Tantadel

agosto 31, 2016

AMLO, sin propuestas; sólo acusaciones

La tercera es la vencida

 En la medida en que los plazos se acortan para competir por la Presidencia de la República, los insultos y las ofensas aumentan de tono y nadie se salva de recurrir a ellos. En tal sentido, los medios de comunicación, siempre a la caza de frases escandalosas, contribuyen. Y lo que vemos entonces son faltas de respeto de unos a otros, en consecuencia con la sociedad que piensa que es normal que los políticos intercambien mentadas en lugar de argumentos.
Dentro de este atroz proceso, hay algunos que se llevan las palmas. Hace poco escuché una entrevista radiofónica que le hicieron a Andrés Manuel López Obrador. Antes de que el periodista acabara de formular su pregunta sobre su extraña declaración 3 de 3, el Mesías tabasqueño ya la había emprendido contra todos: panistas, perredistas y priistas, ninguno está fuera de la “mafia del poder” y como resultado hay una conspiración para impedirle que llegue a la presidencia. Lo interesante es que nadie sabe quiénes integran la mafia del poder que le impide el paso por tercera vez a López Obrador en su camino impetuoso hacia Los Pinos. Fue asombrosa la cantidad de adjetivos que les prodigó a sus contrincantes. Pillos, ladrones, deshonestos, rateros y demás, sin aportar una sola prueba. Son sus enemigos mortales y le impiden llegar a la presidencia para salvar a México. Así de sencillo su discurso y de vacío.
No puedo entender cómo un hombre que se inició hace décadas en la política a través del PRI, que ha militado en el PRD, que ahora posee su propio partido al que maneja como le da la gana, que ha ocupado la jefatura de la hoy Ciudad de México, siga siendo tan elemental y prosaico. Y algo peor: ¿cómo puede tener seguidores que rayan en el fanatismo?
Mentiroso de tiempo completo, López Obrador es un genio porque consigue decir las peores falsedades con naturalidad. Jamás ha esbozado una teoría política, una tesis económica, un proyecto social. Se ha limitado a soltar ocurrencias y chistes, a burlarse de sus oponentes, y con este modesto bagaje cultural es un héroe para millones de mexicanos. La mejor prueba es que Felipe Calderón a duras penas consiguió derrotarlo.
Algo nos pasa como nación, necesitamos sentarnos todos en el diván del psiquiatra para saber qué piensan intelectuales brillantes, multimillonarios exitosos, periodistas reconocidos y quienes arriesgan su prestigio apoyando gracejadas o ideas de la época de Luis Echeverría, de un populismo ridículo que parece enorgullecerlo.
Sus opositores del PRI, del PAN y del PRD tendrían que hacer un severo análisis y un ejercicio de imaginación para ver el futuro y al Peje sentado en la silla presidencial en un país donde el presidente tiene un enorme poder. Pero el caso es que los tiene aterrorizados porque su audacia carece de límites y los demás tratan de mantener formas que él ha despedazado en sus rivales y obtenido una enorme cantidad de votantes que lo siguen a ciegas sin pensar en sus palabras y acciones.
Hace muchos años, una distinguida intelectual, Ikram Antaki, escribió un brillante y documentado ensayo sobre los peligros que entrañaba el ex priista Andrés Manuel López Obrador para México. Fue uno de sus últimos artículos, por desgracia falleció poco después sin ver cómo su vaticinio se lleva a cabo puntualmente.
Hoy de nuevo lo tenemos peleando por la presidencia al amparo de un refrán: “la tercera es la vencida”. Desconocemos su programa político, económico, social y cultural. Pero sus fanáticos están listos para descalificar a quienes osen criticarlo. Ha logrado que uno tenga temor a juzgar sus palabras y sus pobres edificaciones.
Sabemos que en cuanto el artículo o comentario caiga en las redes sociales, sus pejezombis nos insultarán sin piedad. Su política es fascista, consiste en aterrorizar a quienes no están de acuerdo con él.

agosto 29, 2016

El niño politizado en México


Los niños son —lo indica el lugar común— el futuro. Sin embargo muchos de ellos no aguardan tanto para actuar en beneficio de alguna buena causa. Quizás la primera gran noticia que tenemos de sus luchas esté en la espléndida obra de Marcel Schwob La cruzada de los niños. La acción transcurre en el lejano año 1200 en plenas cruzadas. Un predicador (san Bernardo) reco­rre parte de Europa exhortando a los pequeños a reconquistar el Santo Sepulcro. Éstos, en número de cincuenta mil, sensibles a la palabra de Dios y ávidos de entrar en combate, parten hacia Jerusalén. Allí, donde habían fracasado los duros guerreros me­dievales cubiertos de acero, los niños podrían tener éxito. Borges, en el prólogo a dicha obra en la versión castellana de Rafael Cabrera, recuerda emocionado las legendarias palabras del Evan­gelio: Dejad que los niños vengan a mí, y no lo impidáis (Lucas 18:16). Por cierto, los infantes asimismo fallaron en su intento de “cruzar los mares a pie” para llegar a los desiertos a guerrear: los que no murieron en la difícil travesía, fueron vendidos como esclavos en los mercados orientales.
Efectivamente, los niños forman parte del amplio y a veces terrible mundo político. Muchas cosas no se explicarían sin ellos. Hitler solía depositar su fe aria en los niños y adolescentes nazis, quienes jugaron un importante papel en el ascenso y consolidación del Tercer Reich. Poco antes de la caída ¿quién no recuerda la patética fotografía que muestra al tirano a punto de derrumbarse, ojeroso, desencajado, acariciando las mejillas de los últimos niños que inútilmente enfrentarán al poderío soviético que tenía cercado Berlín? Imposible dejar de lado la típica imagen del político norteamericano besando niños para obtener el voto de sus padres. Actualmente el fanatismo religioso los ha impulsado a inmolarse con tal de vengarse de la violencia occidental, tal como lo vemos en Medio Oriente.
En México, lugar en donde los niños son mayoría (cómo olvidarlo: en sábado o en domingo corren, berrean y arrojan trozos de comida en el restaurante), son parte de la política del sistema. En la Revolución empuñaron las armas para derrotar a la tiranía. El Archivo Casasola da buenas pruebas de ello: niñitos revolucio­narios, ya con la dureza reflejada en el rostro, muestran sus armas, orgullosos. Pero es en los años de la “revolución institucionalizada” cuando los menores, o la gente menuda, como les llaman los cursis de la televisión, han llevado a cabo sus más importantes hazañas. Inalterablemente estaban presentes en cada acto de gobierno, en el recibimiento a un mandatario extranjero, en el regreso del presidente de la República o en la inauguración de un puente. Siempre hay niños agitando banderitas nacionales, en vez de estar estudiando o jugando, como en el resto del mundo. Para colmo, ahora la CNTE les quita el derecho a estudiar.
Por ello hay algo que ya preocupa a muchos analistas políticos del país: qué ocurrirá cuando los niños cobren conciencia y hartos de la corrupción y la crisis se lancen de lleno a una cruzada (o revolución, si se prefiere). Podrían, en vista de que son mayoría, aspirar al poder y a ejercer una dictadura infantil que diluya a las demás clases. No olvidemos que los infantes fueron una clase social en la URSS: “La única clase privilegiada son los niños”.
Antecedentes revolucionarios los hay. Ho Chi Minh solía dirigirse a los niños en sus discursos y proclamas y su contribu­ción para arrojar a los invasores norteamericanos de Vietnam no fue poca ni insignificante. Ya es difícil eliminarlos de tajo como lo hizo Herodes en Belén: son demasiados y están en permanente actividad en una suerte de lucha generacional, tal como lo muestra Ray Bradbury en un texto maravilloso, “La pradera”, en el que los padres perecen por causa de sus pequeños y traviesos hijos. Tampoco podría aceptarse la propuesta del irlandés Swift para que los niños excedentes sirvieran de alimen­to: Es tarde, se han politizado y su deseo podría ser la toma violenta del poder.
¿Cómo evitarlo? Muy sencillo, hay que asimilarlos. En tal caso habrá que concederles dos cosas: el derecho al voto desde los tres años de edad y modifi­car la Constitución para que los niños puedan ser gobernadores y presidentes desde los once años, con tan sólo presentar el acta de nacimiento y el certificado de primaria.
Además le daría a México la apariencia de ser plural y completa­mente democrático, en la que todos los sectores de la población participen sin diferencia de sexos o edad. Es posible que hagan mejor papel que los adultos que han arruinado al país. Es posible que su inocencia casi angelical los aleje de la eterna corrupción mexicana y les evite pronunciar discursos demagógicos como los de los políticos de todos los partidos. Peña Nieto, previsor, este siguiente informe, lo dará ante jóvenes y niños, son más receptivos y están menos contaminados por las perversiones de la partidocracia. Sólo confiemos en que López Obrador no los incluya en esa cosa extraña que él llama la “mafia del poder”.

agosto 28, 2016

Borges y Reyes en Nueva York

Resulta curioso que ambos notables hombres de letras no hubieran obtenido el Premio Nobel de Literatura, lo que no es grave de ninguna manera, porque ambos permanecen dentro del mejor galardón que la humanidad concede: mantenerlos en su memoria.

Es bien sabida la sólida relación amistosa que se dio entre Alfonso Reyes, ya afamado, y Jorge Luis Borges, quien comenzaba su genial carrera. Acerca de esa devoción mutua hay muchas páginas. En México destacan las muy brillantes deAdolfo Castañón. Yo mismo, cuando conocí personalmente a Borges, supe del cálido aprecio. Justo me recibió en su oficina de la Biblioteca Nacional de Argentina aludiendo a Reyes, su “maestro”. Hay constancia de ello en un pequeño relato donde narro el encuentro y que ha sido publicado varias veces en antologías sobre el porteño.
Está visto que Borges es inagotable, crece y crece. Investigadores acuciosos, lectores y admiradores hurgan en busca de textos perdidos suyos. Cada tanto aparece un libro distinto sobre su compleja personalidad y monumental sabiduría. Ahora acaba de ser publicada en Lumen una obra más, fascinante: Jorge Luis Borges, el aprendizaje del escritor, resultado de un viaje del argentino a Nueva York, a la universidad de Columbia, en 1971, donde habla de manera novedosa sobre la creación personal de su propio trabajo literario. El seminario está dividido en cuatro secciones o capítulos: Introducción, Ficción, Poesía, Traducción y un apéndice donde habla del aprendizaje del escritor. En la tarea, ante un grupo selecto de alumnos, lo acompaña Norman Thomas di Giovanni, amigo cercano deBorges.
El método es interesante. Los estudiantes leyeron textos del porteño, quien habla de materiales suyos: un cuento, un poema, de las dificultades de la traducción y culmina refiriéndose a la formación literaria. En cada caso Borges inicia y Di Giovanni y los alumnos externan sus dudas e inquietudes acerca de la compleja obra borgeana. El libro apareció originalmente en inglés.
Pocos autores suelen hablar largamente de sus secretos, de los obstáculos de la creación. Borges lo hace con sincera claridad, a veces Di Giovanni, experto en su obra, lo estimula precisando ciertos aspectos que a los estadunidenses les cuesta algún esfuerzo comprender. Nada más distante de Adrogué que Nueva York. En lo relativo a la narración, el Seminario seleccionó El otro duelo, un cuento soberbio y lleno de imágenes y recuerdos, de invenciones ya clásicas en la creación de las letras de Borges. En las otras partes del ahora libro se repite la metodología y brilla el autor homenajeado con un alarde de erudición, imaginación y sencillez.
Como mexicano y devoto de la obra de Alfonso Reyes me admiró que Borges, en una serie de conferencias de esa magnitud, donde cita a docenas de autores celebérrimos de todo el orbe, mencionara a Reyes con cariño, sobre todo en la parte destinada a la poesía, donde la selección es el poema Junio 1968. Entre versos impecables, Borges escribe: “Stevenson y el otro escocés, Andrew Lang,/ reanudarán aquí, de manera mágica,/ la lenta discusión que interrumpieron/ los mares y la muerte/ y a Reyes no le desagradaría ciertamente la cercanía de Virgilio…”
Ya en el conversatorio, Di Giovanni le insiste a Borgesy a Reyes no le desagradará ciertamente la cercanía de Virgilio.
Borges: He mencionado a Alfonso Reyes porque él fue uno de los mejores amigos que tuve. Cuando yo era sólo un joven muchacho en Buenos Aires, cuando no era nadie en particular salvo el hijo de Leonorcita Acevedo o el nieto del coronel BorgesReyes intuyó, de algún modo, que yo sería un poeta. Recordemos que él era bastante famoso; había renovado la prosa en castellano y era un muy buen escritor. Recuerdo que yo solía mandarle mis manuscritos, y él leía no lo que yacía en la superficie del manuscrito sino lo que yo había intentado hacer. Luego, él le decía a la gente: qué buen poema ha escrito este joven muchacho Borges. Pero al examinar el poema, ya lejos del mágico de Reyes, ellos no veían otra cosa que la mera torpeza de mis ensayos de versificación. Reyes, yo no sé cómo, adivinaba lo que yo me había propuesto hacer y lo que mi inexperiencia literaria me había impedido hacer.”
En el párrafo siguiente, Borges vincula adecuadamente a Virgilio con don Alfonso: “Y yo, desde luego, sabía que a Reyes, en su propio paraíso secreto, le habría gustado encontrarse cerca de Virgilio…”
Este libro del Borges maestro deja claro que paga sus deudas de gratitud con su mentor Reyes, como acostumbró hacerlo con sus grandes influencias. Por eso recuerdo que en una mañana soleada de Buenos Aires, al saber mi nacionalidad, calificó como toscos a sus paisanos al decirme emocionado: “Reyes, mi maestro.” Resulta curioso que ambos notables hombres de letras no hubieran obtenido el Premio Nobel de Literatura, lo que no es grave, ambos permanecen dentro del mejor galardón que la humanidad concede: mantenerlos en su memoria.
Finalmente, el libro es un recuento sí de deudas, pero también es una extraña confesión, una entrega a la posteridad de los secretos de su creación literaria, plena de modestia y humildad del mayor y más influyente de todos los escritores del castellano de los dos últimos siglos.


agosto 26, 2016

Una revolución con “ligereza”

Gilles Lipovetsky se ha convertido sin duda en uno de los mejores y más brillantes pensadores críticos del complejo y convulso mundo que habitamos. Recientemente ha publicado un nuevo libro llamado De la ligereza. El solo título me trajo a la mente la cordial polémica, de muy alto rango, que sostuvo con Mario Vargas Llosa cuando el novelista presentó su libro La civilización del espectáculo. En esa ocasión, Gilles y Vargas Llosa debatieron temas culturales y filosóficos. Al final, Vargas Llosa le dijo para concluir, pero debemos conservar el amor por las lecturas clásicas, pues Lipovetsky había precisado que es difícil mantener una definición, digamos, reputada de cultura, sino que debemos buscar la inclusión de nuevos valores. Dentro del mundo capitalista triunfante, el espectáculo ha tomado un lugar destacado y en momentos presenta una tabla axiológica distinta, no sabemos qué se preservará y qué no, pero el capitalismo, de muchas maneras el mundo entero, vive inmerso dentro de valores con frecuencia frívolos. Para que Julio Cortázar aceptara hace muchos años, en pleno auge de la Revolución Cubana, ser entrevistado por la revista Life, símbolo del sistema norteamericano, hubo largo tironeo. De entonces al momento en que Vargas Llosa apareció en Hola (símbolo de la estupidez imperante) con motivo de su nuevo amor, hay mucha distancia. El derrumbe aparatoso del socialismo dejó la puerta abierta a un capitalismo despiadado, pero que intuye la necesidad de mitigar su esencia frívola y de bienes elementales para subsistir exitosamente y provocando felicidad artificial y un rostro menos brutal.
No he leído el libro de Lipovetsky, pero por mis lecturas anteriores y derivado de la entrevista que le hizo en estas mismas páginas Adrián Figueroa, veo el espíritu crítico del francés, lejos de las utopías que nos movieron en los siglos XIX y XX. Ahora la cultura y la ciencia son parte de un complejo movimiento donde el capitalismo queda obligado a  transformaciones que le permitan subsistir, democratizarse y mejorar. Para ello, deberá utilizar las nuevas tecnologías. El hombre nuevo que soñaron los guevaristas tendrá otras posturas ajenas a las utopías de sobra conocidas, será el eje de transformaciones que lo obliguen a no ser un opresor de los desposeídos. El mundo vive en constante comunicación y eso le da nuevas características. Al reportero que le pregunta si requerimos un cambio a escala mundial, Lipovetsky le responde:
“Sí. Esta civilización de la ligereza revela que debemos cambiar el sistema de producción, de consumo, en la cual tengamos una conducta menos agresiva contra el medio ambiente, con los ecosistemas, de menos impacto con la ecología”. Y enumera elementos salvadores: Internet, medicina regenerativa, dispositivos nanométricos… “Lo que cambia al mundo es la ciencia y la tecnología”.
Algunos marxistas han afirmado que la ecología debe ingresar en el discurso que los clásicos de tal corriente, quienes no vieron la degradación de la naturaleza. La destrucción impiadosa de bosques, selvas, ríos... Lipovetsky advierte que de este fenómeno hay conciencia mundial. Ante la contaminación que oprime a las grandes ciudades como México, observa que debe haber transporte público eficiente que “reduzca la polución y eliminar los automóviles, porque hoy la ciudad está asfixiada por estos”. Tiene razón. Somos un buen ejemplo donde el gobierno trabaja para su majestad el automóvil. Un leve recorrido histórico de los últimos 50 años nos permitirá ver cómo hemos pasado del verdor y de los ríos al horrendo y triste gris del asfalto. Como ha dicho la investigadora Martha Fernández: pasamos de ser la ciudad de los Palacios a grotesca mancha urbana.
En estas circunstancias es imprescindible buscar nuevas acciones, porque la política casi ha desaparecido, al menos en sus propósitos fundamentales, como las ideologías. Vivir en la civilización de la ligereza, donde ya no se tiene el gran poder de antes, conlleva a la búsqueda de nuevos caminos para hacer que el capitalismo tolere una serie de regulaciones estrictas que le permitan avanzar y eliminar los problemas o al menos mitigarlos. En esto la ayuda de la civilización de la ligereza, dice Lipovetsky, son los celulares, la tabletas, las computadoras, los nano-elementos que aparecen con frecuencia y deben ser los impulsos para que el hombre moderno se convierta en una suerte de nuevo Prometeo que le quite a los dioses las ciencias y las ponga en manos de la gente con deseos de mayor envergadura. No es más el tiempo de las mega-construcciones, hay que pasar a la ligereza, allí, es posible, encontremos la salvación a un planeta que ya vemos ruinoso y no distante del colapso. 
Creo que este tipo de ideas, de libros, de formas de pensamientos avanzadas son las que precipitarán un mundo que sea capaz de aceptar una nueva revolución no violenta que la literatura y la cinematografía de ciencia-ficción ya nos han anticipado.
Hay que dar un paso más en la reflexión sobre las condiciones que ha creado el capitalismo dominante. Las condiciones de una revolución armada, la toma violenta del poder o la dictadura del proletariado son tan remotas que no aparecen en ningún horizonte, pero asimismo es verdad que el ser humano vive en su mayoría oprimido y con regularidad en lamentables condiciones económicas. Por ello es que esas nuevas y ligeras llaves tecnológicas deben ser utilizadas para mejorar la condición humana. De no ser así, el nuevo Prometeo no aparecerá dándonos los elementos necesarios para buscar distintos caminos de bienestar.

agosto 24, 2016

La CNTE ya doblegó al gobierno

Autoridad paralizada

No pasa un día, no pasan unas horas, sin que aparezca una noticia ya común en México: “Otra jornada vandálica de la CNTE”. Secuestra e incendia autobuses, cierra carreteras federales, hace plantones en grandes ciudades, principalmente en la de México, bloquea calles y lleva a cabo plantones, golpea o veja a los maestros que han acudido a los exámenes que propone la reforma educativa. Poblaciones importantes están en sus manos, incluida la capital del país.
La respuesta inmediata viene de la población afectada, pero no va más allá de quejas, insultos, malestar que no encuentra eco salvo en los medios de comunicación y los empresarios que ven grandes pérdidas en sus negocios, pérdidas que suman ya muchos millones de pesos. Su reacción le ha hecho actuar al gobierno como si los empresarios, un sector muy protegido y beneficiado, fuera enemigo personal del gobierno. Simplemente protegen sus intereses.
Las autoridades insisten en que no van a “reprimir”, algo que nadie ha solicitado. Exigen orden, que las protestas no tengan elementos violentos.
La CNTE lleva a cabo una escalada que sería intolerable en países avanzados, democráticos y en los que saben que las protestas se valen mientras no afecten los derechos de los demás y aquí una minoría tienen en jaque a amplias zonas del país.
EUM20160815ACT15.JPG MORELIA, Mich.- Protest/Manifestación-Michoacán.- Jóvenes normalistas incendiaron este lunes 15 de agosto de 2016 diversos vehículos, incluidos una camioneta de una empresa de telefonía y un camión repartidor de refrescos. La organización de las escuelas de la entidad dijo que radicalizará sus protestas. Foto: Agencia EL UNIVERSAL/Carlos Arrieta/RCC

Ya a nadie le cabe la menor duda de que los maestros de la CNTE están creando condiciones para agudizar las contradicciones e intentar algo mayor.
Algunos analistas han hablado de una intentona exitosa de hacer una “guerrilla” de bajo nivel.Tan es así que el movimiento de una minoría de maestros de escaso rango educativo (vaya paradoja) ya tiene contactos políticos en universidades públicas y privadas y se han acercado a partidos peligrosos como Morena, donde un hombre afortunado y de poca estatura política, busca de modo enfermizo la presidencia de la república.
Igual que la dirigencia de los maestros disidentes, López Obrador es capaz de interrumpir la normalidad de ciudades como Villahermosa y la de México. El mayor plantón que los capitalinos han sufrido lo hizo él con una saña sin par al cerrar por meses el Paseo de la Reforma y festejar su derrota con la ridícula toma de posesión en el Zócalo, donde un grupito de fanáticos le ponían una banda presidencial casera, “ungiéndolo” presidente “legítimo”. El acto demencial le permitió nombrar a su gabinete. Para ridículos, nosotros.
Pero a pesar del historial que el vandalismo político tiene en amplias zonas de la nación, el gobierno está paralizado. Las elecciones se acercan y no quiere sufrir una derrota. Así que prefiere tolerar todas las agresiones de los normalistas e incluso se permite el dudoso lujo de atrapar maestros que tienen en su contra varias acusaciones graves y ponerlos en libertad ante el regocijo de los rufianes.
Los malos, en este caso son el gobierno federal, el capitalino, los empresarios y los más afectados que son los ciudadanos que buscan cruzar un buen tramo de la urbe para llegar a su trabajo. Los héroes son quienes destruyen todo a su paso y le gritonean al menos a dos secretarios de Estado: a los titulares de la Educación y de Gobernación, sin que salga a relucir la protección a los intereses de las mayorías.
EUM20160719EDU16.JPG PÁTZCUARO, Mich.- Protest/Manifestación-Michoacán.- Normalistas acompañados de padres de familia y comuneros incendiaron tres autobuses este martes 19 de julio de 2016, para evitar ser detenidos después de un operativo para liberar la carretera federal que comunica al municipio de Uruapan que fue bloqueada como parte de las acciones en contra de la reforma educativa. Foto. Agencia EL UNIVERSAL/Armando Solís/RCC
La reforma magisterial fue prácticamente impuesta, de manera tosca, brutal y sin tacto político. Las negociaciones que Gobernación lleva a cabo con los maestros es permanecer a la defensiva y doblegarse gradualmente. Otro debió ser el camino. Le faltó tacto y sensibilidad al gobierno federal. Ahora es el villano que “reprime” a luchadores sociales buenos.
Algunos comentaristas señalan la debilidad gubernamental, el temor a poner orden porque piensan que eso es “represión”. Pero es al contrario, millones de mexicanos somos rehenes de sus acciones. No importa lo que siga, por lo pronto el gobierno federal ya sufrió una aparatosa derrota.
Y mientras no se derogue la reforma educativa como pide la CNTE, lo que no va a suceder, o el gobierno decida poner orden y hacer respetar la ley, seguirán los desmanes de este grupúsculo.

Rulfo, un clásico de verdad

Como Juan José Arreola, Juan Rulfo fue maestro de muchos escritores. El primero tuvo marcada vocación magisterial, el segundo no tanto, pero igual supo contribuir a formar docenas de prosistas y poetas en el Centro Mexicano de Escritores, donde ambos fueron por años asesores.
 Este aspecto ha sido poco estudiado. Dicté una conferencia magistral al respecto en la Cátedra Juan Rulfo de la UNAM y la publicó la UAM. El autor de dos maravillo­sos clásicos del castellano, El llano en llamas y Pedro Páramo, ejerció el tipo de magisterio que dicho Centro exigió. Fue un verdadero taller de literatura, el espacio para discutir cada trabajo presenta­do por los becarios y mejorarlo sustancialmente. Allí, en una época, Arreola, Francisco Monterde y el propio Rulfo escuchaban cuentos, poemas y ensayos y hacían las indicaciones pertinentes. El Centro Mexicano de Escritores contribuyó en la medida de sus precarios recursos, como pocos, a la formación de poetas y novelistas mexicanos y algunos sudamericanos.
 Estuve en el CME, en 1964, cuando gané una de sus codiciadas becas. Con mucho entusiasmo acudí al primer encuentro. Allí estaban los tres mencionados y algunos más, funcionarios del Centro como Arturo Arnáiz y Freg y Felipe García Beraza. Arreola ya había trabajado con mi generación: José Agustín, Alejandro Aura, Raúl Navarrete (ya fallecido y el único que heredaba directamente temas y tratamientos rulfianos de todos nosotros), Eduardo Rodríguez Solís, Jorge Arturo Ojeda, Roberto Páramo, Elva Macías y yo. Todavía seguía apareciendo la hermosa revista Mester (de arreolería, decían algunos bromistas), en la que nos formamos.
 Juan Rulfo conocía una enorme cantidad de novelistas y los conocía a profundidad. Cada conversación con él era una auténtica clase de literatura. Fue el Centro Mexicano de Escritores mi mejor escuela literaria. El resto, fueron lecturas, muchas veces recomen­dadas por el propio Rulfo.
 Como periodista, me correspondió entrevistar dos veces a Juan Rulfo para el suplemento cultural de la revista Siempre!, en época de Benítez. Fueron publicadas y después le telefoneé para saber su opinión. Me dijo que no las había visto y lo creo.
 Sus comentarios, a diferencia de los de Arreola (quien en sus conversaciones con Jorge Luis Borges le permitía intercalar algunos silencios), no eran brillantes, pero tal vez eran mucho más profundos. Sabía dar en el clavo y mostrar los defectos y virtudes de un cuento o un poema, de un fragmento de novela o de un ensayo con terrible precisión. Más de una ocasión fue duro, especialmente con Jorge Arturo Ojeda, quien más tarde lo recordaría en un diario prematuro.
 Rulfo era un ser misterioso, mítico, rodeado de enorme prestigio nacional e internacional, de pocas palabras en público, taciturno, a veces sombrío, que fumaba mucho. La fotografía que con motivo de la llegada de esa promoción de becarios nos fue tomada, muestra a Juan Rulfo serio, absorto en un punto que no era la cámara, como ajeno a lo que ocurría a su alrededor. Con timidez me acerqué a él. Y comenzamos una conversación para mí inolvidable y que duró, así me lo pareció, eternidades.
 La reputación de Rulfo fue inmensa y jamás la presumió. Recuerdo que en Buenos Aires en 1972, los jóvenes escritores porteños me preguntaban básicamente por él. Y lo mismo ocurrió en París, en la Universidad de Vincennes me solicitaron una plática sobre Rulfo; todos lo habían leído en francés y español, pero querían saber algo acerca de los libros que prometió tantas veces y que nunca escribió, abrumado por el enorme prestigio de los ya publicados.
 En Portugal, en Coimbra, un médico me regaló revistas en las que hablaban de las excelencias de Rulfo. Se las envíe de inmediato y nunca supe si las recibió.
 Rulfo fue un hombre que conservó la pureza y la sencillez. El éxito nacional e internacional no lo perturbó. Mantuvo sus costum­bres y fue poco afecto a las declaraciones periodísticas. Recibía a cuanta persona deseaba verlo. En nada contribuyó al mito Juan Rulfo. Como José Revueltas, fue de una gran limpieza moral y honestidad. Sus mejores enseñanzas Rulfo las dio con su prosa espléndida, con sus brillantes metáforas, con estructuras inteligen­tes, muy elaboradas y luminosas. Es decir, su mejor ejemplo fue el rigor y la perfección. Le bastaron dos libros tan sólo para alcanzar reputación internacional y ser guía de escritores de muchas partes del orbe. Efectivamente, he estado en diversas ciudades, París, Buenos Aires, Lisboa, Moscú, Madrid y en todas ellas siempre hubo personas que ansiosas preguntaban por el Rulfo de carne y hueso, cómo eran sus relaciones personales, cómo con su familia. Hace dos años, con amigos en Italia, en Florencia, en un modesto restaurante, el dueño nos escuchó hablar castellano y sin más se dirigió a nosotros en tal lengua y habló un buen rato de su devoción por Juan Rulfo, nos dijo que sus libros de cabecera eran Pedro Páramo y El llano en llamas, obras perfectas. Eso significa prestigio internacional ganado desde el silencio, de las voces del silencio parafraseando a Malraux.


agosto 22, 2016

Hoy lunes 22, la CNTE en acción


Hoy reinician las actividades escolares. Hay inquietud y nerviosismo. La CNTE ha prometido, al menos en los estados que están bajo su control, que impedirá las clases. El gobierno ha respondido afirmando que sí habrá, al menos en los sitios donde hay cierto orden. Es posible que los más desconcertados sean los propios maestros de primaria y secundaria. La CNTE es de cuidado y tiene a las autoridades en jaque y a punto de jaque mate. En Oaxaca informan que en diez años llevan 209 días sin clases. Michoacán, Guerrero y Chiapas no deben estar muy debajo de ese maravilloso y digno récord.

Las acciones que los militantes de la CNTE tomarán, de sobra son conocidos: plantones, cierres de edificios públicos, toma de escuelas, bloqueos en carreteras, encontronazos cada vez más violentos con las fuerzas policiacas y así por el estilo, todo aquello que les ha funcionado a la perfección. El problema es que todavía nadie acaba de decidirse por el uso de la fuerza pública para contener a los grupos más violentos del país.  Si llegan a detener a un puñado de dirigentes, de inmediato son puestos en libertad y éstos corren a notificar a los medios que radicalizarán sus medidas contra el Estado.
El problema es que nuestros juristas oficiales no terminan de ponerse de acuerdo qué demonios significa utilizar la fuerza pública y en tal sentido es que han paralizado al gobierno y le tienen tomada la medida a todas las comisiones de derechos humanos. La CNTE puede hacer lo que le viene en gana e impedir que los restantes ciudadanos, una abrumadora mayoría, se vean limitados, no pueden llegar a sus labores, son afectados en su derecho de paso y la libertad de utilizar las carreteras y caminos públicos. Algo detiene al priismo: el síndrome del 68, la brutalidad de Díaz Ordaz que tantas reacciones nacionales e internacionales ha producido. Esa brutal represión mandó al PRI al diván de psiquiatra. Ahora sus policías y elementos militares medio se defienden de las pedradas para evitar la acusación de asesinos. De allí que la CNTE haya crecido no en tamaño, sino en virulencia, se saben protegidos por las leyes y las peculiares interpretaciones que hacen las temerosas comisiones de derechos humanos y el temor de los gobiernos. Lo que habría que preguntarse es si unos y otros han pensado en el derecho que tienen los niños a recibir educación. Son los más afectados y ninguno de los bandos en pugna los ha consultado. Cierto, son niños, sus verdugos, adultos.
Los ciudadanos y los empresarios, afectados de una u otra manera, piden al gobierno que intervenga para volver al estado de derecho. Pero no. Las elecciones serán próximamente y temen que los votos sean de castigo por “represores”, cuando nadie les pide que sean brutales, simplemente se organicen de tal manera que sus fuerzas del orden sean capaces de frenar los excesos de los sectores más radicales del magisterio. No hay nadie que pida que se dispare sobre maestros, que de hecho se han convertido en guerrilleros urbanos. Sólo quieren caminar libremente sin el temor de que una bandada de maestros que se niegan a elevar sus niveles profesionales, los agreda o al menos les impida ir a su trabajo o a un hospital. Y estoy seguro que son mayoría los ciudadanos que quieren que el gobierno controle a la CNTE, que los miembros y seguidores de esta agrupación.
No se necesita una bola mágica para saber qué sucederá hoy: Cierto. Lo mismo de todos los días y tanto la SEP como Gobernación harán un llamado a la cordura y una vuelta al trabajo en nombre de la sagrada niñez o del futuro de la patria. Sin duda el “futuro de la patria” llegará a salvar al país con pésima preparación. O en todo caso, de las escuelas públicas egresarán los empleados de ínfimo nivel que estarán al servicio de los muy bien preparados egresados de las escuelas particulares.
Antes, en mejores tiempos, los presidentes y altos funcionarios estudiaban en escuelas públicas. Hoy es otro mundo. El éxito de las escuelas privadas es que allí no cuenta la CNTE y entonces los alumnos egresan mejor preparados y con mayores ambiciones para gobernar al país. Entonces sí avanza la privatización de las escuelas, pero los responsables del éxito de las particulares radica en no sólo mostrar las fotos de los miembros de la CNTE quemando autobuses, arrojando piedras a los policías, pintarrajeando edificios o rapando a maestros que aceptaron someterse a las nuevas exigencias de la modernidad, sino en su resistencia al cambio. Cierto, no fueron las mejores maneras de proponer una reforma educativa, pero tampoco es posible responder con la violencia. Yo jamás pisé una escuela privada y menos confesional: de principio a fin hice mi carrera en instituciones públicas. Los maestros eran inmejorables. A muchos los conocía personalmente a través de mis abuelos y mis padres que se formaron en la Normal. Mi papá fue parte destacada en la Comisión Nacional del Libro de Texto Gratuito. Eran otros y mejores tiempos para la educación: por allí estaban Martín Luis Guzmán, Jaime Torre Bodet, Rafael Solana y en los pasillos de la SEP uno podía encontrarse, rodeado de los hermosos frescos de Diego Rivera, con Rafael F. Muñoz, José Revueltas, Arturo Arnáiz y Freg, Agustín Yáñez… ¿Qué nos pasó?   ¿Dónde perdimos el rumbo? Ni remedio, hoy tendremos un día muy complicado en muchos estados de la república y, desde luego, en la Ciudad de México.

agosto 21, 2016

Dublineses, de James Joyce (2/2)

El irlandés está plenamente descubierto y con la divulgación de sus cartas de amor podemos formarnos un cuadro completo de él.

El único libro de cuentos de JoyceDublineses, fue conformado inicialmente por 12 relatos, en su edición definitiva cuenta con tres más. Si uno los lee sin la debida atención, los cuentos parecen realistas y una severa crítica a sus paisanos con quienes Joyce siempre tuvo una relación ambivalente de amor-odio. Es posible que, como señalan algunos de sus críticos, posean un fuerte contenido autobiográfico. Pero ésa es una simple conjetura que se puede utilizar en cualquier caso. No hay narrador o poeta que prescinda de su propia experiencia al narrar o versificar. Uno de sus biógrafos, Richard Ellmann, revela que James Joyce“deseaba que sus contemporáneos, en particular los irlandeses, se echasen un buen vistazo en su bruñido espejo, pero no para aniquilarlos. Tenían que conocerse a sí mismos para ser más libres y estar más vivos”. Es posible que haya tenido un amplio empeño en reflejar su realidad, la de su entorno inicial, cuando vivía y estudiaba en Dublín, pero la imaginación y la memoria suelen apoyarse, en el caso de un escritor de genio, más en la imaginación que en el fiel recuerdo de los sucesos. Las ironías de Joyce, en este libro a no dudarlo, son derivadas de sus conflictos religiosos y políticos, en una Irlanda cuya mitad no comparte en absoluto las razones de la otra mitad. La impresión es que en Dublineses la necesidad de liberarse de sus fantasmas es más evidente que en otras de sus obras. Para él su ciudad era víctima de una parálisis cultural, mental y social. Doblegada por el Imperio Británico y la Iglesia católica, en pugna con el protestantismo y de una larga lucha por recuperar la independencia de Inglaterra.
No obstante que hay una abrumadora mayoría que piensa en la genialidad literaria de Joyce, existen voces adversas que la minimizan. En la importante obra crítica Historia de la literatura inglesaW. J. Entwistle y E. Gillett muestran puntos de vista severos: “Desde la Primera Guerra Mundial la historia de la novela no ha sido feliz. Es posible que como forma literaria haya llegado a su fin, aunque esto no parece probable. Lo cierto es que los ídolos de la posguerra, E. M. ForsterVirginia WoolfAldous Huxley y James Joyce, han añadido poco o nada al campo de la novela, no obstante sus intentos, complicados y a veces tortuosos, para conseguirlo”.
Páginas más adelante los críticos ven al escritor irlandés en detalle: “Joyce era músico. Tenía un sentido del ritmo muy notable. Había leído mucho. Tenía un conocimiento extenso y particular de ciertos aspectos de la vida en Dublín. Fue en alto grado un artista y un experimentador literario. Desgraciadamente, ignoraba un hecho vital: el escritor tiene que ajustarse a las normas de su tiempo en cuanto a inteligibilidad y comprensión…” A no dudarlo, justo le critican los elementos que le conceden a Joyce un valor excepcional. Es un revolucionario implacable que destruye reglas y paradigmas para poner nuevos en su lugar. Eso definitivamente hizo el irlandés. El que haya trastocado el inglés con “violencias extraordinarias” es parte del valor de su obra en general y en particular del Ulises.
Dublineses es, como tantos han dicho, un hermoso ajuste de cuentas con su pasado, sus días de formación en su ciudad natal. Un ejercicio para llegar alRetrato de un artista adolescente y al Ulises. También se las arregló para legarnos mucho de su espíritu rebelde en ensayos que fueron agrupados bajo el título deJames Joyce: escritos críticos, selección e introducción de Ellsworth Mason yRichard Ellmann, publicado en español por Alianza Editorial, sin dejar de lado su poesía de intricados juegos de palabras. Ello significa que Joyce está plenamente descubierto y que con la divulgación de sus cartas de amor a Nora Barnacle, 1975, podemos formarnos un cuadro completo de él para apreciar su compleja magnitud.
Nunca he dejado de pensar en la unidad que debe llevar un volumen de cuentos. No es una canasta donde es posible poner cualquier objeto que se nos ocurra. Los relatos deben tener armonía, cierto orden, afinidades estilísticas y temáticas.Joyce consigue todo esto en Dublineses, como en otros sitios y en distintas épocas lo llevaron a cabo ChaucerWildeBorges o Rulfo. Quien suma simplemente cuentos variopintos, es alguien distante del rigor del escritor memorable. Joyceescribió sus relatos cuidadosamente y les dio un orden posible y aquí podríamos aceptar a los críticos que señalaron que la disposición es evidente, están escritos con una lógica de vida: juventud, madurez y muerte. Tres tiempos naturales y distintos entre sí. No es fácil, más bien resulta ocioso, señalar cuál es el mejor relato de Joyce en Dublineses. En lo personal, prefiero Los muertos (quizás el más citado) y acaso Arabia; son perfectos, me encantan, pero este gusto no es sino una cuestión de afinidades. Una acción subjetiva. Todas las historias son de una hermosura sin par. Curiosamente, Joyce señaló que sus cuentos eran “epifanías”. Quizás en esta obra, delicada y bella, sean más evidentes las influencias que le atribuyen ciertos estudiosos de su obra: Chéjov y Dickens. Otros han visto la presencia fugaz de Ibsen.
Tengo la impresión que aun los lectores que se sienten amenazados por el universo complicado y abrumador del genio irlandés, tienen en Dublineses una excelente forma de comenzar el recorrido. Como el Ulises de Homero, podrán ser tentados por sirenas y finalmente cruzarán mil peligros intelectuales. Pero la Ítaca que les aguarda es un placentero paraíso literario.

agosto 19, 2016

Graco por liebre

Por su belleza y cercanía, porque tengo muchos amigos que decidieron irse a vivir y disfrutar del clima morelense, suelo visitar Cuernavaca, hoy la ciudad que dentro de este combativo estado presenta muchas inquietudes y malestar. Luego de gobiernos corruptos y autoritarios del PRI, imaginaron que la llegada de Graco Ramírez, un hombre que dio la lucha fuera de las esferas oficiales, transformaría Morelos. Tuvo el voto de intelectuales, artistas, ciudadanos sin tacha y en general de personas esperanzadas en un cambio en los lugares donde el zapatismo dejó una huella memorable.
Recuerdo que muchos amigos morelenses adoptados o nacidos allí me lo expresaron abiertamente. Estuve de acuerdo. Mis recuerdos, incluso personales, me hicieron participar de la misma esperanza que nació con su triunfo. Muy pronto, en cosa de semanas, un querido colega me dijo en Cuernavaca: Hermano, nos dieron “Graco por liebre”. Muy pronto, pues, comenzaron los excesos del gobernador, su autoritarismo y su incapacidad política.  En consecuencia, el malestar se generalizó dañando al PRD que últimamente ha perdido buena parte de su bien ganado prestigio.
Graco Ramírez carece de tacto, su experiencia política es pobre y sus ambiciones personales son excesivas. Comenzó a chocar con la sociedad morelense. Se peleó de manera torpe y brutal con la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), a la que ha querido doblegar. El choque entre la institución universitaria y el gobierno que encabeza Graco es evidente y severo. A diario intercambian feroces acusaciones y nadie cede. Mucho me temo que Graco escogió un enemigo poderoso y razonable.
Ahora ya está perfectamente conformado un Frente Amplio Morelense y no sólo sale a las calles de Cuernavaca y otros poblados, sino que se organiza y exige la renuncia del gobernador, quien no ha ocultado sus deseos de ser candidato por el PRD a la Presidencia de la República. Hace unos días hubo una gran marcha ciudadana. Según la nota del reportero René Vega Giles, en este mismo diario, “El FAM determinó iniciar un movimiento de resistencia civil hasta que el gobierno federal escuche y apoye las exigencias sociales de los habitantes del estado, al declarar la desaparición de poderes y tomar las instalaciones del Ejecutivo, Legislativo y Judicial como una medida de presión para que venga la renuncia de Graco Ramírez al gobierno estatal y crear un gobierno de reconciliación”. La nota señala que según cuentas serias, unos 130 mil habitantes de la capital y de municipios cercanos marcharon en la protesta. Las cifras oficiales, como es usual en estos casos, minimizaron la protesta.
En esa marcha, ya en el zócalo de Cuernavaca, el rector de la UAEM y vocero del Frente Amplio Morelense señaló que la agrupación ya está integrada por más de cien asociaciones civiles que llevarán a cabo acciones tendientes a debilitar más el poder de Graco y los suyos, a causa de su autoritarismo e ineptitud. Se trata, en suma de un movimiento que crece y le causa dolores de cabeza tanto al PRD como al gobierno federal que no tiene pocos problemas. El gobernador respondió con arrogancia y decidido a no ceder en las peticiones que incluyen la inseguridad en ese estado. El prestigiado poeta Sicilia ha sido claro en sus críticas al gobierno de Graco. Simultáneamente, diversos medios de comunicación han expresado que sobre ellos existen presiones toscas que limitan la libertad de expresión.
En realidad el conflicto no parece tener otra solución que la salida de Graco Ramírez y su equipo de colaboradores, que incluyen a su esposa, cuya influencia es mucha. Pero si antes la llegada del gobernador fue esperanzadora para los morelenses, no supo cómo actuar ante un estado que deseaba cambios positivos y una armonía acorde a los intereses de la sociedad para avanzar, hoy los caminos están cerrados: el gobierno se ha aferrado a un principio autoritario y no ve el daño que hace de manera cotidiana. Es posible que Graco pueda mantenerse en el poder, pero su figura ya está por completo desprestigiada  y todos aquellos que le dieron la bienvenida de modo cordial y abierto, ahora exigen con violencia que se retire, que busque su campo laboral en otro campo que no sea el de la política morelense.
Mis recuerdos universitarios me lo traen a la mente como un hombre decidido y crítico, pero bien sabemos los mexicanos que el poder modifica a los políticos sin importar el partido al que pertenezcan y permite que salgan a flote sus peores vicios y defectos, y entre ellos está la necesidad de convertir el poder en una serie de acciones despóticas. Es decir, el perredista sufrió una grave metamorfosis negativa. Un solo caso en donde por obvias razones omito el nombre: Una mujer decente, honesta y capaz se incorporó de inmediato a su equipo de trabajo, con energía y entusiasmo. A los dos meses renunció. Le pregunté las razones de su decepción y me dijo: es intolerante e intolerable, algo que ahora ya sabe más de la mitad del estado y principalmente la UAEM, una respetable institución que da la cara por todo el estado.
Ah, falta citar al desatinado jugador de futbol, Cuauhtémoc Blanco, quien vive ajeno a la realidad, soñando que Cuernavaca es una cancha.
Lamentable y penoso. Está visto que el poder todo lo corrompe y la corrupción nunca se ha ido ni se irá.

agosto 17, 2016

Sí, somos la dictadura perfecta

De una suma de partidos que hacen demagogia 

El estudioso de los problemas políticos y económicos de América Latina, Alan Riding publicó en 1985 un libro memorable: Vecinos distantes. En esta obra analizaba las entrañas de México. Desde sus grandes problemas políticos hasta sus vicios y manías, sus intimidades, sus extraños usos y costumbres, con frecuencia contradictorios sin duda resultado de un mestizaje brutal y forzado y de una historia con escasos momentos libertarios, plagada de tiranos y dictadores. La conclusión era evidente: México no era una democracia, era una nación regida por un autoritario partido único, cuyas reglas movían a una nación de gran tamaño y muchos habitantes.
En el año 1997 empieza la debacle del PRI al perder el entonces Distrito Federal, una inmensa y desconcertada vitrina y en el 2000 concluye abruptamente su dominio y sube al poder presidencial el PAN, con un hombre de escasa inteligencia, dicharachero, de precaria cultura, dueño de un extraño carisma y acompañado por una mujer de carácter fuerte y un grupo de personajes venidos de todas las tendencias políticas cuya obsesión era acabar con el control de la dictadura perfecta, para utilizar la frase ya muy usada de Mario Vargas Llosa.
Ello le daría a México, al menos en el papel, el carácter de una democracia, de un país multipartidista. Nuevos partidos aparecieron y luego de Vicente Fox la presidencia la obtuvo el panista Felipe Calderón. Pero el hartazgo que provocaba el PRI en esos momentos cedió y conEnrique Peña Nieto ganó Los Pinos.
En una segunda obra, una suerte de epílogo, Alan Riding se preguntó y así tituló un nuevo libro:¿Cambiará México ahora? Su análisis tiene dudas y como en el caso anterior contiene información seria y cuidadosamente analizada. La obra es del año 2000, muy precipitada, pienso a distancia, para saber si con una intensa lucha de partidos desatada por el triunfo de Fox, adquirimos el rango de democracia. La respuesta, a mi juicio es que no lo somos.
En todo caso, parafraseando a Vargas Llosa, ahora sí somos una dictadura perfecta. Antes nos manejaba a su antojo un partido único, ahora es una suma de partidos, costeados por la sociedad, los que debaten, hacen demagogia quintaesenciada, intercambian ofensas y acusaciones gratuitas o ciertas y los que al final se ponen de acuerdo en lo esencial: en mantener al país controlado por una partidocracia que ha entendido que a veces se gana el poder y otras se pierde, pero siempre hay dinero.
Este hecho los lleva a jugar con reglas más perversas aún. La corrupción sigue enquistada en toda la sociedad y el poder suele permitir toda clase de excesos, como el de los maestros disidentes que de plano han organizado una suerte de cómoda guerrilla urbana, con tal de no irritar a los electores y perder el acceso a la presidencia principalmente. Se requieren de muchas páginas para mostrar la fragilidad e inconstancia de la “democracia” a la mexicana. Baste por ahora señalar que estamos distantes de llegar a ella. Quien realmente nos maneja es un puñado de partidos carentes de razones ideológicas, de un cínico pragmatismo, que buscan el poder para obtener riquezas y dominio sobre un país que merecería mejor fortuna.
La respuesta a las inquietudes de Alan Riding está en los mexicanos que diariamente padecen las canalladas de una democracia imperfecta, que con frecuencia pierde sus principales características de sinceridad, honestidad, libertad y justicia. Y esos sueños de millones de mexicanos no se vislumbran en pleno lodazal político, del que nadie se escapa.

Siempre!

Cultura y deporte hoy

Ignoro qué piense Vargas Llosa, quien ha escrito un libro especial sobre la frivolidad del espectáculo, de los juegos olímpicos, que poco tienen de fraternales. Son reñidas competencias donde aparece el racismo y desde luego el más ramplón de los nacionalismos, el más barato, el que llamamos patrioterismo.
El México de hoy, como el de ayer, supone que la gloria radica en ganar medallas de oro y obtener campeonatos de futbol, cuando, merced a las nuevas tecnologías, el deporte nos ha puesto a ver cualquier tipo de pantallas, en donde estén. Eso provoca estupidez y mayor gordura, pues solemos acompañar un “clásico”, Guadalajara-América, con muchas botanas y miles de litros de cerveza. Me llama la atención que en distintos estados de la República haya secretarías o direcciones generales de “Deporte, Cultura y Recreación”. Más bien suena ridículo. No logro imaginar a Rafael Tovar y de Teresa, querido amigo, buen funcionario, vestido con el uniforme de los Raiders de Oakland. Y al revés, un jugador de futbol soccer escribiendo delicados sonetos. En esto pensé hace unos días porque un neurólogo del ISSSTE me explicó, luego de ver las placas de mi cerebro, que en los que leen y llevan a cabo actividades intelectuales o científicas, hay señales claras, mientras que los deportistas no tuenen huellas cerebrales porque no lo usan. Imaginé el interior de la cabeza de Cuauhtémoc Blanco vacío  como su apellido paterno, confundido a la hora de citar a un prócer de la talla de Benito Juárez: ¿en qué equipos ha jugado?
La política, en muchos países, tiene una estrecha relación amorosa con el deporte y escasa con la cultura. El Presidente suele recibir a quienes ganaron alguna medalla olímpica. Es más vistoso y lucidor ante las masas fotografiarse con una atleta que con una poeta. Y como el deporte no implica mayor esfuerzo intelectual para comprenderlo y saber sus reglas, todo el país habla y discute y da sus “agudos” puntos de vista.
Nadie deja de tener una explicación “científica de por qué la selección jamás ha obtenido un lugar distinguido en los torneos mundiales o las razones por las que una nutrida delegación regresa prácticamente con las manos vacías, a no ser por todo lo que compraron. El colmo es que el presidente del PRI, un señor Ochoa que Reza, ha intervenido en el tema, cuando están a punto de arrollar a su partido y sacarlo de Los Pinos. ¿Tiene una estrategia para mantener el poder en manos del priismo, un ambicioso proyecto ideológico, una serie de decididas acciones contra la corrupción, el camino para obtener los mejores candidatos en cada caso, sabe qué responderle al charlatán de López Obrador o al joven “maravilla” del PAN, Ricardo Anaya? No, quiere que el titular del deporte o algo así vaya a rendir cuentas al más “alto tribunal” de la patria: la escasamente letrada Cámara de Diputados.
El deporte nos obsesiona, no estamos masivamente orgullosos de los notables méritos de Juan Rulfo, Juan José Arreola, Carlos Fuentes, Rubén Bonifaz Nuño, Octavio Paz, Luis Herrera de la Fuente, Francisco Toledo, José Luis Cuevas o Sebastián... A muy pocos les interesa saber que México es una fábrica de grandes voces operísticas y de notables bailarinas de ballet. La inmensa mayoría quiere gritar a todo volumen ¡Goooooool! Y beber unos tragos a la salud de la patria y correr a imitar a los salvajes de la CNTE: pintarrajear algún símbolo patrio, un monumento. Algo está podrido en Dinamarca, diría Shakespeare. Pero no, es el imaginario colectivo que padecemos quien lanza sus inquietudes y protestas. No se nos da el deporte y hay que echarles la culpa a las autoridades que lo administran o al pobre Enrique Peña Nieto quien demuestra cada tanto su vocación atlética, como Miguel Ángel Mancera, corriendo medios maratones.
En Finlandia, en Dinamarca, en Suecia o en Suiza que tanto le gustaba a Borges al grado de ir a morir en ese pequeño país, jamás hay tanto dinero invertido en el deporte como en México. Lo hay y hace poco lo recordó Raúl Cremoux en un artículo, en esos países, donde existen ciertamente obsesiones, una de ellas es la educación y la cultura. Sí, educación y cultura y sus nacionales son educados y cultos y los resultados son óptimos: viven muy bien, sin pobreza.
Tenemos otros valores que modelaron los constituyentes de 1917 y la Revolución Mexicana. Olvidados, de allí nacerá la inveterada manía de vivir bajo la obsesión enfermiza de que el “TRI” nos traiga un campeonato mundial, de perdida un segundo lugar y ese día milagroso todos iremos a la Villa de Guadalupe a rezar, agradecer por el milagro, mientras tanto la miseria, la ignorancia, la pésima educación que esmeradamente defiende la CNTE, la corrupción y demás lacras seguirán allí, como el famoso dinosaurio de Monterroso.
Es tiempo, imagino, de suponer que podemos lograr un México digno, donde tengamos científicos y artistas a granel, de alta calidad como de hecho los tenemos y dejemos de pensar que la gloria internacional nos cubrirá a todos cuando escuchemos el himno para que un atleta más ignorante que culto, llore al recoger una cursi copa o una medalla de bronce que le muestre al mundo nuestra superioridad. Ganar en deportes no es una hazaña en México, es un milagro.