido la película por medio de mi cuento y por una clase mía en la que, para romper la monotonía, toqué temas de literatura fantástica. En mi turno, hablé de letras y cine, haciendo notar con ejemplos que en las adaptaciones no muchos quedan conformes.
El filme está ahora en internet. Nunca me sentí vulnerado: yo escribo literatura, otros hacen cine. Los hay que trabajan en ambos sentidos como Stephen King. Sin embargo, en la Cineteca, cuando concluía el filme, Gerardo Pardo acercándose me preguntó si mi llanto era de emoción. No, repuse, es producto de ver destrozada mi más bella historia amorosa. Por fortuna, Juan Pablo regresó a su enigmático lugar de origen y Miriam se suicidó en pos de él. Ninguno verá el filme, acaso ni siquiera lean el relato donde los inventé.