Tantadel

junio 29, 2016

El discreto encanto de la derecha

El derrumbe del bloque socialista fue el mejor abono para el éxito del conservadurismo a escala global. Todavía en tiempos de Brejnev como líder supremo de la poderosa Unión Soviética el mundo parecía teñirse de rojo: media Europa se hizo comunista mas no a merced al convencimiento ideológico sino por el empuje del Ejército Rojo, aunque en otros países como China, Corea del Norte, Vietnam, Cuba, Chile, su paso al socialismo marxista sí fue un fenómeno natural, no artificial. Quienes en esa época veíamos la metamorfosis pensábamos que el futuro sería el imaginado por Marx, Engels y Lenin. No pensamos en la capacidad del capitalismo para sobrevivir y triunfar. La derecha, bien representada por EU y la Gran Bretaña, con apoyo de las iglesias, principalmente la católica, dio una lucha fiera por cerrarle el paso. Los países avanzados se vieron avasallados por el consumismo, arma letal, la cantidad de productos chatarra, inventos o creaciones que muy rápidamente se incrustaron en el gusto internacional. Con el apoyo de los medios de comunicación, supieron vender con facilidad los placeres de la abundancia y nunca la garantía de una vida armónica, justa y democrática.
El de las izquierdas no era muy sólido, había sido construido con enormes sacrificios y la sociedad padeció mucho más que la burocracia política. En estos casos, es fácil convencer a naciones enteras de que la democracia y la libertad estaban muy lejos y no dejaban de tener razón. Un anticomunista cubano me regañó con una imagen: Ustedes quieren perros gordos enjaulados. No obstante, convirtieron la utopía en autoritarismo.
En México el modelo revolucionario (burgués) se fatigó cuando se hizo cuarentón. La corrupción puso lo suyo y el sistema recrudeció sus acciones autoritarias bajo el mando brutal de un partido único hasta 2000. Los sectores avanzados cedieron ante el empuje del conservadurismo. México comenzó a regresar a la derecha luego de la salida del general Cárdenas en 1940. Nada detuvo a la reacción, con silenciosa habilidad, cada mandatario fue poniendo sus ladrillos para hacer de México un país distante de la izquierda. Luego padecemos la manía de crear multitud de izquierdas, hoy casi todas comandadas por ex priistas de cepa. López Obrador es uno de ellos. Moreno Valle otro en el sitio opuesto.
Como si fuera poco, las auténticas izquierdas fueron masacradas en el resto de América Latina con el apoyo descarado de EU. Lo grave es que las dictaduras militares llegaron en muchos casos con apoyo de masas. Chile es un ejemplo: Pinochet cometió sus brutales crímenes con casi un cincuenta por ciento de apoyo nacional, misma votación que defendió en un referéndum al tirano antes de morir.
Las recientes elecciones en España dan una idea interesante, donde igual vuelve a brillar el conservadurismo de quienes han gobernado luego de la muerte de Franco. El PSOE, fatigado por el peso de la derecha a escala nacional e internacional, se cargó a la derecha, como antes les había pasado a socialistas y comunistas franceses. Sí, el Partido Socialista llegó al poder ¿y? No olvido una conversación con un anarquista francés, Louis Mercier, quien había peleado en la Guerra Civil de España: “Lo que Miterrand quiere es el poder, no habrá transformaciones profundas.” Y en efecto, no hubo muchas.
Me tocó ver en España parte del reciente proceso electoral. Con pasado rojillo, ¿cómo demonios no estar con Pablo Iglesias? Lo escuché detenidamente y su discurso es novedoso, optimista e inteligente. Nada con Rajoy, con la derecha, pero es posible llegar a acuerdos con el Partido Socialista Obrero Español, hay afinidades. Los resultados no difieren gran cosa del anterior proceso. En la segunda vuelta, que Pablo Iglesias veía esperanzador, la derecha, encabezada por Mariano Rajoy, con su aspecto de hombre bondadoso y formal, de sacerdote pueblerino, volvió a tener el mayor número de sufragios. Podemos no consiguió superar al PSOE y se quedó en el tercer sitio con menos votos que en los comicios anteriores. Cuando Iglesias enfrentó la derrota confesó su decepción. Esperaba ganarle al PSOE y quizás, presionarlo para formar gobierno con el ruinoso partido.
Las explicaciones de los expertos en política hispana le dieron vueltas al asunto para llegar a la misma conclusión: España no quiere arriesgar su futuro en manos más avanzadas, progresistas, declaradamente de izquierda, para colmo jóvenes y simpatizantes de las teorías de Marx. El país ha guardado en el archivero la gesta republicana. Están satisfechos (no todos, naturalmente) con la monarquía que percibe fortunas por sólo decorar los actos públicos, como sucede en Gran Bretaña y en las demás monarquías.
No soy estudioso de España en el campo político, pero parte de mi formación se la debo a muchos republicanos que vivieron y murieron en el exilio, suspirando por la República, de allí que crea en Podemos. Pienso que sobrevivirán y llegarán al poder pero no de la forma en que lo hizo el PSOE sino con proyectos más avanzados. Por ahora esa izquierda impetuosa ocupa el tercer lugar, pero es una hazaña que en tan poco tiempo esos muchachos hayan conseguido disputarle el poder al bipartidismo español, con un lenguaje sencillo y sincero.


junio 27, 2016

Recuerdos de juventud (2/2)


Independientemente de los desencuentros, tengo que aceptar que Emmanuel Carballo fue un crítico literario de peso, o como ya he dicho, un entrevistador de talento. Sin sus trabajos no sería posible explicarse la literatura nacional. Sus interrogatorios son magistrales y de una enorme riqueza. Hace tiempo volví a leerlos y poco después me lo topé en una de las comidas de Sogem en la época de José María Fernández Unsaín: yo estaba bebiendo una copa con Francisco Prieto, tan lleno de talento y generosidad, y le dije a Emmanuel: En la entrevista que le hiciste a Salvador Novo están los mejores elementos para explicar el nuevo periodismo en México, mejor dicho, lo anticipa.
Emmanuel Carballo poseía un sentido de la ironía que mucho debemos agradecerle en este país solemne, poblado por gente seria. Era claridoso o al menos lo intentaba. Yo he escrito un montón de veces sobre la ausencia de crítica literaria en México y lo sigo sosteniendo, lo que no significa que no existan excelentes críticos literarios. Me refiero, pues, al grupo colegiado, egresado de las aulas universitarias, que analice sistemáticamente las obras aparecidas. Carballo siguió paso a paso a los mejores escritores mexicanos de su época, tenía una gran biblioteca y archivos, que no leía, sino estudiaba, analizaba los libros, sabía de sus conexiones con otros autores y navegaba en las aguas de los misterios y símbolos literarios de México. Tenía otra virtud más: los nuevos clásicos mexicanos no solían estar de acuerdo con él. Recuerdo que alguna vez declaró a Proceso que la mayoría de las actuales celebridades estaban infladas y dio datos y precisiones. Al día siguiente todos ellos intercambiaban telefonemas para mostrar su malestar y su ridícula indignación. Y algo semejante sucedió a la muerte de Juan Rulfo: estaba yo en la Dirección General de Difusión Cultural de la UNAM, luego de explicarle a Jorge Carpizo quién era ese autor magnífico, hicimos una gran mesa redonda para recordarlo y lamentar su muerte. Fue en el Palacio de Minería. Emmanuel aprovechó para expresar su malestar acerca del reinado de Paz (eran sus momentos de enorme fuerza y capacidad destructiva), de inmediato hubo una reacción, a la que Carballo no dio mayor importancia, se limitó a explicar sus juicios, no a cambiarlos.
Una de sus hazañas fue la recuperación del trabajo de Elena Garro. Con las dificultades propias del tema y del carácter cambiante de Elena, supo sortear las incomodidades para luego incluirla entre sus grandes narradores del siglo XX, el mayor trabajo jamás emprendido entre nosotros. No olvidaré la noche memorable en Monterrey cuando Carballo, Fernández Unsaín y yo hablamos a una multitud sobre la importancia del trabajo de Elena Garro, quien mostraba, como siempre, su rostro de mujer ingenua y sorprendida por las injusticias y el enorme peso del hombre que la desposara para ser muy infelices por el resto de sus vidas. Emmanuel explicó parte de su obra y le dijo a una Elena de nuevo en su patria: “He estado contigo en la guerra y en la paz”.
Solía hallar a Emmanuel sin proponérmelo. En realidad soy amigo de su última esposa, Beatriz Espejo, una cuentista ejemplar. Sin embargo me gustaban los encuentros con Carballo, eran gratos y las coincidencias asombrosas. Me gustaba, debo reconocerlo, su maligna ironía que por otra parte es natural, no pre elaborada, la hacía notar siempre.
La obra de Carballo es muy amplia y comprende también poesía, antologías y libros de memorias. Todo ello es de buen nivel y refleja la obra de un hombre que vivió eterna y pasionalmente enamorado de la literatura, que le dedicó su mayor esfuerzo y que al hacerlo nos ha mostrado la nueva grandeza literaria de México. Ello, por último, no significa que yo haya sido admirador de Emmanuel o un amigo cercano, simplemente compartimos momentos intensos de este México desconcertante y poco amistoso.
Una de las primeras reacciones al morir Parménides García Saldaña, fueron las de su propia generación, José Agustín y yo, entre muchos otros. Emanuel afirmó algo que me parece razonable: que Parménides era (si hemos de aceptar el terminajo) el más radical y sincero de toda la generación de La Onda. Así lo creo y por eso murió. No se entendía con la sociedad mexicana y su intolerancia tenía sentido. Era un opositor nato. Crítico impiadoso. Por ello mismo compañeros como Ignacio Solares no le tenían afecto. Sin embargo, Carballo que conocía bien a nuestra generación, y tuvo mucho contacto con nosotros, pudo escribir sobre ella y alejarnos de las pésimas ocurrencias de Margo Glantz. El solo recorrido por los nombres más significativos de un grupo (los nacidos alrededor de 1940) que tuvo todo tipo de estilos, temas y estructuras, precisa que ninguno era realmente un “Ondero”. Lo vimos como un movimiento social cercano, pero no nos situamos dentro. Si hemos de hablar del consumo de algunas drogas, quienes consumimos fuimos pocos. Y si leemos a Jorge Arturo Ojeda, Juan Tovar o a Roberto Páramo, las diferencias son abismales. Nada qué ver con la Onda. Pienso más bien en el ninguneo que a Emmanuel no le chocaba.
Si escribí dos o tres relatos donde aparecían el LSD, la mariguana y los fiestones desmadrosos, era ocasional. Lo mío siempre fueron los temas fantásticos y en especial los cuentos breves basados en temas bíblicos, en la mitología clásica y en autores del pasado remoto que me habían fascinado desde la niñez.

junio 26, 2016

Érase una vez y colorín colorado (1/2)

Actualmente el llamado cuento breve vive un éxito descomunal. En internet van y vienen, hay páginas y blogs dedicados a ellos.

El cuento muy corto, el que los españoles suelen llamar microrrelato y nosotros minificción, tal vez por el acelerado ritmo de la vida moderna y de la sobrepoblación literaria, tiene un éxito formidable. De la novela-río hemos pasado a un esmerado cultivo del texto breve que se admira en impresos y en internet. De muchas maneras podríamos decir que éste, en México, proviene principalmente de Julio Torri y Juan José Arreola. Pero tendríamos que meditar en otras fuentes para apreciar su grandeza, en las fábulas de EsopoSamaniego y Lafontaine, en Gracián (ponderaba lo sintético) o en presencias como PoeMaupassantVilliersSchwobKafkaQuiroga y Borges y en la importancia del haikú en manos de Tablada, 1871-1945: “Los gansos. Por nada los gansos/ Tocan alarma/ En sus trompetas de barro.”
Edmundo Valadés popularizó las brevedades y las hizo célebres a través de su revista El Cuento. No siempre eran pequeños relatos, sino frases memorables extraídas de una novela o un ensayo. Como BorgesValadés en México destacó ideas hermosas de autores afamados que muchos aceptamos como cuentos. Sin embargo, para la mayoría de quienes los leen y escriben, todo pareciera provenir de Monterroso. No sólo ello, han hecho de El dinosaurio una leyenda. Hasta politólogos, periodistas y académicos recurren a esta línea magistral y hacen toda clase de paráfrasis. Me atrevo a decir que Efraín Huerta fue quien dio principio a las tediosas variantes al escribir uno de sus poemínimos. “Cuando desperté, la putosauria todavía estaba allí.” Cuando aparecieron estos versos juguetones,Octavio Paz le advirtió a su compañero de generación: Parecen chistes. La reacción no deja de acercarnos a un hecho confuso: no saber precisar qué es un microrrelato o minificción. En alguna medida es terreno pantanoso, del que ni siquiera los especialistas nos han salvado. Cada autor de brevedades tiene su propia definición o su peculiar manera de redactarlas. Julio Torri y Juan José Arreola prepararon el sinuoso camino, donde prevalece lo fantástico.
En lo personal hago novelas extensas, como El reino vencidoEl gran solitario de Palacio o Réquiem por un suicida, pero me siento mejor navegando en las delicadas aguas del texto de extensiones comprimidas. A diferencia de RiveraSiqueiros y Orozco, prefiero los cuadros de caballete; sobre las inmensas obras de Wagner, con frecuencia opto por las piezas de Chopin o de Satie. Ante la novela-río me sumerjo en Borges. Me gustan las cajitas musicales o las miniaturas laqueadas chinas. Con cuentos cortos empecé mi carrera literaria en 1959.
Pero es evidente que son otros escritores, y muy anteriores, los que motivaron esa larga fila de autores que en nuestro continente se han inclinado por redactar textos brevísimos. La fábula o apólogo son influencias fundamentales, estén en verso o en prosa. Jamás he dejado de lado a Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), quien tuvo el acierto de inventar lo que conocemos como greguería, una frase aguda, breve, paradójica y metafórica. Una especie de aforismo resuelto con sentido del humor. Su hermano, Julio Gómez de la Serna, en un prólogo al respecto precisa: “Ramón es para mí, en sus greguerías, como un ilusionista que va extrayendo de su mágico sombrero de copa una serie de cosas heterogéneas: palomas, banderas, conejos, pañuelos”. Es cierto. Ramón escribió cientos de textos cortos que llamó greguerías y que tuvieron en el mundo una enorme influencia. No pasemos por alto frases, aforismos y epigramas eficaces de Jules RenardBernard ShawOscar Wilde y Alfonso Reyes, quienes las llevaron a la práctica en distintas variantes juguetonas.
En mis años de formación, en la librería de viejo de Polo Duarte, nos reuníamos un grupo de jóvenes a escuchar el ingenio del narrador hispano Otaola. A este hombre, de implacable sentido del humor, le escuché las primeras greguerías. Las decía de memoria, una tras otra; así me acerqué al mundo de Ramón Gómez de la Serna, quien, según sus propias palabras, las cosas eran tan simples como las fórmulas matemáticas. Decía que la greguería era “Humor + metáfora = greguería”. Cito cuatro: “Monólogo significa: el mono que habla”, “Los tornillos son clavos peinados de raya en medio”, “Soda: agua con hipo” y “La morcilla es un chorizo lúgubre”.
Hoy, el cuento breve vive un éxito descomunal. En internet van y vienen, hay páginas y blogs dedicados a ellos. La gente del mundo moderno no tiene efectivamente tanto tiempo para leer una novela-río. Prefiere lo que denominan minificciones, ficción mínima, microrrelatos, nanorrelatos o brevicuentos. Hace todavía unas cuatro décadas, no había un nombre específico para este tipo de textos literarios. Experto en relatos cortos, Lauro Zavala, recordó que me correspondió, en 1967, hacer una de las primeras antologías de minificciones nacionales, a la que titulé Antología del breve cuento mexicano. El criterio utilizado fue que ninguno excediera la página y media. Hoy lo medimos en caracteres y las precisiones sobre sus características siguen siendo discutidas.
Con desparpajo, no teorizo sobre su estructura, publico entre dos y tres minificciones semanales en Facebook. Analizarlos le corresponde a los especialistas.

junio 24, 2016

Recuerdos de juventud 1/2

Mi primer encuentro con Emmanuel Carballo se dio una tarde de 1963 en su casa. Me había invitado el historiador Ernesto de la Torre Villar. Emmanuel me recibió sonriente y cordial, a un costado de Ciudad Universitaria. El sitio era acogedor: chimenea, libros por todas partes y excelentes botellas de ron y whisky. Platicamos de muchas cosas, especialmente de literatura y política. A la semana siguiente, Emmanuel publicaba en Excélsior su “Diario Público”, columna que anticipaba en mucho el uso de la primera persona del singular en el periodismo, una breve nota de su encuentro conmigo y me describía como una persona joven y nerviosa. ¿Cómo no estar inquieto y agitado? Era la primera vez que me encontraba platicando con un escritor de peso. Por algún tiempo, no sé cuánto, visité a Carballo. Salía de la entonces Escuela de Ciencias Políticas y Sociales y conversaba con él, más exactamente lo escuchaba. Le hacía compañía. Emmanuel me publicó algunos de mis primeros comentarios periodísticos en un suplemento cultural inserto en Ovaciones. En uno de ellos, en un exceso de radicalismo, critiqué al guatemalteco Miguel Ángel Asturias por aceptar un cargo diplomático, embajador, de su gobierno, un gobierno no muy popular que digamos. Por lo menos, aquello fue un buen inicio, no era fácil que un escritor como Emmanuel aceptara en su casa la visita de un joven sin ninguna obra, sólo con la promesa de que tarde o temprano publicaría algún libro.
Sin embargo, no ocurrió así. La historia la he contado varias veces en detalle y ahora la resumo. De pronto Carballo y Rafael Giménez Siles, un poderoso editor y dueño de librerías, en 1966, decidieron crear una nueva colección literaria. Desde luego, fui invitado junto con otros escritores de mi generación, recuerdo a Parménides García Saldaña y a Margarita Dalton. Yo era cuentista y me vi forzado a transformarme en novelista, así eran las ganas de ser conocido. Redacté las primeras cincuenta páginas de una novela que se llamaría Los juegos y las leí en su casa, ante la mirada atenta de Giménez Siles y Emmanuel. Ambos me elogiaron y estimularon a seguir pese a que era una violenta crítica a intelectuales y políticos. Cuando la concluí, don Rafael fue contundente: “No pienso ir a la cárcel por culpa de tu novela. Hablas mal del presidente, mira que decirle a Díaz Ordaz la gran verga…”. Carballo no hizo mayores comentarios, ¿para qué?, seguramente ya estaban de acuerdo en rechazar mi novela. Mal comencé pese a que Emmanuel me contó historias de afamados intelectuales para que las pusiera en mi libro, cosa que no llevé a cabo. Finalmente me empeciné y la publiqué en edición de autor. Allí comenzaron mis dificultades que no concluyen y que Dionicio Morales precisó en un texto publicado en un libro de homenaje que me hizo la UAM: Once miradas sobre René Avilés Fabila, justo una obra resultado de la conmemoración de los cuarenta años de edición de tal novela. (Por cierto, Los juegos, el año próximo cumple 50 años de edad y la editorial Lectorum hará una edición conmemorativa de un libro realmente contracultural.)
Al aparecer, el primero en darme una bofetada fue Emmanuel Carballo, en el suplemento que dirigía Fernando Benítez y que ya se había mudado de casa y aparecía en Siempre! Decía petulante el crítico que era una obra macartista y en general la ironizaba. Por supuesto, contesté de manera acre y aquello provocó una ruidosa polémica que recuerdan fragmentariamente Jorge Volpi en su libro La imaginación y el poder y José Agustín en el tomo inicial de Tragicomedia mexicana.
Jamás olvidaré cuando entré en la oficina de José Pagés Llergo, estaba solo y sin preámbulos me preguntó qué demonios quería: “Señor, Emmanuel Carballo ha publicado una nota adversa e injusta a mi primera novela y tengo la respuesta. ¿Podría publicarla en la sección de correspondencia?”. Déjela, me dijo imperioso y volvió a su lectura. El siguiente jueves, estaba mi nota. No recuerdo de dónde vino la respuesta, a menos que siga a Volpi, quien dice que fue del propio Emmanuel. De nuevo volví a la redacción de Siempre!, Pagés me sonrió y me dijo algo así como: “Imagino que trae usted otra pinche protesta”. “Sí, pero, quiero pedirle un favor, don José, que en lugar de ilustrarla con una fotografía de Fuentes o Carballo, ponga usted la mía”, y acto seguido le extendí mi foto. Pagés se sonrió como diciendo vaya con la insolencia y vanidad de los nuevos intelectuales (imagino que añadiría el cabrones) y de nuevo se sumergió en sus papeles. La polémica se extendió por varios números y así conocí personalmente a Pagés Llergo, periodista respetado por propios y extraños, hombre legendario.
En realidad no puedo decir que Emmanuel y yo fuimos amigos. Tuvimos montones de encuentros y estuvimos juntos en multitud de actos públicos sobre Arreola y Rulfo, por ejemplo. Con Rafael Giménez Siles terminé absolutamente distanciado. A cambio, la relación con Emmanuel sobrevivió. Como cosa curiosa, nos encontramos en la tarde fatal del 2 de octubre en Tlatelolco. Yo iba con Rosario y él con Neus Espressate. Platicamos sobre la imbecilidad del presidente Díaz Ordaz y sobre el magnífico movimiento estudiantil antes de perdernos entre los innumerables jóvenes que ocupaban la plaza. Es evidente que los cuatro salvamos la vida. Luego, alguna vez, Emmanuel me diría con molestia: “qué barbaridad, ahora todos los escritores y los intelectuales estuvieron en Tlatelolco, cuando ni tú ni yo los vimos. No estaban. Ni Poni ni Monsi”.

junio 22, 2016

Los sueños cinematográficos

El teatro, es obvio, está más cerca de la cinematografía que la novela. Por ello Shakespeare o Tennessee Williams han sido mejor captados que Cervantes y William Faulkner. Pero dentro de la literatura hay un género, el policiaco, que cuenta con un público fiel y esta pasmosa fidelidad ha pasado a las salas cinematográficas. Desde Dashiell Hammett y su célebre El halcón maltés, asombrosamente interpretado por Humphrey Bogart, y aún antes con las películas basadas en las novelas de Arthur Conan Doyle, el espectador-lector y el lector-espectador (de los dos tenemos) han sufrido con sus héroes y odiado a los villanos, pese a que los primeros se han ido haciendo cada vez más rudos y brutales. Recordemos que ya Mike Hammer de Spillane era un ser violento y que James Bond de Ian Fleming lo es en demasía. El cine y la televisión los lanzaron a la fama. Sus fórmulas eran sencillas: imposible darle armas convencionales a los héroes policiacos ni tampoco tramas fáciles de perseguir, a cambio, sexo y rudeza. Sólo Agatha Christie desoyó la nueva manera de conseguir el éxito y siguió escribiendo novelas en las que los héroes son prácticamente incapaces de tomar un arma. Como Sherlock Holmes, preferían la inteligencia y la lógica deductiva. Y mientras que James Bond (desde luego, en la versión de Sean Connery) destroza cabezas con balas expansivas y enseguida hace el amor con una bella mujer, Hércules Poirot o la solterona miss Marple desde un sofá seguían los pasos del asesino o del ladrón. Aunque había escenarios exóticos, la obra se desarrollaba como si fuera teatro; en un espacio reducido. La señora Christie no tenía interés, ciertamente, por buscar grandes espacios capaces de albergar tumultuosas acciones. Se esforzaba (y lo conseguía con frecuencia) en confundir al lector y al espectador. Confundía asimismo a sus personajes con pistas falsas y datos que no encajaban. Pocos han sido tan duros con sus héroes en el plano intelectual como ella, Conan Doyle y más recientemente Simenon y Ellery Queen. Sus obras no fueron violentas, aunque como en toda novela de misterio y crimen, hay algo de sangre. Pero nunca tocó el sexo y la violencia como los actuales novelistas policiales. Jamás olvidaré los primeros libros que de ella leí: El asesinato de Rogelio Ackroyd y Diez negritos, ambos en ediciones argentinas, del mismo modo que tendré presente a la versión cinematográfica de Muerte en el Nilo con Víctor Buonno en el papel de Hércules Poirot.
No cabe duda de que dentro de la cinematografía mundial han existido inmensos poetas: Charles Chaplin es uno de ellos, probablemente el más grande. Para fortuna de sus admiradores, ya a nadie se le ocurre compararlo con Cantinflas. Chaplin no tuvo par. Con y sin palabras consiguió que el público se emocionara con sus bellísimas imágenes. Más que un cineasta completo era un mago maravilloso: he visto sus películas una y otra vez con la misma tensión del principio y aún logran conmoverme profundamente escenas como aquélla de Luces de la ciudad en la que el vagabundo más empobrecido que de costumbre se encuentra con la vendedora de flores (Virginia Cherrill) a la que ayudó: ahora no es más una ciega, trata de socorrer a Chaplin y éste sólo acepta una flor. Ella toca su mano y reconoce al instante a su antiguo protector. Todo está en los expresivos rostros. Es una secuencia enternecedora.
Pero también el cine ha recibido poetas literarios como Jean Cocteau. Autor de novelas espléndidas como Les enfants terribles (indistintamente traducido como Muchachos terribles o Infancia terrible) y Opio (el relato de su aventura con esa droga, su proceso de desintoxicación y más de un secreto literario), dibujante de alta calidad y creador de obras teatrales de primera línea, llega al cine y produce algunas cintas maravillosas, casi siempre con la presencia de Jean Marais: La bella y la bestia, Orfeo, La sangre de un poeta y El testamento de Orfeo. Cocteau encuentra en el cine su mejor arma, no importa que a muchos críticos no los convenza su filmografía, que la encuentren fácil y almibarada. Es un poeta tanto como literato que como cineasta. En su trabajo están juntos el surrealismo de aquellos años y la magia de todos los tiempos. No me parece una casualidad que haya escogido para sus películas temas como la bella y la bestia y la hermosa leyenda de Orfeo y Eurídice. Son mitos de validez universal.
En efecto, el principal problema para llevar al cine una novela es su extensión. Ya hemos visto los pesados resultados de obras como La guerra y la paz de Leon Tolstoi. Y si hubieran dejado intactos los diálogos de Adiós a las armas de Ernest Hemingway, sólo los fanáticos de este novelista (yo entre ellos) y los cineadictos hubieran podido llegar hasta la palabra salvadora: Fin.
¿Qué ocurre? Una cosa: de nueva cuenta estamos ante el enorme prestigio de la novela, en especial de la novela realista. Y ante ésta el cuento pasa a un papel modesto de hermano menor, de género chico. Todos se inclinan ante la sinfonía y dejan de lado la pieza de cámara. Los murales hacen palidecer al caballete. El cuento es el material perfecto para el cine. Sus características de brevedad, rapidez e ir por regla general hacia un final con frecuencia sorpresivo, son ideales para la adaptación cinematográfica. Un ejemplo nada más. Blow Up, excelente película de Antonioni, fue basada en el cuento corto de Julio Cortázar “Las babas del diablo”. Los pasmosos resultados están a la vista.


junio 20, 2016

¿La CNTE hará una revolución violenta?


Los integrantes del grupo magisterial llamado la CNTE, una minoría en comparación al número de maestros que existen en México, está en movimiento perpetuo aprovechando que las autoridades no son ni capaces ni medianamente inteligentes y decididas. Desde hace un tiempo pelean contra las reformas que el gobierno intenta llevar a cabo. Lo hace con una violencia inusitada, desconocida en el país. Paralizan carreteras, hacen manifestaciones violentas, agraden a quienes aceptan los planes oficiales que intentan renovar la pésima educación nacional, llevan a cabo acciones de desconcertante vandalismo, disponen de recursos económicos que no les pertenecen, atracan oficinas y, para colmo de colmos, tienen a miles de niños abandonados en escuelas patéticas, descuidadas y abandonadas.

El principal culpable es sin duda el sistema. Ha permitido que los problemas crezcan sin tratar de solucionarlos gradualmente y ahora lo tratan de hacer de golpe. El estado de abandono de la educación pública contrasta con el éxito de las escuelas privadas. Los sueldos también y en consecuencia el prestigio de un magisterio al servicio del país ha disminuido. Recuerdo a mis abuelos y a mis padres, todos maestros de primaria, la dignidad con la que vivían, tenían respeto y como nadie contribuyeron al desarrollo nacional.
La tecnocracia los ha ido empujando a la miseria y el éxito de la globalización neoliberal ha dado al traste con aquellos notables proyectos educativos que poseía la SEP. Hoy dicha dependencia es una cueva de ineptos e insensibles. Funcionarios que jamás han impartido una clase ni analizado los caminos pedagógicos.
Pero lo que llama la atención es la brutalidad de la CNTE. Hace unos pocos días la explicaron sus dirigentes: Buscamos un estallido social en todo el país. Y precisan: “La lucha por la derogación de la reforma educativa ya nadie la para.” Sus palabras indican que mal leyeron a los clásicos del marxismo o que hablan sobre ideas que escucharon. Si tratan de hacer una revolución violenta, que modifique la estructura del país, están perdidos. En tiempo de Lenin ésa fue la táctica. Llevar a cabo brotes de inconformidad y provocar una reacción en cadena que llevó a proletarios y campesinos, intelectuales, a eliminar al zar y a la nobleza, tomar el poder y establecer una novedosa manera de conducir a una nación. Buscaron, y así lo indicaba el periódico subversivo de los comunistas, una chispa que incendiara el país y llevar a cabo una violencia revolucionaria. Pero en ese momento, 1917, las condiciones en Rusia eran las adecuadas para que el país se levantara en armas. Nacional e internacionalmente los soviets tenían a su alcance los elementos que permitieron llevar a cabo una magna revolución dirigida no por maestros de rudimentaria inteligencia y nula capacidad teórica. Eran Lenin, Trotsky, Stalin y cientos más que al poco tiempo triunfaron, pero fueron incapaces de llevar a buen puerto la revolución.
Los maestros de la sección 22, si realmente suponen que con sus tácticas de grosera ingeniería política lograrán un “estallido social” en México, están equivocados. El subcomandante Marcos trabajó intensamente en un levantamiento armado, formó un ejército de decididos indígenas, preparó a cientos de ellos y le declaró la guerra al Ejército mexicano. Contó con la simpatía de millones de connacionales y hasta en los medios de comunicación, tradicionalmente al servicio del poder, hubo palabras de entusiasmo. El país estaba harto del sistema opresivo. Fue, en suma, un movimiento armado que no llegó a ningún lado y hoy apenas recordamos a Marcos, su lenguaje arrojado e innovador y sus acciones audaces. Ni siquiera sabemos dónde se halla y cómo sobrevive. Recibió la solidaridad internacional y no hubo más cambios que, adelante, los mexicanos llevaran al poder a un hombre en verdad limitado e inútil, a Vicente Fox.
Es evidente que son muy pocos mexicanos quienes están satisfechos con la situación actual, pero ninguno está decidido a ir a las armas para seguir a un grupo de maestros vándalos sin ideología real y de una total incapacidad intelectual. Saben destruir unas oficinas de gobiernos pueblerinos, detener el tránsito de calles citadinas y hasta allí. No lograrán que haya el anhelado estallido social. Hartan y fastidian, se hacen detestables, no tienen programa y sí aprovechan los dineros que están a la mano para ellos mismos. Contra la certeza leninista de que una chispa puede incendiar un país, no muestran más que una conducta criminal de bajo rango. Mal hace López Obrador en adherirse a esa causa que grita y altera sin resultados importantes a un puñado de ciudades. Le quitará votos y no lo hará crecer, verá que la tercera no es la vencida porque se hizo de aliados lamentables.
Si realmente creen en la sección 22 que ellos son la chispa que encenderá el fuego revolucionarios, no estaría de más leer a los clásicos del pensamiento revolucionario que encabezara Marx. Ellos simplemente son un malestar para la SEP y para muchos ciudadanos. Pero de eso a llevar a cabo una revolución violenta parta detener el capitalismo neoliberal, hay una enorme distancia. Basta con mirar el planeta y en especial reflexionar sobre México. No hay condiciones para un cambio como el que dicen pretender. La situación es más compleja, pero si apenas saben leer un libro de texto gratuito, es difícil pedirles que lean marxismo. Por ahora están más cerca de Hitler que de Lenin.

junio 19, 2016

Dicen que Sinatra ha muerto (2/2)

Al final, el cowboy asesino de pieles rojas, John Wayne, abusando de su corpulencia, le dio un puñetazo al cantante y el proyecto acabó.

Las leyendas comenzaron a aumentar de intensidad en la época en que Frank Sinatra formó El Clan con un grupo de alegres amigos, alegres y borrachos; destacaban Dean Martin y Sammy Davis Jr. Es la época de Las Vegas, de losshows televisivos, de la presentación con Elvis Presley, momento en donde los dos cantan a dúo jugando con las letras de sus respectivas canciones.
Frank sabía administrarse y aparecía con habilidad. Brindaba conciertos legendarios como el que en octubre de 1974 dio en el Madison Square Garden de Nueva York, cantó en el estadio de Maracaná en Brasil con un lleno hasta hoy no superado por ningún cantante o rockero. Y como si esto fuera poco se dedicó activamente a apoyar a políticos de enorme aceptación popular, entre otros aJohn F. Kennedy y más adelante al exactor Ronald Reagan, a quien conocía desde sus mejores tiempos de Hollywood.
Y ya en épocas relativamente recientes fue objeto de más de una agresión que desdeñó: Sid Vicious, ese genio de Sex Pistols, verdadero hombre de aversión a los valores establecidos, que como buen enemigo de la sociedad idiota que padecemos, se dio una buena muerte de drogas y alcohol, hizo una terrible parodia de My Way. Vale la pena, por último, recordar que en medio de las acusaciones falsas y verdaderas que Sinatra recibió en vida tuvo el valor de luchar contra el racismo y además enfrentar al terrible y siniestro personaje que fueMcCarthy y su Comisión de Actividades Antinorteamericanas, una fábrica de calumnias, patrioterismo y anticomunismo del peor estilo derechista que diezmó Hollywood y lo privó de grandes talentos durante los años de Guerra Fría.
En su libro McCarthy contra Hollywood: la caza de brujasRomán Gubern narra que en 1960 Sinatra quería adaptar al cine el libro de William Bradford HuieThe Execution of Private Slovik (1954), “impresionante biografía del único soldado del ejército estadunidense que fue fusilado por desertor durante la Segunda Guerra Mundial”.
El trabajo le fue solicitado a Albert Maltz, antiguo amigo de Sinatra. La reacción de la derecha macartista fue tremenda. La Legión Americana, el Pentágono y otras fuerzas conservadoras atacaron públicamente a Sinatra. Al final, el cowboy asesino de pieles rojas, John Wayne, abusando de su corpulencia, le dio un puñetazo al cantante y el proyecto tuvo que ser cancelado. Explica Gubern queSinatra olvidó, “entre otras cosas, que un actor es más vulnerable que un productor o que un realizador”.
Frank Sinatra hizo lo que quiso y siempre tuvo éxito. No es fácil mantenerse en un alto nivel de popularidad internacional, y él consiguió la hazaña cantando con su hermosa voz sus viejos éxitos y canciones de nuevas figuras como Los Beatles. Siempre estuvo acompañado por orquestas espléndidas, directores de primera línea y arreglistas especializados de inmenso rigor. Lo mismo ocurría con sus apariciones públicas: solían ir grandes cantantes a apoyarlo. Por esta razón, por una vida intensa y repleta de éxitos, hizo suya una canción de Paul Anka llamadaMy Way, que era una especie de himno propio que cantaba con mucha frecuencia y que nos recuerda que fue haciendo su biografía a través de canciones muy bien seleccionadas tanto por su capacidad artística como por su letra escrita a satisfacción personal de Sinatra.
Jamás lo abandoné; pese a los cambios, seguí conservando un lugar para sus discos y aun para sus filmes. Obtuve más de un magnífico romance gracias a su música. Sin embargo, personalmente disfruté más sus canciones menos populares. No fue con New York, New YorkGot you under my skinFly me to the Moon o Young at heart, sino con discos como Let me try againYou will be my music,Send in the clowns y algunas festivas y llenas de buen humor como Love and marriage, que me extasié.
Pese a los excesos de cigarrillos y alcohol, no perdió la voz sino casi hasta el final. Cuando cumplió 80 años, durante el homenaje que le rindieron, Bono, sin U2, quiso ponerse grueso y dijo alguna palabrota (Carlos Fuentes diría una palabra sagrada, qué mamón), funcionó la censura, pero nadie se asustó, a lo sumo algunos se sintieron molestos. Pobre Bono, nunca será parte real de la contracultura. Cuando apareció Frank iba en principio alarmado porque una empleada joven y sin experiencia le había ofrecido un vaso con agua. En la mano llevaba un whisky y otros más en el estómago, y así comenzó a explicar una historia de inicial erotismo, francamente aterradora, tanto que los organizadores cancelaron la transmisión televisiva y la censura operó de nueva cuenta.
No volví a ver a Frank Sinatra en televisión. Ya sus males, la familia y representantes le impedían aparecer en público. Luego me contaron que había muerto. Lo dijeron los medios de comunicación una y otra vez, inventando cuentos y extrañas historias acerca de su larga y maravillosa vida y poniendo sus grandes éxitos en radio, cine y televisión. No obstante tanta insistencia, sus admiradores más consistentes sabemos que no ha muerto: nos basta recurrir al celular y buscarlo para comprobar que son mentiras insostenibles.

junio 17, 2016

Gobernar con minorías sobre mayorías

Nunca he visto tanta alharaca por victorias lamentables ni tanto llanto por derrotas bien merecidas. El PRI mostró su incapacidad para seguir funcionando con sus añejos métodos. El presidencialismo a la mexicana es un platillo que a pocos les hace gracia. Mientras que la gritería de panistas y perredistas coreada por el clero convertido de nuevo en activista político hace temblar la disposición de tolerar los matrimonios gay. El siguiente paso de los curas será impulsar a un demente a disparar contra los homosexuales en algún bar, en memoria del asesinato del general Álvaro Obregón. La presencia de la virtual alianza PAN-PRD-alta jerarquía católica es muy peligrosa dada nuestra historia.
El cuadro es frágil y no amerita tanto grito. Veamos el panorama político reciente. Los gobernadores triunfaron con porcentajes mínimos en todos los casos, lo que muestra el desinterés de sus respectivos electores. Con dificultades ganaron sobre contendientes tan lamentables como ellos con márgenes mínimos. Apenas obtuvieron una quinta parte de los sufragios de aquellos con facultades para hacerlo. En Oaxaca ganó el PRI con el 20.9% del padrón. Y lo mismo les ocurrió a Antonio Gali (20.6 %) y a Miguel Ángel Yunes, cuya “espada flamígera” se hace sentir en todo el país, con 19 % de la lista nominal. Marco Antonio Mena con el 21.8%, Carlos Joaquín con el 24.6 %, Francisco García con el 24.9 %, Martín Orozco con el 22.8 %, Javier Corral con el 19.9 %. Pero todos gritan de euforia con el apoyo reducido de bases. Sigamos. Rosas Aispuro con el 24.4%, Alejandro Tello con el 22.2 %, Quirino Ordaz con el 19.2 % y el de “mayor éxito” Omar Fayad Meneses con el 25.3%.
Si analizamos los datos, veremos que los gobernadores recién llegados tienen buena parte de rechazo o desinterés en sus respectivos estados. Son corruptos o pésimos políticos o ambas cosas. Pero claro, en la democracia, nos dicen los sabios expertos, se gana con un voto. El caso es que ahora tenemos nuevos gobernadores que gritan de euforia con el apoyo mínimo de la ciudadanía de sus respectivos estados, la que mostró su rechazo al no acudir a votar. Ninguno realmente convenció a las mayorías.
El PRD es el peor situado, pues sus “triunfos” se los debe a su antes enemigo, el PAN. Van, pues, de comparsas leales y disciplinados, orientados por su gurú Agustín Basave. Si bien les va, obtendrán cargos menores y la satisfacción de clamar que ganaron, cuando en realidad los gobiernan panistas.
La suma total de los votos obtenidos fue curiosa, el fracasado PRI consiguió un total de 14 millones 111 mil 936 votos. Atrás suyo va el glorioso PAN al conseguir el 21.73 % de los votos, un poco más en donde fue aliado con el PRD, lo que prueba que el amor-pasión entre PAN y PRD es un hecho visible, tanto que ya hablan de enfrentar al PRI en todos los procesos que le siguen, incluido el presidencial.
La realidad es que, a menos que Morena siga creciendo fuera de la CDMX, lo que no es fácil, volveremos a un “bipartidismo” bizarro. De un lado el PRI y sus aliados de siempre, del otro el PAN con los suyos, entre los que se encuentra un PRD que intenta conservar algo de su antiguo poderío al menos en la capital de México.
Los resultados no fueron favorables para la partidocracia, cada fuerza política a duras penas consiguió arrastrar a porcentajes reducidos de votantes. La sociedad mexicana comienza a salir del letargo en que está sumida. La realidad es que el PRI gobierna 15 estados, el PAN 10, el PRD 5, el PVEM 1 y un independiente que suele hablar con extrañas imágenes. Ah, se me olvidaba, el PRI mantiene, hasta hoy, la Presidencia de la República.
En tal contexto ya los futurólogos y los encuestadores tienen poco qué ofrecernos, ahora ya saben que son falibles, que calculan con raras metodologías las peticiones de sus mejores clientes: los partidos políticos.
La partidocracia que tan mal papel ha hecho y seguirá haciendo, muestra con sus acciones iniciales que más que gobernar a sus entidades, las ven como sitios donde hacer negocios y desde luego, cobrar venganza, como en el caso de Miguel Ángel Yunes, quien ahora disfrazado de panista, lanza amenazas a sus contrincantes. Manlio Fabio Beltrones conserva un ligero tono optimista, para eso le pagan, ve a su partido victorioso, él y nadie más. Pero lo mejor es que ninguno de esos partidos, incluyendo al PRD, es capaz de llevar a cabo una severa autocrítica y salir a las calles a combatir como lo hizo al inicio. Más todavía, ninguno, salvo Morena, lo hará. Es el estilo de López Obrador y si bien nunca ha ganado la Presidencia, siempre pone en jaque a los demás partidos que suelen ser timoratos y cobardes. Ninguno arriesga. Ninguno se mezcla realmente con el pueblo, se limitan a los medios de comunicación y a los discursos organizados.
Sin duda, en el siguiente proceso electoral habrá una mayor actividad, pero toda ella será falsa, repleta de mentiras, proclamas y promesas grotescas. Y será peor aún, la de 2018, que incluye la Presidencia de la República.
Realmente en las pasadas elecciones nadie ganó y todos perdimos, en especial nosotros, los ciudadanos. Hay que repensar a México, así no va a ningún lado.

junio 15, 2016

Satanás superstar

Daniel Defoe (1660-1731) es uno de los más grandes escritores y, junto con Swift, pilar de la cultura universal. Su obra más conocida es, sin duda, Robinson Crusoe, pero por allí anda una hermosísima novela erótica suya, Moll Flanders, que en el cine protagonizó la bella Kim Novack. Defoe tiene además dos libros inquietantes: Historia de la peste en Londres e Historia del diablo. El Robinson Crusoe ha sido uno de mis libros favoritos y la señora Flanders me causó no pocas inquietudes juveniles. Ella, imposible no decirlo, y Fanny Hill, fueron leídas una y otra vez. Cuando escribí mis primeros cuentos amorosos, La lluvia no mata a las flores, de nueva cuenta acudí a esos libros y tal vez a Candy. Si mal no recuerdo, así se lo hice saber a Jesús Luis Benítez en una entrevista aparecida en el suplemento cultural de El Nacional, recién publicado mi volumen de cuentos en la editorial Joaquín Mortiz, alrededor de 1970. Como se observa, mi admiración por Defoe es antigua.
Daniel Defoe escribió novelas y también ensayos, y en todos los casos siempre encontramos un tufillo político y, obviamente, religioso. Su prosa satírica, sin llegar a los endiablados extremos de Swift, desconcierta, en especial si tomamos en cuenta la época en que escribió. En Literatura inglesa, Entwistle y Gillett especifican al respecto: “Las obras de Defoe y Swift son pasos importantes hacia las grandes realizaciones del siglo XVIII: la creación de la novela y el ensayo”. En honor a la verdad, habrá que añadir que el primero se adelanta a lo que después llamaremos literatura erótica y en la cual los ingleses dan magníficos ejemplos y escenas más logradas que las que podemos hallar en la picaresca española y en la novela pastoril. Ambas manifestaciones un tanto ingenuas o quizá poco audaces. El amante de lady Chatterley es uno de los más hermosos y no menos escandalosos ejemplos de ello. Hasta nuestros días recordamos la rencorosa censura victoriana repudiando a esta delicada obra de D. H. Lawrence.
Historia del diablo (1726) es para mi gusto la mejor obra de la demonología universal. La más completa acerca de ese ser misterioso y, para la mayoría, odioso y temido. El subtítulo mismo es significativo: “Desde su expulsión del Cielo hasta la venida del Mesías, con interesantes datos acerca de su origen y de los hechos que ha realizado y algunas consideraciones sobre los errores de ciertos autores respecto a las causas de su caída”. Bien visto, el libro es una reivindicación del arrogante ex ángel Luzbel que tiene, como su contraparte, Dios, poderes semejantes: es inmortal y posee el don de la ubicuidad. Por último, aquél jamás tendría sentido sin éste.
Sin pretender analizar la obra (la tarea sería vasta y compleja), hay algunas ideas que me surgieron con la lectura de la Historia del diablo de Daniel Defoe. No es, repito, una crítica sino más bien un par de comentarios que aparecieron mientras la leía, algo así como tentaciones diabólicas: no cabe duda de que el gran personaje literario, y tal vez histórico, no es Dios, lo es su tremenda antítesis, Satanás, el ser más libre de la creación, el que está aquí y allá tentando, proponiéndole al ser humano magníficos crímenes y violaciones a los Mandamientos, el que está junto a nosotros en cada instante de la vida, el que pone al alcance de la mano divertidos pecados y fantásticos vicios. En suma, el que ha hecho de este mundo algo risueño y alegre, el que ha abogado por el adulterio y el sexo fuera de lo común, no importa que su amistad sea condenatoria.
Dentro del cristianismo es posible pagar nuestros pecados veniales con el Purgatorio y aun los mortales con el Infierno si la vida fue buena, si valió la pena vivirla.
Tal vez la legítima lectura de la Historia del diablo sea crítica y adversa al Gran Rebelde; sin embargo, para mí ha sido una inmensa revelación y algo definitivamente reivindicativo. Ya no es posible tenerle miedo, peores han sido algunos individuos o algunas naciones, dice el propio Defoe. Más crímenes se han cometido en el nombre de Dios (pensemos en las Cruzadas o en la Santa Inquisición) que en el del diablo. Supongo que lo correcto es pensar como Goethe y aguardar un posible encuentro con el demonio: ¡hay tantas cosas que escucharle y tantas ofertas maravillosas que aguardarle! Todo consiste en saber burlarlo o aceptarlo, si es que deseamos que este valle de lágrimas se convierta en terreno fértil para la felicidad, la abundancia y el reconocimiento sin importar las amenazas de un castigo celestial.
Apostillas: Marx fue severo no con el cristianismo sino con todas las religiones al señalarlas como el opio del pueblo. Dios no reaccionó ante la aseveración del filósofo, acaso porque ambos han visto cómo la humanidad se divide en dos amplios grupos: los malvados y los bondadosos. De diversas maneras ambos ven a un inmenso conglomerado que lucha entre sí. El problema es que bien vistos los seres humanos son muy semejantes y tanto pobres como ricos, lo que Marx llamó la contradicción principal, tienen grandes facultades para pervertirse completamente.
Dicho sea en otros términos, ambos tienen afinidades: Dios, hizo una humanidad imperfecta. Marx cree que sólo por la fuerza puede ser generosa y digna.

junio 13, 2016

Los tardíos lamentos del PRI


Si López obrador, en su etapa perredista, nos llenó de lamentos declarándose objeto de un compló, y sus partidarios recorrieron calles y escenarios públicos gritando ¡Voto por voto, casilla por casilla!, son ahora los priistas quienes incorporan esos patéticos lamentos a su gastado repertorio de imágenes políticas.
 El PRI y en general el gobierno en sus manos ha mostrado una visible incapacidad política. En principio desde que llegó Enrique peña Nieto debió trazar una política para garantizar su permanencia en el poder, algo natural. Empezaba por retractarse de crímenes y errores, seguía por eliminar a los corruptos sin piedad y terminaba con la creación de nuevas y más avanzadas formas de gobierno. Explicar con claridad los nuevos proyectos “modernizadores” que los recién llegados traían en sus portafolios. Seleccionar a los mayores expertos en cada secretaría y mostrar una serie de políticas económicas, culturales y sociales que nos llevaran por nuevas rutas, más positivas.
 Pero no, Peña Nieto y los suyos seguían anclados en otros tiempos en donde sus métodos funcionaban. Ni siquiera se les ocurrió pensar que el país había cambiado. Pensaron con simplismo que el hecho de ganar la presidencia del país era un indicador para garantizar su permanencia largo rato. Pues no. Dejaron que los gobernadores y funcionarios corruptos siguieran haciendo de las suyas y al no atreverse a sanear al aparato estatal ahora están al borde de perder Los Pinos en 2018.
 Los lamentos de un PRI en manos de personas que suponíamos expertos y habilidosos políticos ante la pérdida de varios estados, son ridículos por no decir idiotas. Desde la comodidad de un partido propio, López Obrador, osado y agresivo, con un puñado de frases hechas, ve cómo se matan dentro de la “mafia del poder”. Ha logrado uno de sus objetivos, separarse de los políticos tradicionales del PRI, PAN y PRD, donde brillan los que se formaron en esa antigualla que ya pocos consideran partido sino una agencia de empleos. En su partido él decide, en el PRI es el presidente en turno, lo que ya no funciona en una oxidada máquina electoral. Aunque Peña Nieto dijo que se moviera todo su equipo para seleccionar al mejor, la disciplina priista los obliga a seguir con la boba idea de no moverse para salir en la foto; esta máxima ya no sirve, es obsoleta, pero para los priistas es una regla sagrada.
 El PAN parece ser una fuerza audaz y ganadora, no lo es, ha tenido la habilidad de aprovechar los muchos errores del PRI, es todo y no es poca cosa. Y además logró convencer a los perredistas para que fueran su comparsa. Si algo sabe hacer el PRI en estos tiempos es equivocarse una y otra vez, obsesivamente. Lo increíble es que les hayan pateado el trasero con cientos de ex priistas, todos resentidos y llenos de rencor como Miguel Ángel Yunes.
 Leo y oigo a los priistas lamentarse, pero ni hicieron su tarea al regresar a Los Pinos ni han conseguido que México crea en ese organismo, que supone ser el mejor representante de los intereses nacionales.
 Ahora, ¿qué sucederá en las elecciones que incluyen la Presidencia de la república? Según los comentarios de los expertos, si no ocurre un milagro el PRI perderá la Presidencia a causa de un gobierno que no produjo los resultados que la nación esperaba y, por lo visto, seguirá aguardando. El PRD recurrirá a un candidato “independiente”, Miguel Ángel Mancera, cuya fuerza se ha visto disminuida sensiblemente por el creciente peso de Morena, al menos en la vistosa Ciudad de México. Esperemos que para esos momentos ya no esté el señor de las alianzas pírricas, Basave. El PRI carece completamente de presencia en la capital del país, así que si decide ayudarlo, no llegarán a mucho.
 El PAN, fascinado por sus triunfos con ex priistas irá ahora sin perredistas. Ya los utilizó, son desechables y están en el basurero de la historia. Margarita Zavala es una aspirante con buenas intenciones y nada qué ofrecer políticamente. Es posible que alguien más joven e impetuoso como el actual dirigente conservador sea la mejor carta. No es posible descartar a Moreno Valle, tan de cepa priista, toda su familia estuvo en tal formación política. No lo hizo mal en Puebla, claro, cualquiera podría hacerlo mejor que El Gober Precioso. Tony Gali es una figura menor, pero apoyará sin duda a Moreno Valle, quien trata de aparecer como un político sensato y formula tesis políticas como de primer año de Ciencias Políticas. Por ahora Acción Nacional tiene tres aspirantes a la candidatura presidencial.
 ¿Y el PRI? Pues unos ven a Osorio Chong, otros a algún familiar de Peña Nieto, alguien más piensa que podría ser Aurelio Nuño. Con cierto rigor, tendrán que pensar en otros candidatos si desean conservar la maltrecha silla presidencial. El que tiene mayor experiencia de gobierno es justo el titular de Gobernación y las conductas populistas se le dan con naturalidad. Por más que uno piensa generosamente, el PRI carece de figuras de peso. Manlio Fabio Beltrones lo era, sin embargo el papelón que hizo en el pasado proceso electoral y sus desafortunadas declaraciones justificando los fracasos, le quitaron bonos y votos. Pero no desesperemos y confiemos en un milagro que nos dé esperanzas en la patética clase política que nos gobierna en todos los niveles.



junio 12, 2016

Dicen que Sinatra ha muerto (1/2)

iempre me gustó su voz y, ya para mi adolescencia, era uno de mis ídolos. Fue, ciertamente, una voz extraordinaria.

Cuando hace años supe de la muerte de Frank Sinatra no me sorprendió tanto, pues de sobra se esperaba el final de su larga vida (nació en 1915, un año después que Octavio Paz y uno antes que mi mamá); pero el hecho es que desapareció otra figura de ésas que me han acompañado todo el tiempo. Siempre me gustó su voz y, ya para mi adolescencia, era uno de mis ídolos. Fue, ciertamente, una voz extraordinaria, un actor más que aceptable y, si hacemos un esfuerzo de memoria, como bailarín de tap no desmereció: recuerdo que bailó ni más ni menos que conGene Kelly. Como actor ganó fama y un Oscar con De aquí a la eternidad, donde brillaron Burt Lancaster, Deborah Kerr y Montgomery Clift. Me conmovió mucho más la actuación en El hombre del brazo de oro. Su papel como baterista drogadicto era convincente. Sin embargo, en ese filme, toda mi atención la acaparó la belleza notable de Kim Novak, la mujer que más he amado y deseado, la mejor de mis fantasías eróticas.
Cuando andaba yo escapándome de la adolescencia (1957), vi una película llamada en español La máscara del dolor (en inglés creo que era The Joker is Wild).Frank Sinatra hace el doloroso papel de una promesa musical que pierde la voz a causa de los navajazos en la garganta que le acometen unos pandilleros. Tal crimen lo reduce al papel de cómico alcohólico que se ve obligado a abandonar a la mujer que ama. La canción que él solía cantarle a ella era ni más ni menos queAll the Way, cuya letra sé de memoria y la he citado en por lo menos dos cuentos míos. Mi admiración por Sinatra llegó a tal extremo que fui a ver una película donde aparecía Clifton Webb, por quien poco o ningún afecto sentí, Tres monedas en la fuente, nada más por escuchar el tema que Frank Sinatra canta al principio.
No exagero, por último, si confieso que tengo muchos de sus filmes y prácticamente todos sus discos: desde aquellos lejanísimos tiempos en que cantaba con Harry James Tommy Dorsey, dos bandas formidables de dos grandes músicos, el primero, trompetista, el segundo, trombonista. A sus predecesores, Rudy Vallee y el antipático Bing Crosby, jamás los toleré, a lo sumo acepté Temptation, versión que con este último se hizo famosa, aunque no tanto como Blanca Navidad, que ha vendido más de 20 millones de copias. Con Bing, siempre ramplón, Sinatra hizo un musical memorable, High Society. Los acompañaban la que pronto sería princesa de Mónaco, Grace Kelly, y el genial y simpático jazzista Louis Armstrong. Allí ambos hicieron un buen dueto, aunque poca gracia me hizo que Grace Kelly se quedara en los brazos del asexuado golfista Bing Crosby, mientras cantaba True Love en un pequeño barco de vela.
Creo, pues, haber visto casi todos los filmes de Sinatra; llevé, incluso, mi admiración al grado de repetir a ciertas amigas algunas de sus frases. Por ejemplo, cuando alguna me invitaba una taza de té, yo le decía “Prefiero algo más fuerte, al fin y al cabo el té no es más que agua caliente”. Me llamaba la atención saber que las mujeres se desmayaban por él y que de muchas maneras fue el precursor de la histeria femenina ante las grandes figuras de la farándula.
Con el tiempo, nuevas estrellas del espectáculo capturaron mi atención: Marlon Brando y James Dean en la actuación, Elvis Presley y Roy Orbison en la música popular. Sinatra fue quedándose atrás. Pero de pronto resurgía con alguna canción notable. En plena época de The Beatles y The Rolling Stones, The Supremes y Procol Harum, Sinatra volvió a meter un éxito en el primer sitio del Hit Parade: Strangers in the Night. Esto ya fue una hazaña, pues se trataba de un hombre de alrededor de 50 años que triunfaba en un mundo de jóvenes, una regla de hecho no rota. Finalmente, ya dedicado a su último matrimonio, al trago y a sus negocios, de vez en cuando usaba su inmenso prestigio para no ser olvidado y seguir vendiendo discos: es el caso de los famosos duetos que grabó con cantantes como Bono y el pesado de Luis Miguel, que lo devolvieron a los buenos lugares de notoriedad.
Fue, en efecto, una leyenda; en alguna biografía no autorizada de Nancy Reagan, dice la autora que Sinatra se acostaba con ella en la mismísima Casa Blanca, mientras el idiota de su marido arruinaba el mundo junto con la canalla deMargaret Thatcher. Otras historias lo vinculan a la mafia y le atribuyen su regreso triunfal a los peores gánsteres de Estados Unidos y asimismo existen las que ponen en la lista de sus amores a mujeres de la talla de Marilyn Monroe y Lauren Bacall.
Contrajo nupcias con una mujer de excepcional belleza: Ava Gardner, cuyo gran error fue casarse con Mickey Rooney, un enano deplorable que bailó y cantó incansable alrededor de la jovencita Judy Garland y que siempre hizo papeles de buenazo. Otra de sus esposas, Mia Farrow, famosa a raíz de El bebé de Rose Mary, lo padeció antes de los 20 años. Cuando se divorciaron, dijo a los medios queSinatra dedicaba mucho tiempo a sus amigos y al whisky. Algunos años después, corrió a los brazos del talentoso y muy enfermo Woody Allen, para convertirse en una cornuda de marca y en madre de montones de hijos adoptivos, algunos perversos. Mia precisa en su autobiografía (Hojas vivas) que conservó una estrecha y afectuosa relación con Sinatra, en quien inalterablemente encontró apoyo.