Tantadel

mayo 30, 2016

Las pantallas de la serpiente

“Nací en un mundo sin televisión, la casa estaba llena de libros y mis padres hablaban de literatura; ello desató mi imaginación.”
 René Avilés Fabila: Recordanzas

La vida es de claroscuros. Son las dos caras de la luna, la máscara que representa las artes escénicas: un rostro es dramático, el otro ríe. Porfirio Díaz fue héroe y dictador. Lo mismo ocurre con la televisión, con esos millones de pantallas que son mucho más que big brothers, castigan a sus adoradores con la estupidez y entretienen y enajenan a los ingenuos, que inalterablemente son mayoría.
Los distantes orígenes. La historia de la televisión es una suma de descubrimientos e inventos que arrancan en el 600 antes de nuestra era, cuando Tales de Mileto descubre la electroestática al frotar ámbar con piedra-imán. A partir de 1923 John Logie Baird y Charles F. Jenkins llevan a cabo las primeras transmisiones de televisión por alambre. Con esta acción inician los pasos firmes para llegar hasta donde hoy vivimos, en un mundo dominado por las pantallas. Una familia puede carecer de lavadora, pero jamás de televisión. Sólo en 2005, según datos del INEGI, el número de casas con aparatos televisivos llegaba al 91 por ciento. Es la clave para estar “informado” o para divertirse con dramones lamentables o con una inmensa cantidad de juegos deportivos de todos los puntos del orbe. Es posible que la Alemania de Adolf Hitler descubriera su poder de dominación al transmitir durante dos semanas a control remoto los Juegos Olímpicos de Berlín. La intención era asombrar al mundo con el poderío nazi y lo consiguió. Si uno lee los “Once Principios” de Goebbels notará la similitud o influencia que tienen con el ideario no escrito de Televisa.       
A México la televisión llega poco después. El ingeniero Guillermo González Camarena realiza las primeras transmisiones y supera lo hecho al inventar la televisión a color en 1939. En 1947 el gobierno mexicano busca cómo funcionan los medios televisivos en Estados Unidos y en Gran Bretaña para hallar un camino propio. Los europeos le daban importancia a los aspectos culturales y educativos, mientras los norteamericanos se inclinaban por los elementos más frívolos, espectáculos de entretenimiento y la patriótica necesidad de alimentar el American Way of Life. Nos quedamos en casa con el modelo norteamericano para no variar.               
El primer canal comercial entre nosotros es el 4 el que crecería y se convertiría en un poderoso monopolio, hasta que durante el gobierno populista de Luis Echeverría decide contrarrestarlo y crea los canales 13 y 7. Con Carlos Salinas el Estado acepta cambios radicales, se hace abiertamente neoliberal. Para adelgazarlo lo despoja de sus canales televisivos y en consecuencia aparece un segundo monopolio bajo idénticos principios y semejantes ideas políticas: TV Azteca. Los voceros estatales de cuando en cuando señalan, como advertencia, que la televisión es propiedad de la nación y está concesionada. Quedan en manos oficiales los canales 11, del IPN; el de la UNAM; el Mexiquense; el 22, bajo control hoy de la Secretaría de Cultura, y otros canales modestos. Estos últimos, junto a multitud de canales analógicos y digitales, pueblan la nación. Sin embargo, es el llamado “duopolio” el que combate entre sí en una guerra destinada a dos objetivos: enajenar a la nación y obtener pingües ingresos. En el fondo prevalece la idea de domeñar el poder del Estado y ejercer influencia decisiva en las acciones de gobierno.
Políticamente las opiniones nacionales se dividen en dos grandes bandos; mejor vistas, es uno muy amplio, el que busca escabullirse de la realidad y el que, más modesto, critica al duopolio de los males del país, de encubrir a ciertos personajes poderosos y desde luego defender al sistema que rige a México. Un altísimo porcentaje de la programación de los principales canales privados se dedica a importar materiales de EU. Los mayores éxitos nacionales son telenovelas, dramones del peor estilo, mal escritos y peor filmados. El arranque se dio en 1957 con Senda prohibida, donde destacaba el rostro eternamente compungido de Silvia Derbez. De entonces a la fecha, los hogares mexicanos se han educado con las estupideces televisivas. Aun ahora hay apodos y señalamientos, citas cuyo origen es remoto, de frases hechas y sobrenombres como Gutierritos para señalar a personas, oficinistas, desde luego, que no tienen carácter fuerte ni capacidad para enfrentar la adversidad. Pobres diablos, en dos palabras. El miserable lenguaje manejado en la televisión convencional, ha contribuido a que utilicemos no sólo un escaso vocabulario sino que hablemos con los matices que usa cada uno de los cómicos lamentables e informadores cínicos y poco cultos que padecemos.
 Una vez descubierto por la política mexicana el peso abrumador de la televisión comercial, especialmente el de Televisa, el entretenimiento tiene como basamento doblegar a la población, someterla. Darle nuevos y lamentables valores.

mayo 29, 2016

Elvis Presley y la voz del amo (I)

Lo consideraban inmoral a causa de lo erótico de sus movimientos y, pese a su gran éxito con las mujeres, él apenas las buscaba.

Hace casi 40 años murió Elvis Presley, apenas a tiempo. Si hubiera vivido más, él mismo habría terminado con su extraordinario mito, con su fantástica leyenda. Fue un revolucionario y terminó sus días siendo un modelo de fidelidad a lo establecido. Pero vayamos por partes. Cuando yo tenía 12 o 13 años comenzaron a llegar a México sus primeros discos: That’s All RightBlue Suede ShoesTutti Frutti,King CreoleJailhouse RockI Want YouI Need YouI Love YouLove Me Tender,Hound DogI Got a WomanHeartbreak HotelGood Rockin TonightBaby Let’s Play House, casi junto con un ejemplar de la revista Life, donde, asombrados, pudimos ver a un cantante de notable voz, que se contorsionaba haciéndole el amor a una guitarra, con un pequeño grupo atrás de él: The Jordanaires. Un modesto, realmente sencillo, muchacho de Memphis, se había adueñado bruscamente del mundo y lo transformaba, compraba Cadillacs, escandalizaba, lo consideraban inmoral a causa de lo erótico de sus movimientos y, pese a su éxito con las mujeres, apenas las buscaba, a lo sumo se dejaba besuquear, firmaba senos o muslos femeninos para fines publicitarios. Fue una auténtica revuelta generacional, lo que esperábamos para romper con sociedades anquilosadas, cerradas o que marchaban con pasmosa tranquilidad. Las cosas cambiaron y, mientras las personas religiosas, convencionales, mediocres padres de familia, puritanos, cretinos, la policía y el mismo FBI perseguían a Presley para probar lo evidente: que su música era subversiva, los jóvenes vivíamos en espera de sus nuevas grabaciones y noticias suyas. Atrás de él surgieron nuevas y brillantes figuras, destacaré un puñado: Jerry Lee LewisRoy OrbisonLittle RichardBill Haley & His CometsChuck BerryPaul AnkaThe Everly Brothers y Buddy Holly. En efecto, Elvis representaba una de las más notables revoluciones juveniles de todos los tiempos. De modesto conductor de camiones pasó a celebridad internacional, a magnífico mal ejemplo. Fui testigo de su capacidad demoledora cuando presentaron en el cine América su primer filme, Love Me Tender. Fue un verdadero desmadre. Las butacas fueron arrancadas de sus sitios, pelea campal, las muchachas que se atrevieron a asistir fueron acosadas, botellazos, gritos, y yo, entre todos aquellos vándalos, feliz, gozoso, disfrutaba cómo era destruida una sala de cine mientras que en la pantalla Elvis cantaba y la porra universitaria lo coreaba, con el líder Palillo.
Los primeros años de Elvis fueron sorprendentes, soberbios. Dejamos engavetados discos de 78 revoluciones con canciones de Perry ComoNat King ColeBing CrosbyEddie Fisher y hasta de Frank Sinatra, cuyo talento y buena voz le permitió una extraordinaria longevidad artística repleta de triunfos. Todo fue sepultado en honor del Rey, quien comenzaba su leyenda dentro de los más rigurosos cánones del american dream, conquistando sorpresivamente extensos públicos y toneladas de dinero, pasando de la pobreza a la riqueza, del anonimato a la fama universal. No estoy muy seguro, pero creo que fue Nicolás Guillén quien me contó en La Habana algo que me impresionó: “Dice Lezama Lima que no se puede ser revolucionario 24 horas al día”. Yo hubiera añadido, siguiendo a Juan de la Cabada, que tampoco toda la vida. Ser revolucionario parece conducta juvenil, una especie de pecado venial que se produce en la adolescencia y concluye cuando la sociedad obliga a eso que las mamás llaman “sentar cabeza” y que no es otra cosa que idiotizarse para siempre, sepultar la fantasía y la imaginación, venderse al Estado y a la sociedad y aceptar dócilmente reglas y normas de precario mérito. El caso es que la sociedad estadunidense fue capaz de doblegar a Elvis y con él a millones de seguidores. Los valores establecidos terminaron por imponerse y el Rey fue a parar a una división acorazada en Alemania; allí, calladito, puso ejemplo de obediencia y decencia. No cantó en público, peló papas en la cocina, hizo cansados e innecesarios entrenamientos, se dejó fotografiar mientras le quitaban la melena y “ganó el respeto” de sus superiores y compañeros del servicio militar. Estuvo en Europa casi tres años y el tipo fue una sola vez a París; cuando llegaba la hora de comer lo hacía en los cuarteles o en la casa que alquilara cerca de la base militar para no echar de menos a su familia, como un palurdo mexicano que añora los tacos y los guisos de mamá. Cuando salió del ejército,Elvis era otro Elvis; de Alemania voló a filmar docenas de películas estúpidas, las que él mismo, en un raro gesto autocrítico, calificaría mucho después de malas: “Mientras yo hacía películas tontas —explicó en una entrevista—, los Beatles se adueñaban del mundo”. Pero era tarde. Estaba cooptado. Se percató, tal vez, de su decadencia, y lo único que pudo hacer fue utilizar su prodigiosa voz (lo único que jamás lo abandonó) para cantar baladas, algunos de sus viejos éxitos de rock, y efectuar una larga y fatigante cadena de conciertos, tipo Las Vegas, en los que usaba la ropa estrafalaria que su peor enemigo diseñó; regresó a la melena y las patillas para mantener viva la admiración del público que desde un principio tuvo, aquellos que envejecieron con él: mujeres que se hicieron amas de casa y hombres que dejaron cualquier intentona de cambio para emplearse en un banco, casa de seguros o empresa de cosméticos.

mayo 27, 2016

Influencia norteamericana en la más reciente novela mexicana 2/2

El alejamiento de América Latina de Europa, que comprobamos con sólo recorrer las calles de las principales ciudades de nuestro continente, tendría que encontrar culpables en ambos sitios. Recuerdo esto como una preocupación mía en los años en que estudié en París. He creído firmemente en la universalidad de la cultura y, por lo tanto, supongo que un mexicano educado debe saber tanto de Francia o de Austria como de Estados Unidos. Hay que marchar hacia una sólida cultura internacional, que no es sinónimo de lo que hoy conocemos como globalización, concepto muy distinto y complejo que no desatiende a las culturas nacionales, simplemente las enriquece y acrecienta. Hace años, en Segovia, había un entusiasmo desbordado entre algunos compañeros de la Sociedad Europea de Cultura (SEC) por imaginar que la digámosle globalización cultural ya se consolidaba en Europa, pero nadie pareció notar que un eurodiputado, en su intervención, solicitaba que no se hablara de una cultura europea, sino de culturas europeas. Tenía razón, sobrevivirán por largo tiempo las identidades nacionales, los valores propios, las marcas religiosas e idiomáticas, en suma, las culturas nacionales.
Aun así, el esfuerzo por hacer que toda la literatura y todas las artes en general sean propiedad de la humanidad no debe cejar. Insistiría en algo que no pareció encontrar mucho eco en una conferencia en España en el marco de la Sociedad Europea de Cultura: ya hay avances: para un argentino y para un mexicano Mozart y Wagner son suyos, Sócrates, Homero, Cervantes y Shakespeare también les pertenecen a los latinoamericanos. Y por otro lado, un europeo está en posibilidades de apropiarse del arte de Rivera, Siqueiros, Orozco, Tamayo y Anguiano, de la prosa formidable de Martín Luis Guzmán, Miguel Ángel Asturias, Carlos Fuentes, Vargas Llosa, Julio Cortázar y desde luego de Gabriel García Márquez y Jorge Luis Borges, de los poemas luminosos de Pablo Neruda y Octavio Paz. Sin embargo, lo esencial de mi trabajo es insistir de nueva cuenta, y sin demérito de nuestra importante relación con Estados Unidos, en que es esencial retomar los elementos que han hecho grande, muy grande, a Europa. Es, pues, indispensable revitalizar las relaciones culturales con esos países y ésta, considero, deberá ser una tarea de la SEC. Nosotros, los latinoamericanos, por nuestra parte, debemos volver a la ruta de Rubén Darío, pensar en la idea de latinidad que han tenido muchos de los pensadores de nuestra América, o en la admiración que Vasconcelos y Reyes mantuvieron por los países europeos. Ello significa construir una nueva cultura, más intensa, y ligarla a la que hoy Estados Unidos posee, finalmente también tiene raíces europeas. Y Europa tiene por más de una razón que recuperar su antiguo prestigio ante América Latina. No hay otra salida para la salud cultural, y en consecuencia política, del mundo. Hoy en día Europa vive preocupada por su integración, México por sus relaciones tan cercanas y terribles con Estados Unidos. Todos debemos hacer un esfuerzo para recuperar partes fundamentales de nuestra pasada amistad y recíproca admiración por el viejo continente, pues no debemos olvidar que grandes artistas y científicos europeos se fascinaron con México: Humboldt, la marquesa Calderón de la Barca, Einsestein, Malcom Lowry, Max Frisch, André Breton, D. H. Lawrence, León Felipe, B. Traven, Luis Buñuel y Graham Green. Es aún buen tiempo para rehacer los lazos que a todos nos enriquecerán. La ruta de Rubén Darío, ciudadano del mundo: Nicaragua, Chile, Argentina, Francia, España, Colombia, Estados Unidos, abre un gran espacio para las letras castellanas en el mundo. Para hacer una revolución literaria toma —como precisa J. Sapiña en el célebre diccionario de escritores de Bompiani— el sprit, la gracia francesa para enfrentar “el sentido materialista y dominador del mundo anglosajón y, especialmente, norteamericano”. La segunda mitad del siglo XX comenzó a mirar con gran interés hacia las letras norteamericanas y en general hacia el rock y sus derivados. Cómo no leer a Faulkner, Nabokov, Hemingway, Mailer, John Dos Passos, Capote… Autores notables que enriquecían a la literatura universal.
Lo que no vale la pena es fijarnos en los best-seller, autores frívolos y efímeros. Hay que seleccionar cuidadosamente. Lo mismo autores extranjeros que mexicanos. Vargas Llosa nos ha advertido de los peligros de la frivolización de la cultura y por ello recomienda la lectura de los clásicos.
Es posible que el rock and roll haya causado mayor entusiasmo en mi generación, pero estoy seguro que esta influencia en las letras, la alta cultura y la cultura popular, juntas, produzcan resultados interesantes.
 Si queremos una cultura más intensa, variada y rica, que marche hacia una plena universalización, América Latina deberá mirar hacia Europa con los ojos agudos de Rubén Darío; y Europa, para revitalizarse, estrechar sus lazos con Latinoamérica. Todo ello, a la manera del genial poeta nicaragüense, manteniendo intacta la admiración por Edgar Allan Poe y Walt Whitman y al mismo tiempo una actitud crítica hacia políticas hegemónicas y tendencias neocolonialistas. Es mucho lo que todos obtendremos.

mayo 25, 2016

Influencia norteamericana en la reciente novela mexicana 1/2

Estados Unidos posee de un lado una espléndida alta cultura, del otro, una llamativa y fácilmente vendible cultura popular que desde el principio ha tenido una respuesta internacional favorable. Durante un congreso de literatura latinoamericana en Santiago de Chile, me llamó la atención que hubiera en tal sentido un lenguaje común aún entre antiguos militantes de izquierda: el de la música popular anglosajona. Los nombres de Elvis Presley, Bob Dylan, Tracy Chapman, Beatles, Rolling Stones e intérpretes de jazz eran, digamos, una cita frecuente y casi propia, ya lejos de músicas y temas tradicionalmente latinoamericanos.
Hace más de diez años, en San Antonio, Texas, instituciones de educación y cultura convocaron a un puñado de escritores a una serie de discusiones sobre las relaciones México-Estados Unidos en materia literaria; entre los ponentes estábamos Margo Glantz, John Brushwood, Juan Bruce Novoa, Luis Leal, Carlos Monsiváis y yo. Hubo coincidencia en un punto: hoy la literatura mexicana tiene una clara influencia de escritores norteamericanos, como en el pasado la tuvieron narradores y poetas de Francia, Inglaterra, Italia o España. De Poe a Truman Capote, de Whitman a Miller; pasando por Faulkner, Hemingway, Pound Bourrogs, Kerouac, Bukowski y Mailer. Para precisar más la idea, presenté la ponencia la “Influencia norteamericana en la reciente novela mexicana”. En este texto probé largamente, apoyándome en entrevistas y artículos, la estrecha relación entre los escritores mexicanos más jóvenes y los grandes novelistas estadunidenses. Pero hay algo más, asimismo aparece una amplia relación entre la literatura mexicana y la cultura popular norteamericana. No se trataba, expliqué, de un caso de colonialismo cultural. Es algo más complejo que significa un rechazo al asfixiante nacionalismo que predominaba en la década de los cincuenta. Resultaba menos agobiante leer a Kerouac, Ginsberg o Ferlinghetti, del mismo modo en que nos resultaba más enriquecedora la música primero de las grandes bandas como las de Glenn Miller y Benny Goodman o Artie Shaw y casi enseguida la de Elvis Presley, Chuck Berry, Jerry Lee Lewis o Budy Holly. Por último, filmes de la talla de Rebelde sin causa y El salvaje impresionaron más profundamente que las películas del Indio Fernández. Significa también que el intelectual mexicano tiene capacidad para abrevar en otras latitudes sin que por ello se someta o pierda su identidad. Tampoco su capacidad crítica se dispersa. Los escritores aceptan la importancia de una larga lista de artistas norteamericanos, pero ello no les impide estar en contra del boicot y el bloqueo que Estados Unidos le ha impuesto a Cuba y que Obama no acaba de eliminar, del mismo modo que aquí nadie aplaudió la intervención en Vietnam.
Pero la influencia de la literatura norteamericana es persistente merced a su altísima calidad y sus capacidades innovadoras. Autores como Ricardo Garibay y Vicente Leñero, antes de llegar a sesenta años, escribieron libros memorables gracias a la influencia del llamado Nuevo Periodismo (un fenómeno profundamente norteamericano: cuyas raíces están en John Reed y Ernest Hemingway) de Tom Wolfe, Norman Mailer, Rex Reed y Terry Southern y la literatura Non fiction de Truman Capote. Entre otros podrían ser citados Los periodistas del segundo y Las glorias del gran Púas del primero.
Esto no es bueno ni malo, es un hecho, una realidad fácilmente comprobable. El escritor, el artista, suele apropiarse de todos aquellos elementos que le sean útiles. En arte, no hay mucho nuevo, la propiedad privada es discutible, existe un eterno reciclaje y un fructífero intercambio que de pronto produce innovaciones que una generación aprovecha por su aceptación en el gusto estético de una época. Pero hay algo importante: el éxito de la cultura estadunidense, explicable por sus altos valores, pesa aún en Europa, mientras que estos países tradicionalmente productores de soberbia cultura han ido olvidando sus relaciones con la América Latina. A tiempo la presencia del IFAL y de la Librería Francesa eran fundamentales en nuestra identidad y formación, hoy apenas concurren unas cuantas personas; peor están Alemania e Italia. Vargas Llosa es el narrador “español” más frecuentado. Sus embajadas funcionan tal vez para acercamientos diplomáticos, económicos y políticos, casi nunca para aproximar una cultura a la otra. Desde hace años, todos mis alumnos (universitarios que redactan su tesis en la UAM-X) sin excepción procuran hablar inglés, ninguno pretende adentrarse en el francés o en el italiano.
En esta vinculación también tendríamos que mencionar los medios de comunicación electrónicos, inalterablemente ligados a los de EU y por lo tanto ajenos a los europeos. El modo de vida de un joven mexicano es similar al norteamericano, sus valores inclusive llegan a coincidir merced a la televisión y a la cinematografía. En los años en que mi generación se formaba, algunas salas, muy pocas, exhibían filmes franceses, italianos e inglesas. Hoy esta posibilidad se antoja más remota. Me encantaría conocer un solo adolescente preocupado por ver una película francesa, italiana o rusa; lo común es verlos abarrotar los cines para ver un filme del tedioso Sylvester Stallone, una aventura más de Clint Eastwood, un western, mientras que el público más intelectualizado aguarda algo de Woody Allen.

mayo 23, 2016

Elena Garro, una semblanza


Hace unos veinte años, quizás menos, la casa de subastas Louis C. Morton, me solicitó escribiera una página sobre Elena Garro, puesto que subastaría un hermoso cuadro de Juan Soriano donde Elena Garro lucía su hermosura. A este notable artista plástico lo vi una sola vez en París. Intenté en vano que nos prestara alguna obra suya para ilustrar la portada de El Búho cuando estaba en Excélsior. Finalmente nos hizo el honor de prestarnos una para El Búho convertido en revista, luego de mi salida del citado diario a causa de la censura. Por razones de amistad, el escritor y periodista Mario Saavedra, en un cumpleaños reciente, me obsequió son singular generosidad un retrato a tinta de Rafael Solana, realizado por Soriano en 1936. Las reservas que el memorable artista plástico me tenía se debían a mis pequeñas y ocasionales pugnas con Octavo Paz, quien, como escribí en cierto momento, más que amigos quería súbditos.
Vi la obra largamente y sólo pensé en Elena Garro dejando de lado la fantástica confección de Soriano, a tal grado llega mi admiración por la autora de Los recuerdos del porvenir. Ahora, entre papeles extraviados, encuentro el original que le di a la empresa de subastas. Al releerlo, lo veo premonitorio. Pese al odio y la aversión, Elena, mi amiga más querida, ha recuperado el papel artístico que otros le trataron de arrebatar inútilmente. Ya la escritora avanza hacia el pedestal que desde que comenzó a escribir tenía garantizado. Cuando mueran sus últimos enemigos personales, crecerá tan alto como el vaticinio de José María Fernández Unsaín, otro olvidado que les diera a los escritores mexicanos dignidad con la Sogem, que hizo delante de Emilio Carballido y otros escritores: “Luego de sor Juana Inés, sigue la muy talentosa Elena Garro”. Transcribo la distante nota.
“Nacida en 1916, Elena Garro desde niña (inquieta y prematuramente culta) comenzó a explorar el mundo. A los diecisiete años, por ejemplo, ya casada con Octavio Paz, estaba en la convulsionada España de la Guerra civil con personajes legendarios como Rafael Alberti, Siqueiros y Juan de la Cabada. De aquella época ha dejado testimonio en un libro singular: Memorias de España, 1937. Aunque nace escritora, es durante su matrimonio con Paz que se forma como tal. Comienza a publicar libros en 1964 con La semana de colores, hermosos cuentos que la presentan como a una narradora formidable. No obstante, pronto probará que también es dramaturga y novelista con obras memorables como Un hogar sólido y Felipe Ángeles (teatro) y Los recuerdos del porvenir (novela que consiguió el premio Xavier Villaurrutia). Tanto en prosa narrativa como en literatura dramática, va a provocar profundas transformaciones. Durante los días terribles de 1968, Elena Garro se mezcla con líderes campesinos de oposición, y luego de la matanza del 2 de octubre, el gobierno de Díaz Ordaz necesita “pruebas” del complot en su contra. Entre otros, la escritora se verá perseguida, asediada. La venganza del Estado cae sobre ella, quien previamente ha roto lanzas con la mayoría de los intelectuales mexicanos. Escapa a España con la única compañía de su inseparable hija Helena Paz. Padece miserias y persecuciones, rechazos y bajezas. Ella y su hija están solas y desamparadas. Como pueden se enfrentan a un mundo hostil por completo. De España van a Francia y allí se establecen. Las dos Elenas se defienden con su talento, particularmente con el de la madre. A pesar de que han conocido a docenas y docenas de artistas e intelectuales, a políticos y narradores, están por completo, abandonadas. De sus andanzas hay testimonios literarios en diversos libros, dos de ellos son Andamos huyendo, Lola y Testimonios sobre Mariana. No importa que Elena Garro sea considerada por narradores de la talla de Adolfo Bioy Casares como una escritora sin par, todos la abandonan a su suerte. Pero Elena y su hija sobreviven y la Garro con tenacidad se aferra a la literatura. Muchos críticos y escritores la consideran la mejor autora mexicana por la belleza poética y el misterio de sus trabajos, por la intensidad y el genio. Elena y su hija Helena regresan a México en 1994. Se instalan en Cuernavaca. Sin embargo, y pese al tiempo, las hostilidades continúan. Las nuevas generaciones están lejos de la literatura y cerca del periodismo, con frecuencia muy politizado. Los reconocimientos le son escatimados. Nadie como ella mereció el Premio Nacional de Literatura que otorga el gobierno de la República. El temor a su pasado político y personal le cerró las puertas. Con frecuencia fue hostilizada por su ex marido y por aquellos que lo rodearon. Pese a todo, Elena siguió publicando cuentos y novelas de altísimo nivel como Inés Busca mi esquela y primer amor. No muchos pintores la retrataron, su extraordinaria belleza y su serenidad pocas veces fueron captadas. Por tal razón, el cuadro que le hizo el brillante Juan Soriano es una obra excepcional, como arte y como reflejo de una historia difícil y compleja. Al paso del tiempo es obvio que el talento de Elena Garro terminará por vencer los obstáculos y entonces podremos apreciar la hermosura poética de su trabajo literario y su azarosa vida desde su juventud hasta que el gobierno mexicano le regresa formalmente su nacionalidad a través de un pasaporte. Elena Garro, tal vez sin proponérselo, ha hecho de su vida una fascinante leyenda, llena de misterio y encanto”.

mayo 22, 2016

En busca de los orígenes del ninguneo nacional

No es para nada extraño, tal práctica es una industria vergonzosa y común. Vayamos a un ejemplo mayor: Rubén Bonifaz Nuño.

El ninguneo no es exclusivamente mexicano, es un fenómeno universal. En este diario, María Luisa Mendoza lo ha criticado. Cuando obtuve el Premio Colima en 1997, los periódicos apenas hicieron alguna mención y no aparecieron más que las notas de mis compañeros de El Búho. La televisión cultural fue todavía más mezquina conmigo. Pero no es extraño, tal práctica es una industria vergonzosa y común. Vayamos a un ejemplo mayor: Rubén Bonifaz Nuño. Luego de un homenaje nacional, organizado por Daniel Leyva en tanto director de Literatura del INBA, Rubén recibió tres o cuatro comentarios. El colmo: La Jornada no sacó una sola línea al respecto. En cambio, cuando se trata de celebridades cercanas al poder o de alguno de sus súbditos, las cosas cambian y páginas enteras les son destinadas. Una vez en manos de los medios, caen en las de políticos, quienes por obvias razones electorales están a la moda sin haber pasado por los clásicos. Los reconocimientos oficiales aparecen.
En México el ninguneo ha cobrado más fuerza con el apoyo de las grandes empresas editoriales, el Fondo de Cultura Económica incluido. Su práctica es intensa y aparece en los sitios más recónditos de la cultura nacional. Por ello es importante rastrear sus orígenes. Leyendo las obras completas de Héctor Pérez Martínez, un escritor que supo sacudir mi juventud con dos libros formidables:Juárez, el impasible y Cuauhtémoc, vida y muerte de una cultura, ambas aparecidas en Austral, encontré la historia de una caballerosa polémica entre este autor yAlfonso Reyes sobre el nacionalismo imperante. Pérez Martínez escribió en su columna de El NacionalEscaparate, algunos conceptos sobre el supuesto alejamiento de intelectuales mexicanos, entre ellos los Contemporáneos y Reyes, de la cultura nacional. El comentario irritó a Xavier Villaurrutia y de inmediato le escribió a don Alfonso a la embajada de México en Brasil a su cargo. Villaurrutiadecía hecho un energúmeno: “... se habla de que nuestras obras nada valen por descastadas, por herméticas, por inhumanas. Y que nuestra generación es un fracaso (...) A usted mismo se le ha mezclado en esto por un tal Pérez Martínez oPérez o Martínez en este asunto de descastamiento, hablando de su Monterrey que se atreve a dedicar a Valéry las páginas que ellos quisieran dedicara usted aPlaza o a Peza”.
Curiosamente, y si hemos de considerar la biografía que de él hace Octavio Paz,Villaurrutia era un profundo antihispanista. Ignoro qué tanto por razones de educación nacionalista o por su enemistad con los refugiados españoles que llegaron a México luego de la caída de la República. Lo cierto es que la acusación de vivir ajenos a la realidad nacional era en aquella época frecuente, todavía alcancé a vivirla cuando nos entregábamos a la ociosa polémica de ver quién era más mexicano: Reyes, de obra dedicada a Europa, o Martín Luis Guzmán, de obra dedicada a la Revolución. Silvia Molina cita en un trabajo sobre su padre (Héctor Pérez Martínez) a varios de los que participaron en la discusión entre una concepción del arte nacionalista y una más universal: José GorostizaSamuel RamosErmilo Abreu Gómez y el propio VillaurrutiaDiego Rivera fue más lejos en tal pugna: en los frescos de la Secretaría de Educación Pública aparecen los Contemporáneos como basura y un poderoso obrero los barre junto con las ediciones de Joyce y Proust.
Sin embargo, lo que me llama la atención es la actitud de Villaurrutia ante las páginas de Pérez Martínez. Su desdén es completo y lo prueba haciendo ironía de sus apellidos o indicando que son olvidables. Es 1932, Pérez Martínez, aunque no había escrito lo esencial de su obra, era ya un escritor reconocido y un periodista de prestigio. Por fortuna, la conducta de Reyes fue distinta y al defender sus puntos de vista y su concepción de mexicanidad no fue al ataque ni al ninguneo. El resultado fue una amistad cariñosa entre ambos personajes, que concluyó con la muerte de Pérez Martínez en 1948, cuando era secretario de Gobernación.
Contemporáneos fue la generación que emprendió la mayor aventura intelectual del país. En una época en que el nacionalismo se había hecho feroz, estos escritores se deshicieron de las conductas provincianas para darnos una cultura universal. Es probable que, a causa de los ataques sin fundamento que recibieron, hayan contestado con pedantería y sin elegancia. Me parece encontrar una línea directa entre VillaurrutiaFernando BenítezFuentes y el más aventajado de los discípulos del ninguneo, Carlos Monsiváis, quien una vez, en Nueva York (donde estábamos José Agustín, él y yo) nos dijo que lamentaba no “haberle dado el golpe” a nuestra generación. Se refería a sus desdeñosas palabras que señalaban que habíamos “plebeyizado a la literatura”. La reacción de José Agustín fue severa, yo me limité a pedirle que lo escribiera. No lo hizo. Según leo en el blog de la escritora Eve Gil, ella es víctima del campeón del ninguneo: Christopher Domínguez. Las manifestaciones del desdén gratuito son cotidianas. Curiosamente, Paz exteriorizaba su desprecio polemizando. Recuerdo su artículo respondiendo a mis críticas, finalizaba con ironía: “Avilés quiso ser Hábil es y sólo consiguió ser Ah, vil es”. Repuse: “Eso lo escribió José Agustín y lo leyó como humorístico regalo en la fiesta de mis 20 años, hace tres décadas”. Al premio Nobel le faltó agudeza o mi amigo se anticipó.

mayo 20, 2016

Truman Capote, su final

Quienes se han tomado la molestia de leerme, saben que por Truman Capote siento una enorme debilidad. Tengo la mayoría de sus libros y he coleccionado fotografías suyas. A mis alumnos de Comunicación en la UAM-X, a quienes trato de mostrarles los géneros periodísticos a la luz del nuevo periodismo, frecuentemente les pido A sangre fría y entre mis papeles más preciados guardo copia del boletín que anunciaba su muerte. Como si esto fuese poco, tuve el placer de leer las más de seiscientas páginas del trabajo biográfico de Gerald Clarke, Truman Capote, la biografía. Lo último que tuve entre mis manos del admirable autor de El arpa de hierba fue Plegarias atendidas, obra póstuma. De ella sus seguidores sabíamos mucho, que el título está tomado de santa Teresa, que era su trabajo más ambicioso, que quedó inconcluso, que todavía diversos capítulos andan extraviados en ruinosas estaciones de autobuses, en fin, toda una leyenda. No obstante, hay algo evidente: Capote sí la imaginaba como su tarea más lograda y ambiciosa. La inmensa figura de Proust estaba presente. Del enorme proyecto sólo quedaron tres partes, tres capítulos en los que podemos apreciar su carácter autobiográfico.
Por ejemplo, el personaje principal, P B. Jones, un homosexual cínico y agudo, incapaz de tener éxito literario, es una copia de Truman. Pero lo que fue pensado como el nuevo En busca del tiempo perdido apenas aparece dibujado. Ciertamente su prosa no carece de fuerza, los diálogos son incisivos y la ironía matiza los tres relatos. Como en los entretenidos Diarios, de Andy Warhol,Plegarias atendidas está repleta de nombres de personas famosas, de celebridades del jet-set norteamericano, neoyorquino en particular, y de la alta sociedad europea. A veces no son tan famosos o han sido ligeramente disfrazados, por lo tanto hay que hacer un esfuerzo de imaginación cuando no da informes precisos.
El defecto que tiene Plegarias atendidas es que se trata de una obra de decadencia física e intelectual. Ya no está más el escritor ansioso, lleno de vigor y entusiasmo de “Miriam” o de Música para camaleones, era ya un hombre agotado por los excesos y libertinajes. Pese a ello, “Monstruos perfectos” es un relato, el que abre el libro, magistral. El mejor Truman Capote aparece de cuerpo entero haciendo parodia de su vida y considerándose un vividor sin mayores talentos literarios. Justifica, tal vez, toda la promesa.
A lo largo de Plegarias atendidas surgen los elementos que conforman lo que llamamos nuevo periodismo. Hay notas sociales bien sazonadas, lenguaje directo tomado de la realidad inmediata, manejo de elementos coloquiales y, sobre todo -y esto nada tiene que ver con el periodismo y sí con una literatura erótica y humorística-, cualquier cantidad de datos sexuales de la alta sociedad neoyorquina; aún sin saber sus nombres exactos, disfrutamos las truculencias. Son de un cinismo magnífico y grandioso. No es el Capote con preocupaciones sociales que de sobra conocemos en A sangre fría ni el tierno y amoroso de Desayuno en Tiffany’s. Es el autor seguro de sí mismo, convencido de su genialidad y al parecer no completamente enterado del proceso de autodestrucción al que había decidido someterse. Si el alcohol y las pastillas, su gusto por la frivolidad y la buena vida social no se hubieran cruzado en su vida, Capote habría terminado su “máximo trabajo”. Pero estos elementos eran justamente el motor de su vida y de su creación literaria, de tal manera que lo mejor no es lamentar una obra inconclusa, sino gozarla como está.
Truman Capote, por razones misteriosas y cuyo secreto se llevó a la tumba, como señala Joseph M. Fax en el prólogo, no quiso o no pudo terminarla. Respetemos su decisión y hagamos la lectura que él mismo hubiera querido, lejos de la fastidiosa tarea de complacer a editores, lectores y críticos.
Nadie ignora que en sus mejores momentos no hubo otro narrador como él. Fue realmente un genio y lo peor, que su inmodestia y arrogancia le crearon aversiones. Una breve nota periodística de un crimen monstruoso lo obsesionó, hizo una angustiosa investigación que lo condujo al agotamiento total y al derrumbe. Fue un escritor muy norteamericano, en ese país estuvieron sus mejores escenarios y de esa nación apasionante surgió la obra que conquistó públicos de valía en todo el orbe.
Es verdad, no pudo concluir de manera rotunda su obra literaria: la anhelada muerte lo impidió. No obstante, las que hizo le permitieron un muy cómodo lugar entre los escritores de mayores dimensiones. No juzguemos a Truman Capote por el perverso ingenio que solía utilizar ni por su despectivo mirar a sus pares. Centremos la atención en sus obras escritas con perfección misteriosa.

mayo 18, 2016

¡Viva María Luisa La China Mendoza!

María Luisa La China Mendoza es un bello personaje hecho de puro amor, amor por el arte, por las cosas bonitas, por la literatura, por sus amigos, por el prójimo, por los animales, las flores y los árboles, por la vida. Mi amistad con ella es larga, no tanto como mi admiración hacia su persona y escritura. Comencé a leerla allá por 1960, antes de verla físicamente, de escuchar sus frases llenas de ingenio, en el arranque de lo que muchos llaman la década prodigiosa, época de cambios buenos y malos, de actitudes positivas y negativas, tiempos que auguraban un nuevo mundo y no la uniforme globalización basada en el modelo capitalista anglosajón, cuando María Luisa hacía periodismo y reinventaba el castellano y los personajes eran grandes de verdad porque los hacían a mano y no en serie como ahora. Su columna “La O por lo redondo”, publicada en El Día, periódico innovador fundado por Enrique Ramírez y Ramírez, era enriquecedora por sus conceptos, mucho más por su arriesgado manejo del idioma. Un periodismo literario, agudo, inteligente, lleno de color, donde el adjetivo cobraba un nuevo y mejor sentido y el sustantivo era brillante, bien escogido de entre una multitud de palabras. Si el término no existía, La China lo inventaba. Antes de que entre nosotros se manejara la idea de Nuevo Periodismo de Tom Wolfe, la sabia mezcla de diarismo y literatura, ella lo practicaba. La leía, la admiraba y la verdad es que me encantaba, pude haberme enamorado de ella, pero María Luisa Mendoza siempre estaba rodeada de un séquito de amigos y pretendientes y yo comenzaba en las letras y era tímido. Pero en ocasiones el tiempo es bueno y finalmente me hice primero su admirador y luego las cosas mejoraron, brillaron más y nos hicimos grandes pero muy grandes amigos.
María Luisa en el principio volcó su inventiva en diarios y revistas, su capacidad para contar de modo distinto las historias que en otras manos hubieran terminado siendo convencionales le dieron excelente reputación. Pronto el periodismo le quedaría chico, aunque jamás lo ha traicionado, y de ahí pasó al cuento y la novela: ¡estos eran y son sus campos de acción! En honor a la verdad, si en México hubiera crítica literaria y el afamado y cruel ninguneo no existiera, cada quien ocuparía el lugar que su talento le permite y María Luisa tendría que estar en uno de los más altos escaños de las letras nacionales. Existe una línea directa que nace en Sor Juana Inés de la Cruz y llega a Elena Garro, Rosario Castellanos y María Luisa Mendoza, principalmente. Su literatura es extraordinaria, nada común, resultado de multitud de lecturas y de una mirada aguda al mundo que la rodea.
María Luisa: tan distinta de todos los demás, siempre original. María Luisa —Borges lo escribió casi pensando en ella— nació escritora. Pero además nació generosa, buena y dulce. Nunca ha dejado de extender la mano a sus amigos y mucho me temo que tampoco a sus enemigos o rivales, que lo son por la envidia que produce su prosa que parece fácil y que en realidad es compleja, como le gustaba decir al español Azorín.
La China Mendoza es de nostalgias hermosas, ha sido muy selectiva y sus recuerdos, reales o inventados, nos permiten observar detenidamente un mundo deslumbrante, el suyo, el que describe con frases largas, enclíticos, esdrújulas y adjetivos muy sonoros, inventando palabras y diciendo las cosas en un estilo peculiar y distinto al de todos nosotros, los que no nos atrevemos por carecer de audacia. Sí, eso tiene La China, audacia, la tuvo siempre aunque ahora la esconda en casa, a donde a muy pocos recibe salvo que sean como ella y amen las cosas más deslumbrantes y que, para desgracia de todos, están en extinción.
Es una escritora que habla como escritora y escribe como escritora, lo es de pura cepa, porque ama las palabras y les da un cuidado y un sentido muy peculiares. La conozco, la observo con cuidado y me he dado cuenta que el eje de su trabajo es la belleza del amor, del varón, de los gatos y los perros que la rodean, de los libros de la buena prosa y grandes historias épicas, la de las muñecas antiguas; ama la rotunda eficacia del tequila y la charla con sus amigos. Nació también aristócrata de ideas y progresista por convicción, su nacionalismo es conmovedor, como lo era el del notable y admirado Gastón García Cantú, historiador fallecido hace algunos años, su amigo y su hermano mayor, y entonces le duelen las desgracias de Guanajuato y las de todo su México, las del planeta, que también es suyo.
He escrito varios trabajos sobre María Luisa Mendoza, por lo menos cuatro veces he participado en presentaciones de sus maravillosos libros, he estado en homenajes que diversas instituciones le han hecho y he prologado libros suyos. Todo ello me ha producido una grata impresión, más bien, me ha deslumbrado, como sus libros. Pienso sólo en Ojos de papel volando, que contiene relatos francamente perfectos, dignos de rigurosas antologías, de lo mejor que se ha escrito en México. No soy nuevo en el grato oficio de leerla y hasta corro el peligro de plagiar su estilo, el que por fortuna es inimitable, distinto, original, es únicamente de ella.
María Luisa Mendoza es una escritora cuyos libros deben ser de cabecera, leer y releerla porque es la prosa más original de nuestras letras.

mayo 16, 2016

La UAM-X en Librofest

En breve comenzará el más importante festival cultural de la Universidad Autónoma Metropolitana: Librofest Metropolitano, organizado por la unidad Azcapotzalco. Existe una diferencia con los anteriores: ahora acompañándola de cerca van los cuatro campus restantes: Xochimilco, Iztapalapa, Cuajimalpa y Lerma. Para la rectora del primero, la Dra. Patricia Alfaro Moctezuma, es una oportunidad, y así lo dijo en una entrevista realizada por Difunet, empresa de medios dirigida por Renato Consuegra, para tener el embrión de un proyecto de política cultural general. Ausencia que hemos padecido desde los inicios. En lo particular, cada unidad realiza, con mayor o menor entusiasmo, su trabajo y sufre modificaciones, a veces negativas, cada vez que hay cambio de autoridades.
Sabemos bien que dentro de las universidades públicas hay tres principios: docencia, investigación y difusión de la cultura. Con este último hemos venido batallando, ocupada como ha estado la UAM consolidando las dos primeras. La cultura ha sido relegada, pero por fortuna y merced a funcionarios como la citada rectora de Xochimilco, Patricia Alfaro Moctezuma, se ha encendido una luz que fue ignorada por los fundadores hace 41 años.
Desde que inició su gestión, la Dra. Alfaro, ha dejado en claro que si las funciones sustantivas son tres, pues hay que tomarlas y tratarlas con el mismo rango. No sólo es parte de su discurso en tanto rectora, sino asimismo en la práctica. De allí que la vida cultural en Xochimilco se haya incrementado mediante algunas adquisiciones fundamentales, firmando convenios y llevando a cabo acuerdos con otras universidades e instituciones culturales. La UAM-X tiene ahora una ordenada y rica oferta cultural que beneficia a la comunidad y que ha comenzado a atraer a las personas de los rumbos aledaños. Conciertos, conferencias, recitales de ópera, jazz, rock, mesas redondas, presentaciones de libros, danza, talleres de guitarra y piano, teatro. Ello mismo le permite que su participación en Librofest sea destacada y sus proyectos sean todos para consolidarse en plazos breves. El más reciente es la creación de un grupo coral de más de cincuenta voces, cuya tarea está en manos del maestro Pedro Lara Castillo, un músico joven pero con excelentes credenciales artísticas. Pensamos que a fin de año estará arrancando sus actividades en condiciones aceptables. Por ahora las instalaciones destinadas a la academia y la difusión cultural, han sido remozadas. La Dra. Alfaro ha motivado la difusión cultural y al hacerlo los nuevos alumnos gozan de una formación integral.
Sólo en este año por nuestras galerías han pasado exposiciones de Sebastián, Takeda, Sergio Hernández, Carlos Mérida y Mathias Goeritz y algunas colectivas que llamaron la atención de los jóvenes como la del taller gráfico Caracol Púrpura, donde los visitantes pudieron conocer las técnicas del grabado. Algunas de las grandes orquestas que han venido a nuestras instalaciones han sido, entre otras, la del IPN, la de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y la Sinfónica de la Ciudad de México.
En materia de publicaciones producimos docenas y docenas de libros, sólo en literatura hemos alcanzado más de diez títulos anuales y algunas publicaciones periódicas. Falta señalar toda la producción de libros digitales y obras científicas y de investigación. De un título, ¡Basta!, voces contra el acoso de género, agotamos tres mil ejemplares en menos de un año, la obra ya está en segunda edición, algo poco frecuente en la vida de las universidades públicas. Aparte están los discos de ópera, llevamos nueve con el apoyo del INBA.
La UAM-X tiene un número asombroso de actividades culturales diarias, algunas son muy destacadas, como los homenajes a grandes figuras de las artes y las ciencias: Julieta Fierro, María Luisa Mendoza, Antonio Lazcano, Miguel León Portilla, Eduardo Matos Moctezuma, Ángeles González Gamio, y otras más, realizadas con el objeto de poner en contacto a los jóvenes con las figuras mayores del quehacer científico y cultural. Vale la pena añadir que la Dra. Alfaro Moctezuma suele estar, en la medida que su trabajo se lo permite, en esas actividades y suele inaugurar las exposiciones o estar presente en los actos relevantes. Ver a la máxima autoridad de la UAM-X atrae la atención de los alumnos y sus cordiales palabras estimulan a la comunidad.
En Librofest, no sólo vamos a mostrar la producción académica y la investigación de nuestra unidad. También seremos responsables de talleres diversos. La rectora precisa algunos a cargo de profesores de Xochimilco: “Alimentación saludable, actividad física y composición corporal”, “Autocuidado bucal” y “Plantas medicinales: cultivo, y uso”, entre otros.
Realmente la UAM-X tendrá una intensa actividad en Librofest Metropolitano. Pero me gustaría insistir con el anticipo de eventos musicales que ya anunció la rectora: la Creación del Coro Universitario para fines de este año y la consolidación del Día Nacional de la Guitarra. No hay dudas: la gestión de Patricia Alfaro Moctezuma, le ha dado un fuerte impulso a las actividades académicas, a la investigación y a la difusión cultural.




mayo 15, 2016

La de Ambrose Bierce, muerte a la carta

Nada hay que hacer en un mundo ajeno y aborrecible. Es momento de suicidarse. Tiene más de setenta años.

El genial escritor Ambrose Bierce, elogiado por Lovecraft, convirtió el humor negro en depurado arte, más agudo e incisivo que el de Mark Twain, tan cruel como el de Jonathan Swift o Sade, tan actual como el de Lautréamont o Jarry. Nació en 1842, en una modesta granja en Horse Cave Creek, Ohio. Desde su infancia pudo observar, con nueve hermanos y padres mediocres, torpezas, errores y escasos aciertos. Allí comenzó su carrera de misántropo, en la que obtuvo las más altas calificaciones. Usó la literatura para ironizar la estupidez humana. La Guerra de Secesión lo confirma en su creencia sobre la poca valía del ser humano. “Bierce —señala James Rest— era un notable escritor que exhibía extraordinaria destreza y notable dominio formal. Tenía una acendrada conciencia del estilo y una desbordante imaginación”. Viaja a Londres y se establece con su esposa y dos hijos. Regresa a su patria. A causa de los celos y los fantasmas que lo acompañan desde la infancia atormentándolo, es abandonado por su mujer. Asmático y fatigado, observa cómo uno de sus hijos muere en una riña callejera, el otro fallece a causa del alcohol. Nada hay que hacer en un mundo ajeno y aborrecible. Es momento de suicidarse. Tiene más de setenta años. Desecha el revólver y el veneno y selecciona para su muerte el violento escenario mexicano de la Revolución, donde se libran batallas épicas, de salvaje esplendor y se funde con un millón de muertos y desaparecidos. Es el México que poco después visitaría John Reed.
No abundan los datos acerca del nacimiento y vida del notable escritor. Sobre su final, sólo conjeturas. Sus biógrafos y prologuistas advierten de su misteriosa desaparición. James Rest afirma: “…desilusionado de la cultura de Estados Unidos, pasó a México, en pleno fragor de la Guerra Civil. Allí se pierde su rastro. La última noticia fidedigna de su vida es una carta que despachó en
Chihuahua el 26 de diciembre, a la edad de 71 años, en 1913”. Otro historiador deBierce, Horacio Achaval, comenta la carta o, más correctamente, alguna idea expresada en ella: “¡Ah! Desaparecer en una guerra civil. ¡Qué envidiable eutanasia!” El crítico añade: “Su sueño postrero se cumplió como quiso. Unido a las tropas de Pancho Villa se esfuma, nadie sabe cuándo ni cómo, envuelto por un misterio que le cuadra tan bien como a cualquiera de los personajes de sus relatos sobrenaturales”.

Esta última misiva, al parecer, tiene varias versiones. D. Wayne Gunn, en el estupendo libro Escritores norteamericanos y británicos en México, la cita de otro modo: “Adiós, si oyes que me pusieron contra un muro de piedra mexicano y me despedazaron a tiros, piensa que creo que es una buena manera de dejar la vida. Evita la ancianidad, las enfermedades o el riesgo de rodar las escaleras de la bodega. Ser gringo en México. ¡Eso sí que es eutanasia!”. A mi juicio, como admirador de su obra, la de Gunn es la versión acorde con su personalidad.
Es probable que Bierce haya disfrutado la crueldad y el sadismo de muchos revolucionarios. Quizás haya conocido a Villa o a Fierro o en algún combate, mezclado con la masa campesina que luchaba con ferocidad por recuperar la dignidad, pudo observar que cuando la violencia desata fuerzas primitivas, sale a flote el rencor acumulado por lustros de injusticias. Excesos de fantasía aterradora. De ser así, debió haber gozado sus últimos momentos mirando las hazañas de los jinetes villistas, brutales y afamados. Violaciones, parricidios, ejecuciones con cualquier pretexto, frases chispeantes de hombres ignorantes, golpes de audacia, fuego de cañones y balas, extrañas lecciones de moral que un pueblo vejado puede brindar en los momentos de grandeza que produce un cambio social de envergadura. Tales elementos seguramente le hicieron recordar algunas de sus memorables páginas. Sólo era cuestión de cambiar el tiempo, el lugar y el lenguaje. El resto, lo fundamental, era lo mismo. Sí, qué envidiable eutanasia. Un suicidio perfecto, una obra maestra y un final adecuado. Ahora esos abyectos hombres que Bierce despreció y satirizó en sus libros no pueden rendirle homenaje a sus restos ni ponerle monumentos en el sitio donde falleció. Tienen que conformarse con aceptar sus perennes críticas. Ojalá que un nuevo Biercepudiera escribir los últimos días del viejo literato. Sería fascinante saber cómo ocurrieron. No importa que sean producto de la imaginación. Carlos Fuentes lo hizo en Gringo viejo, a pocos pudo convencer.
Quienes somos sus lectores y devotos de la fantasía sabemos que, para el viejo autor de El monje y la hija del verdugoDiccionario del diabloEl club de los parricidas…,  su fallecimiento fue natural y novedoso: debió disfrutarlo. Su personalidad y arte literario estuvieron entre Edgar Allan Poe y Mark Twain. Llevó a cuestas la maldición de ser un escritor de negro humorismo.
Entre sus grandes admiradores, Bierce tuvo a Jean Cocteau. Me parece que al castellano llega merced al argentino Rodolfo Walsh. Dudo que tenga tantos lectores como amerita, su fina ironía no siempre es comprensible al grueso público. No es grave, él se divirtió escribiendo bromas macabras y supo seleccionar su desaparición física y se asignó grandeza épica.