Tantadel

abril 29, 2016

Automóviles y política capitalina

Cuando Manuel Camacho puso en movimiento la idea del Hoy No Circula, la gente pudiente se apresuró a comprar uno o dos automóviles nuevos. Así que la solución fue amarga, un remedio demencial. Pero, hombre ducho en la demagogia, hizo que los medios imaginaran que era una medida correcta. En pocas semanas la ciudad estaba peor. La contaminación aumentó y el tránsito se hizo complicado. Vivimos desde entonces en una compacta nube de polución que nos protege del aire limpio.
Pero Manuel Camacho se enojó con Carlos Salinas y dejó el partido oficial en ese entonces y pasó al “centro” y formó un partido con tal idea, con su fiel escudero, Marcelo Ebrard, hoy prófugo, en un exilio dorado, en París. En su turno, López Obrador siguió creando las condiciones para que la hoy Ciudad de México, fuera la que mayor número de vehículos tuviera al menos en el país. Marcelo no fue la excepción y siguió con tal política que desde el principio no mostró ninguna solución.
Ah, pero llegó el “ciudadano” Miguel Ángel Mancera, el primer gran “independiente”, y fue más lejos, asesorado por una mujer disfrazada de ecologista, Tanya Müller, que dijo hagamos de  la capital un pueblote bicicletero y listo.
Pero un día la gran capital comenzó a dar muestras de graves enfermedades. Hablaron hasta los científicos y señalaron la cantidad de personas muertas anualmente por la atroz contaminación. Las alarmas sonaron y Mancera, en cuya mira está la Presidencia de la República, tomó decisiones “serias” e hizo que el Hoy No Circula fuera más severo: dejarán de circular un millón de vehículos diarios. Los capitalinos se molestaron y se hicieron críticos del político que había alcanzado la jefatura de la Ciudad de México con la más alta votación en mucho tiempo. Ahora el hombre busca una solución en los oscuros recovecos de la política nacional, cuando todo está en la corrupción. Corrupción de la policía, corrupción de los verificentros, corrupción en la burocracia capitalina… Algo que fácilmente es comprobable, pero que carece de solución, ese defecto o vicio nacional, es nuestro principal enemigo. En México, el ochenta por ciento se levanta a extorsionar al prójimo y el veinte por ciento restante a intentar no ser despojado o transado por la inmensa mayoría. El Estado en su conjunto está entre el ochenta por ciento que se ocupa de la lucrativa corrupción.
Si cuando López Obrador y Marcelo toleraban el desmesurado crecimiento de vehículos automotores y poco se preocupaban del transporte público, muchos imaginaban que algo había de sucio y turbio detrás de malas políticas, hoy hay más claridad. Con las nuevas disposiciones, informan los medios, la venta de autos usados se ha disparado, crece la demanda en un poco más del diez por ciento. Se trata de librar el No Circula. Entonces resulta relativamente sencillo adquirir una carcacha en pésimo estado para contar con un número de placa que pueda ser utilizada uno o dos días a la semana. La Asociación Nacional de Comerciantes en Automóviles y Camiones Nuevos y Usados señaló que son los autos compactos y viejos los que mayor demanda tienen hoy en día.
Recuerdo cuando empezó el Hoy No Circula con Camacho, que de manera un tanto accidental, un ex compañero mío de la UNAM me invitó a comer a su residencia. No la conocía, era impresionante y para colmo y humillar más mi pobreza, en el amplio garaje estaban estacionados siete coches, todos modernos, casi nuevos. ¿Pues cuántos son de familia?, pregunté. Cuatro, repuso mi amigo, pero para evitar el No Circula compré algunos más. Ésa fue entonces la solución y no parecía tan grave porque no todos eran tan ricos como mi compañero de estudios.
Pronto comenzaron a facilitarle más las cosas a su majestad el automóvil. Puentes, ejes viales, segundos piso y para no dejar las cosas en el transporte privado, llegaron los taxis de la empresa Uber, cuya ventaja es doble: te lleva a casa borracho, pero seguro. López Obrador solamente dejó de mejorar la calidad del Metro, más aún, como decían algunos periodistas con sentido del humor: No construyó un metro de Metro.
Se puede suponer que en el lapso que viene de Manuel Camacho a Mancera: existe algún compromiso o ventaja con las armadoras de autos y camiones. No es posible que todas las soluciones pasen por la compra de coches nuevos o viejos. Piensa mal y acertarás. De alguna manera discreta, los titulares de la Ciudad de México reciben una “mochada” por los miles de autos que las agencias logran vender. Con ese dinero, salen los gastos para las campañas. Alguna vez, un ex alumno mío que llegó a delegado me dijo que el negocio sucio estaba en tres rubros discretos: el ambulantaje, la prostitución y los giros negros. No lo sé, le creo. Pero hoy me temo que tendremos que incluir como dineros mal habidos a las comisiones que entregan, para apuntalar campañas políticas, los productores y vendedores de coches y camiones, los concesionarios de las fotomultas, los verificentros y muchos etcéteras que sería ocioso enumerar.


abril 27, 2016

Cuentos, recuentos e invenciones

En mi cuaderno de notas, hay toda clase de escritos. Algunos son cuentos concluidos en espera de ingresar en un libro. Otros son apuntes para subsecuentes novelas. Unos más son simples recuerdos y ocurrencias. Van algunos como presente a mis generosos amigos de Facebook.
“La metamorfosis” de Kafka y el Estado
Kafka parecía distante del zoon politikón. Bien leída su asombrosa literatura revela multitud de metáforas y parábolas políticas y sociales. Al concluir la lectura política de su célebre relato La metamorfosis, podemos extraer una moraleja: Una de las más eficaces máquinas destructivas del espíritu se llama trabajo de oficina, mientras que no existe peor autoritarismo que el de la familia, pequeño Leviatán que se transforma en un monstruo opresor: el Estado.
De mi diario
Hoy tuve una mañana curiosa, alumnos míos me propusieron que en lugar de periodismo cultural, convirtiéramos la clase en un taller de creación literaria. Expliqué que formalmente era imposible. Enseguida miré sus trabajos, en uno alguien puso como epígrafe la siguiente línea de E. M. Cioran: “Qué lástima que para llegar a Dios haya que pasar por la fe.” Lo leí en voz alta y dije: Está equivocado, debe ser así: “Qué lástima que para llegar a Dios haya que pasar por la muerte.” Los alumnos dijeron: Por eso queremos un curso de creación literaria.
Cobardía
Si yo tuviera el coraje por mostrarme como antaño era, como realmente soy, carecería de familiares y amigos. Para mantener buenas relaciones, finjo ser educado y sociable. No cabe duda: he envejecido y la edad me ha hecho cobarde.
Mi trato con gente de mundo
La muy reconocida Elvira Orphée, parte del más importante círculo de escritores porteños, durante un almuerzo elegante y concurrido en su casa, con una sonrisa en su hermoso rostro, nos dijo al escritor chileno Carlos Droguett y a mí, que le encantaba su matrimonio con un afamado pintor: No es difícil modificar el decorado de la casa, hacer que los cuadros combinen con las cortinas.
 Hablamos de temas misceláneos. Carlos Droguett, hombre de impulsos, me preguntó en voz alta: ¿Por qué conversamos en francés, están entre nosotros personalidades de París? Llevé su inquietud hasta la distinguida Elvira: No, no hay franceses, pero es lindo hablarlo.
Conservo entre preciados tesoros, un libro suyo cálidamente dedicado.
Poetas cineastas
No cabe duda de que dentro de la cinematografía mundial han existido inmensos poetas: Charles Chaplin es uno de ellos, probablemente el más grande. Para fortuna de sus admiradores, no tuvo par. Con y sin palabras consiguió que el público se emocionara con sus bellísimas imágenes. Más que un cineasta completo era un mago maravilloso: he visto sus películas una y otra vez con la misma tensión del principio y aún logran conmoverme profundamente escenas como aquella de Luces de la ciudad en la que el vagabundo más empobrecido que de costumbre se encuentra con la vendedora de flores (Virginia Cherrill) a la que ayudó: ahora no es más una ciega, trata de socorrer a Chaplin y éste sólo acepta una flor. Ella toca su mano y reconoce al instante a su antiguo protector. Todo está en los expresivos rostros. Es una secuencia enternecedora.
Pero también el cine ha recibido poetas literarios como Jean Cocteau. Autor de novelas espléndidas como Les enfants terribles (indistintamente traducido como Muchachos terribles o Infancia terrible) y Opio (la historia de su relación con esa droga, su proceso de desintoxicación y más de un secreto literario), dibujante de alta calidad y creador de obras teatrales de primera línea, llega al cine y produce algunas cintas maravillosas, casi siempre con la presencia de Jean Marais: La bella y la bestia, Orfeo, La sangre de un poeta y El testamento de Orfeo. Cocteau encuentra en el cine su mejor arma, no importa que a muchos críticos no los convenza su filmografía, que la encuentren fácil y almibarada. Es un poeta tanto como literato que como cineasta. En su trabajo están juntos el surrealismo de aquellos años y la magia de todos los tiempos. No me parece una casualidad que haya escogido para sus películas temas como la bella y la bestia y la hermosa leyenda de Orfeo y Eurídice. Son mitos de validez universal.

abril 25, 2016

¿Hay realmente izquierda o es una broma?

La izquierda, desde que fue acuñado el término, en los años de la Asamblea legislativa francesa en 1791, previos a la Revolución, ha jugado un papel importante para el desarrollo de la democracia. Los diputados conservadores o monárquicos estaban a la derecha y los más avanzados o radicales solían sentarse del lado contrario. Bien vistos los orígenes, es tan sólo una cuestión de acomodo. Por cierto, en el centro estaban los legisladores independientes, más correctamente los de incierta orientación política inestable. Con el tiempo y la aparición del marxismo y otras fuerzas políticas revolucionarias que buscaban cambios serios, profundos y positivos para el pueblo, el término fue sufriendo modificaciones hasta ser considerada una postura política de todos aquellos que desean la transformación avanzada del orden político, económico, social y cultural de un país y se empeñan en ello, apoyados por una ideología compleja y bien articulada. Se dice fácil, no lo es. Es un asunto político grave y profundo. No es como suponía Rosario Robles en sus años de exacerbado perredismo: Soy de izquierda porque de ese lado está el corazón. El Che Guevara se veía a sí mismo como revolucionario, pues ser de izquierda supone bastante más que la ubicación de un órgano clave de la existencia: coraje, indignación, un bagaje ideológico y la pasión por el bienestar de los seres humanos. Seamos justos, los reaccionarios, los conservadores, los fascistas, también tienen el corazón del lado izquierdo.
De allí viene el término que tanta palabrería y tanta sangre ha producido. Por años pareció existir claridad en la utilización del concepto, cada vez más elaborado. En Italia, en la segunda mitad del siglo XIX, la oposición constitucional, que aceptaba participar en el Parlamento utilizó la expresión “izquierda histórica” para ajustarse a la monarquía sin abandonar logros como el sufragio universal. En el México actual muchos la usan para diferenciar distintas corrientes marxistas, trotskistas y anarquistas de los cocteles que se erigen como “izquierdistas” en partidos como el PRD y Morena, ambos dirigidos por ex priistas, los que a lo sumo, desde hace décadas, permanecen por vocación propia en un cómodo centro, la nada, los cero grados de la política, decía el politólogo francés Duverger.
Alrededor de la década de los sesenta, muchos jóvenes comenzaron a moldear la idea de convertirse en “izquierda revolucionaria”, un movimiento nacido de las luchas de estudiante y obreros. Eran variantes sólidas de las revoluciones armadas que habían llevado a cabo los rusos, los chinos, los vietnamitas y más recientemente los cubanos. Si ellos habían tenido éxito y derrotaron a las grandes potencias, ¿por qué no verla como una posibilidad realista? Por desgracia y según la lógica del propio Fidel Castro, entonces joven e impetuoso, nosotros aprendemos, el enemigo también, las intentonas guerrilleras fueron sistemáticamente aplastadas por ejércitos apoyados por el poderío de EU, quien no estaba dispuesto a permitir más el crecimiento y desarrollo de esa izquierda armada.
Luego vino el estrepitoso derrumbe del llamado socialismo real, el bloque soviético desapareció asombrosamente de la noche a la mañana, dejando sólo rastros de sus aspectos negativos y muy pocos de los positivos que alcanzaron. La izquierda internacional, que ya venía arrastrando crisis severas a escala internacional, por fricciones de partidos comunistas locales con el poderoso y con frecuencia equivocado Partido Comunista Soviético, comenzó a flaquear y a buscar deshacerse del discurso político revolucionario sustituyéndolo por uno más suave y del rojo pasamos al color de rosa y aquí, merced al triunfo aplastante del capitalismo, ahora llamado neoliberalismo globalizador, a una “izquierda” comandada por ex priistas que nos han llevado a la aberración de aliarse con el PAN. En eterna y brutal pugna entre sus distintas corrientes, fue perdiendo fuerza y al final, todo lo que le criticaron al PRI, ser aliado natural de Acción Nacional, la derecha por excelencia, ahora lo absorben ellos en busca de chisteras mágicas que permitan la salida de conejos. Por desgracia, izquierda y derecha aquí, sólo han logrado encumbrar a ex priistas.
La pregunta es, ¿dónde está la izquierda mexicana? No en el PRD, tampoco en Morena. Ha desaparecido para dejar una palabra hueca, risible. La izquierda que debería surgir tendrá que poseer una ideología revolucionaria, no de apariencia, rechazar el autoritarismo, buscar su principal soporte en la sociedad, dejar de lado la organización de arriba hacia abajo, tendrá que ser al contrario, luchar contra las distintas enajenaciones como la sexual, la psicológica, cultural, aceptar que la ecología forma parte de una idea más lograda de izquierda e imposible de señalar en una nota breve.
De otra forma, seguiremos tras pifias y no en busca de sueños y utopías. Marx se propuso transformar positivamente el mundo, los demás ahora buscan mejorar sus posiciones personales. Hoy todo lo que se califique como izquierda produce serias sospechas.





abril 24, 2016

De la onda gruesa a la respetabilidad (II)

Si la antología Literatura joven de México fue un éxito total, la siguiente, Onda y escritura: jóvenes de 20 a 33 años, con celebridades a cuestas, fracasó. El editor (Arnaldo Orfila) decidió considerar las protestas de los escritores también jóvenes que no fueron incluidos en la primera, y le pidió a Margo Glantz, quien en ese momento había metido a Sor Juana en el clóset, llevara a cabo una nueva versión, otra vez con prólogo suyo. En ese libro, que nunca se agotó, estábamos 28 narradores. Junto a nosotros aparecían los más talentosos como José Emilio Pacheco. No hubo protestas, al contrario, sólo felicidad; José Joaquín Blanco, por ejemplo, me escribió a París: “Volviendo a la antología, te digo que esta inclusión apresurada, que me llenó de locura y entusiasmo, me hace sentir como un convidado a una recepción de etiqueta que olvidó ponerse calcetines, o que llega con uno de un color y otro de otro o, en fin, que comienza desenvolviéndose bien y que termina regando la champaña o el tepache en el momento más crítico”. (Nov. 26, 1971.)
Margo afinó sus posiciones críticas y optó por ir más lejos dividiendo a los antologados, con terrible maldad literaria, en dos grandes grupos: los de la Onda, donde estábamos los que, además de poseer las características mencionadas en el artículo anterior y sin méritos estéticos, escribíamos, digámoslo claramente, mal, y aquellos que como Pacheco y Elizondo eran dueños de las puras excelencias literarias. Estos quedan dentro de la escritura, según Glantz.
Sin embargo, mujer lista, tira la piedra y esconde la mano, como dice una expresión popular, y complica más las cosas creando un tercer espacio entre onda y escritura: el de quienes participan de ambas como Sainz en Obsesivos días circulares. De cualquier manera, y en esencia muy apretada, Onda era postulada como “crítica social” y escritura como “creación verbal”. Qué tal.
Luego cada uno de los “onderos” caminó por su lado. Resulta ocioso hablar hoy de las aportaciones que hicimos a la literatura urbana. Por mi parte, retomé la fantasía que había sido mi punto de arranque y además me metí de lleno al tema político con la novela El gran solitario de Palacio, sobre los hechos que presencié en Tlatelolco.
Los caminos de la “Onda” se han diversificado o enriquecido, si se prefiere. Pero me pregunto, ¿qué hubiera pasado si Margo Glantz no lee mi novela Los juegos (a la que además siempre que citaba le omitía el artículo) ni La lluvia no mata a las flores y lee los cuentos fantásticos que me permitieron obtener la beca del Centro Mexicano de Escritores en 1964 y publicara el Fondo de Cultura Económica, muchísimo antes de que a alguien se le ocurriera decir “qué buena onda, manís” o “qué ondón te traes”, y metiera una línea de Rolling Stones como epígrafe de un cuento? Lo ignoro. La historia está escrita. Las conjeturas sobran. Cuando hay que dar una conferencia sobre la generación suelo ser invitado y entonces debo comenzar desde el principio, explicar que no aceptamos el término ni nada que nos simplifique de esa manera. Vaya pérdida de tiempo, ahora en aras de una generación inexistente que apenas intercambia saludos entre sí.
¿No estamos muy viejos para ser miembros de la onda gruesa? Creo que sí, hasta respetables somos, José Agustín, yo y otros recibimos la valiosa Medalla de Oro de Bellas Artes por 50 años de letras. Emmanuel Carballo tuvo razón al precisar queParménides García Saldaña era el único rebelde: “Hoy José AgustínTovar y René son respetables”. ¿Habremos llegado al fin del viaje que se inició en la “onda gruesa de hace medio siglo”? Pero si hemos dejado de ser “onderos”, ¿qué somos? ¿No más rebeldía, no más antisolemnidad, no más desmadres? Han muertoHendrix, la Joplin y Lennon. ¿Acaso nos queda el suicidio o la incorporación a una Secretaría de Estado con Peña Nieto?
El último intento serio por redefinir a mi generación fue años ha, en un encuentro de Latin American Studies Association en el Palacio de Minería. Participamos en un panel llamado La onda veinte años despuésMartha PaleyMempo Giardinelli,José AgustínAdriana Méndez RodenasRose Minc y yo. Agustín y yo negamos la existencia de la Onda. Mempo habló del post boom y señaló que novelas comoCiudades desiertas y La canción de Odette no encajaban en la definición de Margo. Fue, eso creí, la tumba de tal clasificación. En San Antonio, Texas, la autora de nuestros desvelos y pesadillas me dijo airada: “No más por piedad, la Onda no existe”. Lo repitió tres años después en Alemania. Nada pudimos cambiar a falta de un término adecuado aceptado por todos. Ahora, con la mitad de los camaradas generacionales muertos y la otra en silla de ruedas, rodeados de nietos, cuando salimos a la calle, de pronto alguien logra identificarnos bajo las arrugas y grita entusiasmado: ¡Ah, los de la Onda! Y nos piden mariguana (medicamento, según terminología políticamente correcta) y tratamos de dar unos pasos de rock de los que todavía consigue Mick Jagger. Algunos aplauden y hasta monedas nos dan. Margo es rica y multipremiada. La vida es injusta, hasta hoy, no he visto un libro o un ensayo que hable de nosotros con inteligencia.
En la pasada Feria del Libro de Monterrey participé en una mesa sobre las generaciones literarias recientes: la Onda, los Infrarrealistas y el Crack. Mis colegas se arrepentían de sus “errores”, mostraban que escribían elegantemente y con respeto a los santones de las letras nacionales. Yo, en cambio, fui un pinche ondero grueso, con palabrotas y burlas al sistema político y a las glorias intelectuales. Al final, me emborraché en un antro como cuando era joven e insulté al Bronco por hablador y decir que es “independiente”.

abril 22, 2016

Cine y literatura

Desde su nacimiento, el cinematógrafo ha echado mano de la literatura. Novelas, obras de teatro y cuentos han sido utilizados para confeccionar películas. A su vez, la literatura, especialmente la novela y el cuento, es decir, la prosa narrativa, tomó del cine muchos de sus recursos para modernizarse radicalmente. La novela del siglo XX está en deuda con la cinematografía y a la inversa.
A pesar de ser lenguajes distintos (el cine son imágenes y movimiento, la literatura son palabras), ambas estéticas insisten en utilizarse. De esta manera, digamos, la cinematografía no deja libro exitoso sin convertirlo en guión y enseguida lo filma, dejando con frecuencia poco de la obra literaria. Raras veces la película basada en una novela o cuento consigue superarlos. Balzac, Verne, Jean Austen, Dumas, Dostoievski, Víctor Hugo, Dickens, Hemingway, Fitzgerald, por citar a unos cuantos de los autores más adaptados, en la pantalla han perdido buena parte de sus altísimos méritos, si acaso supervive el argumento. Al llevar La guerra y la paz de Tolstoi al cine, por más correcta y respetuosa que sea la adaptación, no queda mucho de lo que su autor pretendió decir. Para no perder detalle de la novela, habría que filmar muchas horas y ningún espectador resistiría una rigurosa presentación cinematográfica de esa obra. Por ello, quizá, se presten más a la cinematografía las novelas cortas. Pienso en El viejo y el mar de Hemingway o en El curioso caso de Benjamin Button de Fitzgerald.
De todas maneras, y aunque el novelista narre fascinantes aventuras no es fácil gozar el texto literario y luego quedar satisfecho con el filme. Cada vez que voy al cine a ver una novela convertida en película, regreso con la sensación de fracaso. No obstante, me emocioné con Muerte en Venecia de Visconti, por la belleza plástica y el enorme apoyo de la música de Mahler y me gustó mucho Tom Jones, aunque no sobrevivió gran cosa de la novela de Henry Fielding. Algo semejante podría decir de la autobiografía del inquieto y talentoso Thomas Edward Lawrence, Los siete pilares de la sabiduría, llevada al cine por David Lean. Libro y filme son notables.
Pero hay autores que jamás podrían ir exitosamente al cine, Kafka es uno de ellos. Tampoco Joyce y Proust, ni el Breton de Nadja. Se perdería la hermosura de sus textos literarios y sus personajes, nada ganarían con el movimiento. Tengo la impresión de que Kafka jamás ha sido captado por un cineasta, ni siquiera por Orson Wells.
Asimismo, tenemos escritores que han sido francamente vejados por el cine: entre ellos están Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft. Siendo generosos se podrían salvar Los crímenes de la rue Morgue y La caída de la casa Usher de Poe y nada de Lovecraft: aún en tiempos de alta tecnología y magníficos trucos, sus atroces invenciones y el terror que inspiran sus relatos no han logrado pasar exitosamente a la pantalla.
Algunos especialistas afirman que la novela es el género más afín al cine “por su amplitud de acción, pero sobre todo por su capacidad de manejar libremente el tiempo”. Tal vez. Sólo que por más afinidades que haya, si no existe un excelente guionista, la adaptación terminará en un inmenso fracaso, como la mayoría de las novelas y cuentos llevados al cine.
Imposible negar que de pronto han aparecido buenos filmes como A sangre fría, homónima de la novela de Truman Capote. Pero aquí estamos ante un autor que había recibido previamente influencia cinematográfica y que por lo tanto podía construir sus novelas pensando en términos de cine. Y que, como en otros libros norteamericanos, están elementos periodísticos que han enriquecido al cine y a la literatura.
El cine es un invento maravilloso, un arte acorde a nuestros tiempos. Nos produce un disfrute magnífico. Pero con frecuencia en el camino ha quedado destrozado un magnífico novelista. Ignoro qué tanto Raymond Radiguet, de haber vivido largamente, estaría satisfecho con los resultados de Claude Autant Lara al llevar a la pantalla El diablo en el cuerpo, una de las grandes novelas del siglo XX escrita por un joven de menos de veinte años, por cierto amigo íntimo de Jean Cocteau. De lo que sí estoy seguro es que el genio de Alfred Hitchcock logró superar el relato “Los pájaros” de Daphne du Maurier y que a cambio la cinta Naranja mecánica provocó malestar en Anthony Burgess.
Pasternak, en esta misma línea, debe su fama al premio Nobel que tuvo que rechazar y a la deplorable versión de su novela Doctor Zhivago, antes que a sus poemas y traducciones o versiones de clásicos al ruso. Y alguien que superó la reputación de sus novelas al llegar al cine fue Vicente Blasco Ibáñez, un literato francamente menor que ha corrido con tanta fortuna cinematográfica como Dickens, Balzac, Verne, Tolstoi, Dostoievski, Shakespeare, Víctor Hugo, Wilde, Eugene O’Neill, Faulkner y Hemingway. No he tenido la ociosidad de contar cuántas películas de estos últimos se han confeccionado con sus obras, pero deben ser docenas.

abril 20, 2016

Hitler redivivo

El tema Hitler y la Segunda Guerra Mundial es posiblemente uno de los más comentados: miles de libros, cientos de películas, toneladas de artículos periodísticos, mitos y leyendas en torno a su figura carismática y criminal. He leído que luego de Napoleón, es Adolf Hitler el personaje que más inquieta al mundo. Los recuerdos que heredó son principalmente de muerte, tortura, pillería y destrucción. Sin embargo, sigue teniendo admiradores y seguidores. Hace unos días una noticia de la agencia EFE indicaba que la edición crítica de Mein Kampf, Mi lucha, apareció en Alemania y de inmediato se convirtió en un notable éxito de ventas. Luego de 70 años de ser un libro vetado, las autoridades consideraron que ya era tiempo de volverlo a la circulación. Habrá que advertir que la obra ha seguido circulando en toda clase de ediciones. Yo lo leí por vez primera recomendado y prestado por un amigo de secundaria. Mi compañero hablaba de Hitler con admiración. Más adelante, fue una lectura crítica la que hicimos en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Es decir, el libro siempre ha estado vigente y no es imposible verlo en distintos países de Europa y América Latina.
El actual volumen fue preparado por un equipo de historiadores dirigido por Christian Hartmann y editado por el Instituto de Historia Contemporánea de Múnich y de inmediato se hizo el best-seller número uno, según la afamada revista Der Spiegel. No he visto la edición, pero imagino que debe ser crítica. Es un libro engañoso después de tantos años de haber sido editado en 1924.
En realidad, Hitler en ese libro, fue de una desconcertante sinceridad. Advirtió las crueldades que pensaba llevar a cabo contra judíos, comunistas y democracias como Gran Bretaña y EU. Aliado con Italia y Japón emprendió una de las más brutales guerras de la humanidad. La lista de muertos y mutilados es casi infinita. Por ello, luego de la rendición alemana en 1945, las autoridades, entonces representadas por las naciones vencedoras: La Unión Soviética, Estados Unidos, Inglaterra y Francia, principalmente, prohibieron el libro de Hitler. El daño estaba hecho y por el mundo circulaban más de doce millones de ejemplares de Mi lucha. El problema es que esa obra no es una reliquia histórica, sino un atroz legado a la ultraderecha.
Es exagerado decir que Donald Trump es un nazi, pero sus actos lo señalan como un hombre tiránico, brutal e intolerante, ubicado políticamente en la extrema derecha. Es racista y, como Hitler, amenaza a amplios sectores de la humanidad. Si muchos periodistas y estudiosos de temas políticos lo ven como nazi, no están lejos de la verdad. Para colmo, el millonario no sabe ocultar, como Hitler, sus propósitos. Y si a esto le añadimos que goza de alta estima entre el conservadurismo norteamericano, de llegar a la Casa Blanca, estará automáticamente con el control de la mayor maquinaria de guerra que ha conocido el orbe.
Por lo pronto con esta reedición, por más crítica que sea, la ultraderecha se agita. Hitler, hay que recordarlo, llegó al poder con un gran porcentaje de votos. No dio un golpe de Estado al estilo latinoamericano. Contaba con el apoyo de amplios y poderosos sectores de la población germana.
Dudo mucho que Trump haya leído Mi lucha, pero es fácil coincidir con un ideario racista ahora que a las potencias, los pobres de muchos países atrasados, explotados y humillados, tratan de llegar para buscar mejores formas de vida. A diario sabemos y vemos actos de brutal racismo contra turcos, árabes, negros y latinoamericanos por citar unas cuantas nacionalidades.
Las dificultades y algunos problemas que originaron la Segunda Guerra Mundial, como el racismo, por ejemplo, no han cedido, están latentes en el corazón de Europa y en miles de jóvenes norteamericanos que se visten a la usanza nazi. De tal forma que el pensamiento de Hitler, de nuevo circulando formalmente por el mundo, nos acerca a un personaje, para millones un guerrero heroico, que estuvo a punto de triunfar al frente de uno de los países más brillantes que hemos visto: Alemania.
Confiemos en que la razón se impondrá y que el libro citado no sea más que una lectura inofensiva, aunque lo dudo por su carga de odio y belicosidad, en un mundo que entendió la monstruosidad de las guerras, sobre todo ahora con los armamentos sofisticados y de poderosa capacidad destructiva. Sin embargo, luego de la Primera Guerra Mundial, no tardó mucho en aparecer la siguiente. Europa se ve civilizada, culta, creadora de hermosas obras de arte en todos los terrenos, pero también ha sido capaz de llevar la violencia desde sus territorios, hasta los que capturaron para seguir acrecentando su riqueza y poderío.


abril 18, 2016

El intelectual como funcionario

Jaime Torres Bodet se suicidó en 1974 a causa de una penosa enfermedad. Mi padre fue quien me hizo admirarlo. Lo conoció en París, durante la gestión del primero en la UNESCO. En sus pláticas insistía: Por don Jaime, brilla el presidente López Mateos. Cuando un extranjero observa al gabinete, por regla general gris y triste, como todos los gabinetes, sólo ve luz en el nombre del autor de Tres inventores de realidad.

Sí, don Jaime era tema frecuente en mi padre. Finalmente pude conocerlo en El Colegio Nacional, yo tendría unos dieciocho años y Torres Bodet leía su notable trabajo Maestros venecianos. Al concluir, en medio de los infaltables aduladores, mi padre me presentó. Don Jaime, por decir algo, me preguntó qué estudiaría. Le repuse que Diplomacia, y él, como si le importara, con sutileza estuvo de acuerdo, es un acierto. Nunca volví a verlo y jamás trabajé en Relaciones Exteriores.

De hecho, de todos los contemporáneos, sólo traté un poco a Carlos Pellicer (de quien conservo una fotografía firmada), platiqué varias veces con Elías Nandino y una vez con Salvador Novo. Me queda el recuerdo indeleble de Jaime Torres Bodet, quien con su talento y creatividad intelectual, con su inteligencia pasmosa, su frialdad aparente lograba conmover.

Otro que solía citarlo era Arturo Arnáiz y Freg. En sus clases de la Facultad de Ciencias Políticas nos decía: Secretario particular de José Vasconcelos, dos veces secretario de Educación, titular de Relaciones Exteriores, director general de la UNESCO, pocas veces el gobierno mexicano ha contado con alguien de tan elevado rango. En efecto, Jaime Torres Bodet fue funcionario y artista y amó ambas tareas, del mismo modo que José Revueltas amó su posición de inquebrantable opositor al sistema. Como el caso de don Jaime conozco otro, el de Agustín Yáñez.

En el México provocado por la Revolución, los intelectuales encontraron durante los primeros años, el apoyo del Estado. Sin él Rivera, Siqueiros y Orozco jamás hubieran sido muralistas espectaculares. Sin embargo, los tiempos cambian. Hoy día habrá que pensar dos veces antes de sumar ambas tareas: la de intelectual y la de funcionario. Y utilizo este término para no darle en México el calificativo de políticos a dóciles burócratas, sujetos a una pesada cadena de rituales abyectos. Entiendo por político al gran conductor de masas y países que, como Bismarck, consigue la unidad nacional o, como Lenin, modifica la historia de la humanidad.

Esta reflexión proviene de una conversación con un funcionario menor que sostiene que en México el intelectual se corrompe con facilidad o que acude con demasiada solicitud al llamado del gobierno. Ciertamente, en abono de su posición, hay docenas de lamentables casos de sumisión al sistema. El papel correcto del intelectual es ser crítico, conciencia de la sociedad, pero en ocasiones olvida su altísima misión para ir a un viaje a Argentina acompañando al presidente de la República o a una comida para después afirmar que si no apoyamos al gobierno vendrá el fascismo. Pero por fortuna los hay decentes.

Pese a todo, el intelectual, tarde o temprano ocupa el lugar que le corresponde frente al Estado. En 1968 —para sólo citar un gastado ejemplo— artistas e intelectuales desaprobaron la represión y se sumaron a los estudiantes que luchaban por democratizar al país. Incluso el rector de la UNAM supo escoger el lado correcto. Es entonces cuando el desprecio que el funcionario siente por el intelectual no encuentra justificación. Este último es más sensible a los grandes problemas nacionales aunque no dé soluciones a ellos.

No es su papel resolverlos, simplemente señalarlos, indicar por qué razones existen. Una larga y fatigosa discusión. Hoy recordamos, para retomar el tema central de esta nota, mucho más cómodamente al autor de Fervor y de Balzac que al promotor del famoso Plan de Once Años que no tuvo los resultados esperados. Significa que algún día, mientras que nadie se acuerde de los nombres de los más altos funcionarios del presente, seguirán siendo citados los de Rulfo, Arreola, Siqueiros, Azuela, Martín Luis Guzmán, Reyes, Rivera, Bonifaz Nuño, Fuentes... cumplieron satisfactoriamente su papel como artistas e intelectuales.

El caso de Torres Bodet es otro, formado en tiempos de luchas violentas, entendió que debía combinar su quehacer literario (poeta delicado, ensayista brillante, novelista de talento) con tareas de alto rango en la administración pública. En todos los niveles había euforia creativa y preocupaciones sociales. México todavía tendría la Guerra Cristera y una agitada vida política hasta llegar el gobierno del general Lázaro Cárdenas quien con habilidades de estadista, pone orden, consolida instituciones y deja atrás, no sin grandes esfuerzos, a los caudillos revolucionarios y sus luchas violentas por el poder.

En este contexto comienza el esplendor de Jaime Torres Bodet, a quien su compañero de generación Salvador Novo, incapaz de guardarse sus dardos afilados, decía que tenía currículum, no biografía. A su paso don Jaime dejó huellas imborrables en sus dos campos: las artes y la educación.





abril 17, 2016

De la Onda gruesa a la respetabilidad (I)

La generación a la que pertenezco ha sido calificada de la Onda. Sin embargo, ninguno de nosotros, los que caemos dentro de esa denominación incierta, la acepta o está de acuerdo con ella. Ni José Agustín ni Parménides García Saldañase clasificarían como escritores de la Onda, pese a que este último hizo un libro llamado En la ruta de la onda. Con frecuencia me preguntan si soy de la Onda. AJosé Agustín y a mí el año antepasado, en Atlixco, luego de la ceremonia en donde nos entregaron, como homenaje, copia de la Cédula Real de la fundación de tan encantadora ciudad, un reportero nos hizo la misma interrogación y mi amigo casi lo mata. Nunca fue una propuesta literaria, era una reunión de amigos gozosos.
Alrededor de 1960, César H. EspinosaJosé AgustínAndrés González Pagés,Alejandro Aura y yo, entre otros, creamos una revista: Búsqueda y a modo de subtítulo retador le pusimos “Algo se rompe, negamos todo aquello que no hicimos nosotros”. Ignoro a quién se le ocurrió la sandez, pero supongo que reflejaba nuestra absurda posición ante las letras y el país, creyendo que estábamos inventando la lucha generacional. En esa publicación aparecimos juntos por vez primera los que hoy somos considerados una generación, un grupo de edad parecida, caracteres similares e intereses afines. Estuvimos, además de los citados, Elsa CrossAlberto BojórquezGerardo de la TorreJorge Arturo Ojeda y Gustavo Sainz.
Salíamos de la primera etapa del rock: Bill HaleyChuck BerryFats Domino,Buddy Holly, desde luego Elvis PresleyJerry Lee LewisLittle Richard y docenas de músicos jóvenes que lograban sacudirnos física y mentalmente. Leíamos a KerouacFerlinghetti, Ginsberg, a la SaganEvtushenkoNabokov,Salinger... Escritores innovadores y rebeldes, como en el cine lo habían sidoJames Dean y Marlon Brando. La Revolución Cubana despertaba nuestra imaginación política. En nuestras reuniones, José Agustín declamaba Aullido deGinsberg y terminaba aterrorizando con alaridos a todos. El alcohol, para muchos de nosotros, fue importante, como después lo fueron las drogas. Hoy bebemos menos, ocasionalmente, y ya unos cuantos, imagino, consumen drogas.
Después vino Juan José Arreola y acabó por reunirnos a los integrantes de esa generación nacidos entre 1938 y 1944, en un taller literario y alrededor de una revista legendaria: Mester. Allí conocí a Jorge Arturo OjedaRoberto Páramo,Argelio GascaLeopoldo AyalaJuan Tovar y Eugenio Chávez. En sus orígenes fue una muy amplia generación, muchos quedaron en el camino y otros, comoMarco Aurelio Carballo y Rafael Ramírez Heredia, llegaron tarde. Con simpleza, la literatura mexicana de 1962-63 era dividida por los críticos como arreolista y rulfiana, y dentro de alguno de estos dos grupos inexistentes teníamos que caer.
Nos tocó, por la cercanía con Juan José, ser de los primeros, pese a que Agustínestaba terminando De perfil, yo escribía fábulas y Gerardo confeccionaba relatos de contenido social. De todos esos jóvenes, sólo Raúl Navarrete parecía estar y sentirse bien etiquetado como rulfiano. Fue mi compañero en el Centro Mexicano de Escritores; su carácter, estilo, temática y físico lo dejaban como producto de la influencia de Juan Rulfo. Tiempos interesantes aquellos antes de la Onda, cuando las letras nacionales estaban regidas, según los críticos, por dos colosos.
La presencia de Arreola fue benéfica. En lugar de imponernos sus puntos de vista literarios, estimuló los de cada uno de nosotros. Pronto aparecieron De perfil yGazapo y con ellos nuestros problemas. La música fue cambiando y el rock comenzó a ser más complejo, con letras más imaginativas e inteligentes. Aparecieron los Beatles, los Rolling Stones, DylanJoplinHendrix, Procol Harum. Algunos militamos en el Partido Comunista. Jóvenes con intereses diversos. Yo llegué a la Facultad de Ciencias Políticas, Agustín se fue un tiempo a Cuba para participar en el proceso revolucionario, Jorge Arturo estudió letras; Roberto Páramo, arquitectura. Cada quien buscó su camino. Especialmente después del último número de Mester, cuando consideramos que un ciclo había concluido. Quedaron acaso algunas nostalgias. No fuimos cerrados ni tan solidarios como la generación anterior. José Agustín y yo hicimos referencia a los ataques recibidos, pero no tuvimos arrestos para frenarlos y fuimos onderos según Margo Glantz y, según Monsiváis, responsables de la plebeyización de las letras nacionales.
En 1969, Xorge del Campo decidió hacer una antología con los escritores que consideraba representativos de esa generación aún no conocida como la Onda. Nos pidió textos a GerardoAgustínChávezTovarPáramoCross, a mí y creo que a nadie más. Para llevar a cabo el proyecto, la editorial Siglo XXI recurrió a Glantz para prologarlo. Fue ella quien decidió con “dolo” (el término es suyo) que un libro llamado Narrativa joven de México necesitaba la presencia de sus alumnos de Punto de Partida. De este modo poco ortodoxo (o, tal vez, mucho en México) entraron NavalOrtuño y Farill. Ninguno siguió en la literatura.
En dicha obra apareció el término Onda ya sistematizado y, al parecer, analizado. Por Onda había que entender irreverencia, antisolemnidad, rebeldía, literatura urbana, capacidad de reírse de uno mismo, acercamiento epidérmico al sexo, el ligue, la presencia del rock, argot citadino, puntuación tradicional cero y el uso de mayúsculas, diagonales y cursivas con intenciones lejanas de las habituales. Estas características identificaban a quienes estábamos en la antología de Xorge del Campo y Margo Glantz. Premisas falsas. Margo apenas había leído nuestro trabajo.

abril 15, 2016

Mario Vargas Llosa: una notable vida

En reciente colaboración de Mario Vargas Llosa, publicada en estas mismas páginas, el escritor habla de su vida, de sus ochenta años de edad a la que llega pleno de éxitos, de dinero ganado honestamente, con una bibliografía impresionante, colmado de grandes premios, reconocimientos, homenajes y coronado con el Premio Nobel de Literatura. Una carrera impresionante. Conocedor a profundidad de las letras más soberbias del orbe, las clásicas, ha recorrido puntualmente los caminos de la literatura, el periodismo, el ensayo, el teatro y la investigación. Cada obra suya, novela, cuento, obras de teatro, cada artículo salido de sus manos, es un éxito y realmente no tienen desperdicio. Osado, se ha metido en el turbio mundo de la política y ha salido airoso a pesar de que no pudo derrotar a un charlatán: Fujimori, cuya heredera parece que se alzará con la presidencia de Perú. Sin embargo, dio la batalla y “fracasó”, escribiendo un libro sobre su participación en la política de su país original, hoy es ciudadano europeo y latinoamericano. Es un hombre que se pasea exitosamente por el planeta entero. Su postura es crítica y nada ni nadie le impide poseer criterios que no rayan más que en posturas democráticas. Para colmo, es afortunado en el amor.
En su artículo, brillante por cierto, “Un alto en el camino”, Vargas Llosa hace un veloz recuento de su espectacular carrera, de sus éxitos literarios y de sus pasos por el mundo. Recuerda a quienes lo apoyaron, a los que creyeron en su talento como el editor Carlos Barral (La ciudad y los perros), la celebérrima agente literaria Carmen Balcells, de quien obtuvo traducciones y reconocimientos a sus demás novelas. Habla de los libros que lo sostuvieron a lo largo de su carrera. Son todos claves. El primero Flaubert, quien le deslumbra de manera contundente, luego vienen Balzac, Dickens, Zola, Dostoievski, Joyce, Lampedusa… Piensa, como el poeta mexicano Rubén Bonifaz Nuño, que Los tres mosqueteros es un libro único y maravilloso. Una vida soberbia, la de un hombre que ha sabido lo que quiere y lo ha conseguido. Que habla de temas políticos y amorosos. Recuerdo que en una entrevista que le hice, comencé preguntándole por la política, la que aparece en casi toda su obra, le dio vuelta al asunto y habló de amor, del amor en sus libros.
Rubén Bonifaz Nuño, antes citado, solía decirme: René, hay buena y mala suerte. Nosotros tenemos la segunda, concluía debido a la ceguera que padeció desde su madurez y la que contribuyó a acelerar su muerte. Qué duda cabe. Vargas Llosa ha tenido buena suerte, como apoyo a su enorme talento. En su artículo escribe lo siguiente: “La historia de la literatura está llena de estas injusticias, como que el primer premio Nobel de Literatura se lo dieron los académicos suecos al olvidado y olvidable Sully Prudhomme en vez de a Tolstoi, que era otro finalista”. No hay duda que la fortuna, buena y mala, cuenta en las distintas actividades de los seres humanos. Pero cuando se nació con pésima suerte, uno debe continuar y vencerla. Es cuestión de trabajo, de impulso creador. Kafka no la tuvo en vida, fue un hombre que parecía negado al triunfo. Muerto, llegó el éxito y ahora es considerado una pieza fundamental en la literatura universal, una revolución.
Luego del brillante recuento autobiográfico con motivo de sus ochenta años, edad a la que llega en plena lucidez y perfecta salud. Dice que “Quizás sea un poco optimista hablar del futuro cuando se cumplen 80 años. Me atrevo sin embargo a hacer un pronóstico sobre mí mismo: no sé qué cosas me puedan ocurrir, pero de una sí estoy seguro: a menos de volverme totalmente idiota, en lo que me quede de vida seguiré empecinado leyendo y escribiendo hasta el final”.
Mario Vargas Llosa ha sido además generoso, ha contado sus secretos de escritor, algo poco frecuente en las letras. En libros y entrevistas ha narrado cómo escribió cada uno de sus libros. Esto es, les ha dado armas a los jóvenes para hacer libros como los suyos, ambiciosos, llenos de magia. Queda claro en sus confesiones que el problema se centra en el trabajo, en la ambición de conquistar lectores.
En estos tiempos las ideologías han muerto merced a las puñaladas que les dio el capitalismo triunfante, vivimos en un mundo carente de utopías, ellas quedaron atrapadas en los libros y acaso en los corazones de muchos jóvenes. Vargas Llosa tomó decisiones importantes que a veces no coinciden con quienes ven al librecambismo como una aberración y piensan simultáneamente en los proyectos socialistas como solución. Mario tomó partido político y ha sido de una gran fidelidad. Cree en los procesos electorales limpios y sin duda en la economía de mercado. Uno puede no estar de acuerdo, pero hasta hoy la historia parece haberle dado la razón. El oleaje va y viene todos los días. Por lo pronto, nada, ningún golpe de timón político le quitará los méritos de haber creado una nueva comedia humana, como Balzac.

abril 13, 2016

¿Qué hacer con las encuestas?

Las encuestas son perversas por naturaleza. Descontrolan a todos, menos al que las lleva a cabo porque cobra por hacerlas. Son un delirio, una moda insufrible. Lo más graves es que si antes eran ocasionales, ahora no pasa día sin que aparezca una. Descontrolan a la sociedad, a los partidos les provocan sueños y pesadillas, a los periodistas les dan tema para llevar a cabo su innoble trabajo y a todos aquellos que buscan un cargo de elección popular los vuelve locos.
Las encuestas, dicen los expertos en medios de comunicación, sólo son instantáneas, reflejan lo que transcurre en el momento de realizar la pregunta, oprimir la cámara fotográfica o el celular. Segundos después, el panorama es otro y ha padecido modificaciones, a veces graves. Por ejemplo, hace unos días aparecieron varias señalando a los punteros en la carrera presidencial, cuya última parada es Los Pinos. En todas, gana Andrés Manuel López Obrador, quien jura que no las mira ni le importan. La gran encuesta, decía Cuauhtémoc Cárdenas, se lleva a cabo el día de la elección y allí los aspirantes mostrarán su poderío real. Obrador es un caso patológico. De la nada a la gloria, ha estado a punto de conquistar la silla presidencial. Formado en el peor PRI, tiene un solo discurso insensato que habla de salvación como lo haría un sacerdote, y obsesivamente lo repite desde que se hizo caudillo de la mano del citado Cárdenas. Su limitado vocabulario y sus frases demenciales, son mentiras piadosas en un país oprimido. Machaca: Fui objeto de un fraude y de un complot. Por eso, para evitar caos en sus filas de seguidores fanáticos, hizo un partido a la medida y se proclamó desde ya candidato presidencial.
Mientras que AMLO lleva dos años desgañitándose que la “tercera es la vencida”, que llegando a la presidencia venderá el avión presidencial “que ni Obama tiene” y con las ganancias el país tendrá grandeza y los corruptos (la enigmática “mafia del poder”) irán a la cárcel. ¿En qué se basa para afirmar a casi tres años de distancia que ganará? En las encuestas que le favorecen anticipadamente. Una reciente de la empresa Campaigns & Elections, ha logrado averiguar que en todas las posibilidades actuales López Obrador se hará de Los Pinos. Tiene el 27 por ciento de la intención del voto, mientras que abajo aparecen Miguel Ángel Osorio Chong, con el 24; Margarita Zavala tiene el 14 y Miguel Ángel Mancera apenas rasca el 9 por ciento.
Dejemos la fotografía de la semana pasada, las variantes son pocas. Hasta hoy ningún partido, excepción hecha de Morena, tiene candidato presidencial de carne y hueso con habilidades para endilgarnos spots por miles. Todos se mueven con lentitud y bajo reglas que AMLO evade con audacia. En el PAN se barajan los nombres de Margarita Zavala, Ricardo Anaya y Moreno Valle. El PRD espera que su candidato ideal salga de una mágica alianza con Acción Nacional, manejada, desde luego, por un ex priista: Agustín Basave.
Pero la realidad es otra y no acaba de manifestarse porque el país actúa políticamente a la usanza del PRI: nadie se mueve para salir en la foto, lo que no es un impedimento para que los citados y algunos más como Eruviel Ávila, digan aquí estoy yo y me apoya el Edomex, uno de los estados más poderosos del país. Si no voy, o sigo los pasos de El Bronco o me postulo para una coalición PAN-PRD.
Las encuestas sufren cambios y ninguna es definitiva. Suelen ser erráticas y a modo de quien las patrocina o paga. Peña Nieto ha comenzado a mover con timidez sus fichas. Sus mejores hombres se movilizan, ajustan al deteriorado PRI. Aurelio Nuño trata de darse baños de pueblo retratándose con niños pobres de escuelas públicas, las que desconocía hasta que le dieron la SEP. Osorio Chong se siente seguro, sabe que como político de viejo cuño lo mismo se toma una selfie con Luis Miguel que con indigentes o damas de alcurnia. Recordemos que cuando los jóvenes del Politécnico descubrieron que había corrupción en sus escuelas, pararon actividades y fueron a entrevistarse con el hombre que se supone mueve los lazos del poder, el titular de Gobernación. Osorio Chong en mangas de camisa arengó a los estudiantes y dejó las cosas peores. Debe deshacerse de su lado populista (para cubrirlo está López Obrador) y acercarse a figuras elegantes como el Presidente de la República y el Jefe de Gobierno de la flamante y contaminada Ciudad de México.
Las nuevas encuestas irán reflejando los distintos escenarios políticos, cada vez más complejos estimulados por los “independientes”. Pero para quienes leyeron las que desde hace dos años dan por ganador a López Obrador, ya tienen grabado, en caso de perder, sus frases simplonas: Fraude, la mafia del poder nos robó… Y a falta de banda presidencial que ponerse en el pecho y una silla en el Zócalo, cobijado por actrices afamadas y escritoras exitosas, otra vez será “presidente legítimo” y al final dirá con voz estentórea: Si nos despojaron en la tercera, la cuarta es la vencida.
Por favor, dígame usted que no toma en serio las encuestas. Véalas con escepticismo y repítase: no creo en ellas, no creo en ellas, son un negocio mediático.