Tantadel

julio 31, 2016

Tantadel, ¿novela o mujer misteriosa?

La descripción física de mi personaje femenino no corresponde a ninguna mujer que haya conocido o quizá sea la suma de varias.

En 1973, en París, para escaparme del tedio académico, comencé a imaginar una novela amorosa, tema que únicamente había tratado en relatos cortos y largos. Desde el principio tuvo nombre: Tantadel, quien sería el personaje principal acompañada por un enigmático narrador. En esa ciudad escribí las primeras páginas antes de regresar del posgrado a México, donde la concluí. En ese libro me preocuparon dos cosas: una, que fuera una historia de desamor y que el andamiaje fuera lo más original posible. Lo editó por vez primera el Fondo de Cultura Económica, en Letras Mexicanas. Sus lectores iniciales, algunos críticos estadunidenses y compañeros de generación, como Ignacio Solares y José Agustín, fueron condescendientes, me dijeron que, como señalara el crítico de la Universidad de Kansas, John S. Brushwood (quien mejor conoció la novelística mexicana), entre mis novelas anteriores, Los juegos y El gran solitario de Palacio, y la nueva, había una ruptura estética. Tengo la impresión, a distancia, que es la obra mía que mejor se ha comentado, con más frialdad e inteligencia. La estudiosa estadunidense Norma Klahn escribió un magnífico ensayo señalando la estructura de la novela corta en dos casos: Aura de Carlos Fuentes y Tantadel. Algo semejante hizo Theda Hertz, especialista en literatura mexicana y profesora en Iowa.
Tantadel se agotó en breve tiempo y el Fondo hizo dos ediciones más con portada de Cuevas. Luego llegaron malos vientos a esa institución pública y le dieron portazo. La célebre serie Lecturas Mexicanas de la SEP seleccionó a 200 autores y la incluyó con un tiro de 40 mil ejemplares que se agotaron en menos de un año. Más adelante, Tantadel estuvo en la edición de mis Obras completas en la editorial Nueva Imagen. Ya para esos momentos había sido hermanada, sin razón coherente, con otra novela amorosa mía, La canción de Odette, y juntas caminaron largo trecho. De allí pasaron a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
Porfirio Romo, de Lectorum, y Parágrafos, empresa aliada dedicada al diseño, se interesaron en resucitarlas, pero por separado. Acabo de recibir ejemplares deTantadel, bellamente editada y la noticia de que está ya en librerías. Me emocioné.
Tantadel lleva conmigo casi medio siglo, le ha ido bien, varias niñas han sido registradas con ese nombre y en Coyoacán, durante años, hubo un salón de belleza que parecía un homenaje bizarro a mi novela. Es una obra que amo. En las presentaciones iniciales advertí que pude escribirla gracias a dos libros poderosos:El gran Gatsby, de Fitzgerald, y El túnel, de Sabato. Alguien en EU me dijo que no veía la influencia de ambos libros en el mío. Repuse: me influyeron, no los copié. Trataba de explicar que fueron esas y otras novelas de amor las que provocaron en mí un caudal de emociones y sentimientos que me permitieron modelar a esa realmente extraña mujer, la que, a diferencia de su autor, no ha envejecido, sigue bella y sensual, provocativa y dueña de sus actos, independiente y de larga experiencia sexual pese a su juventud.
Si voy a mi página web, encuentro muchísimos comentarios afortunados, me encanta el de Alberto Dallal: “Para amar a Tantadel”. Otros dos que entendieron a esa joven (el narrador no es tan intenso) fueron Bernardo Ruiz e Ignacio Trejo Fuentes. Como detalle curioso, fue Carlos Fuentes quien en una comida me regaló el ejemplar de Norma Klahn arriba citado, donde nos analiza.
La descripción física de mi personaje femenino no corresponde a ninguna mujer que haya conocido o posiblemente sea la suma de varias. La veo como una historia de amor fallido: abrumada por el peso de una sociedad como la mexicana, que no acaba de descubrir la libertad y ella era, como Tina Modotti y Frida Kahlo, precursora de un modo de vida libre, independiente y abierta. Es un ser complejo que yo mismo, a través del misterioso historiador de la trama, no acabo de comprender.
Ahora Tantadel, podría decirse, renace, va en soledad, su compañera de edición aparecerá más adelante asimismo en Lectorum, con sus propios problemas y capacidades para llevar a cabo actos de magia y brujería. A distancia sigo preguntándome si ese personaje de nombre inventado por mí, ¿es una mujer o un puñado de páginas, como aparece en algún párrafo? Poco ríe o si lo hace su risa es sardónica. Parece insegura, no lo es. ¿Qué busca? Los lectores sensibles, acaso las mujeres, y algunos críticos avezados, nos lo dirán. Sigo enamorado de ella y compadezco al narrador de su vida. Es posible que la haya amado intensamente, pero su papel no era hacer el amor con ella, tener un final feliz, sino contar una historia desdichada, de celos y choques. Los hombres siguen sin entender a las mujeres talentosas.
La novela me ha provocado encuentros inesperados y extraños. Alguna ocasión una voz femenina me dijo por teléfono: Soy Tantadel, ¿te gustaría conocerme? Y luego de un largo y provocativo monólogo, cortó. La voz correspondía a una mujer joven. No tenía sentido hacer una cita: no era Tantadel. Bella o no, estaba suplantando a un ser de apariencia fuerte, en cuyo fondo se notaba fragilidad y que buscó inútilmente el amor en varios hombres.

julio 29, 2016

¿Ganará Hillary Clinton?

El discurso pedestre y agresivo, de corte fascista, de Donald Trump pareció que a pocos electores atraería en el arranque de la disputa presidencial estadunidense. ¿Votar por un hombre desquiciado, ridículo y violento con las minorías? Quien gobierna a EU, gobierna prácticamente el mundo y su poderío militar se ha sentido por el orbe una y otra vez. Se requiere temple y sensatez, no gritería militar.
Estados Unidos se convirtió en superpotencia a través de las guerras. En consecuencia, muchos esperamos que al frente quede una mujer experimentada, sensible, inteligente y culta, que sabe cómo se maneja la Casa Blanca y busque las soluciones sin recurrir a la vía armada. Las diferencias son notables. La señora Clinton conoce de política. Sin embargo, en la medida en que Trump dice insensateces y amenaza a las minorías de su país y a las naciones que él supone un peligro, sus niveles de aceptación han crecido y contra lo dicho por multitud de expertos, hoy tiene muchas posibilidades de tener a la mano los botones que desaten una nueva guerra mundial.
Lo más interesante del fenómeno Trump es que nos ha permitido mirar el verdadero rostro del pueblo norteamericano, al menos de la mitad. Ante sus discursos amenazantes y brutales muchos lo aplauden y vitorean, como en Alemania lo hicieron con Hitler (el parangón es inevitable: a menudo los peores tiranos han llegado a la cima del poder con amplia aceptación popular). Ya Hillary y Donald están en el vestíbulo de la Casa Blanca. Los políticos con sentido común y los ciudadanos conscientes del riesgo que implica un hombre desquiciado al frente del mayor ejército del mundo, luchan por impedir que triunfe.
Por ello, la señora Michelle Obama acudió a la convención demócrata no a decir unas “sencillas palabras” sino a mostrar el peligro que vive su nación. Con agudeza y aludiendo a sus orígenes, dijo: “Vivo en una casa hecha por esclavos y ahora una mujer puede ser presidenta.” Más adelante, en su brillante discurso, afirmó que ver a sus hijas jugar en los jardines de la casona presidencial, le hace pensar que es el momento en que una mujer puede y debe ser la jefa del Estado norteamericano. Su discurso emocionó a buena parte de la sociedad norteamericana, en especial a quienes sueñan con tener una democracia mejor y una nación más justa. Su esposo, en un mensaje de Twitter se solidarizó con ella, lo que equivale a emitir un importante voto por la señora Hillary Clinton: “Un discurso increíble de una mujer increíble. No podría estar más orgulloso y nuestro país ha sido bendecido al tenerte como primera dama. Te amo, Michelle”.
Si este tipo de palabras emotivas y sinceras van directo al apoyo de la candidatura de la señora Clinton, es posible que parte de la mitad que apoya a Trump recapacite, vuelva a la cordura. Basta un poco de imaginación para verlo en la Casa Blanca organizando el concurso Miss Universo, en el colmo de la frivolidad o incitando el odio contra quienes son distintos a sus extraños valores. Hillary ha tenido tropiezos, pero es inteligente y tenaz, de tal suerte que puede ser ella quien se siente en el salón oval.
Falta el discurso de Hillary Clinton (al momento de escribir esta nota no lo había realizado). Todo hace suponer que será una brillante y atinada pieza oratoria, donde los grandes problemas de EU serán tratados conforme a lo que espera el electorado, buscando la reconciliación del Partido Demócrata y, desde luego le permita recuperar a los votantes que se alejaron. Algo contundente que convierta a Hillary en la primera mujer en gobernar a EU, así como Obama fue el primer presidente afroamericano.
Lo preocupante, no importa que la señora Clinton regrese a la Casa Blanca ahora convertida en presidente, es qué va a pasar con los millones de racistas y xenófobos, de agresivos enemigos de mexicanos, cubanos, árabes, musulmanes y de otras razas y religiones. Da miedo ser pobre y buscar futuro en una nación que tiene millones de agresivos patriotas, que creen en la superioridad blanca y le rinden pleitesía a un hombre desquiciado. A pesar de que la mayoría proviene de familias de inmigrantes. Preocupa porque según encuestas de CNN y CBS, Trump hace dos días aventajaba a Clinton por primera vez en sus recorridos en pos de la presidencia. Si los demócratas y aquellos que son liberales no hacen un último gran esfuerzo, tendrán asegurados los peores cuatro años de sus vidas.
Estados Unidos puede ser una nación admirable, pero no dejemos de lado que su impetuoso crecimiento lo hizo con el poder de las armas, es una temible economía de guerra, con ciudadanos belicosos. Su historia es preocupante, tanto en lo interno como en lo externo. Hace años, la URSS servía de contrapeso, pero hoy no parece enfrentar a nadie. China tal vez, pero no ahora. La seguridad mundial está amenazada si llega a triunfar este tipo de políticos improvisados, perversos y fuera de toda lógica.
El país del Destino Manifiesto está ante un grave dilema. Hay que tomar en cuenta que la conducta racista y atrasada de Trump le hace avanzar y que la liberal señora Clinton recibe abucheos de algunos grupos de demócratas que no tienen claridad política. Esperemos que la sensatez se imponga y el mundo respire aliviado con el éxito de la candidata demócrata.


julio 27, 2016

¿Dónde quedó el subcomandante Marcos?

Hace algún tiempo, de la revista Siempre! me telefonearon para hacerme dos preguntas acerca del subcomandante Marcos. La primera era mi opinión sobre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Respondí que ya había escrito cuatro o cinco, tal vez más, artículos sobre el tema, pero bien podría resumirlos en unas pocas línea: gracias a ese grupo guerrillero, México despertó de un largo, pesado, letargo. Ahora sabemos más de esa fábrica de miseria (y de un puñado de supermillonarios) que fue el neoliberalismo salinista. El presidencialismo recibió una terrible abolladura. Como los anteriores sexenios y los siguientes, terminó en medio de una clara situación de ruina moral.
La segunda se refería a la famosa e “ingeniosa” declaración de Carlos Fuentes, ésa que dijo que el subcomandante Marcos había leído más atentamente a Carlos Monsiváis que a Carlos Marx. Fuentes trató de hacer una frase ingeniosa y frívola. Pero el asunto es grave porque el subcomandante Marcos, que tantas simpatías conquistó, fue adorado por intelectuales afamados como Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis, seguido por estudiantes, finalmente estuvo adorado, merced a sus aduladores intelectuales, al mundo de la farándula y la frivolidad. Poco antes algún reportero idiota señalaba que era obvio que el guerrillero había leído exhaustivamente a Krauze, Aguilar Camín y a Monsiváis. Y esto le daba una frescura maravillosa, como la que caracterizó, según la crítica reconocida, a la generación de la onda. Flaco favor le hicieron los medios de comunicación y los intelectuales al subcomandante Marcos al ponerlo tan mal acompañado. Yo lo imaginaba leyendo a José Revueltas, a Ricardo Pozas, a Juan Rulfo, a Martín Luis Guzmán, a Juan José Arreola, a Elena Garro o a Jorge Luis Borges (el único latinoamericano que ha llevado a cabo una revolución, en este caso literaria) y ahora resulta que no, que nomás lee a los cuates que ahora le endilgan las peores críticas a su causa o al total silencio. Recordé que Ernesto Guevara, al morir, llevaba con su magro equipo militar, un libro del enorme poeta León Felipe. Cómo han cambiado las cosas. Según cierta prensa, el subcomandante aprovechaba a sus mejores voceros para mandar recados y cartas a intelectuales del peor estilo oportunista, que lo mismo reciben becas de la burocracia cultural que pasan el tiempo en festejos y reconocimientos oficiales, como han sido los casos del hace poco fallecido Monsiváis, Poniatowska, Del Paso o Pitol. Recibieron todo de manos del estado, hasta cargos oficiales, varios de ellos fueron embajadores del sistema que luego dijeron aborrecer.
Es decir, en lugar de utilizar su poder, para convencer a una sociedad poco politizada, atrasada, que requiere el apoyo de personas audaces, valientes y de postura ideológica correcta, buscó soporte en la farándula intelectual. Yo en vano he tratado de entender a Carlos Monsiváis. Su lenguaje críptico, sus bromas tomadas de Groucho Marx y Woody Allen, sus frases retóricas y siempre rebuscadas, me logran desconcertar. Tuvo becas y premios de creador emérito o algo así, y jamás escribió una novela, un cuento o un poema. Entiendo, claro está, que los creadores ?aquí vale la redundancia? crean, no hacen periodismo aunque sea del denominado nuevo. Comparar a Capote o a Wolfe con Monsiváis no es una gran grosería, es una falta de respeto al arte y a la inteligencia, aunque sería un logro para el nacionalismo. Finalmente, recuerdo que alguna vez Monsiváis y yo estuvimos en un pequeño encuentro sobre literatura mexicana en San Antonio Texas. De esas sesiones apareció un libro con las ponencias de todos los que participamos traducidas al inglés, la de Carlos se quedó en español. Pregunté la razón y me dijeron, que no hubo traductor en ese lugar que entendiera qué quiso decir. Si el subcomandante logró descifrarlo, perfecto. Que reciba una beca del Fonca.
De todos modos, es indignante que una figura trágica y valerosa como la del subcomandante Marcos, haya sido manejada por intelectuales orgánicos. Por mi parte, yo hubiera preferido que leyera manuales guerrilleros, los de Guevara, Mao, Giap, Taber... Le hubieran sido mucho más útiles para vencer al Ejército Mexicano; o al menos defenderse con fortuna, que saber qué opina la desconcertante Elenita, quien ahora dejó a Marcos para apoyar eternamente a López Obrador.
Ya nada sabemos de Marcos, lo imagino silencioso y reflexivo en la selva que fue un cuartel revolucionario. Su paso por la política nacional fue respetable y en mucho ayudó a cambiar la situación del país en una época en que el presidencialismo no era tan apacible y tolerante como el actual. Arriesgó la vida y recorrió en medio de ovaciones las calles de la extraña Ciudad de México, hoy disputada por el PRD y Morena, ambas fuerzas ajenas a la respetabilidad política.
Nos ocupa hoy la enfermiza conducta de la CNTE y sus diarias acciones vandálicas que muchos suponen el inicio de una guerrilla urbana. Los medios no hablan de Marcos. Predomina la conjetura de que vive en Europa. La política mexicana es muy triste.

julio 25, 2016

La CNTE o el triunfo de la minoría


Salvo el caso de la Revolución Francesa, donde el pueblo en su conjunto se levantó en armas contra la nobleza, no sé de otros casos donde la mayoría se haya hecho del poder. Siempre lo han conquistado grupos no muy fuertes ni muy numerosos. En Rusia los bolcheviques no superaban en activistas a los mencheviques y gracias a la habilidad de Lenin, el triunfo fue para los primeros. En México un puñado de hombres decidió alzarse en armas contra un enemigo poderoso, bien armado y entrenado, y lograron el apoyo popular. En China una fila de comunistas desarrapados y con hambre, recorrieron el inmenso país para culminar venciendo a japoneses y a chinos nacionalistas. En Cuba, Fidel Castro con una docena de guerrilleros fue capaz de derrotar ampliamente al ejército de Batista que contaba con dinero y armas norteamericanas.
 Hablamos de un fenómeno poco común, podríamos decir que anormal, pero por regla general las minorías asustan pero no tienen forma de vencer a un gobierno organizado, no con facilidad. La guerra de guerrillas o el foco, presupone una larga y tenaz lucha, ganarse al pueblo y poco a poco convertir en ejército a los brotes armados. Hoy en día nadie puede imaginar que tal tesis tendría resultados exitosos, pero siempre hay ilusos que piensan en imitar los procesos iniciales de las guerrillas exitosas.
 En México los gobiernos padecen un complejo poco estudiado que podría llamarse de culpa y bajo la presión de las redes sociales, los derechos humanos, la estulticia gubernamental y otros factores semejantes, grupos de maestros sin mayores conocimientos teóricos sobre el fenómeno han salido a formar focos “guerrilleros” por toda la república, principalmente en la Ciudad de México, Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero. Atacan con piedras, con botellas de gasolina, con machetes, emboscan policías, maltratan a la gente, castigan poblaciones enteras al cerrar el paso a los transportes de abastecimiento, bloquean calles y carreteras y nada ocurre. Las autoridades los dejan crecer y crecer y la CNTE que era un puñado, ahora convoca a miles de simpatizantes.
 Violan las leyes, todas, pero las autoridades locales y federales piensan que se gastarán y terminarán por desaparecer. ¿No es tiempo ya de frenar los actos vandálicos? Al parecer no. Miguel Ángel Mancera, Enrique Peña Nieto y demás gobernadores no toman ninguna decisión porque vienen las elecciones presidenciales y temen que haya voto de castigo. Mientras tanto, las organizaciones agresivas crecen, aumentan sus acciones, se esparce su llamado, siempre mentiroso y apoyados por estudiantes aguerridos y mal informados, por personajes como AMLO (quien ha llegado al punto más alto de popularidad gracias a sus discursos incendiarios e irracionales en un país inquieto) se desarrollan. Su campo de entrenamiento es el país. En realidad ya estamos en situación de ingobernabilidad.
 Los comerciantes pierden, los empresarios pierden, los estudiantes entran con facilidad en huelgas o paros, los trabajadores pierden horas en llegar a sus casas a través de calles cerradas y para colmo nada pasa cuando el vandalismo ocasiona muertos y los derechos humanos responsabilizan, para justificar sus buenos sueldos, a las autoridades. La ley duerme el sueño de los muy justos. El país tiene graves huecos en la economía y la CNTE recorre el país a placer, atacando comercios, secuestrando autobuses que al final incendian. ¿Quién los financia? Visto desde fuera, México presenta un panorama aterrador.
 Pero en el discurso político apenas se registran esas monstruosidades y mientras las autoridades “dialogan” y piden respeto a las leyes, los bárbaros de la CNTE cosechan buenos frutos, ganan en experiencia casi de guerrilla urbana y tienen aterrorizados a las diversas policías y al mismo Ejército a quienes les brindan pistolas de agua y rifles de dardos. Nadie quiere la represión, lo que buscan es respeto a las propiedades de los demás, a su derecho de transitar libremente.
 Lo que ve el ciudadano que va a su oficina o regresa a casa, es una serie de problemas que lo agreden y sabe que nadie lo defenderá. En Chiapas, en cuanto entraron seguidores de la CNTE, los nativos los echaron a patadas. Los problemas del sector más atrasado del magisterio no son los de ellos.
 Lo que ocurre, meditando en ese caso del Sureste de la nación, es que las autoridades están propiciando encontronazos entre vándalos y ciudadanos. Un día no serán suficientes las quejas ni las mentadas de madre que les propinan a los miembros de esa sección disidente. Como en otros países, habrá resistencia a lo que en México se ha convertido en pan diario. No pasa un día sin una marcha, un plantón, el incendio de autobuses, el robo a almacenes y la humillación a quienes sí están de acuerdo con la reforma educativa.
 El gobierno no supo instrumentarla, dialogar con el grueso de los maestros. Muy al estilo nacional la impusieron, allí están los resultados, ahora en vano llaman al magisterio en su conjunto a desatorar el problemón. En todo caso, habría que ofrecer al turismo nacional e internacional, la violencia de la CNTE. Desde autobuses blindados, los visitantes pueden ver el gozoso desmadre que arman para mantener sus excesivos privilegios.


julio 24, 2016

Memorias de un comunista

Poco antes le externé a Enrique Semo el propósito de escribir mis memorias de militante comunista y me dijo que era importante.

Fui militante del Partido Comunista unos veinte años. Cuando decidió suicidarse abrumado por el derrumbe del bloque soviético y la decadencia de la izquierda internacional, mis camaradas optaron por llevar a cabo una serie de alianzas que cuajaron en el Partido de la Revolución Democrática, cuyos pasos iniciales parecieron ir por un camino aceptable. Para mí era todo. Aunque el propioCuauhtémoc Cárdenas me hizo llegar la invitación para formar parte del PRD a través de Adolfo Gilly, decliné participar. No más militancia bajo rígidas normas, no más línea de un grupo de comunistas cuadriculados (se dice ortodoxos) que te regañaban por todo; siempre bajo sospecha: podías desviarte y ser maoísta, admirador de Trotsky o tener tendencias anarquistas.
Poco antes le externé a Enrique Semo el propósito de escribir mis memorias de militante comunista y me dijo que era importante: había llegado el momento de contar nuestras luchas. Pero no tomé el camino trágico que había perseguido a cientos, acaso miles de marxistas. Tengo un sentido irónico de la vida. Las tragedias me han afectado, no doblegado. Así que dejé de lado las historias lacrimosas de persecuciones, cárceles, expulsiones, discusiones fatigantes, pagar cuotas para que subsistieran los cuadros profesionales, interpretar cuidadosamente a Lenin para no cometer una pifia y demás recuerdos tediosos, acciones que llevaron a los más convencidos marxistas al PRI o a negar el pasado combativo, el que muchos supusimos un largo camino hacia la sociedad ideal, sin contradicciones.
Es posible que Memorias de un comunista me haya costado tanto o más trabajo que mis novelas. Avanzaba entre recuerdos idiotas o dignos y de pronto me hallé escribiendo el lado chocarrero de mi vida como comunista. A diferencia de todos aquellos que contaban choques con la vida diaria, los riesgos del trabajo clandestino, las ridículas intentonas por organizar obreros que se negaban a ser “salvados”, de reconstruir infinitas discusiones sobre cómo llegaríamos al socialismo: por la vía armada o mediante un proceso electoral. Nunca sospeché que mis familiares pudieran ser agentes de Gobernación o que mi mamá estuviera al servicio de la CIA. Me correspondieron algunas golpizas policiacas durante manifestaciones de apoyo a la naciente Revolución Cubana, la censura de los medios de comunicación en perpetua enemistad con las ideas de Marx y más de una ironía de esa pequeña burguesía local, tan dada a los lugares comunes, perfectamente conservadora y proclive a la intensa publicidad anticomunista, sobre todo después del triunfo de Castro y Guevara. Tragedias, ninguna. LasMemorias las publicó por entregas Arturo Martínez Nateras, luego vino el libro.
Ya había dado los primeros pasos para escribir Memorias de un comunista con la publicación de mi novela inicial Los juegos, en cuyas páginas ironizo las divisiones y expulsiones del PC, sus preocupaciones por seguir ciegamente a los teóricos del marxismo clásico sin pensar que a los mexicanos nos correspondía buscar otras vías. Capítulos donde ridiculizo mi vieja escuela política, la que abandonó José Revueltas. Cuando aparecieron las Memorias de un comunista, que tiene un subtítulo: maquinuscrito encontrado en un basurero de Perisur, con lo que indico que del comunismo al consumismo solo hay un paso,  provocó algún escándalo en las deterioradas filas izquierdistas, sobre todo entre aquellos que fueron comunistas; mi libro fue mal recibido. Lleva, sin publicidad alguna, cuatro ediciones y tiene un breve prólogo de Joel Ortega.
Me costó trabajo escribirlo porque era (es) difícil despojarme de un modo de vida que hoy nadie recuerda, fue una tarea liberadora. No fue sencillo narrar mis viajes por países comunistas, en especial por la Unión Soviética y Cuba. Sentía un cariño fraternal y no quería herirlos. Ahora es distinto, la primera regresó al capitalismo y escuchar al régimen cubano hablar de democracia y libertad provoca sarcasmo. No olvido mi visita al mausoleo donde reposa la momia de Mao Tse-tung, aquél cuyo pensamiento hacía crecer a las sandías más grandes de lo habitual. Vi el cuerpo cubierto por una bandera roja con la hoz y el martillo entre severos guardias, inmóviles. Salí con los ojos húmedos, los que se secaron ante los anuncios de Coca-Cola, Burguer King, Mac Donalds, Ford… Todo ha cambiado.Memorias de un comunista fue una catarsis o más bien constancia de que a mi alrededor el mundo era otro, distante del que me hizo soñar en rojo. Quedé atrapado como dinosaurio en el hielo. No pude hacer más que un señalamiento de lo divertida que puede ser la lucha política si se posee sentido del humor y buenas dosis de sarcasmo.
Mis memorias son para decir que la militancia marxista o anarquista no significa pasar por el eterno calvario que se acerca al de los mártires del cristianismo. Era gracioso ver la cara de creyentes y conservadores cuando les decía soy comunista y ellos escondían el cepillo de dientes para que no les fuera expropiado para uso colectivo o ponían a salvo a sus bebés para que no pararan en manos del Estado.
Si tuviese la máquina del tiempo de Wells, no la usaría. De nada me arrepiento. Me quedo con la frase consabida de Marx: los hechos se duplican: primero son tragedia, luego farsa. Me tocó esta última etapa.

julio 22, 2016

El perdón de Peña Nieto

He leído, escuchado y visto las reacciones que la solicitud de perdón a los mexicanos produjo el señor Enrique Peña Nieto. En la mayoría de los casos fueron perversas y burlonas, para eso sirven las redes sociales, dan una ilusoria sensación de libertad al ofender casi en el anonimato y colectivamente lo que con acciones no llevan a cabo. Pienso que fue un mensaje equivocado. Ya no tenía mayor sentido.
Si usted, señor Presidente, tiene asesores, no los escuche más. De tal forma no habría llegado a la situación en que está. Cuando tomó posesión escribí en estas mismas páginas que era un buen momento para pedir perdón, pero no a título personal, sino en representación de su partido y de los distintos gobiernos que ha producido, aunque a estas alturas nadie ignora el papel que el mandatario saliente juega en el triunfo del sucesor. A usted lo seleccionó la cúpula priista y lo aceptó la militancia, lo cual es ya dentro de la rigidez del PRI un avance.
En esa nota le rogaba que hablara de todos los errores y excesos de tantos años de padecer al PRI en el gobierno y en diversos estados de la república. Ni lo leyó ni alguno de sus empleados se lo acercó, si acaso era una nota más en los comentarios diarios. Le decía que no bastaba pedir perdón por Tlatelolco o por el asesinato de la familia Jaramillo, o por la brutalidad de la llamada guerra sucia, por la corrupción que es parte íntima del sistema político nacional, todo ello cometido cuando usted o no había nacido o era un niño. Pero al llegar a Los Pinos apoyado por dicho organismo, era necesaria una aclaración y abandonar el pasado, la promesa de que no volvería a suceder y mencionar acciones que llevaría a cabo su gobierno que nos probaran que la corrupción no sería fomentada, sino combatida con vigor. A estas palabras bien meditadas y mejor expresadas ante la nación, tenía usted que haberle añadido un programa ideológico, un proyecto serio de políticas públicas y la promesa de escuchar las voces de la sociedad, o como dijo Morelos: los Sentimientos de la Nación. Además, realizar un análisis serio del porqué el PRI perdió en dos sexenios seguidos. No lo hizo. Tengo la impresión de que ya no vendrán esas palabras que el país necesita antes de caer en manos de sus enemigos.
Trato de explicarme. Pudo usted denunciar y hasta eliminar a gobernadores ladrones y cínicos y combatirlos públicamente. No fue así y ahora su partido cuenta con menos poder en el país y ha desatado la indignación popular. ¿Costaba mucho esfuerzo quitar a un Duarte? Este último no fue su responsabilidad, pero sí la de señalar a este tipo de personas que hacen de la política un negocio. Ahora resulta que hasta la iniciativa privada habla de honestidad y critica al Estado. Sé que no se enriquecen exclusivamente los de su partido. Acabo de leer, asombrado, lo que posee la nueva jefa del PRD, millones y millones obtenidos en unos quince años de militancia. ¿Para qué dar otros casos? No hay políticos pobres, los hay discretos y los vemos que apenas comienzan la acumulación.
Se trataba de hablar con valor de los errores del pasado que no han sido pocos, pero también es necesario señalar que ustedes fueron los que edificaron un país nuevo, que en ciertos momentos cometieron hazañas grandiosas (instituciones como el IMSS, el ISSSTE, la Ciudad Universitaria, la UAM, el Libro de Texto Gratuito y muchas más, antes de olvidarse del papel que deben jugar los estadistas, los hombres democráticos y honestos que deben estar en el poder. Dibujar, como en su momento lo hizo Colosio, el verdadero panorama de la nación. De haber tomado la palabra en el inicio de su mandato y haber llevado a cabo acciones que frenaran la corrupción (el mal de males), y expuesto decididas políticas públicas, hoy quizás habría un mejor PRI y no una agencia de empleos en donde predominan los corruptos. Tendríamos a un buen presidente y no a alguien que es acosado desde las con frecuencia insensatas redes sociales. Y minimizar el odio que mucha gente le tiene al PRI.
Hace años escribí una novela, El gran solitario de Palacio, su tema era la matanza de Tlatelolco y el mandatario parecía ser Díaz Ordaz cuando en realidad era la suma de casi todos los presidentes luego del general Cárdenas.
Hoy no hay honestamente partidos esperanzadores, los hay, en todo caso, aquellos audaces que mienten sin pudor, tal es el caso de Morena y sus ilusos adeptos. Pero el suyo concentra rencores que no han disminuido en su gestión. Ignoro si haya tiempo, si sus extraños colaboradores, sus mejores amigos, piensan en ellos o en el país. ¿Qué hace Nuño al frente de la SEP cuando en su vida había visto una escuela pública, desamparadas desde hace años? Los informes que hablan de intenso progreso que no se notan en millones de hogares modestos, no pueden seguir existiendo. Los intelectuales están lejos del gobierno que los ha cobijado una y otra vez, haciéndolos perfectos enemigos del PRI a causa del poder que gozan. La mayoría hizo su inmenso prestigio dentro del Estado, hoy, ya exitosos, lo repudian con violencia. Debió acercarse a ellos, conversar con líderes sindicales honestos y no con los que han disfrutado de dinero mal habido.
En vista del poco tiempo que le resta a su mandato, dudo que pueda llevar a cabo los cambios y las políticas públicas que se requieren. Pero al menos habría de intentarlo. Sus palabras y acciones podrían concederle un mejor lugar en la historia, distinto del que le anticipan sus más virulentos críticos y enemigos.



julio 20, 2016

Rulfo y Arreola y los nuevos tiempos

Los nombres de Juan Rulfo y Juan José Arreola son dos nombres que sólo provocan admiración y respeto. Sus vidas transcurrieron en medio de mejores tiempos para las letras, la vida intelectual y política. Paisanos y de la misma edad, llegaron a una Ciudad de México que Elena Garro veía de pocos habitantes y “gente buena”. En sus grandes momentos ambos formaron docenas de narradores y poetas. Son ahora símbolos de un México extinguido. Por fortuna se hicieron figuras icónicas y en consecuencia irreprochables. Luchas políticas las había. La izquierda, que entonces existía, tenía variantes más o menos amplias y con claras propuestas ideológicas. Estaban el Partido Comunista, tenaz, aguerrido, y el Partido Popular Socialista, de Vicente Lombardo Toledano. Parecían irreconciliables, aunque los dos eran pro soviéticos. Poco más allá, los trotsquistas aspiraban a la pureza revolucionaria, pero nunca fueron más allá de unas docenas de estudiantes e intelectuales, como siempre, cambiantes. José Revueltas fue de todos el más combatiente: pasó su vida soñando con la revolución y para ello hizo un esfuerzo que le llevó la vida. Al frente tenían al PRI, convencido de su enorme peso y llevando a cabo excesos que ahora comienza a resentir. Del viejo organismo, lo que hoy queda es una masa de burócratas incapaces sin más sueños que la permanencia en el poder. Que edificaron un país nuevo como legado revolucionario, imposible negarlo, allí están las obras o sus restos, sólo que el poder corrompe, dice una frase común y el poder absoluto que llegó a tener lo corrompió absolutamente. Se hizo una agencia de colocaciones.
Y el país se degradó en sus manos. Toda clase de excesos fueron tolerados, menos tocar a la figura presidencial. Su actuación ha sido siniestra, pues todo lo corrompió e hizo al país a su imagen y semejanza. Las actuales izquierdas y a las derechas nacieron anti-priistas, pero dentro de un país modelado por una maligna organización no pudo escapar a este extraño proceso y los males que tiene el PRI los padecen los perredistas, los de Morena, los del Verde Ecologista, los panistas y los partidos más modestos dentro de la maraña política heredada por el añoso organismo. La lucha es por el poder y cuando lo logran en cualquier escala, lo ejercen para hacer negocios y mejorar sus cuentas bancarias. El PAN es simplemente hipócrita. Lo formó Gómez Morín como un ariete para detener a lo que quedaba, bien representado por Lázaro Cárdenas, de la Revolución. La imaginaba transitar hacia el socialismo. Hoy la criatura de ese abogado compañero de generación de Lombardo Toledano es también de una completa inmoralidad y su incapacidad para gobernar la vimos en dos periodos presidenciales y en diversos estados de la república. No es la mejor voz para criticar. En realidad no hay nadie que tire la primera piedra de la honestidad.
Dentro de la inmensa Ciudad de México, se preparan a tomarla por asalto una organización, el PRD, y una persona hábil y autoritaria como el PRI donde se formó, López Obrador. Quien la retenga en sus manos de modo visible será un gran aspirante al trono que está a punto de dejar el PRI. Mancera insiste en que carece de militancia, le gusta aparecer como metrosexual y rodeado de figuras glamorosas del jet-set mexicano. Está muy distante de Cuauhtémoc Cárdenas y de López Obrador, quienes bien vistos, nada tienen que ver con la antigua izquierda que hemos visto fracasar a lo largo de América Latina. Ni siquiera se han asomado a las contradicciones que trae consigo la globalización y que ya son muy perceptibles en esa vitrina política llamada Ciudad de México.
Gane quien gane, la sociedad deberá seguir preocupada, ningún partido ni alianza de ellos nos sacará de problemas. No tenemos quien nos oriente. Los intelectuales dejaron de lado esa cualidad que tuvieron en la segunda mitad del siglo XX. Perdieron por completo su papel de personajes que nos hacían reflexionar en diversas direcciones. Paz señaló un luminoso sistema capitalista con tendencias democráticas. Revueltas nos heredó un modelo complejo: transitar hacia la democracia popular en medio del éxito apabullante de la economía de mercado. Persiste el malestar y lo manifestamos de la peor manera, a gritos y sombrerazos. Carecemos de figuras que realmente orienten las grandes discusiones políticas. Y algo peor, no tenemos aquellos que como Rulfo y Arreola hacían una literatura que sigue triunfando de modo evidente y sin trampas. Estamos en un México masificado, carente de ideales y valores ideológicos, donde se busca dinero y éxito, olvidándose de hombres y mujeres que se matan tratando de sobrevivir y que permanecen en los sótanos de elegantes edificios y lujosas tiendas que compiten con las de Berlín o Nueva York.
Vienen en camino elecciones que no serán afortunadas, serán útiles para mostrar que somos una sociedad degradada y sometida a un odioso sistema de partidos para los que trabajamos sin descanso. Ya ni siquiera podemos soñar con la aparición de autores que nos enseñaron a soñar como Rulfo y Arreola. El mundo intelectual está poblado por fantasmas y México es una triste realidad.



julio 18, 2016

Los libros de las universidades públicas

Hace unos días, en mi programa radiofónico de UAM-Radio, Culturalmente incorrectos, entrevisté a David Gutiérrez Fuentes, jefe de Publicaciones de la UAM-X. Hablamos de las dificultades no para hacer libros, sino para distribuirlos, de las ventajas y desventajas del libro digital frente al impreso. Recordé que nosotros, en Xochimilco, hemos tenido muy hermosos libros (recuerdo uno de aforismos del director de orquesta Luis Herrera de la Fuente) que han sido modestos best-sellers. Más recientemente editamos un libro interesante: Basta: cien mujeres contra la violencia de género, testimonios, producto de un convenio con feministas chilenas y argentinas. Esta obra la presentó la rectora Patricia Alfaro Moctezuma, en menos de un año se agotó y acabamos de editar la segunda edición. Algo semejante ocurrió con un extraordinario libro de Rubén Bonifaz Nuño: Antología personal. Tuvimos tres ediciones. Es decir, el libro universitario de calidad tiene éxito. Citado, la plática se dirigió a Bonifaz Nuño.
Recordé palabras mías cuando esa obra soberbia, los gustos personales del inmenso poeta, estuvo lista, escribí algo que deseo recordar. Ezra Pound gustaba de contar una breve historia, una metáfora de la capacidad de la poesía: “¿Qué estás dibujando, Juanito? A Dios. Pero nadie sabe cómo es Él. ¡Lo sabrán cuando yo termine el dibujo!”. Es posible que el cuentecillo también encierre otra enseñanza: el poeta es un señalado de Dios. O si se prefiere podemos decirlo con palabras de Chesterton: “El poeta sólo pide introducir su cabeza en los cielos...”. Significa ello que el poeta posee la capacidad o el don divino de transmitir el conocimiento y, asimismo, las grandes zonas inexploradas de la actividad humana. Rubén Bonifaz Nuño es uno de los señalados por Dios para ejercer la más alta tarea: la poesía.
Poeta por vocación, enamorado con fiereza de la literatura, Rubén no tiene parangón en nuestras letras latinoamericanas: es el luminoso autor de Los demonios y los días, As de oros y Fuego de pobres, el inmenso traductor de Homero, el brillante ensayista de Los reinos de Cintia y el hombre que descubre secretos prehispánicos con Imagen de Tlaloc. Una obra inaudita, ambiciosa y de gran densidad que culmina con la enseñanza, la vida académica a la que tantos años de esfuerzos le dedicara.
Formado en el rigor de los clásicos griegos y latinos, Bonifaz Nuño nos entregó una obra notable que pone a Homero, Propercio, Catulo, Afrodita, Elena, Aquiles, Hera y Atenea entre nosotros y en insuperables versiones. Insatisfecho con las traducciones al castellano existentes fue más lejos y él mismo se hizo cargo de ponerlas en un español perfecto, con la ventaja de que se trata de un poeta traduciendo a otros poetas y entonces queda intacta la musicalidad y el ritmo de los textos originales, la carga poética.
Rubén Bonifaz Nuño llevaba en su interior una luminosidad deslumbrante, que ciega, nada había dentro de él que le restara grandeza, que lo minimizara. Ajeno a grupos y a sectas, no conoció otra religión que el arte y la literatura. Su objetivo en la vida fue (y está plenamente cumplido) la más elevada literatura. Al contrario de lo dicho en uno de sus poemas (“Adiós, adiós, mis compañeros;/ me presento, por si no lo saben: estoy de más en esta vida.”), Bonifaz Nuño es indispensable, esencial. Baste decir que ni sus traducciones portentosas ni su poesía de mágica sinceridad están de más, son parte fundamental de nuestra cultura, sin su tarea hoy seríamos menos, muchos menos, en el reino de la creación y en el campo de la cultura universal. En ocasiones, las más de las veces, hombre indefenso, encontró su salvación en la literatura y quizá también en un sentido del humor que lo evadía, aunque fuera momentáneamente, de las penas que se incrustan en el cuerpo y hieren de modo indeleble el alma.
La poesía de Rubén es, a mi juicio, la más acabada, la mejor decantada, que en conjunto podemos hallar en el país. A veces hermética, exige del lector su mejor esfuerzo, un esfuerzo que le permita comprender no sólo su dolor y sus sufrimientos, la terrible y gradual pérdida de la vista y las mujeres que transitan sensuales o enigmáticas dentro de sus versos. Sacerdote y pecador de una religión única, la que fue construyendo en completa soledad y a veces en otra soledad aún más dolorosa, la del desamor, es un poeta de alcances inimaginables, de una belleza y una perfección asombrosas. Sus poemas posiblemente no sean para memorizar, como los de Bécquer, Neruda o Sabines, son para leerlos lentamente, con sed, con hambre de sentimientos y pasiones, e ir descubriendo un mundo complejo, adolorido, donde las mujeres se alejan y el poeta victorioso pasa a ser un guerrero sombrío: “Y he cambiado. Sordo, encanecido,/ una oficina soy, un sueldo;/ veinte mil pesos en escombros/ y un volkswagen, y la nostalgia/ de lo que no tuve, y el insomnio,/ y cáscaras de años devaluados”.
El programa concluyó, pues, con la presencia espiritual del poeta, ensayista y traductor de los clásicos grecolatinos en la UAM-X, de la que recibió un cálido homenaje hace algunos años.
No cabe duda: si las universidades públicas se esmeran por hacer libros bellos, valiosos y promoverlos dentro de nuestras posibilidades, tendrán él éxito que obtienen las ediciones de las empresas privadas.





julio 17, 2016

Los magníficos hombres blancos

“El hombre blanco es poseedor de una cualidad que lo ha hecho hacer camino: el irrespeto. El irrespeto tiene las manos libres y puede fabricar, inventar, progresar”: Henri Michaux: Un bárbaro en India.

En Los primeros hombres en la luna, de H. G. Wells, el doctor Cavor descubre una nueva y valiosa sustancia; entonces interviene el narrador: primero desea que tenga fines bélicos, luego piensa en los negocios: “Vi ya creada una compañía principal y compañías secundarias, patentes a la derecha, patentes a la izquierda, sindicatos, privilegios y concesiones que brotaban y se esparcían hasta que una vasta y magnífica compañía de cavorita manejaba y gobernaba al mundo”. Y más adelante: “le aseguré que podríamos adquirir suficientes riquezas para poner en práctica cualquier clase de revolución social, que podríamos ser poderosos y dar órdenes al mundo entero”. Elocuentes palabras en tal obra son riqueza, negocios, monopolio, millonarios, “¡nos haga ricos hasta sobrepasar todos los sueños de la avaricia!”.
Estas cuestiones forman parte de la mentalidad de escritores conformada dentro de los valores burgueses, Wells, el hombre que mostró sorpresa cuando Lenin le explicó que los soviéticos electrificarían la totalidad de su inmenso territorio, tenía concepciones muy definidas sobre las clases sociales. Al menos, como socialista fabiano, no comprendía la lucha de clases. El doctor Cavor dice, después de una violenta explosión en su laboratorio: “mis tres ayudantes (obreros que trabajaban con él) pueden o no haber perecido. De suyo, no tiene importancia. Si han muerto, la pérdida no es muy grande, pues eran más trabajadores que inteligentes...”.
Lo anterior conduce a otro tema no menos fascinante: el del hombre blanco en la literatura. Lucha de colores que disfraza o encumbra la de clases y protege manifestaciones colonialistas y racistas. Los primeros hombres en la luna fueron caucásicos, tanto en la literatura como en los hechos de la vida real. James Bond, creatura de Ian Fleming, es el personaje más varonil, audaz y seductor de los hombres, tiene licencia para matar y solito ha acabado con comunistas, chinos, mafias rusas, orientales, árabes y demás razas deficientes.
El hombre blanco ha ido desde el fondo de la historia hasta nuestros días cometiendo hazañas impresionantes. Mientras que las otras razas o las mezclas surgidas posteriormente apenas hoy comienzan a hacerse notar, porque existen profundos problemas económicos, sociales, geográficos, políticos, no fáciles de analizar en unos cuantos párrafos. El caso es que las artes —principalmente la literatura— han recogido, reinventado, mitificado, glorificado, las gestas del blanco. Un negro jamás habría podido lograr proezas magistrales en África; se necesitaba que llegara Tarzán y con gritos y puñaladas pusiera un orden en la convulsionada selva. No olvidemos que aparte de blanco era noble, lord Greystoke. Seguramente un obrero inglés no hubiera sido amamantado por una gorila y menos logrado subsistir en la fiera jungla.
La literatura del héroe ha sido escrita por blancos. Es normal pues, que Flash Gordon, James Bond, Robinson Crusoe o los personajes de Verne vayan por el mundo o por otras galaxias resolviendo gravísimos problemas que seres “inferiores” no comprenden. ¿Alguien imaginaría a Sherlock Holmes de color, oriental o paquistaní? Por supuesto que no, pese a ciertos investigadores de origen chino que surgieron a raíz del éxito del personaje de Conan Doyle. El blanco ha impuesto su forma de vida, la típicamente occidental.
Tomemos un representativo relato de aventuras: Leiningen contra las hormigas, del británico Carl Stephenson. La trama es sencilla: un europeo posee una inmensa plantación en la selva brasileña. Para él trabajan cuatrocientos nativos que lo han deificado. Leiningen representa la sabiduría, el valor, la inteligencia y la audacia. En cine el papel estuvo a cargo de Charlton HestonMarabunta. De pronto le notifican que un mar de hormigas se dirige hacia sus tierras, que huya. Treinta y cinco kilómetros cuadrados de feroces hormigas avanzan destruyendo todo. Los aborígenes tiemblan, quieren escapar del mortal peligro. El hacendado permanece impasible. Exige valentía, que combatan por las pródigas tierras de un blanco. Y así lo hacen.
Las hormigas inician el combate. Las escenas están descritas, con talento
(Stephenson es racista, no tonto). Aquí entran los conceptos del autor acerca de los nativos brasileños. Leiningen les comunica la mala nueva y los arenga: será difícil ganarle la guerra a la plaga “bíblica”, no obstante se hará hasta lo imposible. Entonces “...la confianza de los indios en Leiningen era tan grande que recibieron la noticia del peligro y las órdenes para prepararse a la lucha con la misma tranquilidad con que él las daba”.

El blanco se dirige a un indio: “¡A la gasolina, idiota!” Comienzan las duras frases de desprecio a los subdesarrollados: “una cascada irresistible de hormigas cayó sobre el cauce medio vacío. Cruzaron el foso antes que la tarda inteligencia del indio reaccionase...”
Casi derrotados por las hormigas, los hombres oyen a su patrón: “¡Escuchad, muchachos, me tenéis más miedo a mí, y yo estoy orgulloso de vosotros!”. Leiningen logra contener el avance temible del ejército. Los sobrevivientes no olvidarán el valor de su amo y lo pondrán en un altar, como hemos puesto a tantos otros héroes blancos.

julio 15, 2016

¿Somos democráticos o qué?

México no sabe gran cosa sobre lo que significa vivir democráticamente. Su historia proviene de la fusión obligada de dos autocracias: la azteca y la española. Luego se ha dado el lujo de tener dictadores, emperadores, hombres fuertes, caudillos, primeros jefes, tiranuelos de toda índole y para colmo en todos los niveles. De pronto apareció un invento genial: un partido que agruparía a todas las fuerzas “vivas”, a las muertas sólo les dieron el derecho a votar, pues la agrupación ganaba por más del cien por ciento del padrón electoral.  Sin duda, el PRI consolidó la antidemocracia para dar a los herederos de la revolución una vida digna y llena de dinero. Luego del año 2000, muchos pensaron en cambios serios, era la oportunidad. Pero el PAN se mostró tan torpe o más que el partido anterior. Nos dijeron que la sociedad mexicana (antes el pueblo) había salido del letargo y que ella desataría profundas transformaciones sociales y políticas. Pues no. Simplemente el país cambió de autoridades y sin duda estaba peor, como lo probaron doce años de pasmosas acciones miopes y discursos plenos de charlatanería. Hasta tuvimos una declaración de guerra al narcotráfico.
Pero el problema es que en México cada individuo es un partido político y se desató la partidomanía y dentro de cada organismo se formaron tendencias, tribus o pandillas. Nada más natural que en un país que más parece una fábrica de niños, el resultado se tradujera en docenas de grupos. Pero ninguno tenía ideología, apenas programas vagos y desdibujados y ninguno con miras de largo plazo. Lo importante era tener un gobierno y el resto marcharía sobre ruedas. Los hubo de izquierda, los hay de derecha, de centro y los padecemos todos. La gente no cree en ellos, nos dicen los medios de comunicación y los propios políticos. Todos tratan de derrotar al PRI para hacer lo mismo, no gran cosa y sí saquear las arcas.
Lo que no deja de llamar la atención es la nueva manía nacional: vamos con los “independientes”, ellos nos salvarán y nadie piensa que la salvación puede estar en las mismas acciones decididas de la sociedad. No hay independientes, los que así se ostentan vienen de otros partidos sólo guiados por la afanosa búsqueda de poder. Un caso. El Bronco. Fue un priista disciplinado y leal. Su ambición era ser diputado federal. El PRI le dijo que no, que no era su momento. Don Bronco se encabronó, renunció a su partido y de pronto se vio rodeado de simpatizantes. Me recuerda una canción vernácula: “No entiendo, quería ser diputado y terminé de gobernador”. Ahora es un modelo para personas de distintas tendencias que de pronto se topan con el rechazo de líderes inescrupulosos y simplones. El “independiente”, en suma, es un priista que no recibe lo que desea y busca quién lo apoye, de cualquier partido.
Mientras tanto, el PRI cae todos los días en el mismo bache y lo tapa cuando los niños ya se ahogaron. A las pasadas elecciones llegó el PRI de siempre: arrogante y fanfarrón. Ganaría todos los gobiernos estatales en juego. No fue así. El robo, la incapacidad de seis años, había llevado a sus respectivos electorados a buscar angustiosamente la salida hasta en las desaforadas alianzas PAN-PRD. Lo que debió haberse llevado a cabo meses antes, Peña Nieto lo hizo semanas después de la derrota. Al fin la torpe maquinaria gubernamental descubrió que sus antes mejores hombres, eran pillos de la peor ralea. Demasiado tarde y ahora el PAN se adjudica el logro de poner en la picota a los gobernadores priistas corruptos. Ni cómo ayudar al PRI. Él solito se está relegando.
Con mayor desprestigio y luego de perder estados clave como Puebla y Veracruz, ahora le rezan a Dios para que las cosas salgan bien en el Estado de México. Allí se darán un buen pleito. De los muchos candidatos que aparecerán en pos de la gubernatura, la mayoría militan en el PRI y son familiares. ¿Qué pasará? Sólo Peña Nieto y Ochoa Reza lo saben, pero es difícil imaginar que tienen una o dos soluciones para evitar que el Edomex se vaya a las filas del PAN (apoyado por lo que resta del PRD luego del impetuoso paso del ex priista Agustín Basave). Mientras tanto, el perverso y autoritario López Obrador se filtra, como la humedad, por todos los huecos que el pleito entre priistas y ex priistas estamos viendo. Bueno, no nos olvidemos que él también se formó en el PRI, donde hasta compositor de himnos fue.
Lo que debemos hacer es pensar no en partidos, menos en caudillos salvadores como López Obrador o el Bronco, huelen demasiado al viejo PRI, el del populismo barato de Luis Echeverría y López Portillo. Hay que reflexionar en las necesidades y el poderío de una sociedad que ha dormitado largas décadas. Basta de que nos dirijan como les dé la gana. Ya no toleremos a quienes nos prometen con maligna idiotez un mejor país y para probar sus promesas recurren a frases ramplonas y a falsedades. Es tiempo de que la sociedad deje de orientarse por chismes, rumores y periodismo infantil de internet, si no reflexionamos a tiempo volveremos a caer en las trampas del sistema que es uno y que siempre acaba por ponerse de acuerdo para manipularnos. Si vemos a una serie de partidos que nos representan mal o peor, estamos pecando de ingenuos: los partidos, todos, tienen un solo interés fundamental: su propio bienestar. Jamás el nuestro, somos votos, es todo.

julio 13, 2016

El PRI, modelo para no cambiar

Hay organismos políticos que nacen para jamás cambiar, pueden hacer alguna modificación modesta, pero los errores y la ausencia de talento y audacia persisten, son capaces de tolerar el paso de los años. En realidad tampoco, en un sistema presidencialista como el nuestro, los mandatarios son afectos a escuchar el no. En México, dicen los que llegan a los más altos cargos, al Presidente nunca se le dice ese monosílabo incómodo. ¿Cuántos reinos se hubieran salvado de saber aceptarlo filosóficamente? Por añadidura, el nuestro es un sistema monolítico. Eso, tarde o temprano, llevará al PRI a su extinción. Por ahora es un dinosaurio atrapado en el hielo, pieza de un museo de antigüedades. Lo grave es que los demás partidos son su hechura, están cortados por la misma tijera y para colmo, los priistas desdeñados por su aparato, salen en busca del apoyo de otros partidos, de derecha o de izquierda, lo encuentran y triunfan. En nuestra nación (espero siga siendo nuestra) el pluripartidismo es un fastidioso torneo de oportunistas escasos de bagaje ideológico, buscando el empleo bien remunerado.
 Es posible que Manlio Fabio Beltrones no sea mal político y que en caso de haber podido conducir al PRI sin mayores injerencias de poderosos miembros del gabinete o de incómodos legisladores cercanos a Los Pinos, sin las ideas de un hombre que mal conoce al país, Peña Nieto, no hubiera sido derrotado en el anterior proceso electoral. Él tendría que haber pasado por la limpia previa de estados como Quintana Roo, Veracruz o Chihuahua, donde estaba el peor priismo, lo cual es mucho decir. Sin limpia previa, sin buenos candidatos, sin campañas duras, de propuestas serias y autocríticas razonables, hoy la curiosa alianza de ricos y pobres (PAN-PRD, donde uno aportó los cargos y el segundo los votos), estaría sumida en la desesperación y no en el trampolín para dar un salto hacia la presidencia de la República encabezada por un panista.
 El PRI es una oficina de empleos, una agencia, donde los cargos llegan no por los votos ni el talento individual, sino por las simpatías con el presidente en turno. Por ello, y por la atroz corrupción y el desgano en serle de utilidad a la nación, es que los priistas fueron derrotados en 2000 por un hombre realmente limitado en lo intelectual, pero sobrado de audacia. Si pierden en el 2018, no regresarán, no habrá retorno, porque además coinciden con un cierto despertar de la sociedad mexicana harta de partidos camaleónicos. Las izquierdas y las derechas son falsas, el centro es la postura que en nada compromete y tampoco es una tendencia responsable. Con o sin alianzas la búsqueda del poder carece de otro objetivo que no sea el de utilizarlo en beneficio propio. En Veracruz, estado lleno de energía, colocaron a verdaderos pillos, los dos más recientes no sólo fueron casos escandalosos sino que uno, Fidel Herrera, ahora disfruta unas inmerecidas vacaciones en Barcelona a cargo de Relaciones Exteriores. ¿Hay inteligencia, cultura, habilidad política, sentido común en el partido en el poder? Por supuesto que no.
 Ahora el priismo disfruta de una novedad: al frente del ex invencible han colocado, sin mayores discusiones o reflexiones, a Enrique Ochoa Reza, quien está dentro de la línea tradicional que Gastón García Cantú anticipó hace décadas: crítico en su juventud, déspota en su madurez. ¿Cuáles son sus méritos para dirigir un partido que agoniza?, ¿es el experto cirujano que llevará a cabo la compleja operación que requiere el enfermo? Ah, es que quiere parlamentizar el sistema mexicano. ¿No podría antes reconstruir al PRI, sanearlo, darle poder y desde esa postura de fuerza llevar a cabo la transición a un régimen parlamentario y no presidencialista? Los más claros vaticinios lo anticipan como un ariete presidencial para intentar la recomposición, no para transformar radicalmente a un sistema de gobierno que se cae a pedazos. El desmedido poder del presidente mexicano volverá a imponerse y esta vez Ochoa Reza será la víctima y el victimario de un partido inoperante.
 Fue Peña Nieto, quien siguiendo una rutina odiosa, puso a Ochoa Reza en tal cargo. ¿En qué pensaba? Es difícil saberlo, pero evidentemente no en la mejoría de un partido de holgazanes y corruptos que no brindan resultados positivos. En el PRI capitalino colocaron irreflexivamente a una jovencita irresponsable que literalmente ha saltado de partido en partido con el apoyo de mamá: Rosario Robles. Resultados: cero, ninguno.
 El PRI no ha entendido el resultado de los comicios del mes pasado. La ciudadanía fue contundente: basta de corrupción y autoritarismo. No obstante, está dejando que esos gobernadores que perdieron, se blinden para que no los metan a la cárcel. Ni cómo ayudarlos. Solitos cavan su propia tumba.
 Es difícil creer que una persona sin gran experiencia como Ochoa Reza, que ha dado a torcer ambos brazos, ahora, en poco tiempo, sacará al partido y al gobierno de Peña Nieto del enorme bache en que están metidos. Ajeno a la militancia y a los intríngulis del PRI, será incapaz de reinventarlo. El dedazo es inmortal e inmoral, puede funcionar todavía en Morena, pero no más en el partido en el poder. La derrota más estrepitosa le aguarda. Como suele decir mi querido amigo Ricardo Alemán al final de sus excelentes columnas: Al tiempo.

julio 11, 2016

Los Folkloristas en la UAM

El pasado jueves 7 de julio, en la hermosa sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli, la UAM ofreció un estupendo concierto del legendario grupo musical Los Folkloristas ante un lleno total. Como parte de la comunidad, fui invitado y me resultó un recital que al repertorio original, le ha añadido nuevas obras producto de sus investigaciones musicales, a fondo y creativas.
 Allí nos recordaron que se trata de “una agrupación de músicos mexicanos, pioneros en la difusión de la música tradicional latinoamericana. El grupo nació en la Ciudad de México en 1966, con el objetivo de difundir la música folklórica y la nueva canción de México y América Latina. Desde su fundación, Los Folkloristas se han dedicado a la investigación de las expresiones culturales y al rescate de las raíces folclóricas de México y Latino América, incorporando todo este conocimiento a su repertorio.”
Con ellos han cantado Víctor Jara, Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Daniel Viglietti, Amparo Ochoa, Óscar Chávez y Salvador El Negro Ojeda. Algo realmente impresionante.
De entrada me resultó emotivo. Antes del jueves, estuve hace casi dos años, en el último concierto de mi querido amigo y talentoso músico, uno de los grandes directores del continente, Luis Herrera de la Fuente. Ya estaba delicado de salud y dirigió sentado. Para colmo, Luis dejó en casa a una Victoria (su esposa) que recién se había accidentado. Si como concierto estuvo espléndido, sus amigos cercanos estábamos preocupados por la salud del largo matrimonio. Fue una despedida realmente. Luis dirigió y al poco tiempo Victoria falleció y más adelante, el director, desconsolado, la siguió.
Pero ahora el ambiente era festivo y el público estaba emocionado con la presencia de Los Folkloristas. Lucino Gutiérrez Herrera y David Alejandro Díaz, respectivamente coordinador general de Difusión Cultural y director de Comunicación Social condujeron el evento, producto de un convenio entre la UAM y el Gobierno de la Ciudad de México.
 Cuando aparecieron los músicos con un abrumador conjunto de instrumentos, algunos prehispánicos, otros mestizos y unos más tradicionales, recordé mi larga amistad con algunos de los que formaron el grupo: René Villanueva, entre ellos, compañero también de militancia marxista. Los Folkloristas son verdaderos maestros conocedores de la música latinoamericana, su virtuosismo en las voces y conocimiento de los instrumentos, hizo que luego de cada canción, se desataran oleadas de aplausos y que en más de una pieza corearan y asimismo aplaudieran. El público realmente estaba feliz. No sé si todos eran profesores y autoridades de la UAM (ya somos cinco planteles y la Rectoría General), porque asimismo había jóvenes gozosos que estimulaban a Los Folkloristas, artistas estupendos. Fueron magníficas dos horas que lograron nos olvidáramos de los graves problemas que aquejan al país y que repercuten en las universidades públicas.
 Los Folkloristas cumplen 50 años de rescatar e interpretar la música de nuestro continente. Los recuerdo en sus inicios, cuando al finalizar solía felicitar a René Villanueva y a Leonor Lara. Es un grupo que ha sabido conservar la seriedad de sus investigaciones y que posee un notable dominio de los instrumentos diversos. Como pocos grupos, han sabido llevar nuestra música por Estados Unidos, Canadá, Cuba, Colombia y multitud de ciudades que incluyen a las grandes capitales de Europa. Su historial es apabullante.
 Al final, ya cuando se despedían y nos invitaban a escucharlos en el Palacio de Bellas Artes, donde proseguirán los festejos de sus primeros cincuenta años, apareció la inevitable y gozosa aclamación y la solicitud de que cantaran una más, Un encore, nosotros diríamos un pilón. Lo hicieron con placer y aquello terminó de manera extraordinaria.
 Cuando veo este tipo de actividades, donde la UAM cumple con su obligación de difundir la cultura y no dejar solas a las primeras funciones sustantivas, la docencia y la investigación, me produce un enorme placer. Estoy seguro que la UAM es una gran casa de estudios que crece armónica y velozmente, produciendo egresados de calidad. Cuando hace 41 años llegué, jamás imaginé que lográramos constituir cinco campus: Hemos desbordado incluso los límites originales luego de arrancar con Iztapalapa, Azcapotzalco y Xochimilco, tenemos dos más: Cuajimalpa y Lerma. Cinco buenas razones para estar orgullosos de contribuir al desarrollo del país.
 Me encantó que en uno de los festejos para celebrar los éxitos de la institución, estuvieran Los Folkloristas, tan serios, gozosos de hacer bien su trabajo y siempre trabajando en el rescate y difusión de la música latinoamericana, la que no ha podido sepultar la globalización.